Sistema de Evolución Universal - Capítulo 99
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de Evolución Universal
- Capítulo 99 - Capítulo 99: Una mañana con Maribel (I): Lo que queda después del deseo.
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 99: Una mañana con Maribel (I): Lo que queda después del deseo.
Los ojos de Maribel se entrecerraron ante la luz.
El amanecer le pareció más blanco que cálido.
Se cubrió bajo las mantas y dejó que un suspiro tembloroso escapara de ella, sin saber si era por frío, cansancio o simple inercia.
[Notificación: Se ha adquirido el núcleo unitario.
Felicidades a la anfitriona por obtener la semilla para el Paso Prodigioso. Por favor, espere hasta su construcción.]
Maribel levantó una ceja, apenas moviendo la expresión.
—¿Qué es eso?
[El Paso Prodigioso no puede ser explicado. Es tabú.]
—Perfecto… —murmuró, sin energía para quejarse—. Al menos dime cómo lo uso.
[Un mortal vive de afuera hacia adentro; un cultivador vive de adentro hacia afuera. Que el corazón sea puro, que el mundo interno prevalezca ante las adversidades. La mente deja de ser objeto: se convierte en sujeto.]
Maribel se llevó una mano a la mejilla. La piel estaba tibia, pero no sentía nada más.
Pensó largo rato.
—Entiendo… supongo que la resiliencia es el mayor milagro.
El silencio cayó, demasiado grande para una habitación tan pequeña.
—Sistema —rompió la quietud—, ¿Cuándo vuelve tu creador?
[El creador se encuentra ocupado. Según el clima del espacio-tiempo, podría volver entre tres a cinco horas. ¿Desea una llamada de emergencia?]
—No. Déjalo. —Parpadeó—. Y tú… ¿Qué haces exactamente?
[Vigilo el crecimiento de la anfitriona, estabilizo los mecanismos de su cultivación y actúo según protocolos.]
—¿Guardas memorias?
[El sistema tiene una memoria tan avanzada como su creador.]
Maribel respiró hondo, buscando algún rastro de emoción.
—¿Podrías tomarte un descanso?
[Analizando…
No se detecta riesgo inmediato.
Estado de recuperación: 80%.
Bajo el permiso de la anfitriona, iré a explorar el mundo.]
Una sensación extraña subió desde su abdomen, como un pequeño tirón, un eco de lo que había pasado horas antes. Tembló ligeramente.
Miró bajo las sábanas y entrecerró los ojos.
—Rayos…
Tardó un tiempo en salir de la cama. Cuando lo hizo no estaba agitada, solo… sin rumbo.
Cuando su corazón regresó a la normalidad, abrió las ventanas. La brisa fría no la despertó. Pero acarició sus mejillas rojas, causando un poco de dolor.
Tomó aire, pero el pecho no se le llenó.
—Mañana serán los resultados del examen —dijo, solo para oír su propia voz.
Salió a la calle. El sol era reconfortante, bajo la sombra el frío asechaba.
Caminó hacia la plaza. Respiraba hondo, aunque no sentía alivio, de alguna forma ayudaba.
Se sentó en una esquina, mirando el agua correr y saltar.
Sus ojos no eran aburridos… sino vacíos.
«La gente vive…» levantó la mirada.
Media hora después, su estómago gruñó.
Su cuerpo sabía lo que quería.
—El hambre llama.
Caminó unos pasos cuando dos imágenes cruzaron su mente como sombras. Las espantó con la mano, como a un insecto.
En su memoria, vio el mercado atestado y frunció el ceño.
—No vuelvo ahí… la comida haría llorar a cualquier chef.
Compró lo que encontró alrededor. Nada especial, nada terrible. Solo comida. Era suficiente.
Regresó a la plaza y se sentó en un asiento de piedra.
Miró el plato. Su estómago insistía. Su boca no respondía.
Algo dentro de ella seguía quieto, dormido, como si no perteneciera del todo a ese cuerpo.
Bajó la cabeza.
—¿Qué me está pasando…?
El suspiro que soltó no tenía peso.
—¿Estás bien?
La voz la sobresaltó más de lo que debería. Levantó la vista; un joven desconocido.
—Estoy bien.
Dijo en automático.
El joven se rascó la cabeza, incómodo.
—Puedo escuchar, si quieres. No tengo nada que hacer.
Se sentó a su lado, sin esperar permiso.
Él se reclinó, reposó una mano entre los botones de su camisa.
Maribel miró con ojos indiferentes.
«Ese gesto tiene un significado. No lo sabía.»
No vino respuesta por un largo rato.
Solo silencio.
—No sé qué tengo —confesó al final—. Normalmente puedo entender a los demás… pero ahora no sé qué me pasa a mí.
El joven la miró, curioso.
—Así que perdida, ¿no?
—No estoy perdida.
—No físicamente —sonrió él.
Maribel suspiró.
—Eso… sí.
—¿Y por qué estás perdida?
Ella rio, sin alegría.
—Si lo supiera, no estaría perdida.
El joven sonrió torpemente.
—Es verdad. Error mío. —el joven miró el sol, paciente— la llegada de la princesa del espejo fue genial, ¿no crees?
Maribel levantó una ceja.
—Supongo que si. Saben dar un espectáculo.
El joven sonrió, mientras negaba.
—¿Espectáculo? pocas veces se ven a seres tan importantes aparecer, menos aún interactuar en público.
Maribel sacó una fruta, solo para ocupar las manos.
—¿Pocas veces ven magia? —preguntó.
—Pocas veces vemos magia que no haga daño —respondió él.
Maribel lo miró de reojo.
—Eso es… triste.
—Lo triste sería verlo, el alivio es que no vaya hacia ti, lo glorioso es que no haga daño. En el campo, muchas generaciones pasan sin ver magia. Que algún mago o cultivador pase y les muestre su poder sin dañar ya es una bendición.
Maribel miró su manzana, reflexionó un momento y la mordió.
Un momento después preguntó.
—¿Qué hay de aquí, en la capital?
—¿A qué te refieres?
—Ven magia que no haga daño?
El joven levantó la mirada.
—Mmhhh… veamos, de vez en cuando los ancianos de secta hacen trucos para sus nietos. Pero suelen estar dentro del Pabellón casi todo el tiempo, no es imposible… si te quedas lo suficiente, podrías verlo.
El agua en la pileta saltaba, evocando cantos.
El viento soplaba, trayendo frescura.
Las flores adornaban el lugar.
En conjunto, pasaba desapercibido.
Cuando mordió la fruta, no sintió sabor.
Un contraste con el peso vacío que llevaba en el pecho.
Hasta que, suavemente, lo dijo:
—Me siento sola.
El joven la miró, confundido.
—¿Qué intentas decirme?
Ella vio sus pensamientos con claridad. Deseo, malinterpretación, fantasías.
Pero nada dentro de ella respondió. Ni rechazo, ni interés. Solo quietud.
Indiferencia pura.
Soltó una risa seca.
—Jah… eres divertido. No es una invitación. Lo digo en serio: estoy sola. Incluso el viento es mal conversador.
El joven suspiró, frustrado.
Maribel ladeó la cabeza.
—¿Triste?
—Para nada —bufó él—. Aprovecharse de la soledad de una dama no es digno.
—Claro… —miró al cielo— este reino tiene algo con la decencia, ¿no?
—Así es. Nuestra reina de corazón helado, es también de corazón eterno, ama a todos y quiere que nos respetemos. Ella cree en la formalidad y el respeto.
—¿Es buena persona?
El joven asintió.
—La reina es quien aceptó a los clanes antiguos en el pasado, cuando fundó el reino. Acogió a muchos seres. Aunque originalmente este territorio era de elfos, ahora solo son una cuarta parte de la nación, pero aún así la reina no nos detesta. Es muy generosa.
—Ya veo —dijo.
Extendió un puñado de pasas—. ¿Ya desayunaste?
Él se iluminó.
—Si esto no es una invitación, ¿Qué lo sería?
—Solo soy amable.
Él aceptó.
Y entonces, una voz furiosa estalló entre la multitud, rompiendo ese extraño equilibrio.
Maribel entrecerró los ojos.
—Es el muchacho del clan del río —murmuró, con un dejo oscuro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com