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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 83

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  4. Capítulo 83 - Capítulo 83: El peso que nadie quiso cargar
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Capítulo 83: El peso que nadie quiso cargar

Amara estaba atónica, pálida, con el corazón latiendo a mil.

La imagen carmesí del río, aunque lejos, era claramente visible.

Se mordió los labios, indignada. Conteniendo la rabia.

—La tortuga…

El viento sopló.

Los rayos del sol en la madrugada, normalmente de buena gracia, habían sido mensajeros de desgracia.

Aether tembló, miró atrás, a las personas rescatadas.

¿Qué hubiera sido de ellos…?

Un abraso repentino sobresaltó al niño.

Un aroma familiar, aunque cubierto de suciedad, llegó a su nariz.

No hubo palabras, simplemente se apretó más.

Un mechón negro cayó, dejándose ver el cabello de Maribel en las comisuras de sus ojos.

El resto de la limpieza no tardó, cuando finalmente un cultivador hizo un conjunto de señales de manos los espíritus corruptos fueron arrastrados a la realidad.

No hubo vacilación, incluso si parecieron recobrar la conciencia al volver.

«¿Es realmente justo el mundo?»

[Si la anfitriona viene con una respuesta clara, no hay debate constructivo.]

«Por algo pregunto»

[Con tantas ideas preconcebidas, no se ve la realidad.]

Maribel apretó los dientes.

«¿Qué tan cruel puedes ser? Si él piensa igual que tú… yo… realmente no puedo aceptar esto como justicia.»

Un sentimiento de compasión llegó. No al resto, sino hacia ella misma. Maribel sintió que estaba por explotar.

Respiró lento y profundo.

«¿Por qué me miras con lástima? como si le hablaras a un tonto.»

[El sistema no lo hace, es tu propia idea preconcebida y tus muchos apegos que causan tal inseguridad. Pido a la anfitriona que se tranquilice, el sello es fuerte pero no lo ponga a prueba.]

El viento sopló y un hombre bajó montado en su espada.

Observó las lanzas y los arcos en sus manos.

El hombre levantó una ceja, luego su mandíbula cayó.

Estiró la mano y las armas volaron.

—¿Quién creó esta maravilla? —dijo.

La lanza en sus manos recibió grabados que no tenía antes, el aire se deformó sin muestras de calor alguna. Un suave movimiento parecía cortar el aire mismo.

El hombre empujó el mango en una roca enorme y, la atravesó sin resistencia alguna. Como si fuera agua.

Los rescatados miraron esta escena boquiabiertos, inconscientemente miraron a Maribel.

El cultivador notó esto.

Una sonrisa sospechosa se formó.

—Mortal, si me dices quién hizo esta arma, prometo darte una vida de lujos y gozo perpetuos.

Maribel levantó una ceja, con el mentón sobre la cabeza de Aether.

—No quiero, si de todas formas me abandonarás cuando esté vieja.

El hombre se sorprendió, se aclaró la garganta y dijo.

—¿Por qué lo haría? dañaría mi reputación ante los mortales.

Maribel entrecerró los ojos.

—Mortales que habrían muerto para entonces o, no podría importarles menos mi condición.

El hombre se irritó.

—¡Te estoy dando la oportunidad de tu vida! ¿Te atreves a despreciarme? incluso los cultivadores que te siguen no lo harían.

Maribel abrió ligeramente los ojos, puso a Aether detrás de ella, bloqueando su presencia con su cuerpo.

Lo miró des abajo y dijo.

—¿Por qué crees que necesito cosas para vivir? ya me ves de esta manera ¿y crees que te necesito?.

El hombre escupió al suelo, Maribel se movió para esquivar.

Ella levó una mano atrás y tocó el hombro de Aether.

—Escúchame, hombre arrogante. Olvídate de esas armas, no puedes hablar con su creador.

El cultivador apretó los puños, enrojecido.

—Una mortal cualquiera… te atreves a despreciarme y tratarme como un niño…

Maribel levantó una ceja.

—Pero… yo no te hablé como… a un niño… —ella se quedó en silencio un momento —son tu apego a estas armas las que nublan tu juicio…

El apuntó la lanza contra ella.

—¡Insolente! ¡te atreves a contestarle a tu salvador! ¡sin mi esas bestias los hubieran comido a todos!

Maribel sintió que un ardor le subía por el estómago.

—¡Carajo! ¡¿Dices que tú salvaste a esta gente?! ¡¿Dónde mierda estaban toda la madrugada?!

El aire se agitó, las miradas del cielo se dirigieron a ellos dos.

El hombre se abalanzó, con la lanza en sus manos desprendiendo una hoja de qi grande y afilada.

Maribel no se quedó atrás, saltó con fuerza y golpeó con sus manos.

Cuando el impacto estaba por llegar, la lanza se volvió un arma normal y corriente, destrozándose por la presión del qi.

El puñetazo cayó de lleno, quebrando la nariz al hombre.

Ambos cayeron secamente.

Maribel descendió del cielo, tapando la luz del sol.

Sus rodillas atraparon los brazos del cultivador.

Los ojos del hombre temblaron.

A la caída le sobrevino otro golpe, luego otro más.

Allá arriba la conmoción dejó congelados a todos.

allá abajo los gruñidos y la sangre se esparcieron.

—Un mísero lastre… ¿quieres quitarme mi mérito? ¡yo!… ¡yo fui…! ¡yo estuve aquí, tú no!

Ella se detuvo solo cuando el rostro estaba hinchado, la sangre esparcida.

Se levantó y le escupió en la cara.

—A ver si te curas de eso, los cultivadores y sus cuerpos especiales… ¿Qué saben de lo que es sufrir por las heridas mundanas?

El silencio perduró más.

Los corazones de todos estaban conmocionados.

Una mortal había dejado en un estado lamentable a un cultivador.

A lo lejos, el hombre en su espada lo vio todo. Lejos de enfurecer, estaba anonadado.

Regresó con cautela, no por miedo, sino para no perder una oportunidad.

Miró al hombre en el suelo y bufó.

—Desgracia… ¿cómo se atreve a actuar así?

El hombre, aún mirando desde arriba, se inclinó posando sus ojos en Maribel.

—Permítame disculparme en nombre de mi súbdito, le faltan modales.

La mirada de Maribel era afilada.

—¿Te disculpas en su nombre? que una piedra se disculpe con el río en nombre de las heces nunca serviría.

La sonrisa del hombre se crispó, pero no dejó de ser educada.

—Tiene razón, permítame recompensar su ofensa. ¿Qué opina de ser admitida en la Secta del Pabellón del Umbral Correcto?

Lo mortales de atrás respiraron frío.

Maribel se enfurruñó.

«Tsk… debí suponer que usaría eso como su jugada. Asquerosa burocracia… este hombre interesado no es mejor.»

Ella respiró profundo.

—No. —el silencio volvió —prefiero… estar con los míos. Además, si me fuese meter a la secta, prefiero darle mi puesto a los que están atrás de mi.

El hombre miró a Richard, Sofía y Amara, esta última se veía hostil.

Levantó una ceja.

—Ellos tienen cultivo, al parecer se acercan al núcleo dorado.

Maribel sonrió forzadamente.

—Adivina sus edades…

El hombre rodó los ojos, pero luego se concentró.

Él tragó aire.

—¿C-cuánto tiempo… llevan cultivando?

Richard desvió la mirada, Sofía también.

Amara, en cambio, lo miró directamente a los ojos.

—Siecientos años —declaró con la nariz larga.

Los ojos del hombre se entrecerraron.

—No me mientras niña, tus huesos no tienen ni 100 años.

—Tsk… rayos.

La mirada siguió punzando.

Finalmente Amara volvió a hablar.

—En realidad, prefiero ingresar de forma normal. No por favoritismo.

El hombre miró a los demás, su mirada silenciosa.

El resto también aprobó.

Finalmente el sujeto observó a Maribel, el deseo en sus ojos.

—Ese físico que tienes… tal fuerza no es normal. Mi menor estaba en la fundación dorada, casi llegando al final. En realidad todos acá tienen ese mínimo de nivel. Pero tú lo derribaste. Me gustaría que reconsideres tu decisión.

Maribel se cruzó de brazos.

—¿Llevarán a estas personas a la capital?

El hombre negó con la cabeza.

—Pronto llegará un escuadrón de caballería del feudo, ellos se encargarán desde acá.

Maribel suspiró, asintió y dijo.

—Eso es mejor aún.

Ella volvió a sostener la mirada, sin responder nada más.

Una irritación contenida del hombre se dejó ver, pero incluso oculto Maribel podía saberlo, así como sus intenciones.

—Olvídalo —dijo ella —no pienso seguirte, ni ahora ni en cien años, ni aunque me hicieras el favor de unirme a la secta. No seré tuya.

—Tsk… —el hombre miró a los que estaban arriba —nos vamos ya.

¡Ayuda esta mujer está loca!… espera, soy el autor, no puede hacer nada… un momento, eso ya lo dije antes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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