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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 85

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  4. Capítulo 85 - Capítulo 85: Seres especiales, carencias mundanas (I): Agua fría y jabón sin aroma
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Capítulo 85: Seres especiales, carencias mundanas (I): Agua fría y jabón sin aroma

Los días pasaron. Las estrellas en el cielo cambiaron ligeramente.

El frío empezaba a ser innegable.

La vegetación, aunque presente con frecuencia, no era para nada tan abundante como en el territorio del espejo.

La comparación era como un bosque y una selva.

El camino, cuanto menos, ya no presentaba tanta maleza que desbordara y hacía a uno preguntarse si las serpientes también serían gigantes.

El sonido del agua cayendo se escuchó como un chapuzón.

La humedad se escurría entre el cabello de Amara.

—Dame otra —pidió ella.

Abby levantó su varita y otra porción de agua cayó.

El conglomerado de agua flotante esperaba el próximo vaciado.

Richard dio un paso al frente.

Pero alguien le ganó.

—Ahora a mí —pidió Sofía.

Las miradas entre ambos se sostuvieron.

Richard dio un paso y cedió, haciendo señas con la mano.

Poco después, todos en el grupo contaban con el cabello mojado.

El sol era más fuerte, aunque el ambiente estaba más frío.

Realmente no era incómodo, pero el aroma de sus cuerpos poco a poco empezó a fastidiar.

—Suspiro Finalmente… llegamos. —Thot estaba alegre.

No sabían cuántos pueblos pasaron antes de llegar; no es como si hubieran contado el número.

En la puerta, un elfo con armadura y lanza los recibió.

Él miró al grupo: un cultivador masculino, un hombre mortal en un vehículo, dos mujeres cultivadoras y una mujer mortal con un niño a la espalda.

El guardia levantó una ceja.

No sabía los niveles de ninguno.

Lo más extravagante era que la mujer mortal llevaba un hanfu típico de cultivadores.

El elfo se acercó a un guardia con cola de gato.

—Son tres cultivadores y tres mortales. El niño, el hombre conductor y la mujer con hanfu —bajó la voz y aclaró—. Probablemente ella está en las primeras etapas, no tiene qi.

El que anotaba miró a Maribel y levantó una ceja.

Negó mientras decía:

—Debe tener mucha confianza en sí misma.

El otro contuvo la risa.

Al llegar, el grupo dejó que Thot hablara.

Presentó papeles y explicó la situación.

—Mmhhh… —dijo el guardia—. Así que escapando del dominio del espejo… tuviste tanta suerte de encontrar cultivadores que te sigan. ¿Llevas algo ilegal o a alguien ilegal?

Thot negó tranquilamente, con una sonrisa profesional.

—Bueno, revisaré tu equipaje.

Allá atrás, en las sombras del cargamento, encontró a una mujer hermosa.

La dama le devolvió la mirada con calma.

El hombre sintió que se le paró el corazón por un instante, al igual que otras cosas.

Se ajustó la voz y pronunció:

—Mis disculpas, dama. ¿Puedo saber qué hace acá?

Ella apenas levantó los labios en una sonrisa, dejando al guardia abruptamente expectante.

Entre su dentadura, algo se vio claramente.

El hombre suspiró y entendió la situación.

—Comprendo. Desafortunadamente, debo decirle que debe presentar una identificación; es solo para descartar el tráfico de especies.

Ella hizo una expresión incómoda, incluso disgustada.

Abrió la boca, dudando de qué decir, insegura de si hablar estaba bien.

Viéndola así, la anticipación de escuchar su voz se aglomeró en el pecho del guardia.

—Perdí mi identificación, la dejé en casa. Pero… ¿realmente parezco cautiva? Porque no lo estoy. En realidad, son mis amigos.

El guardia sintió que un balde de agua fría le caía.

«Rayos… no podré ganarme su favor.»

—Entiendo, así es normal que escapen del territorio del dragón rojo.

En la delantera del grupo, se escuchó a una mujer saltar del susto.

Maribel lo miró como si hubiera matado a su perro.

—No menciones a ese sujeto.

El comerciante pasó con el grupo que lo resguardaba.

En el interior, los guardias hablaron.

—Esa mujer… me sorprendió —dijo uno.

—Lo sé, era tan hermosa… lástima que no podré entablar relación con ella… si tan solo fuera un caso de secuestro…

—¿Qué? Yo no me refiero a la vampira —su compañero elfo lo miró—. La mujer que escondía al niño, ese miedo ante la mención del dragón rojo… ¿cuánta maldad tiene ese rey? Estoy seguro de que la grandiosa Vaelithra lo desaprobaría.

El hombre guardó silencio.

—¿Qué tiene de importancia eso?

El elfo rodó los ojos, llevó su mano al pecho y pronunció:

—Si la gran reina del corazón de hielo lo desprecia, entonces yo también lo desprecio.

El grupo se dirigió a un mercado.

Pronto, Thot se separó de todos. Esa probablemente sería la última vez que vendería cosas, pero no sentía nostalgia.

Una sonrisa de anticipación se formó en su rostro; una sonrisa oscura, llena de ambición y avaricia.

Apretó el puño emocionado.

—Con esos recursos… ¿quién y cómo llenaría todo un cofre del tesoro con esos? Sin duda no le faltan recursos… entonces, cuando me haga fuerte, a mí tampoco me faltarán y viviré de lujos.

Cerró los ojos con alegría.

«Por los cielos, olvidemos todos nuestros rencores. Maribel, si lo hubiera sabido me hubiera casado contigo… pero aún no es tarde.»

A lo lejos, el grupo de gente no mundana buscaba un lugar mundano donde dormir.

La recepción fue extremadamente buena; se peleaban por recibirlos en el hostal.

Finalmente, todos tuvieron una tina de madera y un buen baño.

No era agua caliente, ni tampoco tenían hierbas. Era una ducha simplona; apenas cabían las cuatro mujeres apretadas.

Maribel miró la espuma de jabón, la olió y la decepción se filtró en su rostro.

—¿Pasa algo? —preguntó Amara—. Espera, déjame adivinar. No tiene olores.

Maribel la miró con una pregunta en la cara, pero asintió.

Amara sonrió genuinamente divertida.

—¿Cómo lo sé?

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Maribel.

—Jejejejeje… pues bueno, antes dijiste que tenías apellidos. Así que asumí tu procedencia.

Maribel la miró con ojos de pez muerto.

—No soy de alta alcurnia.

—Sí, sí…, lo dice la mujer que tiene a un dios protegiéndolo. Incluso podría asegurar con franqueza que él limpió el río y mandó los relámpagos amarillos.

—Pues lo de los relámpagos no sé, pero la limpieza fue Rin.

Amara se mordió la lengua.

—¿Qué? ¿Cómo que fue Rin?

Maribel suspiró. Miró al otro lado del baño, allá donde deberían haber dos hombres, aunque ella sabía que había tres.

—Esos hombres… parece que Rin y el Sistema hicieron un trato. Luego Rin va y adopta el cuerpo de un pichón.

Abby levantó una ceja.

—¿Ese pichón es Rin?

Maribel asintió, decepcionada.

—Desgraciadamente —dijo—. Ese es Rin. No importa si toma otro cuerpo; su mente sigue siendo la de él.

Amara, Sofía y Abby se miraron entre sí. Tenían una pregunta.

Maribel las miró y aclaró:

—Puedo saberlo porque él se sigue reconociendo a sí mismo. Es decir: siento que es él porque tiene identidad propia.

Sofía entrecerró los ojos.

—Es decir que puedes saber si alguien se disfraza de otro y reconocerlo como impostor… ¿verdad?

Maribel asintió.

Un suspiro colectivo se escuchó.

—Yo quisiera poder hacer eso… ¿quién sabe qué secretos podría descubrir?

—Es verdad, muchas cosas que contar.

—Podría saber los secretos de lo que me quisieron enseñar en Primavera Eterna…

Maribel agachó la cabeza.

El agua fue cambiada y el baño se repitió.

Tener una maga de agua fue muy útil.

Al salir, Aether estaba afuera con el cabello mojado.

Maribel lo levantó y lo llevó a sus habitaciones.

De camino, Thot apareció. Estaba cansado y olía a sudor.

La nariz de Aether se movió. El niño se la tapó.

—¿Por qué hueles a alcohol? —entrecerró los ojos—. Cuando los humanos lo toman, se vuelven ruidosos y desagradables.

El hombre abrió la boca, sorprendido. Sintió su corazón detenerse por un momento.

—Apenas tomé un poco…

«Si acaso puede notar eso con facilidad, entonces…»

No se atrevió a pensar más.

Su mirada se desvió momentáneamente hacia Maribel.

—¿Qué hiciste? —la mirada de la mujer era afilada.

—Oye, espera. No desconfíes así de mí, no es como si matara gente.

—¿Entonces, qué más pasó?

Thot giró la mirada.

—No pienso responder.

Maribel giró la vista hacia su pequeño lobezno, no tan pequeño ahora.

—También a muchas cosas: arroz, frutas… un aroma metálico, perfumes, un poco a caballo y… parece… mujeres. No identifico algunas cosas, como ese aroma metálico. Pero aunque hay más, no sé a qué se parecen.

Maribel lo miró sin expresión.

—Te pones como si hubieras matado gente, ¿por esto? —ella suspiró—. ¿Qué clase de productos para mujeres tienes?

—B-bueno… ya no tengo nada.

Los ojos de Maribel se apagaron.

—Entiendo. Aether, puedes adelantarte.

—Buenas noches —se despidió el niño.

Maribel lo miró a los ojos.

—¿Qué pasó? Hay algo que quieres decirme, lo sé.

Él rodó los ojos.

—No hay nada.

La ceja levantada de Maribel lo recibió.

—Bueno… eso no fue mentira —admitió ella—. Tal vez… ¿tienes alguna confusión? Si es así, puedes pedirme consejo.

El silencio duró unos pocos segundos, con Thot evitando hablar y pensar.

Maribel agregó:

—Aunque admito que no te aseguro una buena respuesta.

Al recibir silencio, ella dio un pequeño golpe sin fuerza.

—Vamos, ya no estoy enojada. Déjame ayudarte.

Thot levantó la vista al techo. Respiró profundo. Sus pensamientos se escapaban.

—Está bien… lo diré y ya. Mujeres. ¿Feliz? Ocultaba que fui por mujeres.

Maribel ladeó la cabeza.

Lentamente la giró y le dio la espalda.

—Con razón controlabas tus pensamientos —dijo—. Así que, por favor… ¿podrías dejar de recordar? Veo las imágenes.

Thot corrió al aseo.

—Ya no hay agua —advirtió ella.

Pero el hombre entró igualmente.

Maribel suspiró, agitó la cabeza borrando las imágenes.

Una voz suspiró en su mente.

«Seres especiales, carencias mundanas»

Maribel se sobresaltó.

«Al fin regresaste. ¿Dónde estuviste todo este tiempo?»

El creador del sistema respondió con un suspiro.

«Algunas fricciones que arreglar. Acá empiezan a correr rumores.»

Maribel levantó una ceja.

«¿En el cielo?»

«Si»

Maribel suspiró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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