Sistema de Evolución Universal - Capítulo 86
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Capítulo 86: Seres especiales, carencias mundanas (II): Antes del umbral
Al día siguiente.
La mañana era acaudalada.
Las personas se desplazaban de un lado a otro.
Las razas se mesclaban en la multitud.
Un joven de aproximadamente 13 años corría por las calles.
Sus orejas y cola lupinas se mecían libremente.
Los jóvenes cercanos también estaban haciendo lo suyo.
Dentro de las vasijas, los gritos de niños girando al bajar la colina se filtraban.
La pieza de arte rodaba hasta chocar con alguna pared, o seguía hasta llegar a la pileta del centro.
El rostro de Maribel se puso pálido.
—¿Qué clase de suicidio es este?
Richard y Sofía se miraron entre si, sin saber si responder..
Cerca se podía leer carteles que invitaban al reclutamiento de la secta.
Pero ¿por qué estaban en la zona del parque?
Amara suspiró.
—Los niños no pueden cultivar, así que su recepción es apartada… pero ¿qué pasará cuando lo vean a él?…
—Sistema —llamó en voz baja Maribel.
Los compañeros voltearon a verla, expectantes.
Ella negó con la cabeza.
—Desafortunadamente, dice que así como a mí no me ven como cultivadora, a él lo deben ver como tal. No entiendo porqué. Solo dice que esa condición invertida es mejor…
Richard llevó los dedos a las sienes.
—Esto no tiene sentido ¿por qué esconder sus talentos?
Maribel dijo sombríamente.
—Pídele al dragón sus tesoros, a cambio seguramente pedirá tu vida. La primavera eterna fue similar.
Richard levantó una ceja.
—La primavera eterna nos trató bien.
Maribel cerró los ojos, recordando.
—Bueno… no pienso discutir por algo como esto. Simplemente no quiero que las instituciones estén exigiendo respuestas a cosas que no controlo.
Richard rodó los ojos.
—Un niño que se cultiva. ¿Cuántos beneficios ganarías? En fin, es tu decisión ser prudente.
Maribel entrecerró los ojos, reflejando la imagen del lobezno rodando en la vasija.
El niño rodó.
Ella se quedó pensativa
Uno
Dos
Tres
Cuatro segundos pasaron en reflexión.
Repentinamente un sonido la distrajo.
Fue como vidrio roto.
Ella abrió la boca. No podía creer lo que estaba pasando.
Los niños corrieron a sus casas.
—Tsk… lo siento niño. —dijo un pequeño elfo. —Es tu mala suerte.
El grupo siguió el sonido.
Dentro del callejón, la escena era clara.
Maribel infló las mejillas, no por enojo.
En realidad, un leve movimiento se veía en sus hombros.
Aether estaba con los fragmentos de la vasija en sus manos, había cientos en el suelo. El intentaba inútilmente juntar dos piezas.
El niño giró con su habitual calma y miró a Maribel.
—Creo que estoy en problemas.
—Si que lo estás —respondió ella.
El grito de un hombre se escuchó a una cuadra.
Abby sonrió.
—¡Hay que correr!
—¿Qué? pero—
Ella lo tomó del brazo y salió disparada.
Maribel abrió paso y suspiró.
—Niños —dijo mientras negaba con la cabeza— pero qué días aquellos…
Un hombre colorado llegó.
Miró la vasija rota, luego al grupo.
Miró sus apariencias jóvenes y los señaló a todos.
—¡¿Quién de ustedes fue?! ¡eso me costó dinero!
El grupo se quedó sin palabras.
En especial Maribel, tenía treinta y un años.
—Disculpe, creo que se confundió en algo. Nosotros no rompimos nada—
—¿Quieren librarse de la culpa? no importa cuánto digan que no son ustedes, no hay nadie más aquí.
Richard contrajo el seño.
—Por eso decimos que no somos los responsables. ¿Por qué motivo jugaríamos con esas vasijas?
El hombre estaba incrédulo.
—Muchacho insolente, mi sobrina es parte de—
Maribel lo señaló y el hombre se congeló.
Todos la miraron, un ligero frío pasando por la espalda.
—¿Qué? estaba haciendo mucho ruido, así que lo detuve.
Amara tenía estrellas en los ojos.
—¡¿Desde cuándo tienes tal poder?!
—Bueno, pensé en que se detuviera… y lo hizo.
Richard suspiró.
—¿Cuántas técnicas aprendiste?
Maribel se encogió de hombros.
—Solo improviso técnicas con lo que puedo de mi habilidad.
Sofía gruñó.
—¿Habilidad? si poder improvisar algo como eso es habilidad, entonces todos usamos prostéticos y solo tú tienes extremidades.
Maribel levantó una ceja.
—Creo que escuché eso antes. —ella sacó un poco del cambio de la posada— de todas formas, mi… bueno… Aether rompió algo suyo.
Ella extendió la mano hacia el hombre.
—¡La Secta del Pabellón del Umbral Correcto, si no me devuelven lo mío!… —se detuvo, mirando el dinero en manos de Maribel— ¿estás compensándome?
Ella asintió.
El hombre sonrió.
—Oh genial, las jovencitas de ahora son más educadas de lo que pensé. —la miró de reojo— y además hermosas. Pero debo disculparme, esta cantidad no es suficiente.
Maribel quitó unas cuantas monedas.
—¿Esta cantidad si lo es?
El hombre se quedó sin palabras.
—Pero… ¿Qué insulto es este? te dije que no son suficientes.
Maribel sonrió.
—Así que eran cuatro no siete, gracias por confirmarlo.
El hombre se quedó con la boca abierta.
La miró con enfado.
—Muchacha descarada, jugando a la ingenua con los ancianos.
Él tomó el dinero y se fue.
Amara la miró con nuevos ojos.
—Debo recordar controlar mis pensamientos cuando estemos juntas, no vaya a ser que revele algo privado.
Maribel se rio entre dientes.
De la distancia volvieron un dúo de híbridos.
Abby y Aether, con miradas decepcionadas.
—No hubo persecución —dijo Abby inflando las mejillas.
Sofía negó con la cabeza.
—En realidad, creo que estamos viendo las cosas mal.
Todos la miraron.
—Me explico. En la primavera eterna fuimos seleccionados mediante un proceso anormal que se celebra cada cierto tiempo, donde se busca llenar espacios. Es decir que no hubo un examen de ingreso de mayor rigor. Esto con el fin de tener muchos practicantes, como las flores en primavera. Acá no es necesariamente así, puede que en verdad sea imposible esconder a Aether, así que en vez de eso, deberíamos hacer que los directivos lo escondan por conveniencia.
Maribel ladeó la cabeza.
—¿Propones un cambio de paradigma? Otro enfoque. En vez de que los directivos hagan relucir a mi lobezno, lo esconderían por beneficio.
Sofía asintió..
—No estamos obligados a decirles cómo él se cultiva, pero ellos si desearán saberlo. Entonces pueden esconderlo para que otros no busquen nuestro favor. En tal caso sería conveniente revelar que el método no proviene de ustedes, sino que un maestro oculto está vigilándolos y cuidando su crecimiento. Seguramente eso es más tentador que el método en si.
El viento se agitó, el sol brilló con intensidad por un momento.
No hubo nada raro, solo el ambiente casual.
Pero una voz se escuchó.
«No tengo objeciones con el la idea.»
Maribel asintió.
El resto se puso firme.
Instintivamente juntaron los puños e hincaron una rodilla al piso.
«No hay necesidad de arrodillarse, son personas que considero importantes. Así que no piensen en mi como alguien de mala voluntad.»
Richard respiró profundo y tomó la palabra.
—Gracias por salvarnos cuando intentábamos volver de la grieta, mayor.
«Gracias por acompañar a Maribel, Richard. Aprecio que puedan llevarse bien, pese a los inconvenientes del camino.»
El hombre sudó frío.
«Espera… ¿no lo habré ofendido al hablarle mal a Maribel?… ¿o tal vez a Aether?» su mente se puso inquieta.
La voz regresó en la mente de todos.
«Acepto el método propuesto por Sofía, no es como si hubieran otras ideas. Esto es algo en el camino que deben solucionar ustedes. Confío en que tienen la capacidad. Solo no revelen más que mi existencia.»
La luz del sol se atenuó, el aire volvió a estar quieto, sin brisas casuales y solo quietud plena.
—Bueno, ya escucharon a papá —dijo Aether— podemos usar su identidad, sin revelar mucho.
Richard se dejó caer. No había opresión de qi, ni intención alguna.
Era como si ese sujeto no existiera.
Pero la imagen de miles de kilómetros en el cielo, con nubes girando a gran velocidad y a plena vista; el recuerdo de la presión inimaginable y lo más absurdo, la forma en que nada de eso le afectó.
—El sistema, todo lo que mostró lo hizo con gran control…
Maribel le palmeó el cráneo.
—Ya deja de divagar. ¿No dije al principio que siempre nos acompaña? si te quisiera muerto, no sabrías cuándo moriste.
Richard se tensó más.
Maribel parpadeó, incrédula —Eso… era un consuelo ¿sabes?.
Sofía suspiró, desaprobando a los dos.
Abby miró el letrero a lo lejos, su visión ampliada.
—Ya casi es la hora —dijo— los padres están por inscribir a sus hijos.
Amara miró al niño y sonrió con burla.
—En realidad… Aether podría ser uno de los más fuertes del grupo. Malaventurado quien lo ofenda.
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