Sistema de Evolución Universal - Capítulo 92
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de Evolución Universal
- Capítulo 92 - Capítulo 92: Miradas que no deberían encontrarse.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 92: Miradas que no deberían encontrarse.
Maribel se despertó con el sonido de golpes contra el pavimento, la ovación de la gente y el estruendo de las trompetas.
Miró por la ventana, con los oídos adoloridos.
—Cuatro cuadras… ¡la embajadora está a cuatro cuadras! ¡¿Cómo hacen tanto ruido?!
[Respuesta: Son los sentidos de la anfitriona los que causan esta incomodidad.]
Maribel suspiró.
—Mejor dicho… ¿por qué hacen tanto ruido?
Salió por la puerta para inspeccionar.
En el camino descubrió que la energía espiritual del lugar había cambiado. Miró hacia las habitaciones de sus compañeros.
Entrecerró los ojos, con una mueca de envidia.
—Me pregunto si habrá luces ahí dentro… seguro que sí.
Bajó y caminó por la calle.
La gente estaba alborotada.
—¿Qué está pasando? —preguntó a alguien al azar.
El hombre la ignoró y siguió corriendo.
Una niña avanzaba con su familia; se tropezó, pero sus padres la levantaron rápidamente y continuaron corriendo.
—¿Qué…? ¿De dónde sacan tanta prisa?
Maribel dio un salto y se elevó sobre la multitud.
Entonces lo vio.
Un carruaje con caballos elegantes encabezaba una procesión ostentosa, escoltada por guardias con trajes ceremoniales y más presencias ocultas.
Sintió cómo la gravedad la jalaba de regreso.
La energía azul brotó de su cuerpo, ralentizando la caída.
Levantó una ceja. Presionó un poco más y la caída se detuvo por completo.
—¡¿Qué rayos?! ¡¿Por qué no me dijiste que puedo hacer esto, sistema?!
Una sensación ajena, cargada de incredulidad, llegó a ella.
Maribel negó lentamente.
«Te recomiendo que bajes pronto.»
—¿Alguien se ofende?
«Algo así.»
Descendió lentamente mientras avanzaba hacia la multitud.
Al llegar a unos cien metros, un pico de hielo salió volando repentinamente.
Maribel estiró una mano y un pulso de qi la ayudó a esquivarlo.
Tragó aire.
«Esa cosa iba muy rápido.»
Se coló entre la multitud.
Llovía todo tipo de cosas: ramos, frutas, ramas de olivo…
Maribel observó la escena con extrañeza.
«Parece que no existe la serpentina aquí.»
Se asomó entre la gente, mirando pasar el carruaje.
Dentro iba una hermosa joven vestida de blanco y rojo. Sus ojos estaban delineados con carmesí; tenía pestañas largas y adornos escamosos en sus prendas. Algunas imágenes representaban dragones, aunque ninguna era especialmente detallada.
Sin embargo, hubo algo más que resaltó.
La reverencia de la gente.
Maribel no lo esperaba.
«Para ser una simple embajadora, el respeto de la gente es como si vieran a la reina. Sistema, ¿debería meterme en la mente de alguien esta vez?»
«No lo hagas. Ella es importante; sabrás quién es tarde o temprano.»
«Tiene sentido.»
Maribel se dio la vuelta.
A lo lejos, una mirada la observaba con curiosidad. Una ligera sonrisa se formó.
—Qué extraño… no actúa como una joven —dijo—, sino que me recuerda a nosotros.
—¿De quién hablas? —preguntó una elfina vestida de celeste y verde—. ¿Te refieres a la niña del carruaje?
—No —negó el cultivador de coleta larga—. A alguien entre la multitud.
—¿Quién te robaría la atención? Más aún, está entre toda esa gente.
El hombre pensó un momento antes de responder.
—No sé quién es, pero es interesante. Tal vez alguien que vivió oculto. Ni siquiera puedo sentir su cultivo, como si no existiera. Pero escuché al examinador gritar cuando la revisó; perdió toda compostura al medir su qi.
La elfina casi estalló en carcajadas.
—¡Qué cosas las de esos tipos! —tomó aire para calmarse—. ¿Entonces tiene mucho qi y actúa diferente al resto? Me pregunto dónde estuvo todo este tiempo para no haberse presentado ya con nosotros.
El hombre se encogió de hombros.
—¿Quién sabe? Tal vez está aquí para eso. Pero no rompamos la diversión: se está inscribiendo como discípulo por algo. Después de tantos años, me gustaría jugar al mismo juego.
La mujer jugueteó enrollando su cabello.
—A decir verdad… yo también, pero no creo que nos dejen.
—¿Cómo que no? —sonrió—. Para eso está el segundo examen.
El desfile continuó por la calle principal.
El recibimiento fue bueno.
Las aclamaciones cesaron cuando la mujer descendió del carruaje. Su figura elegante avanzó sobre el pavimento mientras el viento se agitaba ligeramente.
Se detuvo frente a las puertas del palacio. Pocos segundos después, entró sin esperar confirmación. Las puertas se cerraron tras ella, con los guardias dentro. Permaneció de pie, esperando.
Las trompetas sonaron.
—Su Alteza, la princesa primogénita: Maereth Rojo.
El silencio se impuso durante largos segundos.
Luego, el aire cambió.
El clima se enfrió de forma abrupta; el pavimento se volvió resbaloso, cubriéndose de una fina capa de hielo que se extendió como un suspiro contenido.
Desde lo alto de la torre, una corriente de escarcha descendió a gran velocidad.
Al disiparse, la figura de Vaelithra quedó revelada, emergiendo de una pequeña ventisca, como si el mundo hubiera ajustado su forma para permitirle existir allí.
La majestuosa elfina se mostró.
Nadie habló.
Nadie se movió.
Vaelithra descendió envuelta en una ventisca contenida, como si el hielo mismo se inclinara ante su voluntad.
Su figura era alta y esbelta, vestida con un manto de tonos azul pálido y blanco nacarado, tejido con hilos que parecían cristalizados por siglos de frío. La tela no se movía con el viento: el viento obedecía a la tela. Bajo el manto, su vestimenta real mostraba patrones geométricos de los elfos antiguos, grabados con una delicadeza imposible de replicar.
Su piel era clara, no pálida, sino luminosa, como nieve bajo luna llena. El cabello, largo y plateado, caía libre sobre su espalda, reflejando destellos azulados cuando la luz lo alcanzaba. Cada hebra parecía portar escarcha eterna.
Sus ojos eran lo más inquietante.
No eran fríos.
Eran profundos.
Un azul glacial que no congelaba por crueldad, sino por permanencia, como si buscara fijar en el tiempo aquello que mirase. En ellos no había arrogancia ni emoción visible, solo una calma absoluta.
La presión que emanaba de su presencia no era violenta. Era suave, constante, inevitable. Como el invierno que llega sin preguntar.
Vaelithra, Reina del Corazón de Hielo, no imponía respeto.
Lo hacía innecesario.
Los ojos de Maereth mostraron reconocimiento inmediato.
Inclinó la cabeza con precisión absoluta y levantó los dobladillos de su túnica en una reverencia perfecta, sin exceso ni duda.
Los dragones rojos bordados en la tela parecieron reaccionar al gesto. Las figuras se iluminaron brevemente y una oleada de calor suave recorrió el lugar, disipando parte del hielo y levantando una brisa tibia entre los presentes.
No fue un desafío.
Fue una respuesta.
—Gracias por recibirme, majestad —dijo Maereth con voz firme—. Vengo en nombre del rey Dragón Rojo, Drakar. Mi padre espera que puedan aceptarme en su reino para fomentar una amistad cordial entre nuestras tierras.
Vaelithra no respondió de inmediato.
Su mirada recorrió a la princesa con detenimiento, parecía estar recordando algo antiguo.
El silencio se prolongó lo suficiente como para incomodar a todos, excepto a las dos mujeres frente a frente.
Maereth extendió la carta.
Un mayordomo la recibió y la presentó a la reina.
El sello de cera, grabado con el emblema del dragón, brilló tenuemente.
Vaelithra alzó una ceja.
—Esto no está emitido en nombre del Territorio del Espejo.
—Es una carta personal del rey, su majestad.
Vaelithra la abrió.
Leyó.
Suspiró.
No con cansancio.
Con reconocimiento.
—Sígueme —ordenó finalmente, dándole la espalda.
Sin esperar confirmación.
Maereth ajustó su postura y siguió sus pasos.
Acabo de darme cuenta de algo: ¡SOY EL AFICIONADO NÚMERO UNO DE MI HISTORIA! xD
Arriba con mi espíritu de escritor, que yo me doy ánimos solito jajajajajaja.
Espero que les haya gustado este capítulo, seguiré escribiendo más. En realidad tengo expectativas para la trama que llevo en mi mente, espero poder ejecutarlo bien. No estoy dejando la obra, solo me sentí feliz y quise escribir.
Con respecto a los primeros capítulos:
Aunque corregirlos me está llevando un poco más de esfuerzo y tiempo de lo que pensaba, aún así no me detendré, simplemente no hay razón para eso.
Otro asunto:
Realmente me gustaría poder chatear con ustedes, no es broma cuando digo que soy fan de mi propia historia, se siente un poco solitario. Pero no hay problemas, de todas formas ya lo dijo alguien antes: Es frío en las alturas. (Inserta sonido dramático)
Agradecimientos:
Gracias a las chicas por leer también, si se preguntan ustedes son el 12.50% de lectores. Los hombres son el 50% y el 37.50% restante de los lectores no tienen un género colocado en la plataforma. Gracias Perú (15.38%), Argentina (7.69%) y México (7.69%), también a los otros Países que conforman el 69.23% restante de mis lectores.
Tal vez estos datos no sean relevantes, pero bueno… es curioso cuanto per se.
En fin. Que tengan un lindo día, realmente gracias.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com