Sistema de Evolución Universal - Capítulo 94
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de Evolución Universal
- Capítulo 94 - Capítulo 94: Mundo estático, corazón inquieto.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 94: Mundo estático, corazón inquieto.
La comida fue consumida en silencio. Todo el mercado se sumió en calma.
El sonido de los dientes masticando se volvió el ritmo del mundo.
Sorprendentemente, era un ritmo agradable.
Maribel comía el desayuno que había pedido, mientras los dos cultivadores degustaban alimentos exquisitos que ellos mismos trajeron.
El recuerdo de cómo algunos casi pierden la cordura por la carne regresó a su mente, agriando el momento. Aun así, el ambiente era bueno.
Cuando Maribel terminó de comer, se sintió extraña.
Ella consumía comida normal, mientras ellos comían platillos divinos que los mortales solo podían imaginar. Pero, paradójicamente, ella se sentaba a su lado.
Cuando se levantaron, la mujer habló:
—Debo admitir que me sorprendiste. No esperaba que realmente comieras eso; es como si no temieras a las impurezas.
Maribel respiró hondo, controlando sus emociones.
—Lo verdaderamente impuro no entra por la boca. Eso va al retrete; lo que mancha el alma es lo que sale de la boca y tus acciones… eso queda en el mundo.
Una expresión extraña se formó en su rostro. Dudó un instante antes de agregar:
—Pues… las cosas crecen para adentro… así que… el cultivo crece.
Sus ojos se abrieron ligeramente.
El hombre la miró con interés, una pequeña sonrisa en los labios. Una tenue corriente de qi se escapó, pero la contuvo. Juntó las manos con respeto.
—Gracias por permitirnos escuchar tal epifanía.
—¿Eh? Ah… sí, claro. No hay problema —dijo ella con una sonrisa—. De todas formas, si lo entiendes, entonces es tu mérito.
El hombre mantuvo la postura respetuosa.
—Me presento. Soy Naryon Jiāng, del antiguo clan del río. Tengo una deuda de gratitud por ayudarme en mi cultivo.
Maribel asintió.
Negarse a la gratitud podría ser una ofensa.
—Así que el clan del río… tuve un mal encuentro con uno de sus integrantes en el pasado. Es un poco molesto, pero no te preocupes. Mi incomodidad es con él, no con el clan.
Naryon levantó la cabeza.
La elfina dio un paso adelante para llamar la atención.
—Mucho gusto —dijo con una sonrisa—. Me llamo Elien. Creo que podríamos llevarnos bien. Eso que dijiste realmente me interesó, en el buen sentido.
Ambas se miraron. Maribel no podía decir que no a este dúo.
—¡Claro! Podemos llevarnos bien.
Ella juntó las manos en un saludo formal, pero Elien extendió la suya en un saludo informal.
Maribel miró la piel exquisita un instante.
Luego extendió la mano y correspondió al apretón.
El cultivador Naryon hizo lo mismo.
Los tres caminaron hasta las afueras del mercado.
Maribel manipuló sus emociones con su habilidad. La calma volvió.
—¿Así que harás el examen? —preguntó Elien.
—Ya lo hice. Estoy esperando los resultados.
La elfina asintió con una pequeña sonrisa.
—Ya veo, así que de eso se trata. Yo también quiero entrar.
Maribel la miró de reojo.
—Los resultados se entregan en dos días, así que aún tienen tiempo. Con sus niveles, podrían entrar sin examen.
Naryon rió entre dientes.
—Sí, podríamos entrar sin examen.
Maribel levantó una ceja.
—¿Por qué siento que me incluyes ahí?
—Ups… ignora eso.
—Suspiro… ¿Cómo se conocieron una elfina y un humano?
Naryon respondió:
—Cuando yo era un mortal, ella ya era de alto nivel. Las vidas largas de los elfos hacen que parezcamos de la misma generación de cultivadores, pero no lo somos.
Maribel los observó con los ojos entrecerrados.
—Así que están al límite.
Naryon asintió.
—Llegamos al límite.
—No me imagino por lo que pasan. ¿Se aburren?
—Hasta la muerte —afirmó Naryon.
Maribel llevó un dedo a su mentón, indecisa de decirlo.
Tomó aire y se decidió.
—Alguien me dijo hoy: “Cuando el de afuera pone un pie, no es el mundo el que sufre”. ¿A qué creen que se refiere?
Ambos se miraron.
Elien frunció el ceño con amargura.
Naryon se puso a reflexionar.
El tiempo pasó mientras caminaban.
El piso sonó con sus pasos.
Los minutos se deslizaron.
—Tal vez se refiere a que el de afuera debe adaptarse —dijo Elien.
Maribel pensó.
—Tiene sentido —admitió—, pero siento que hay algo más. Quizás porque el poema completo cambia el significado.
—¿Qué tal los desafíos? —propuso Naryon—. Cuando uno desafía un reino secreto o una tumba, es el de afuera. Y también es quien sufre. Entonces el de afuera sufre.
Maribel sonrió.
—Creo que vamos por la misma línea. Yo pienso que es el cultivador: al intentar ascender, sufre. Siempre hay tribulaciones.
Naryon levantó una ceja.
—¿Cómo es cultivar equivalente a ser el de afuera?
Elien lo miró con una ceja alzada.
—Naryon —señaló—. Mira a esa gente.
El hombre obedeció.
—¿Qué hay con los mortales?
La elfina suspiró.
—Ellos son los de adentro. Nosotros ascendemos, nos vamos… así que somos los de afuera. Es lo mismo con los cielos: para los cielos, somos los de afuera. Entonces sufrimos para entrar.
Los ojos de Maribel se abrieron.
—Sufrimos ya sea ascendiendo o cayendo —dijo, revelando una epifanía.
Ambos la miraron.
Elien apartó la mirada.
—No es posible evitar el dolor… eso es lo que te quiso decir esa persona.
Naryon se burló.
—¿Y qué importa? Aún podemos ser felices… de alguna manera.
Un recuerdo golpeó a Maribel: su reflejo en el lago.
«Ella es feliz incluso si yo estoy triste. Aunque las circunstancias eran adversas, de alguna manera…»
Maribel se preguntaba cómo.
—¿Cómo ser feliz pese al dolor?
Elien volvió a mirarla.
—¿Por qué importa? Mientras el dolor no sea tuyo, puedes ser feliz.
Maribel casi tropezó.
—Creo que eso es muy obvio.
La elfina se encogió de hombros.
Naryon se aclaró la garganta.
Los ojos de Maribel se posaron en él sin querer.
—Desde aquí nos separamos. Tenemos que inscribirnos en el examen.
—Oh… claro. Que tengan suerte.
Al separarse, una fuerte sensación de querer girarse y seguirlos la golpeó.
Quería seguir viendo esos rostros.Escuchando esas voces.Compartiendo ese extraño equilibrio.
Quería más.Pero no había.
Cuando el silencio regresó, encontró únicamente el vacío.
Como si su alma hubiera dado un paso y el mundo no la siguiera
Al volver al hostal, sus compañeros seguían meditando.
No necesitaba subir para saberlo: desde afuera la luz se filtraba por las ventanas.
Maribel entrecerró los ojos.
—Qué genial se ve… ojalá pudiera hacer lo mismo.
Se sentó en su habitación, las piernas cruzadas con fuerza, los pies presionando sus muslos.
El tiempo pasó.
Sintió cómo su espalda comenzaba a encorvarse, pero se obligó a enderezarse. Al hacerlo, un fuerte dolor la azotó, como un látigo cayendo sobre sus músculos.
Maribel gimió y apretó los dientes.
Era lento, pero su cultivo se movía. Lo más demente era que, aunque avanzaba con lentitud, ella podía apostar que era más rápido que el promedio.
Pasó casi una hora cuando alguien llamó a la puerta.
—Pasa —dijo Maribel.
La puerta se abrió. Amara apareció.
Ella la vio sentada.
—¿Interrumpo?
Maribel apretó los dientes, pero controló su expresión.
—No… ya estaba por parar. No doy más.
Amara la miró con extrañeza.
Maribel añadió con tensión:
—Escucha… no te vayas a asustar. Estaré bien.
Agarró sus piernas y, con sus propias manos, logró desenredarlas.
Luego se reclinó y cerró los ojos.
Amara encontró esto extraño. Tocó uno de sus dedos. No hubo reacción… al menos no al inicio.
El silencio se instaló. Amara no entendía.
Hasta que, un minuto después, un quejido salió de Maribel.
—¿Sientes… dolor? ¿Cómo?
No hubo respuesta.
Amara intentó mover una de sus piernas.
—NO ME TOQUES… no muevas nada… ya pasará.
Amara la miró con severidad.
—Al menos mueve tus piernas. Así pasará más rápido.
Maribel levantó la cabeza apenas, mostrando el rostro entre los brazos.
Su mirada era severa.
—No puedo. Así que espera. Y, por los dioses, no me toques las piernas.
Amara se sentó a esperar, paciente.
Casi diez minutos después, Maribel se incorporó. No había rastro de dolor en su rostro.
—¿Estás mejor?
Ella asintió.
—¿Para qué me necesitas?
Amara se mostró repentinamente avergonzada.
—Vi un movimiento extraño en tus hilos, pero creo que malinterpreté algo… parece que soy mala en mi oficio.
—Eh… ¿Qué viste?
—Tu hilo se conectó con dos personas… y el qi se estancó.
Maribel levantó una ceja.
—¿El qi se estancó? ¿Qué podría ser?
Amara se encogió de hombros.
—Solo vi eso en unos cuantos. La mayoría dentro de la secta. Pero no tengo idea de qué significa.
Maribel suspiró.
Amara abrió los ojos y se acercó.
—¿Qué pasa?
—El qi en tu hilo vuelve a fluir… ¿por qué?
—¿Cómo voy a saber?
Amara se llevó una mano a la mejilla. Salió corriendo, cuando estuvo en la puerta, se detuvo para ver a su Maribel un momento. Ella se fue dejando a su amiga con aún más preguntas.
Maribel parpadeó, sorprendida.
Se apoyó en lo que pudo para ponerse de pie.
—Estos días serán aburridos —suspiró.
Sopesó sus opciones.
Miró por la ventana.
Negó con la cabeza.
—No hay opción… supongo.
Bajó. Los trabajadores del hostal la miraron sorprendidos.
—¿Tienen trabajo para mí?
Cuando cayó la noche, Maribel estaba sentada en el techo.
El viento le acariciaba las mejillas.
—Rayos… ahora yo también me siento sola.
Vio a Thot tocando su puerta, pero no bajó.
No quería encontrarlo.
—Sistema.
[ Aquí estoy, anfitriona. ]
Maribel entrecerró los ojos.
—No es nada…
Pasó un momento contemplando el cielo nocturno.
—¿Qué crees que significa el poema de tu creador?
[ No tengo permitido divulgar la respuesta. ]
Maribel suspiró.
Abajo, Thot dejó de llamar y regresó a su habitación.
Maribel bajó y se echó a dormir.
—Sistema, buenas noches.
[ Buenas noches, anfitriona. ]
En la oscuridad de su mente, dos rostros muy hermosos aparecieron.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com