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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 103

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  4. Capítulo 103 - 103 Aparición de la Bestia
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103: Aparición de la Bestia 103: Aparición de la Bestia (Pov tercera persona) El efecto fue instantáneo.

El mundo quedó en silencio, mudo de horror mientras aguantaba la respiración.

Nubes oscuras que irradiaban malicia cubren el cielo como un manto lúgubre, devorando cualquier rayo de esperanza que pudiera haber surgido por parte de la Secta Nube Celestial y la Secta del Dao Celestial.

El sol, que siempre había estado observando a la humanidad desde las alturas, se escondió, dándose la vuelta, negándose a ver lo que estaba por ocurrir.

La tierra tembló, con grandes y profundas grietas abriéndose en ella.

Y gritó.

La voluntad misma del mundo, inundada de un terror imposible de describir, gritó.

Un grito de ayuda, una llamada de auxilio.

La mujer había desaparecido después de haber llevado a cabo su cometido, dejando el Santo Grial corrupto tirado en el suelo.

Una masa de líquido negro y corrupto surgió de las grietas en el suelo, mezclándose con el artefacto “divino” y con el cuerpo de la indefensa Nero, que se encontraba en el centro de aquel desastre, convirtiéndose en un útero de pecado e impureza.

Y de aquel pozo surgió un cuerpo, lentamente, como si se estuviera maravillando con cada segundo de su propia existencia.

Primero surgió una mano.

Enguantada con un elegante guante rojo, con garras tan afiladas como los colmillos de una criatura venenosa.

Luego sus brazos, finos y delicados, innegablemente hermosos y con una inmensa fuerza contenida en su interior.

Finalmente surgió por completo, con su cabello largo y rubio cayendo en una cascada de oro por su espalda.

Sus ojos, rojos como un par de joyas, brillaban con varias emociones: maldad, codicia y orgullo.

Su cabeza estaba decorada con un par de cuernos negros y rojos, curvados hacia atrás.

Su torso estaba cubierto por una armadura de metal, bellamente labrada, y una capa larga y negra como el carbón ondeaba a sus espaldas.

A su lado, sosteniéndola con una sola mano como si su peso no le importase, se encontraba una espada mucho más grande que ella, cuya hoja liberaba llamas ardientes que fundían las pocas rocas a su alrededor.

Sus labios se curvaron en una sonrisa arrogante, y una carcajada escapó de su boca.

“¡El mundo tiembla ante mi belleza, aún incluso cuando todavía no le ha visto!” Avanzó con paso teatral, clavando su espada en el suelo rocoso.

“¡Yo, Nero Draco, la Bestia de Sodomon, finalmente he tenido mi debut!

¡Que los dioses tiemblen!

¡Que los humanos se arrodillen!” Gritó triunfante, con la barbilla en alto y el pecho henchido de orgullo.

Entonces miró a su alrededor, y su sonrisa solo se hizo más amplia al ver la gran cantidad de personas que la rodeaban.

Hizo girar su espada, Aestus Estus, cortando a la primera línea de cultivadores que tenía más cerca, sin hacer distinción entre amigos y enemigos.

Porque, para ella, el mundo entero era su escenario, y todos eran simples juguetes con los que podía jugar hasta que se rompieran.

Incluso cuando la atacaron entre todos, dejando caer sobre ella un aluvión de ataques desesperados, nada logró traspasar su piel, producto de su autoridad de la bestia, que aumentaba su resistencia en gran medida contra cualquier ser relacionado con los humanos.

Era una habilidad parecida al cuerpo inmaculado de Artemisa.

Continuó con la ofensiva, destrozando los cuerpos de todos los que se encontraban a su alrededor con una eficacia brutal.

Hasta que vio a una figura que se alzaba ante ella, como un muro impenetrable.

A pesar de ser un simple humano, el aura que emitía su cuerpo estaba llena de poder.

“Interesante…

¡Realmente interesante!

Ahora, chico, quiero que me muestres tu poder.

¡Muéstrame de qué eres capaz, chaval!” Apuntó a Effiro con su espada, con una sonrisa de colmillos afilados brillando en su rostro.

“Está bien.

Si ese es tu deseo, entonces luchemos hasta que uno de los dos caiga” Effiro respondió, sosteniendo su espada con una mano.

Bajo sus deseos, Nýchta cambió hasta convertirse en una gran espada de dos manos, muy parecida a la propia arma de Nero.

Todos a su alrededor retrocedieron todo lo rápido que pudieron conscientes de que la batalla que se iba a desatar era algo que iba más allá de sus capacidades.

Entrometerse solo les traería la muerte.

Ambos contrincantes se lanzaron contra el otro, encontrándose a mitad de camino mientras sus espadas chocaron con un fuerte tintineo metálico.

Intercambiaron varios golpes, midiendo la fuerza del otro para decidir qué movimiento realizar a continuación.

A Effiro le habría gustado usar el corte espacial o el corte temporal de Nýchta, pero sabía que sería inútil.

Nero Draco, como una bestia de Fate y un mal de la humanidad, era capaz de soportar ataques espaciales y temporales por el simple hecho de que estaba más allá de causalidad misma.

Solo le quedaba derrotarla en un enfrentamiento directo con todas las habilidades que tenía.

Por desgracia, en aquel combate de espadas no estaba destinado a resultar victorioso.

Un nuevo choque le hizo perder el equilibrio, y la fuerza resultante le mandó a volar por los aires.

Su cuerpo chocó contra la pared de un edificio, atravesándolo antes de finalmente detenerse.

Nero Draco ni siquiera se lo pensó dos veces, siguiéndole el paso para continuar la batalla.

Su espada se balanceó en un movimiento descendente, cayendo sobre la cabeza de Effiro.

Pero este desvió el golpe con Nýchta, deshaciéndose de su arma.

Se había fusionado con Fenrir en el breve periodo de tiempo entre que fue lanzado por los aires y Nero Draco le alcanzó, y su fuerza había sufrido un gran aumento.

En ese momento podría haber aprovechado para atacar con su arma, pero en su lugar dejó que la espada se desvaneciera en el aire.

Iba a comprobar por sí mismo qué tan poderosa era ella.

Las manos de ambos se entrecerraron, y comenzaron una prueba de empuje, tratando de hacer retroceder al contrario.

Tras unos momentos de forcejeo, Effiro dio un paso atrás, y luego otro más.

A pesar de que estaba en desventaja, no pudo evitar sonreír.

¡Menuda brutalidad!

El poder de la séptima bestia era sin duda formidable.

¿Qué tan poderosa sería su fuera una de sus invocaciones?

Ese simple pensamiento era suficiente como para emocionarle.

“¿Qué pasa, chico?

¿Esa es toda tu fuerza?

¡Vamos, estoy segura de que tienes más por mostrar!” “Por supuesto que aún me quedan algunos trucos bajo la manga.

De todos modos, ¿no es irónico que tú, la enemiga de Dios, esté luchando por él?” “¡Ja, no me hagas reír!

Yo no estoy luchando por Dios.

Estoy luchando porque quiero, no porque alguien me lo haya ordenado, y mucho menos él” Effiro volvió a retroceder otro paso, y Nero Draco sonrió triunfante.

Pero entonces una cadena se enrrolló alrededor de su cadera, y un fuerte tirón la elevó decenas de metros en el aire.

“Te lo dije, todavía tengo algunos trucos guardados” Effiro había conseguido a una invocación más, una que había decidido guardar en caso de que ocurriera algo inesperado.

Y parecía que había valido la pena.

Miró a la chica de largo cabello magenta, con un símbolo de tinta roja dibujado en la frente y sus ojos cubiertos por una venda morada, y levantó el pulgar en su dirección.

“¡Bien hecho, Medusa!” Una invocación más de Fate, esta vez Medusa rider.

Ella simplemente asintió, liberando a su presa de las cadenas.

Antes de que la gravedad pudiera reclamar a Nero Draco, una figura gigante se materializó sobre ella.

Era un niou, la materialización de la intención de espada de Musashi Miyamoto, producto de su noble phantasm.

Bajó sus cuatro brazos sobre su cuerpo, y cuatro grandes espadas golpearon a Nero a la vez, mandándola contra el suelo con gran fuerza.

Cayó como un meteorito, creando un gran cráter en la zona donde impactó.

Se levantó, mirándose.

Aquel ataque, aunque no fue mortal, sí que logró dañarla.

Pero no fue la gran cosa.

Su cuerpo podía recuperarse de eso y mucho más.

Una lanza de líquido carmesí cristalizado la impactó de lleno en el pecho, haciéndola retroceder.

Xbalanqué aprovechó para llegar frente a ella, balanceando su macuahuitl contra ella con gran fuerza, y apenas tuvo tiempo de bloquear con ambos brazos.

Jeanne alter llegó desde atrás, tratando de atravesarla con la punta de su bandera, que ardía con las llamas del odio, pero Nero Draco la detuvo con una sola mano.

Tengu lanzó un poderoso tajo de viento, pero ella lo ignoró como si fuera tan solo una simple brisa.

Incluso cuando las invocaciones de Effiro la atacaban al mismo tiempo, era capaz de lidiar con todas a la vez.

Al menos eso habría sido así si no fuera por la presencia de dos de ellos.

Fenrir se lanzó sobre ella, mordiendo uno de sus brazos con tal fuerza que logró romper sus huesos, mientras Artemisa disparaba una flecha con precisión letal, atravesando su pecho de lado a lado.

La batalla parecía haberse inclinado a favor de Effiro, pero él no era el único con varios trucos guardados.

Nero Draco activó a la vez tres habilidades: Número de la Bestia, que mejora su noble phantasm temporalmente, y otorga un aumento de seis veces en reducción de daño y daño crítico; Aurea Poculum, que añade una carga sobre todos los enemigos a cambio de perder la mitad de su vitalidad; y Siete Coronas Bestiales, que otorga un aumento de poder acumulativo.

El aumento de esta última era bastante débil al inicio, pero otorgaría un aumento de poder tremendo una vez que se desate por completo.

Effiro se imaginó lo que estaba por venir, e hizo retroceder a sus invocaciones más poderosas, dejando a las siete más débiles dentro del rango de ataque de Nero Draco.

Y, tal y como pensó que iba a ocurrir, la Bestia del apocalipsis actuó acorde a su pensamiento.

“¡Babalon Domus Aurea!” Un teatro dorado surgió, encerrando en su interior a la nekomata, la kitsune de nueve colas, el wendigo, la quimera, a Tengu, a Wakinyan y a Dorios, quien había sido traído al combate con el único propósito de hacer de sacrificio.

Después, Nero Draco destruyó el teatro que había creado ella misma, pulverizando también a las siete invocaciones atrapadas en su interior.

Si hubieran sido sus invocaciones más fuertes, podrían haber sufrido el mismo cruel destino.

Por suerte para él, supo reaccionar rápidamente y actuar en consecuencia.

“Vaya, realmente lograste evitar eso.

Dime, ¿cómo te adelantaste a mi ataque?” “Por las habilidades que usaste.

Una de ellas fortalecía tu noble phantasm temporalmente.

Si hubiera estado en tu lugar, habría hecho lo mismo” “¿Entonces es eso?

Ya veo.

¡Somos compatibles!

Es una pena que tengamos que luchar entre nosotros” a pesar de sus palabras, no había ni un rastro de tristeza en su voz.

“Creo que es momento de que terminemos con esto, Bestia del apocalipsis.

Me has hecho un bonito regalo, y tengo ganas de recogerlo” No permitió que ella actuase.

A pesar de su actitud, Effiro era consciente de que, si Nero Draco lograba evolucionar para convertirse completamente en la Ramera de Babilonia, estaba perdido.

En ese estado, incluso si era su forma larvaria, la cantidad de energía mágica que poseería sería suficiente como para superar cualquier cosa que hubiera visto en su vida, exceptuando, por supuesto, a los dioses.

Medusa comenzó la última ofensiva quitándose la venda que cubría sus ojos.

Sus ojos eran grises y hermosos, y no eran normales.

Como ojos místicos, tenían una habilidad especial: podían petrificar a quien mirase, pero tenía un límite.

Y, debido a que Nero Draco era demasiado poderosa en comparación con su yo actual, lo máximo que podía lograr era un efecto de debilitamiento, una contribución más que suficiente.

Luego usó su noble phantasm, Beleforonte, invocando a Pegaso, una figura equina alada y fantasmal, hecha de brillante luz.

Montó sobre él, embistiendo con una gran velocidad en dirección a su rival.

Jeanne alter hizo surgir cientos de estacas desde el suelo, junto con una aterradora nube de fuego que devoraba todo a su paso.

Medea atacó con un aluvión de dardos de veneno cristalizado y oscuridad sólida, un ataque frontal imposible de esquivar.

Mordred usó Clarent Blood Arthur, con un poderoso rayo carmesí surgiendo de la hoja de su espada, crepitante de poder.

Minamoto-no-Raikou usó Llamado de la Tormenta del Rey Toro, creando cuatro clones que sostenían armas distintas.

Cada invocación utilizó su habilidad más fuerte, abrumando a Nero Draco con ataques poderosos consecutivos.

Y cuando todo terminó, ella se alzaba allí, en medio del valle destrozado, que había quedado hundido decenas de metros por el intenso combate.

Todavía viva.

Así que Artemisa se lanzó sobre ella, apuñalando repetidamente con una lanza de metal divino, dejando vía libre para que Fenrir la derribase por la espalda y Effiro pudiera atacar.

Effiro se había estado preguntando algo: ¿podría canalizar el poder de explosión de los Guanteletes de los Titanes sin necesidad de utilizarlos?

Por lo tanto, decidió probarlo ahora.

Apuntó en dirección a Nero Draco con la punta del dedo índice, y en esta se formó una esfera de energía naranja ardiente.

Sonrió para sí mismo.

Sí, esto hacía las cosas mucho más fáciles.

Mezcló junto a esa esfera todas sus habilidades de fuego, los rayos de la Ira de Thor y su propia energía mágica, y luego la comprimió hasta que alcanzó el tamaño de una canica.

Incluso si Nero Draco lo recibía de lleno, su cuerpo debería de permanecer en buen estado.

Con un pensamiento, la esfera de energía crepitante salió disparada a una velocidad miles de veces superior a la del sonido, impactando en los brazos cruzados de Nero Draco y creando una explosión tan poderosa que el mundo entero tembló bajo su poder, dejando escapar un profundo lamento de terror que resonó en la mente de todos los seres vivos.

El humo se disipó lentamente, y Effiro confirmó su suposición: Nero estaba viva.

Herida, pero viva y con el cuerpo completo.

Estaba tumbada en el suelo, a miles de kilómetros de distancia, y pudo verla gracias a su visión excepcional.

Corrió en su dirección, y no tardó más de unos minutos en llegar hasta ella.

Cuando se acercó, ella giró su cabeza para mirarle, con una sonrisa ladina en su rostro.

“Vaya, así que así termina esto, ¿eh?

Supongo que ese es el orden natural: la Bestia del apocalipsis debe de ser detenida por un humano con un futuro brillante.

Y el tuyo parece que brilla como el sol” “Al final esto es lo que querías, ¿no?

Alguien que te detenga, que le ponga fin a tus acciones” “No.

Estás muy equivocado.

Pero te lo has ganado.

Adelante, finaliza con la vida de este cuerpo” negó su afirmación con firmeza, pero Effiro lo sabía mejor: ella era la tsundere definitiva, y su deseo de ser detenida era algo que se negaba incluso a sí misma.

“Entonces adiós, Nero Draco, Bestia del apocalipsis” Invocó a Nýchta, apuntando con su punta al pecho de la bestia.

“Adiós, chico.

Espero que nos volvamos a ver en el futuro” Con ese último intercambio de palabras, Effiro hundió la hoja de su espada hasta la empuñadura en el pecho de Nero Draco, que ahora apenas mostró resistencia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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