Sistema de Evolución Universal - Capítulo 96
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- Capítulo 96 - Capítulo 96: La sala donde el alma tiembla (I): Eje de otro espacio.
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Capítulo 96: La sala donde el alma tiembla (I): Eje de otro espacio.
El rostro de Naryon se diluyó.
El mundo se cubrió de niebla.
El espacio se distorsionó.
Maribel se vio a sí misma avanzar, pudiéndose observar en tercera persona.
Era un reflejo suyo.
La mujer giró y la miró detenidamente.
—Mmhhh… aún no estás del todo aquí.
Maribel la vio extender la mano, metiéndola en su cabeza.
Aquella mano desapareció de su foco de visión y sintió un gran dolor en el cráneo.
En el instante siguiente ella se volvió lúcida.
—Ahora sí estás aquí —dijo el reflejo.
Maribel la miró, sorprendida.
—Eres tú —señaló al reflejo con el dedo—. ¿Cuánto tiempo ha pasado sin vernos?
El reflejo se encogió de hombros.
—No lo sé, el tiempo corre diferente acá.
—Ya veo… —ella miró el entorno—. ¿Por qué estoy aquí?
El reflejo sonrió de lado.
—Simplemente paseamos. Además de eso, hay otra razón, pero no te la puedo contar.
Maribel levantó una ceja, pero no preguntó.
Ella se acercó repentinamente a su reflejo.
La abrazó.
—¿Qué haces? Esto es inesperado…
Maribel tardó un momento en hablar.
—Solo quería darte un abrazo. Gracias por aquella vez en el lago; no sé qué sería de mí si no hubiera cultivado.
Su reflejo la miró. Sus ojos, su rostro, su cabello, todo en ella era exactamente igual, pero ahora con la apariencia de su juventud. A diferencia de aquella vez en el lago, ahora era más joven porque se cultivaba.
—No hay de qué… —dijo confundida—. Yo también deseo que te cultives; si tú lo haces, entonces técnicamente yo lo hago. Soy tu guardián de la ley.
Maribel sonrió. Soltó un suspiro al ver el entorno oscuro y neblinoso.
—No sé qué sea un guardián de la ley, pero ¿no es muy oscuro el lugar? Este paseo podría ser mejor con un ambiente.
Su reflejo rodó los ojos.
—Así mirarás el sueño y no a mí.
Maribel se quedó con la boca abierta.
—¿No es el punto de un sueño lúcido ver y controlar el sueño?
El reflejo infló las mejillas.
—Realmente no me tienes piedad…
Maribel sonrió incómoda.
—Esa frase de nuevo… ¿de dónde la sacas? ¿Por qué sería mala contigo?
El reflejo suspiró.
El mundo cambió.
La sala de un hospital apareció ante sus ojos.
Los salones, el pasadizo, las camas dentro tras las puertas.
Maribel reconoció el lugar. Tembló.
—Aquí fue donde…
—Sí —respondió el reflejo—. Aquí conociste al hombre de ojos verdes.
Ambas se miraron en silencio. Maribel preguntó:
—Dime una cosa… ¿yo morí?
—¿Por qué preguntas?
—Tú tienes mis memorias suprimidas, ¿verdad? Se supone que así funciona la mente.
El reflejo se rascó el cabello con incomodidad.
—Creo que es irrelevante si moriste o no… además, esa conversación sería incómoda. No podemos hablar como ahora a menudo, ¿sabes?
Maribel sonrió y le acarició la cabeza.
—Es verdad.
El silencio perduró unos segundos mientras caminaban.
—Aquella vez en el lago, no pudiste explicarme qué función tienes.
—Es verdad. Técnicamente puedes pensar en mí como una parte de tu subconsciente.
Maribel la miró de reojo.
—¿Por qué solo una parte?
El reflejo aclaró:
—Cuando haces algo y no recuerdas cómo lo hiciste, es porque lo hice yo.
—Oh… interesante. Dime más.
El reflejo asintió.
—Yo no soy algo puntual como tus instintos o cosas así. Soy una conciencia en toda regla. Simplemente soy paralela a ti. Es decir, soy un individuo, pero como compartimos experiencias, soy tú.
Maribel pensó.
—Así que cuando hago algo inconscientemente es porque lo haces tú…
El reflejo asintió.
—Soy tú, pero no soy tú. Conformamos el mismo individuo.
Los ojos de Maribel se abrieron ligeramente.
—¿Somos parte del mismo alma? Tú el inconsciente y yo el consciente.
El reflejo la miró extrañada.
—¿Alma? ¿Qué es eso? ¿Puedo averiguarlo en tus recuerdos?
—El alma es aquello que queda después de la muerte y reencarna.
El reflejo soltó una risita.
—Ya veo… entonces tú y yo somos dos almas diferentes. Pero somos la misma persona.
Maribel ladeó la cabeza.
—Eso no tiene sentido.
Suspiro.
Silencio.
—Creo que… es mejor decirlo así: cuando mueras, tú seguirás siendo tú y reencarnarás. Lo mismo va para mí. Entonces somos almas diferentes, incluso si te sigo en la próxima vida. Puedes ver esto como un mecanismo complementario entre diferentes espacios: somos la misma persona existiendo en diferentes espacios.
Maribel la miró sorprendida.
—¿Dices que somos versiones nuestras en otras realidades?
Ella la miró de reojo.
—Pues sí. Yo estoy de este lado, tú de ese; aunque la vida la compartimos, tú tienes la palabra final: eres la conciencia.
Maribel suspiró.
—Eso… ¿por qué siento que mis hombros pesan?
Su reflejo soltó una ligera sonrisa.
—Los míos también pesan. Soy quien ve lo que no ves, hace lo que no controlas, recuerda lo que no recuerdas. Si no reaccionas rápido a algo, yo debo hacerlo. Trabajo duro, ¿sabes?
El reflejo llevó las manos a la cadera y levantó el pecho.
Maribel la miró embobada.
—No hagas eso con mi imagen… se siente raro.
—Uh…
Voltearon a ver una puerta: el pasadizo se había terminado.
—En fin… yo llego hasta aquí. Te dejo con el sueño. Iré a hacer otras cosas.
Maribel ladeó la cabeza.
—¿Cómo qué?
—Como hacerte respirar mientras duermes —dijo ella con una sonrisa irónica.
Los ojos de Maribel se abrieron y juntó las manos.
—Sí, por favor ve.
El reflejo dejó una enorme sonrisa y desapareció ante sus ojos.
Maribel suspiró. Miró la puerta y dudó.
—¿Cuál es el otro motivo de traerme?
Al abrir la puerta, observó sorprendida lo que había del otro lado.
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