Sistema de gacha mitológico - Capítulo 101
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de gacha mitológico
- Capítulo 101 - 101 Fin de la prosperidad
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
101: Fin de la prosperidad 101: Fin de la prosperidad (Pov tercera persona) El tiempo siguió su curso, y pronto pasaron cinco años.
En todo ese tiempo, muchas cosas cambiaron.
En primer lugar, la relación entre la Secta Nube Celestial y la Secta del Dao Celestial mejoró notablemente, gracias al gran poder demostrado por Effiro y por sus numerosos regalos de paz.
Al final, a Quin Ai, el líder de la Secta Nube Celestial, no le quedó más remedio que aceptar las ofertas de paz y abandonar sus rencores pasados, aunque eso no le impidió jurar en el fondo de su corazón que algún día superaría a Effiro.
Kaina y Jin alcanzaron la etapa de Huesos Espirituales, Himiko llegó a la etapa de Sangre espiritual, Eri alcanzó la etapa de Espada Espiritual y Effiro consiguió llegar a la etapa de Espada del Alma, cada vez más cerca de avanzar a la espada del vacío.
La secta había llevado a cabo varios reclutamientos de discípulos cada año, lo que había aumentado enormemente la cantidad de integrantes de esta.
También habían obtenido muchos más pergaminos llenos de teoría, información sobre el mundo y técnicas, lo que permitió crear una mayor variedad de cultivadores en comparación con el inicio.
Effiro observaba todo diariamente, disfrutando de lo que había sido capaz de crear en tan poco tiempo.
Sin duda, Aura estaría orgullosa de él.
Después de su práctica diaria con sus habilidades y su tiempo de cultivo, decidió echarle un pequeño vistazo al entrenamiento de Eri.
Entró sin llamar a la puerta de su hogar, llendo directamente a la sala de entrenamiento instalada en su interior.
Allí, vio a una Eri de doce años empuñando su espada con firmeza, completamente concentrada en un muñeco de prácticas.
El muñeco en cuestión era un maniquí creado específicamente para entrenamiento de combate, programado para ser capaz de moverse y luchar.
A pesar de esto, no existía riesgo alguno de que el maniquí pudiera matar a quienes lo usaban para entrenar, lo que tampoco significaba que uno fuera a librarse de recibir una paliza.
Ese no era el caso de Eri.
Manejaba la espada con facilidad, bloqueando y desviando cada golpe del muñeco de prácticas antes de aprovechar cada oportunidad para golpear.
Si no fuera por la capacidad del muñeco para regenerarse usando el qi del entorno, ya haría tiempo que se habría convertido en un montón de chatarra inútil.
Eri había aprendido a manejar la espada, y se había vuelto capaz de vencer a enemigos más fuertes basándose solo en su arte marcial.
Tras veinte minutos más de entrenamiento, finalmente bajó la espada y el muñeco de prácticas se detuvo.
“¿Cómo he estado?
Se dio la vuelta para mirar a Effiro, con una sonrisa en el rostro.
Durante esos cinco años, Eri había cambiado mucho.
No solo se había vuelto más alta, sino que también se había adaptado al nuevo entorno.
En un mundo tan despiadado como lo es el mundo del cultivo marcial, era matar o ser asesinado.
La ley del más fuerte era la que gobernaba, y ella se vio obligada a aprenderlo para sobrevivir.
Si debía matar, entonces mataría.
Effiro no podía decir que estuviera contento con este cambio, pero sabía que era necesario.
“Has estado espléndida, Eri.
Sigue entrenando así y pronto estarás lista para salir de la secta y explorar el bosque” “Está bien.
Aún así, creo que ya soy capaz de cuidarme por mí misma” “Preferiría acompañarte a todas partes en lugar de dejarte ir por tu cuenta” “Ya soy mayor, Effiro” Eri puso los ojos en blanco, aún cuando una sonrisa tiró de sus labios.
El cariño que había recibido por parte de su “familia” había hecho que se olvidase de su tiempo con Overhaul, dejando finalmente su trauma detrás.
Agradecía profundamente todo lo que hicieron por ella, y deseaba poder devolverles el favor algún día.
Pero, por el momento, entrenaría arduamente en la seguridad de la secta, hasta que su sobreprotector hermano mayor juzgase que estaba preparada para explorar ese nuevo mundo.
…
Effiro no se había detenido ni un solo momento en su cacería de monstruos.
Necesitaba un suministro constante de materiales para que su secta mantuviera un puesto alto en lo referente a las riquezas, y su necesidad de cultivar era baja debido al enorme poder que había alcanzado y sus métodos extraños y poco convencionales para fortalecerse.
También un pensamiento había comenzado a rondar por su cabeza: crear su propio artefacto.
Con la ayuda del sistema y de alguna habilidad que podría conseguir en el futuro debería de ser posible, pero habían demasiados fallos.
Todos los artefactos que era capaz de crear hasta el momento, por más perfectos que hubieran sido creados, eran mucho más débiles que sus peores artefactos.
Por lo tanto, sólo le servían para aumentar el armamento que estaba a disposición de los miembros de la secta, como su querida Eri.
Sin embargo, estaba seguro de que, en el futuro, sería capaz de lograr su objetivo.
Incluso si era una sola vez, sería más que suficiente para él.
Pero para eso necesitaría los mejores materiales, cosa que no había encontrado hasta el momento.
De nuevo, solo era cuestión de tiempo para él.
Y el tiempo se había vuelto algo insignificante.
¿Por qué se preocuparía por el paso de los días cuando su cuerpo era inmune al deteriodo natural que caracterizaba a la vejez?
Tarde o temprano cumpliría sus objetivos, siempre y cuando fuera capaz de mantenerse con vida hasta entonces.
Pero, con sus extraordinarias capacidades físicas, mágicas y mentales, junto con sus habilidades, artefactos e invocaciones, no lo veía como un problema.
Además, desde que había llegado no se había encontrado con ningún problema.
Era casi como si el mundo hubiera entrado en una era de paz y reposo, sin que hubiera un solo problema importante y digno de preocupación a la vista.
Era tan pacífico que, si no fuera por sus constantes cacerías de bestias espirituales, casi se habría olvidado de lo que era el derramamiento de sangre y la lucha.
Por supuesto, esto provocó que un gran número de personas se volvieran complacientes y se estancaran en su nivel actual, sin ver una razón real para avanzar y mejorar rápidamente.
Verdaderamente este era un “Los tiempos pacíficos engendran hombres débiles”.
Y Effiro sabía bien que eso inevitablemente llevaría a la segunda parte de la frase: “Y los hombres débiles provocan tiempos difíciles”.
Al final, todo esto formaba parte de un ciclo que se repetía constantemente en el universo, un ciclo que muchas culturas antiguas habían recogido en sus mitologías.
La transición infinita y repetitiva de una era de orden y una era de caos.
La era de orden era tranquila y, por tanto, la gente tendía a volverse más débil por la falta de necesidad de fuerza.
Esta debilidad llevaba a una era de caos, en donde la vida se volvía más complicada.
En consecuencia, el mundo se equilibraba con la aparición de gente poderosa, lo que calmaba la situación y llevaba a la vuelta de la paz.
Y el regreso de la era del orden producía más debilidad.
Pero, como inmortal, Effiro no pensaba caer en un estado de debilidad por su propia auto complacencia.
No, él pensaba continuar fortaleciéndose.
Porque él sabía que no era el más poderoso, y que habían seres más allá de ese mundo que, si quisieran, podían acabar con él.
Incluso si no podían matarle, al menos eran lo suficientemente poderosos como para no poder ser derrotados por él.
Así que continuó entrenando, buscando más poder, tanto para sí mismo como para los suyos.
Y pareció dar sus frutos.
Su poder solo había ido en aumento, y no había encontrado hasta el momento nada ni nadie capaz de hacerle frente en ese mundo.
Sobrevolaba un bosque de denso follaje, con su aguda mirada atravesando la espesa capa de hojas y ramas que lo cubrían para ver lo que se ocultaba debajo.
Finalmente, dio con su objetivo: un tigre de pelaje tan blanco como la nieve virgen que no ha sido tocada ni por pies humanos ni por agua, surcado con rayas negras como la tinta, ojos dorados como oro fundido y un tamaño comparable al de un vehículo.
Era una bestia majestuosa, pero su poder no era algo que llamase la atención de Effiro.
Aún así, decidió que no perdía nada por darle caza, por lo que se dejó caer desde lo alto del cielo.
Su cuerpo descendió con velocidad, cortando el aire con un silbido agudo que resonó en sus oídos antes de atravesar las copas de los árboles y golpear el suelo.
La tierra bajo sus pies se hundió por su peso, creando un cráter que daba la impresión de que un meteorito había caído allí.
El tigre le miró sorprendido, sin haber visto venir el ataque.
Pero se recompuso rápidamente, lanzándose con un golpe de sus garras.
Eran afiladas como cuchillas, y sin duda podrían ser vendidas y utilizadas para la fabricación de armas.
Aún así, Effiro apenas le prestó atención al patético intento de la bestia por hacerle daño.
El golpe rebotó inofensivamente sobre su piel, y el tigre retrocedió con miedo.
No había esperado que aquel hombre fuera capaz de ignorar sus garras como un elefante ignora a una hormiga.
Antes de que pudiera huir, la sombra de Effiro se extendió y se removió, como si tuviera vida propia.
De ella surgió la figura de una hermosa mujer, sosteniendo dos katanas en sus manos.
Musashi Miyamoto avanzó velozmente, alcanzando al monstruo en un instante.
Sus dos katanas se cubrieron de ki, cortando la carne, la piel y el hueso con la misma facilidad con la que un cuchillo al rojo vivo corta mantequilla derretida.
“¿Eso es todo, maestro?
Podrías haberme traído para enfrentarme a algo más desafiante” clavó una de sus katanas en el suelo y se apoyó sobre ella, mirando a Effiro con una sonrisa.
“Por desgracia, esto es lo que puedes encontrar por aquí.
Pero deberías de estar contenta, no vas a experimentar la muerte por el momento” Justo en ese momento, una figura interrumpió la conversación de ambos.
Jadeaba pesadamente, con el cansancio grabado en su rostro.
Su cuerpo estaba cubierto de sangre, con el cabello largo revuelto y su ropa rasgada.
Pero el rasgo más importante era la túnica que vestía: era la túnica que utilizaban los discípulos internos de la Secta Nube Celestial.
“¡Venerable inmortal, necesitamos su ayuda!
¡Estamos bajo ataque!”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com