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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 69

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  4. Capítulo 69 - Capítulo 69: Zona de muerte
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Capítulo 69: Zona de muerte

—Maribel… ¿yo doy miedo?

Maribel giró bruscamente. Se llevó ambas manos al cabello desordenado, peinándolo como pudo.

—¿Ah? —dijo, quedándose quieta—. ¿Por qué preguntas eso?

Abby no se movió, como si estuviera en trance.

Lentamente, indecisa, giró la cabeza hacia Maribel.

Los ojos se encontraron y la dhampir, de forma inconsciente, evitó su mirada.

—Yo… ¿yo doy miedo?

Maribel sintió algo palpitar en el vientre, como una pequeña explosión. No dolió, pero las emociones que apenas había soltado regresaron de golpe.

Apretó los labios.

—¿Qué te pasa, Abby? ¿Por qué me preguntas eso? —dijo con los ojos humedecidos—. Claro que no das miedo.

Maribel se acercó despacio y la miró a los ojos.

—Eres hermosa, no deberías pensar eso de ti. Además… eres una amiga. No importa tu raza; el corazón puede estar condicionado por ella, pero no definido.

Abby se quedó tiesa.

Sus ojos se cerraron con fuerza y su respiración se detuvo.

—Entonces… ¡¿por qué dijiste eso?!

Maribel la miró, sorprendida. Su mano se movió sin querer.

Las mejillas de Abby quedaron sujetas con suavidad.

—¡Es por esa cosa! —dijo Maribel, señalando a la mantis—. ¡¿Cómo no iba a estar nerviosa con eso?! ¡Mírala, es horrible!… —pensó un momento, y un escalofrío le recorrió el cuerpo—. Soñarían mil pesadillas si hubiera visto algo así de niña…

Abby quedó anonadada. Su expresión se relajó.

Maribel movió los dedos y secó sus lágrimas.

—Por los cielos… eres muy dependiente, ¿verdad?

Abby asintió lentamente, luego negó con decisión.

—Fui dejada atrás. No es que sea dependiente.

Maribel entrecerró los ojos un instante. Luego su mano se movió con suavidad. El cabello rubio de Abby sintió una caricia que no recibía desde hacía mucho tiempo.

—¿Cuántos años tienes en verdad? —preguntó Maribel.

La sombra del firmamento vaciló.

—¿Por qué preguntas?

—Aquella vez dejaste entrever que casi no recuerdas tu nombre. Solo me pregunto… ¿cuánto tiempo estuviste sola?

Abby se dejó caer en el abrazo.

—No lo sé… ni mi edad, ni cuánto tiempo llevaba allí.

—Ukh… ya veo. Realmente será un misterio entonces…

—No. Si Nabi logra comunicarse con papá, entonces él podrá decirlo.

Maribel asintió.

El viento sopló con pesadez y Maribel sintió un escalofrío.

—Tengo un mal presentimiento. Volvamos.

Maribel se separó del abrazo, nerviosa. Dio un salto y recuperó su lanza.

«Viento, hazme el favor de mostrarme el camino».

El aire se agitó entre los árboles, dejando entrever un sendero. Pero algo estaba mal. Con el sello suelto, Maribel solía escuchar los murmullos del bosque; ahora mismo, incluso debería oír los gritos de quienes habían sido dañados.

Silencio.

Como si asistiera a un funeral.

Maribel giró la mirada. Algunas luces verdes se movían con desesperación, huyendo.

—¿Qué ves? —preguntó Abby.

Maribel señaló con el dedo.

—¿Qué? No veo nada.

Maribel suspiró.

—Espíritus. Tal vez necesites usar tu visión de vampiro.

Abby la miró sin comprender.

—¿Qué es eso de visión vampírica? Esas cosas solo las tienen los más ancianos. Además… ¿cómo sabes tú eso?

Maribel se encogió de hombros.

—Intuición.

Ella sintió una mirada posarse sobre sí.

Se estremeció.

Enorme, antiguo, omnisciente.

Cuando el silencio se asentó, una voz mecánica apareció de la nada, interrumpiendo la sensación.

[Mensaje: La conciencia mundial acaba de declarar zona de muerte. La anfitriona se encuentra en área prohibida. Por favor, continúe el rumbo actual para salir del lugar.]

«¿Qué es eso?»

[Zona de muerte: área donde el peligro es extremadamente alto.]

—Tsk. Debemos apurarnos, Abby. Parece que las cosas están por ponerse serias.

Maribel aceleró el paso.

—¿Eh? Claro…

«Sistema, ¿qué está pasando?»

La voz masculina regresó, más humana.

«Estoy un poco ocupado ahora mismo. Te dejaré con el sistema de evolución universal por uno o dos días. En cuanto a la situación: lo que te concierne es que observo la aglomeración de entidades inexistentes en una grieta. Se dirigen hacia donde tú estás».

Los ojos de Maribel se volvieron opacos. Alzó la vista al cielo.

«¿Dices que no soy gafe?»

«No lo eres. ¿O acaso dices que no te puse donde estás? Como tu maestro, me aseguro de que transites el camino que recorres».

«Ush… entonces esto es tu culpa…»

«No hay de otra. Es necesario. Además, tengo un problema del cual ocuparme ahora mismo; mis otros yo lidian con algo mientras hablamos. Una cosa más: pondré un sello que impedirá que uses un poder que está por encima de tus límites. Es el más permisivo que te concedo hasta ahora, así que no lo rompas esta vez. Pese a todo, mantendré un ojo en ti».

La conexión se cortó. Sin embargo, una sensación ajena pero familiar regresó: una claridad absoluta, ajena y segura. El creador del sistema volvía a compartir sus emociones…

Pero algo estaba mal.

Él no estaba calmado.

Las ramas de los árboles se agitaron cerca del pueblo. Luego, dos mujeres llegaron con la brisa del otoño; el viento del invierno se mezcló con ellas como un presagio oscuro.

Y, sin duda, lo más inquietante no era el clima.

Era la expresión de Maribel.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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