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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 63

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  4. Capítulo 63 - 63 El peso que el río no pudo cargar
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63: El peso que el río no pudo cargar 63: El peso que el río no pudo cargar El sol no estaba lejos de volver.

Las antorchas se mantuvieron encendidas.

La luz sofocada en la oscuridad.

Los corazones sea agitaron, la danza entre aquellas criaturas blancas y negras era hermosa, pero presta atención…

los sonidos de la pelea, los movimientos…

eran viscerales.

Una luz anaranjada apareció cerca de Sofía.

Maribel giró.

Richard apretaba los labios, su espada luminiscente.

—Son muchos…

—dijo el hombre con voz fúnebre.

Maribel miraba a los alrededores.

—¿Tierra, puedes ayudarnos?

No hubo respuesta.

—Viento…

al menos tú…

—tampoco hubo respuesta.

Ella giró al bosque.

Los árboles parecían mecerse sobre su miseria.

Una mano se movió rápidamente por el rabillo del ojo.

—¿Qué haces?

—recriminó Amara —no es momento de rogar por ayuda.

—ella miró al comerciante —Thot, suelta a los burros y huye.

El hombre no dudó, no tenían que decirle que lo haga.

Amara regresó la mirada, sus ojos oscuros, repentinamente suaves.

Ella entregó una ligera sonrisa a Maribel.

—Si resulta que no me puedo cultivar, te recordaré hasta morir de vejez; y si puedo cultivar, te recordaré hasta que mi vida acabe o hasta el fin de los tiempos.

—ella rio por lo bajo —resulta que mi promesa no era para mostrar…

Amara fue la primera en saltar.

Maribel, instintivamente la siguió.

Su rostro se puso ligeramente pálido cuando entendió lo que acababa de hacer.

Aether dio un paso adelante, pero una mano lo detuvo.

—Esta vez quédate —pidió Abby con suavidad —cuídanos desde acá.

El niño dudó, pero pronto asintió.

La espada de Richard se movió, dejaba un rastro de la luz en la noche.

Los tres se lanzaron al asedio.

Abby, desde atrás, manipulaba las sombras de la noche como si fuera el viento.

Pero los monstruos eran abundantes y algunos corruptos no sufrían daño.

Sintió que las sombras no bastaban.

Giró la varita en círculos y una formación circular apareció en el aire.Desde ella emergió su claymore plateada con adornos dorados.

Su mirada se tensó.

—… —tragó saliva—.

Solo un poco.

Abby dejó caer sangre sobre el filo.

La espada la absorbió de inmediato.

El contorno brilló en rojo oscuro; los adornos dorados se tornaron guinda.Una leve sed de sangre se expandió, como una presión incómoda sobre la piel.

Varias criaturas se detuvieron en seco.Otras vacilaron.Algunas retrocedieron gruñendo.

Abby sintió un mareo súbito y apoyó un pie hacia atrás.

—Tsk… —murmuró.— No fue suficiente.

Ella apuntó al campo de batalla.

—Si realmente eres tú, entonces ayúdame con eso.

La espada voló, como si aceptara la cacería.

No barrió el campo.No silenció el caos.

Pero por unos segundos… el peso fue menor.

La boca de Aether casi tocaba el suelo, la miró con incredulidad.

Abby lo captó y agitó su cabello, orgullosa.

—¿Qué…

es esa cosa?

—Una reliquia familiar, claramente.

—ella elevó la nariz.

La sangre empezó a salpicar, en las oscuridad repentinamente el suelo se manchaba de rojo.

Las lanzas mejoradas no brillaban más.

Solo se valían del refuerzo de Maribel y Amara.

—Tsk — Richard realizó sellos de mano —son demasiados, pero extrañamente débiles.

Su espada brilló con más fuerza, luego 3 copias exactas hechas de qi azul se formaron, cortando por cuenta propia.

—Dile eso a los mortales —recriminó Amara —no deben llegar al pueblo.

Maribel extendió las manos, cada uno de sus dedos apuntando a un ser corrupto.

—Sus aliados son sus enemigos —ordenó.

Diez animales corruptos voltearon y se enfrentaron a sus camaradas.

Una suave energía se movió, concentrándose en Maribel mientras ella respirada pesadamente.

Los espíritus del río respiraron aliviados, pero de los mordiscos y arañazos comenzó emerger purulencia negra.

Se sacudieron, limpiaron y botaron todo lo que podían al suelo, pero no dejaba de fluir más desde dentro.

Todos apretaron la mandíbula, sintieron sus corazones caer.

El tiempo pareció detenerse, los espíritus empezaron a mutilarse entre si.

Los fragmentos con brea cayeron al suelo.

Una tortuga gigantesca emergió entre el caos.Su caparazón estaba perforado, cubierto de grietas antiguas.Uno de sus ojos colgaba inutilizado.

Se detuvo, observando la masacre.

—He visto ríos morir… —gruñó con voz cansada—.Pero nunca he visto uno pelear consigo mismo.

Intentó avanzar.

Sus patas temblaron.

El cuerpo era demasiado grande.Demasiado viejo.

La corriente de impurezas lo empujaba hacia atrás.

—Abandonen este lugar —dijo con esfuerzo—.Aún pueden huir… humanos.

Amara cayó del cielo, ya estaba sobre su caparazón.

—Cierra la boca, vejestorio —espetó.

Apuntó con sus dedos los arcos mejorados, unos de ellos voló desde el pueblo hasta sus manos.

—Si este mundo aún respira, no será porque corras.

La tortuga resopló.

—Puaj… aún soy joven para mi especie.

Pero no intentó moverse solo otra vez.

Ella tensó el arco, la luz de la cuerda asombrando a la tortuga.

Tres flechas se formaron a voluntad.

Amara sintió su poder desvanecer un poco.

Su corazón tembló, pero una sonrisa depredadora expulsó todo temor.

—Esta será una gran historia que contar.

Tres flechas volaron, solo una dio en el blanco.

La tortuga giró, golpeando a una liebre en la cabeza.

Amara miró aquél animal con asco reprimido, le explotó la cabeza.

—Guerrera humana, eres pésima con eso.

—Cállate y sigue peleando.

—ella reemplazó el arco con la lanza.

Sus pies se iluminaron y se ancló al caparazón.

—¿Qué es esto?

—preguntó el animal.

—Hay muchas ranas , así que tú gira.

Al hacerlo, la lanza trituró a los animales en pleno salto, el cuerpo de la tortuga los empujó con fuerza, desparramados en el suelo.

Fantasmas sin forma se elevaron del río.

Maribel contrajo el ceño.

—¿Qué son esas cosas?

La tortuga respondió.

—Eso ni yo lo se…

Un camarón apareció de la nada.

—Es porque no tienen forma —dijo, luego sus tenazas se movieron a una velocidad imposible.

Maribel abrió la boca sorprendida.

—¿Qué hace un camarón acá?

—Soy un emisario de— Un espíritu deformado se lanzó sobre él.

Las tenazas del camarón se movieron a una velocidad imposible.Un chasquido seco.El espíritu fue despedazado en fragmentos de agua.

El camarón retrocedió un paso.

—Esto… no debería estar ocurriendo.

Sin despedirse, desapareció en una ondulación del aire.

La pequeña cosa ya no estaba.

El abdomen de Maribel volvió a sentirse llena de energía.

Extendió las manos.

Repentinamente un destello la distrajo, en el cielo lejano algo amarillo brilló.

En menos de un minuto, un monstruoso trueno hizo temblar la tierra.

—Tsk…

—ella miró a los corruptos, escuchó desde sus oídos.

Pitido.

—Esas cosas ya no escuchan…

[Fragmento de alma demoniaca identificado ¿Desea capturarla?] «¿Qué pasa si no lo hago?» [El enemigo será eliminado.] Maribel dudó.

«¿Qué enemigo?» Otra luz apareció en el cielo.

Nuevamente, un estruendo ensordecedor recorrió el lugar.

Las criaturas corruptas cayeron al suelo.

[El enemigo a escapado, un fragmento de su alma a sido enviado al vacío verdadero] —Carajo…

¿Tan pronto?

Una luz verde iluminó el río, fluyendo como si fuera agua de manantial.

Los espíritus aún cuerdos, enloquecieron ligeramente y corrieron desesperados al río.

La tortuga tembló.

Sus patas se esforzaron por alcanzar el río, pero su velocidad no era la esperada.

—¡Aether!

—llamó Amara.

—ayuda a este viejo a cruzar la calle.

—Tsk…

no soy…

viejo.

El niño apareció, sus paso parecían antinaturales.

Él se subió sobre el caparazón y, repentinamente cada paso contaba como cuatro.

La tortuga tembló de alegría mientras volvía, con la luz aún encendida en el río.

Maribel forzó su voz en la mente de los corruptos.

«!Quietos!» la orden hizo echo en el subconsciente, pocos se detuvieron, pero mucho avanzaban más lento.

—¿Qué hay con esa luz?

—preguntó ella sorprendida.

—Magia curativa —aclaró Richard.

Maribel sintió que algo estaba mal con esa luz, pero no sabía decir qué.

Al entrar, los espíritus que empezaban a estar cubiertos de impurezas se sanaron.

La brea se disolvió en la luz verde.

Maribel abrió los ojos sorprendida.

—Esa magia…

Dirigió la mirada al bosque, desde donde nacía el río.

—Quédense acá —dijo para todos, luego miró a Richard —ven conmigo, tal vez te necesite.

Él no preguntó porqué.

Ambos corrieron.

Los enemigos, ahora lentos, morían con suma facilidad.

Se movían como personas corriendo en el fondo del mar.

Ellos, en cambio, con la velocidad de cuerpos mágicos.

Los árboles tétricos estaban en silencio, pero el agua filtrado por la tierra tenía un ligero brillo verde; se detenían a una distancia prudente, como si evitaran un punto en específico.

En el centro, la tierra estaba removida, marcada por arrastres y pisadas confusas.

Ninguna forma definida.

Ninguna dirección clara.

Pero Maribel ya tenía una dirección.

Siguieron río arriba.

Subieron hasta llegar a una cascada, donde a unos metros había una grieta en el aire, no era posible verla.

La realidad se cortaba en el cielo, ella no sabía si esa cosa estaba cerca o lejos, pero no apostaría la vida para descubrirlo.

Su mente no terminaba de entender lo que veía, sus sentidos no lo percibían.

Ella suspiró.

—Es acá.

—¿Qué es?

—preguntó Richard.

—La fuente de la corrupción…

eso creo.

—¿Cómo lo sabes?

Ella apuntó a aquel vacío, sus manos no eran capaces de identificar con precisión el lugar.

Al mirarlo de frente parecía desaparecer…

no, ella parecía ignorarlo.

—Porque esa grieta, es de donde saqué el principio de mi invisibilidad.

Las mentes no lo perciben con facilidad.

Un suspiro derrotado se escuchó cerca.

Lo buscaron, pero no lo encontraron.

—Acá abajo de la grieta —dijo.

Maribel, con esfuerzo, buscó a la voz.

Un hombre estaba tirado en el piso, parecía cansado hasta el polvo.

—Ese maestro tuyo es un explotador, Maribel.

¿Lo llamabas sistema?

Ella arrugó la frente, Richard también.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Lux_Foti Me tomaré los capítulos con calma estos días, tal vez no salgan tantos hasta 10 de enero o, tal vez no escriba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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