Sistema de Evolución Universal - Capítulo 97
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de Evolución Universal
- Capítulo 97 - Capítulo 97: La sala donde el alma tiembla (II): Calor de un sueño ajeno
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 97: La sala donde el alma tiembla (II): Calor de un sueño ajeno
Nota al lector: En este capítulo aparece un ente que recurre a la seducción y al engaño. Aunque no hay contenido sexual explícito.
—Oh… mi reflejo me dejó un regalo.
Sus mejillas enrojecieron.
Maribel se aclaró la garganta, nerviosa.
Del otro lado había una silla en el centro de la sala y camas esparcidas a los laterales.
Pero lo que la puso nerviosa no fue eso, sino la atmósfera rosada.
Se llevó la mano al pecho.
«Qué confort… qué bien se siente. Esta sensación… es una mezcla de cosas, ¿verdad? Hay algo parecido a la presencia del sistema, pero mucho menos intensa.»
Dirigió la mirada al centro.
Una enfermera estaba allí, de espaldas. Caminaba de una cama a otra.
Maribel se acercó, sus pies repentinamente descalzos.
Miró hacia abajo y levantó el pie, sorprendida.
«¿En qué momento?»
El agua tibia bajo sus pies era cómoda, relajante. El agua se calentó más y el vapor empezó a cubrir el lugar.
Maribel sintió que sus piernas cedían, pero se estabilizó.
Sus ojos se abrieron lentamente… luego se cerraron igual de despacio.
«En verdad… qué bien se siente esta sensación.»
Sus hombros se relajaron mientras disfrutaba aquella rareza.
Ella pasó un momento así, varios minutos.
—Disculpe —susurró una voz a su oído.
Los nervios de Maribel saltaron.
—¿Qué? ¿Qué pasa?…
Miró de un lado a otro.
No había nadie.
—Atrás de ti —susurró la voz.
Maribel volvió a estremecerse.
Giró lentamente, entonces vio algo inesperado.
La enfermera estaba detrás de ella, pero no llevaba el uniforme.
El vapor cubría el lugar, pero estaba tan cerca que Maribel podía ver sus partes sin problema alguno.
Sus ojos temblaron. Tragó saliva y desvió la mirada.
—D-dime qué pasa…
La enfermera sonrió.
—Necesito ayuda —dijo.
La voz le hacía cosquillas a Maribel.
La mujer se cubrió, avergonzada.
Maribel desvió la mirada nuevamente.
—Perdón… ¿en qué te ayudo?
La enfermera apuntó a una camilla con las cortinas cerradas.
—Ese paciente tiene algo mío.
Maribel ladeó la cabeza. Un aroma extraño provenía de allí: dulce, pero sorprendentemente suave y delicado.
Giró los ojos para ver a la enfermera.
La mujer llevó las manos a su boca, como intentando retener algo.
Maribel la miró, extrañada.
—¿Debo ir?
La enfermera asintió, con ojos suplicantes.
—Te seguiré detrás. —afirmó.
Maribel suspiró, pesada. Se llevó los dedos a las sienes.
Se detuvo afuera de la camilla, antes de abrir la cortina.
—Esto… es muy sospechoso.
Apenas dijo eso, algo raro ocurrió.
Parte del vapor se disipó y la temperatura bajó.
Maribel notó el cambio. Miró de un lado a otro.
Sus pies seguían húmedos, pero el agua no era profunda.
—Realmente extraño…
La sensación bajó nuevamente, esta vez solo un poco.
—¿Qué hay de malo? —dijo la enfermera—. Es solo un sueño.
Apareció repentinamente detrás de Maribel, abrazándola.
Ella giró, sorprendida.
—¿En qué momento? Tus pies no salpicaron…
La enfermera la abrazó, tocando sus senos.
—Eso no importa. Deberías apresurarte y ver.
La mujer agitó una mano. La cortina se abrió.
Detrás estaban personas conocidas.
Elien y Naryon. No parecían enfermos… sino muy vivos.
El hombre tenía a la elfina entre sus brazos, abrazándola por detrás de la misma forma que la enfermera a Maribel.
Elien tenía las manos levantadas, con una sonrisa enorme y las respiración agitada.
Sin las sábanas, Maribel lo vio todo.
Ambos la miraron. Sus sonrisas se apagaron por un momento y luego se ampliaron.
—Hola —dijo Naryon, estremeciendo a Maribel con su voz—. ¿No quieres venirte con nosotros?
El vapor aumentó, el agua subió.
Maribel tenía los ojos tan abiertos que no podía desviar la mirada. Tragó saliva.
Ella aminó lentamente.
Sus manos tocaron con suavidad el colchón.
Tomó una fuerte respiración.
Pero cuando llevó la mano a su ropa, lo que tocó fue piel.
Parpadeó, confundida.
Entonces recordó.
—Esto… es un sueño…
La enfermera regresó por detrás y la abrazó nuevamente.
—Así es… es solo un sueño. ¿Qué importa entonces?
Maribel bajó la mirada.
La enfermera jaló de sus pezones.
Maribel apretó los dientes, pero se mantuvo firme.
Un pulso extraño llegó.
El agua se agitó, dejando ondulaciones.
Maribel entrecerró los ojos.
—Si esto es un sueño… ¿Quién eres tú?
La mujer se movió, incómoda.
Sus ojos se encontraron: fríos.
—¿Quién eres? —dijo Maribel, golpeando las manos de la enfermera—. ¿Quién te dio permiso de invadir mi mente?
La mujer retrocedió unos pasos.
Sonrió, nerviosa.
—Yo… solo quería complacerte, querida…
Maribel la miró con desconfianza.
—Yo puedo hacerlo sola. Si quiero, puedo organizar mis sueños a voluntad. Eso lo sabrías si vivieras en mi mente.
Al instante siguiente, una luz amarilla brotó de Maribel.
La expresión de la enfermera palideció, horrorizada.
Maribel abrió la boca, pero antes de que pudiera decir una palabra más, todo quedó en oscuridad. Todo desapareció.
Miró en todas direcciones.
Su expresión se oscureció.
—Tsk… escapó.
Una sucesión de aplausos resonó al fondo.
De la oscuridad emergió su propio reflejo, con una ligera sonrisa.
—Nada mal… me preocupé por un momento. Qué bueno que te encargaste de espantarla, pero la próxima piensa en retener a esas cosas antes de confrontarlas. Si no, escapan.
Maribel miró a su reflejo con desconfianza.
Extendió su energía y lo tocó. Luego sus ojos se calmaron.
suspiro
—¿Ya comprobaste que sí soy yo?
Maribel asintió.
—Bueno, en ese caso, creo que ya es momento de que despiertes. Según tu ritmo de sueño, ya casi.
—¿Cuánto falta para despertar?
El reflejo se encogió de hombros.
—No sé. El tiempo funciona diferente acá.
Maribel la miró con desánimo. Se cubrió el rostro y suspiró profundo.
—Carajo… no pude descansar.
Lo siguiente que notó fue un brillo inusual en sus ojos, el sonido de las carretas moviéndose.
Cuando bajó las manos, la ventana de su habitación la recibió.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com