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Sistema de Evolución Universal - Capítulo 88

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  4. Capítulo 88 - Capítulo 88: Seres especiales, carencias mundanas (IV): Encerrado.
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Capítulo 88: Seres especiales, carencias mundanas (IV): Encerrado.

Aether caminó de regreso.

La entrada era por la parte trasera, aquella por la que no transitaban los cultivadores.

En el interior de la secta no encontró luces ni adornos ostentosos.Nada parecía dispuesto para ser contemplado.

El entorno era cerrado. Comparado con su experiencia en la Primavera Eterna, resultaba claustrofóbico.

No es que el lugar fuera realmente pequeño; era que los cultivadores poseían demasiado espacio. A diferencia de ellos, los mortales vivían con una distribución territorial apenas suficiente.

—Bienvenidos, animales del Umbral —dijo un instructor.

Aether frunció ligeramente el ceño.

—En este lugar vienen en busca de una mejor vida. Si desean ser cultivadores, sufrirán; pero si prefieren quedarse aquí y vivir como mortales, entonces serán bienvenidos. Todo está en sus manos.

El hombre tomó un plumero de hierro.

Observó a los ingresantes y sonrió.

—Ahora bien… desde antes podemos distinguir quiénes sí pertenecen a la cultivación —dijo, recorriendo las vestimentas con la mirada— y quiénes vienen únicamente a vivir cómodos como meros mortales.

Aether se miró a sí mismo cuando el instructor clavó los ojos en él.

—Síganme. Les enseñaré cuáles son sus responsabilidades.

Durante el trayecto, casi sin darse cuenta, se formaron grupos.

En un lado estaban los descendientes de ancianos de la secta y personas influyentes que habían ingresado por diversos motivos.

En el otro, los plebeyos.

—Cuando cumpla la edad, podría iniciar la cultivación sin problemas… pero ese anciano me envió aquí —murmuró la joven señorita Zhao.

Un niño se le acercó.

—Te entiendo. Aunque no tenga raíz, mi padre podría gastar recursos para crearme una.

La joven Zhao hizo un gesto incómodo cuando el niño se aproximó demasiado.

Aether tocó el hombro del muchacho.El chico se detuvo.

En plena caminata, los hombros chocaron y el joven se enfureció.

—¿Te intentas meter conmigo?

Aether parpadeó, sorprendido.

—No busco pelear. Solo decirte que la estás incomodando.

—¿Cómo dices? ¿Qué sabrá un plebeyo como tú sobre incomodar a alguien?

Aether guardó silencio por un instante.

Luego señaló a la joven.

—Su rostro.

—¿Qué?

—Basta con mirarla. Apartó la cara e hizo una expresión extraña; por eso sé que la incomodabas.

El niño se puso rojo.

Antes de responder, una voz adulta sonó con severidad.

—¿Ya están peleando? —el mayor miró al joven rico y sonrió con satisfacción—. Como se esperaba, incluso a su edad ya poseen ese tipo de corazón.

La joven Zhao quedó boquiabierta.

El mayor llamó a Aether.

—Niño.

El lobezno giró el rostro para mirarlo directamente.

El hombre alzó la mano.

—¿Te atreves a mirarme a los ojos? ¡Baja la cabeza!

Aether no lo hizo.

—No le recomiendo golpearme, mayor. Sería problemático.

La mano del instructor quedó suspendida en el aire.

No podía moverse.

Aether ladeó la cabeza, sin comprender.

[Has activado la habilidad “Campana de Plata”]

«¿Habilidad…?»

Observó rápidamente las reacciones de su entorno con la visión espacial. Todos parecían tensos.

«Papá… ¿el señor está bien?»

«Lo está.»

—Por favor, no sea grosero —dijo Aether con calma—. Solo intentaba ayudar a una compañera.

—Pequeño, deja de molestar a tus compañeros.

Aether ladeó la cabeza.

—Pero… eso era lo que hacía.

El hombre lo ignoró.

Continuó caminando con el plumero de hierro en la mano, hablando sobre las responsabilidades asignadas a hombres y mujeres en aquel trabajo.

Unos ligeros golpeteos alcanzaron el hombro de Aether.

Tardó en voltear; cuando lo hizo, reconoció el rostro.

—¿Por qué tardas tanto en hacerme caso? —preguntó la joven Zhao.

—Porque me acostumbré a no tener que voltear —respondió con voz plana.

Ella sonrió levemente.

—Esto… no sé si te lo dijeron antes, pero pareces un cultivador.

Aether alzó una ceja.

La joven sonrió, procurando no llamar la atención.

—Claro que no lo eres. Solo se puede cultivar al llegar a los diecisiete o dieciocho años.

Aether no respondió y devolvió la mirada al frente.

—Niño, ¿Cómo te llamas?

—Aether.

—Gracias por ayudarme, Aether.

Luego tomó distancia.

La caminata los llevó por toda la arquitectura destinada a los mortales.

Al llegar la hora del almuerzo, todos se dirigieron a las mesas.

Una mirada hostil lo recibió de inmediato.

En contraste, otra lo observó de reojo.

Aether lo percibió gracias a su percepción espacial.

Ella se sentó a una distancia prudente, aunque no demasiado lejos.

Aether levantó la mano.

—Hola, señorita Zhuan.

La joven giró la cabeza de un lado a otro y luego se señaló.

—¿Yo?

Aether asintió.

Ella pareció confundida unos segundos, luego entrecerró los ojos.

—Mi apellido es Zhao, no Zhuan.

Aether sonrió con torpeza.

—Perdón.

Ella se movió y se sentó más lejos.

Por la ventana, un murciélago cruzó el techo con un aleteo silencioso.Luego desapareció.

Tras el almuerzo, las mujeres se quedaron y los varones fueron apartados.

Siguió una clase exhaustiva dedicada únicamente a los hombres: uso de herramientas de limpieza y cuidado de jardines.

Al final del día, Aether cayó mareado sobre la cama.

Miró el techo, frustrado.

«El infinito espacio… estoy encerrado.»

La noche avanzó sin detenerse.El mundo siguió su curso, indiferente a su presencia, como si su existencia no alterara nada en absoluto.

Solo su corazón permanecía inquieto.

—Papá.

«¿Qué ocurre?»

—Extraño a todos.

Una criatura oscura entró volando por la ventana y se deslizó bajo el techo.

Aether la miró, y una leve sonrisa se formó en su rostro.

El murciélago descendió lentamente, trazando círculos en el aire, hasta dejarse caer sobre la cama.

—Hola, Abby.

La pequeña criatura caminó hasta su pecho.

Aether la abrazó.

A la mañana siguiente, una nota reposaba sobre la mesa.

[Estoy contigo, aunque Maribel no me deja asumir forma humana.Si alguna vez quieres decirle algo a alguien, dímelo a mí.]

Aether suspiró.

Se giró, y allí estaba, posada sobre una de las vigas del techo.

El murciélago se inclinó discretamente.

—Gracias por acompañarme, Abby.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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