Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de gacha mitológico - Capítulo 10

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de gacha mitológico
  4. Capítulo 10 - 10 Fin de la cacería a los traficantes
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

10: Fin de la cacería a los traficantes 10: Fin de la cacería a los traficantes “¿Estáis listos, chicos?” Detrás de mí, se encontraban Himiko, Kaina y Jin, los tres listos para ayudarme a deshacerme de una vez por todas de Kokubiro y su imperio.

Lo admito, cabrón, no me la pusiste fácil.

Han sido casi dos años, casi dos puñeteros años de rastreo constante, pero aquí estoy, tan cerca que casi puedo saborear tu miedo.

Si hubiera sido cualquier otra persona, es posible que no te hubieran podido encontrar, pero yo no soy cualquier persona, ¿sabes?

Ahora que te tengo en la mira, justo donde me apetece que estés para acabar contigo, ¿qué harás?

No puedo esperar más para averiguarlo.

…

(Pov tercera persona) “¡Rápido!

¿Qué demonios estáis haciendo?

¡Tenemos que darnos prisa!” El que habló era un hombre de mediana edad, vestido con un costoso traje de negocios.

De hecho, él era Kokubiro, uno de los mayores señores del crimen de todo Japón, con negocios tan variados como la venta de drogas, el contrabando de armas y la trata de personas.

Sin embargo, desde hacía casi dos años, la cantidad de ingresos por parte de estos negocios había disminuido drásticamente, todo por culpa de una figura que se había comenzado a volver una leyenda en todo el bajo mundo del país: Erebo.

Era por eso que había comenzado a planear su escape, con tal de evitar ser asesinado por este misterioso personaje.

“Kokubiro-san, ¿puedo saber exactamente para qué me necesita?” Quien habló era Chikara, un héroe que había comenzado a volverse bastante famoso entre las masas, aunque aún no era tan reconocido como los héroes profesionales.

Según lo que muchos decían, su peculiaridad tenía un gran potencial, el cual le permitiría ascender hacia la popularidad si todo iba bien.

Su peculiaridad, acumulación de fuerza, le permitía concentrar toda su fuerza en un único punto, lo cual le permitía aumentar sus capacidades físicas de manera instantánea.

Además, su constitución era ya de por sí bastante robusta y musculosa, por lo que la cantidad de poder que podía ejercer en su máximo potencial era suficiente para demoler un gran edificio de un solo golpe, aunque eso significaría dañar su propio cuerpo.

Sin embargo, lo que no muchos sabían era que él era un héroe dispuesto a realizar los trabajos más deshonestos para la gente más cuestionable siempre y cuando hubiera una buena recompensa de por medio.

Y esta vez, el oferente había sido uno de los señores del crimen más grandes en todo el país, por lo que la recompensa era demasiado buena para rechazarla.

“Te necesito para que, en caso de ser necesario, acabes con Erebo” La expresión en el rostro de Chikara se congeló.

Ni en sus peores sueños habría imaginado que tendría que enfrentarse a ese hombre.

Puede que la mayoría de personas, incluyendo a los héroes no profesionales, no supieran de su existencia, pero para aquellos que se movían entre los círculos más oscuros, su nombre era una sombra siempre presente.

Sin embargo, ahora no podía echarse atrás.

“Descuide, Kokubiro-san, acabaré con ese cabrón si se atreve a presentarse” Chikara golpeó su puño contra su palma, creando una pequeña onda de aire que sacudió el lugar.

…

(Pov Effiro) Vi cómo una limusina negra avanzaba rápidamente desde el edificio cercano, tratando de pasar desapercibida entre las sombras.

Ja, como si eso fuera a pasar.

Avancé rápidamente, saltando sobre su techo y arrancando un gran trozo de este, dejando expuestos a los cinco tripulantes en la parte de atrás.

Oh, mierda, no me apuntéis con esas pistolas, cabrones.

Antes de que pudieran abrir fuego contra mí, un disparo resonó en el aire, y un segundo después uno de los cinco hombres que me apuntaba perdió su cabeza en una explosión sangrienta.

Los otros cuatro se vieron sorprendidos y aterrados, pero no tardaron en abrir fuego contra mí.

Para su mala suerte, ninguna de sus balas fue capaz de siquiera rozar mí cuerpo, y todos acabaron muertos en menos de un minuto.

Mmm, parece que el pez gordo no se encuentra aquí.

¿Una trampa?

Seguramente.

Pero no pienso retroceder.

He venido aquí a matar a ese desgraciado, y eso es lo que haré.

Me moví en dirección del edificio, dejando que mis compañeros lucharan contra los hombres de Kokubiro.

Detrás mío, un grupo de Kainas disparaban sus rifles desde todas las direcciones contra los criminales, consiguiendo siempre acertar un tiro mortal, además de que entre sus propias unidades tenían a un compañero acabando rápidamente con cada uno de ellos, cortesía de Himiko y mi espada de Kurikara.

Dejando atrás el campo de batalla, me colé dentro del edificio que había servido durante tanto tiempo como base de operaciones de este hijo de puta, acabando con los guardias que me encontraba en el camino.

Esto es raro, demasiado poca seguridad.

“Hasta aquí llegas, Erebo” Mi atención fue atraída hacia un hombre musculoso, cubierto en un traje de tela negra que permite ver el contorno de sus músculos y un pelo corto de color igualmente negro.

Si no me equivoco, este hombre es el héroe Chikara, el cual se está volviendo bastante popular en ciertos sectores.

Si mal no recuerdo, su peculiaridad es bastante parecida a mi manipulación de la energía física, por lo que tiene bastante potencial.

“No creo que me puedas detener.

Tengo una misión, y más te vale no meterte en medio si no quieres acabar mal” “Entonces tú lo pediste” se crujió los nudillos, impulsadose velozmente en mi dirección y lanzando un poderoso golpe con su puño.

No eres el único capaz de hacer eso, idiota.

Nuestros puños se encontraron, creando una gran onda de aire que barrió todo a nuestro alrededor e hizo vibrar los cristales.

Nada mal, supongo que tal vez he subestimado su poder.

Pero aún así, yo ganaré.

Conecté mi pie con su estómago, mandándolo a volar contra una de las paredes del lugar, creando enormes grietas debido al impacto.

Sin embargo, se volvió a levantar, esta vez lanzando una poderosa patada que no tuve tiempo a esquivar, por lo que me ví obligado a bloquearla con ambos brazos.

Esta vez fue mi turno de ser mandado a volar, golpeando otra de las paredes de la sala en la que nos encontrábamos.

“¿Qué pasó, Erebo?

¿Acaso no puedes seguirme el ritmo?” “¿Estás de coña?

¡Apenas estoy calentando!” Me moví rápidamente contra él, intercambiando golpe tras golpe.

Todo a nuestro alrededor temblaba, apenas siendo capaz de contener el poder liberado durante nuestro combate.

Aprovechando que el hombre tenía muchas aperturas, conecté un gancho en su barbilla, obligándole a mirar al techo para acto seguido conectar otro golpe contra su pecho, creando una distancia de varios metros entre nosotros y haciéndole escupir sangre por el daño interno.

“Ahhg, ¿sabes qué, Erebo?

¡No me has dejado más opción!” Escupiendo una bocanada de sangre, preparó su puño para golpear de nuevo.

Mierda, esto es malo.

Incluso puedo ver sus músculos incharse y retorcerse debido al poder contenido.

Otra vez se mueve increíblemente rápido contra mí, tan veloz que apenas me da tiempo a reaccionar y ya casi lo tengo encima.

Sin más opción, usé el Aliento de Kukulkan en él, liberando una poderosa corriente de aire que se dirigió a toda velocidad contra su cuerpo.

Chikara golpeó contra la corriente de aire, y el impacto de ambos ataques fue tan devastador que todo el edificio a nuestro alrededor quedó completamente destrozado.

Sentí el suelo deslizarse bajo mis pies, mientras veía como el edificio se inclinaba hacia un lado y comenzaba a caer.

¡Mierda, mierda, mierda!

El edificio se derrumbó por completo dejando sólo una gran pila de escombros.

Por suerte para mí, debido a que se derrumbó hacia un lado, no me cayó ningún escombro.

Miré un poco más adelante, hacia un Chikara con su brazo completamente destrozado.

Demonios, incluso se pueden ver los huesos atravesando la carne y la piel.

“Por favor, ¡No me mates!” Me suplicó desesperado tras verme acercándome a él.

“¿Y por qué debería hacerte caso y tener piedad?” Ha llegado tu hora, acéptalo’ y con esas palabras, le aplasté la cabeza con mi pie, dejando una mancha de sangre y materia gris en el suelo.

Tras acabar con el falso héroe, me dí cuenta de que un poco más adelante se encontraba lo que parecía ser una enorme sala con forma de cubo metálico, el cual, debido a la aterradora fuerza del ataque final de Chikara, había perdido parte de su estructura, dejando un gran hueco por donde entrar.

Con que te hiciste una habitación del pánico para esconderte de mí, ¿eh?

Parece que estas encerrado y listo para morir.

Entré en el interior del cubo, viendo en una de las esquinas al hombre al que había estado persiguiendo por tanto tiempo.

“Vaya, parece que todo termina aquí, ¿eh?” Me burlé de él, acercándome deliberadamente con pasos lentos y amenazantes.

“Eso parece.

Todo termina aquí…

para tí” Kokubiro sacó un arma de fuego escondida, disparandome rápidamente para evitar que pudiera reaccionar, por lo que el ataque, en lugar de golpear un punto vital, golpeó mi brazo.

Miré el lugar en donde impactó esta, y me congelé tras ver su diseño.

“¿Qué pasa?

¿Acaso te has dado cuenta ya de que este es tu final?

¡Ya no tienes peculiaridad!” Kokubiro dio un grito desquiciado, riéndose como un loco.

Mi sangre comenzó a hervir, y no pude controlarme cuando le agarré del cuello de la camisa y le estampé mi puño en el rostro.

“¡Maldito cabrón!

¡Dime dónde demonios está Overhaul!” “¿En serio crees que lo sé?

¡No tengo ni la más remota idea!” Escupió una bocanada de sangre, aún mirándome con esa estúpida sonrisa en su rostro.

“¿En serio crees que me has quitado mi peculiaridad?” Solté mi agarre en su camisa, dejándole caer al suelo mientras formaba una llama en la palma de mi mano.

“¿Cómo?

¡Es imposible!” Su rostro mostraba una expresión de incredulidad y miedo.

Ah, que embriagante sensación.

“¿Quieres saber?

No lo entenderías, y tampoco me creerías.

Y como me eres inútil para mi próximo objetivo, puedes morir de una vez por todas” Volvió a levantar su arma para dispararme nuevamente, pero antes siquiera de que pudiera apretar el gatillo, le arrebaté la pistola de las manos, lanzándola lejos de mí.

Acto seguido, sostuve su cabeza con una de mis manos, envolviendola en llamas.

Ahí le tenían, uno de los mayores señores del crimen en Japón, con su cabeza siendo incinerada mientras grita y se retuerce en mi agarre, hasta que su cerebro se evaporó por la alta temperatura de mi fuego y la vida se escapó de su cuerpo.

Dejé caer su cadáver al suelo justo en el momento en que llegaron mis tres compañeros, todos con miradas preocupadas en sus rostros.

“¿Qué demonios ha sido eso?” La primera en preguntar fue Toga, adelantándose para revisar qué estuviera bien.

“No ha sido nada, solo un combate inesperado.

Sin embargo, podéis comprobar que me encuentro en perfecto estado” Levanté mis brazos, dándoles mayor libertad para buscar cualquier daño que pudiera haber escondido.

Y justo en ese momento, me llegó un mensaje mental por parte de una de mis invocaciones.

Ya te tengo a tí también, Chisaki.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo