Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de gacha mitológico - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de gacha mitológico
  4. Capítulo 18 - 18 Recuerdos de Medea
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: Recuerdos de Medea 18: Recuerdos de Medea Solté un suspiro cuando mi cuerpo se hundió en el suave y blando colchón de la cama, sintiendo la presión en mi cuerpo aliviarse mientras dejaba que el cansancio se apoderase de mí.

Como ya había dicho anteriormente, actuar como vigilante era algo realmente agotador, y con todas las cosas que puedo llegar a tener que hacer, aún con una resistencia sobrehumana me sería difícil mantener el ritmo sin un descanso adecuado.

Es por eso que la sensación de comodidad que me invadió me resultó tan placentera.

Sin embargo, y para mi mala suerte, justo cuando estaba a punto de caer dormido un grito aterrorizado resonó por toda la casa.

Su origen era la habitación en la que residía Medea.

Me levanté a toda prisa, sobresaltado, mientras me movía con rapidez hacia su ubicación.

Al parecer no era el único que tuvo la misma idea, pues pude ver al resto de integrantes de nuestro hogar ya levantados.

Levanté una mano, dándoles a entender que yo me encargaría de todo, dándoles la oportunidad de poder tratar de volver a conciliar el sueño.

Alcancé el pomo de la puerta, abriéndola lentamente para no sobresaltar a la huésped en su interior.

La hechicera se encontraba sentada en la cama, respirando entrecortadamente mientras apretaba las sábanas en un agarre firme, hasta que sus nudillos se volvieron blancos.

“Medea, ¿qué es lo que te ocurre?” Me acerqué a ella con paso lento, sentándome al borde de su cama mientras la envolvía en un abrazo.

…

(Pov Medea) Otra vez esos sueños.

Esos malditos sueños que me habían estado persiguiendo durante mi vida anterior, pesadillas que me atormentan, amargando mis noches.

Pesadillas que ahora plagan mi sueño en la soledad de esta habitación, en esta nueva oportunidad de vida que me ha sido otorgada.

Lo puedo ver en sueños, los recuerdos de cómo enterré aquella daga en el cuello de mi hermano, el recuerdo de cómo fui traicionada por la persona que más amaba, siendo utilizada y manipulada por su deseo de poder, solo para acabar siendo desechada cuando ya no le fui útil.

Traidora.

Asesina.

Bruja.

Las voces resuenan en mi mente, los susurros maliciosos de los espíritus de la muerte, deleitandose de mi dolor, alimentándose de él.

Están tan arraigados en mi ser que parece que ya forman parte de mi magia, de mi poder.

Estoy segura de que no puedo ejercerla sin invocarlos, al menos no sin un gran esfuerzo.

Oigo varios paso acercarse rápidamente a la puerta, pero solo una figura se asoma por la puerta: mi maestro, Effiro.

Se acerca lentamente, casi como si yo fuera un animal herido al que trata de calmar, preguntándome qué es lo que me pasa, envolviendome en un cálido abrazo que parece alejar la oscuridad.

¿Acaso no es capaz de sentir esa sensación inquietante a mi alrededor, ese aura oscura que parece envolverme constantemente como una capa?

Pero sé muy bien que no es así, que es tan consciente de ello como lo es del ciclo de día y noche.

Y también sé que el resto también lo sienten.

Entonces ¿por qué se toma tantas molestias conmigo?

¿Por qué trata de hacerme sentir incluida, como si fuera una más en su familia?

Soy tan solo una traidora, una asesina.

No se puede confiar en mí.

Y, sin embargo, él lo hace, como si estuviera seguro de que no voy a hacer nada contra ellos.

¿De dónde sale tanta confianza?

Esta sensación…

hacía mucho tiempo que no me sentía así, como si un pequeño fuego se hubiera encendido en mi pecho, transmitiendo su calor por el resto de mi cuerpo.

Una sensación tan reconfortante que logra romper mis barreras emocionales, provocando que una lágrima reticente ruede por mi mejilla.

Nunca me había permitido llorar, o al menos no la mayor parte de las veces.

Pero ahora me sentía frágil y vulnerable, a la vez que protegida por sus brazos.

Y protegida de la oscuridad por el calor de su cuerpo, le conté todo, mi historia.

…

Mi hermano, mi hermana y yo nos encontrábamos de pie en la sala del trono, viendo cómo mi padre golpeaba a uno de sus sirvientes.

Esa vista se había vuelto algo común con el pasar de los años, en donde él nos convocaba a los tres para mostrarnos las consecuencias que podían tener nuestros actos, los castigos que podíamos recibir.

De hecho, él suele golpearme así, siempre dando en los lugares protegidos por la ropa, ocultos a la vista.

Mi hermana pequeña, Calcíope, apartaba la mirada de la horrible vista frente a ella.

Después de todo, ella era la típica princesa estereotipada, demasiado inocente y blanda como para soportar una vista tan cruda.

Por el contrario, Apsirto, mi hermano mayor, miraba con fascinación la escena violenta, absorto en como el sirviente se retorcía y gemía de dolor, sin duda imaginándose cómo debía de sentirse el poseer esa clase de poder sobre alguien.

Vi los ojos de mi padre fijos en los míos, buscando cualquier señal de miedo en ellos.

Para su mala suerte, no le di esa satisfacción, devolviéndole en su lugar una mirada desafiante.

Puedo verle apretar la mandíbula, tragándose su ira para canalizarlo contra el pobre sirviente.

Sé que odia eso de mí, mi personalidad desafiante, y eso es lo que me motiva a seguir con esa actitud.

…

Mi madre me estaba peinando, trabajando en desenredar los nudos en mi pelo.

Esta era la primera vez en mucho tiempo que sentía su toque, pero no era un toque amoroso; era un toque rudo y carente de emociones, al menos de emociones positivas, tirando sin cuidado de los mechones de mi pelo.

Lágrimas llenaron mis ojos, pero no eran producto del dolor, sino de la pequeña alegría que despertaba en mi corazón el hecho de estar tan cerca de ella de nuevo.

Trabajó en silencio, decorando mi cabello con pequeñas flores de color amarillo.

“Espero que sepas que tu padre se volvió así de cruel por tu culpa” su tono es acusador.

Me acusa de ser la causa del comportamiento de mi padre.

Sin embargo, ella debería de saber mejor que nadie que esa crueldad es algo natural en él, su manera de tratar con el conocimiento de que, aún siendo hijo del titan Helios, es tan normal como un hombre común.

“Deberías saber también que tu hermano se despierta con pesadillas cada noche.

Todo por culpa de que lo transformaras en un cerdo” Quiero reprocharle, pero me veo incapaz de producir sonido alguno, pues mi garganta se ha cerrado repentinamente.

¿Realmente le había afectado aquello tan profundamente?

Una vez que terminó, se alejó de mí como si fuera una plaga, evitando mirarme directamente mientras se daba la vuelta, lista para irse.

“Ya estás preparada para ver al príncipe de Yolcos.

Sinceramente, no sé por qué alguien como él se interesaría en una bruja como tú” …

Me acerco en medio de la noche a la habitación de Jasón, evitando a los guardias que se interponen en mi camino.

Llevo tanto tiempo encerrada en esta prisión llamada palacio que no es complicado para mí evitar el camino de los soldados apostados en los pasillos.

“¿Qué haces aquí, bruja?” Sin embargo, frente a mí se alzó de repente una gran figura.

Era un hombre como ninguno otro, con un cuerpo alto y ancho, lleno de músculos grandes y marcados.

Sin duda, era alguien imponente, capaz de empequeñecer a cualquier soldado de la Cólquida con su aura de poder.

“No la asustes, Meleagro” quien habló no era otra que Atalanta, la única de las mujeres entre los argonautas.

Gracias a ella ahora sé que el hombre frente a mí no es otro que el príncipe de Caledonia.

“No tengo miedo” independientemente de que ese comentario fuera una broma, quería dejar en claro que no me iba a sentir intimidada.

“¡Ja!

¡Esta chica me gusta, Atalanta!” El príncipe respondió, haciéndose a un lado para permitirme llegar a la puerta de la habitación de Jasón.

En interior estaba decorado con todo tipo de muebles y varias pinturas, una manera que mi padre, Eetes, tenía de demostrar su riqueza a los invitados.

Allí, sentado en uno de los varios sillones a la vista, se encontraba sentado Jasón, el líder de los argonautas.

Aún cuando no lo veía directamente, podía sentir su presencia confiada y poderosa, como un susurro seductor.

Cuando se dio la vuelta para encararme, sentí mi rostro enrojecer ante los sentimientos adolescentes que florecían en mi pecho.

Dioses, es tan guapo…

…

Sentía la brisa del mar golpear mi rostro, como si estuviera intentando calmar las emociones que surgían en mi interior.

Jasón me agarró de la mano, llevándome a una zona del Argo apartada del resto para que pudiésemos hablar sin ser escuchados.

“En cuanto esté lo suficientemente cerca de tí, goléale en el cuello” junto con sus palabras, sentí el peso de un objeto desconocido sobre mis manos.

Cuando bajé mi mirada, mis ojos se abrieron de sorpresa y horror cuando ví que era lo que me había dado: una daga.

“Pero…

es mi hermano.

No puedo matarlo…

los dioses se enfadaran” “Es su vida o la tuya, Medea.

¿Quieres salir de aquí?

¿Quieres que formemos una vida juntos?” Sus palabras me infundieron con una nueva determinación.

Quería vivir, estar con él.

“Ya hemos tomado una decisión.

Puedes llevártela” Jasón se dirigió a mi hermano, separándose de mí para volver con el resto de la tripulación.

“¡Excelente!

Sabía que eras alguien inteligente, príncipe de Yolcos” mi hermano sonrió, agarrando mi brazo.

“Vamos, hermana.

Nuestro padre debe de castigarte por haberte rebelado contra él” tiró de mí para acercarme a su cuerpo, para evitar que escapara.

Dudé por un momento.

Él era mi hermano, no podía hacerlo.

“Apsirto, por favor…” Pero todo lo que recibí a cambio fue una bofetada.

“Cállate, maldita bruja.

Tu magia es una plaga.

Ni siquiera sé cómo es que padre te permite utilizarla” sus palabras son como agujas ardientes clavándose en mi corazón.

En ese momento ya no tengo más dudas.

Sé lo que tengo que hacer.

En cuanto su atención se distrae por un momento, fijada en los barcos de la Cólquida que se encuentran más adelante, mi mano sube en un movimiento rápido, hundiendo el filo de la daga en su garganta.

Le veo retroceder, sorprendido, mientras se lleva las manos a la garganta.

El miedo llena sus ojos cuando se da cuenta de lo que está ocurriendo.

Y yo solo soy capaz de mirarlo, de ver como su vida se escapa poco a poco, sabiendo que yo soy la culpable.

Ahora que lo veo así, por primera vez noto pequeñas marcas en su cuerpo, cicatrices camufladas en su piel.

Siempre pensé que mi padre solamente nos golpeaba a mi madre y a mí, pero esto me hace preguntarme ¿Él también golpeaba a mi hermano?

¿Eso significa que ha golpeado a Calcíope?

¿Existe la posibilidad de que las pesadillas de Apsirto no sean conmigo, sino con mi padre?

Al final, exhaló su último aliento de vida, dejando que su cuerpo se desplomara completamente en el suelo de la cubierta del barco.

…

Era incapaz de dormir.

Cada vez que cerraba los ojos, veía a mi hermano, con su mirada aterrorizada, como si me estuviera pidiendo que lo salve.

Es por eso que, incapaz de conciliar el sueño, me levanté de la cama que mi tía me había prestado, dirigiéndome a la sala principal de la cabaña.

Allí se encontraban amontonadas varias hierbas distintas, separadas en montoncitos según la especie.

A pesar de que conocía algunas, la gran mayoría me eran del todo desconocidas.

Mientras rozaba una de las plantas con las yemas de los dedos, sentí una presencia tras de mí: Circe.

“¿Qué ocurre, Medea?

¿No puedes dormir?” “Hypnos le concede el sueño a los que no llevan una carga sobre sus hombros, tía.

Y por desgracia, yo tengo una” “¿Sabes, Medea?

Me gustaría que te quedases aquí.

Una vez que os otorgue el perdón de los dioses a Jasón y tú, podrías vivir aquí conmigo.

Las dos juntas” Su declaración me deja momentáneamente sin palabras; he soñado muchas veces con este momento, con reencontrarme con ella para que podamos ser felices juntas.

Sin embargo, ahora tengo un nuevo deseo: irme con Jasón, volverme su esposa, su reina, poder tener una vida feliz con él.

“Lo siento, tía, pero…” “Pero quieres irte con los argonautas, ¿verdad?” Me sorprende la facilidad con la que es capaz de ver a través de mí.

“Déjame advertirte, querida: si sigues al príncipe de Yolcos, tu vida irá a mal, sufrirás más de lo que ya has sufrido” Y en ese momento recordé las palabras que Jasón me dijo antes: “tu tía es solo una amargada que está celosa de tí y de tu poder, celosa de que puedas formar una vida feliz más allá de esta isla” “Lo siento, pero no pienso ceder.

Me enseñaste a que siga mi instinto, y mi instinto me dice que él es el indicado” Ella solo suspiró resignada, con sus ojos reflejando una repentina tristeza.

“Si esa es tu decisión, la respetaré.

Pero debes saber que una vez que abandones esta isla, no me volverás a ver nunca.

Al día siguiente partimos de la isla, con mi corazón dolorido por el conocimiento de que no volvería a ver a uno de los pocos familiares que me quería.

Sin embargo, todo esto es por mi futuro.

Por nuestro futuro.

…

Miré a mis hijos, ambos tan felices de que les enseñara mi magia.

A diferencia de todas esas estúpidas mujeres corintias que no paran de crear rumores sobre mí, ellos no temen mi poder.

De hecho, lo adoran.

En ese momento, mientras los veo jugar felizmente entre ellos, una de las criadas llega a toda prisa, casi sin aliento.

“¡Señora, un mensajero del rey ha llegado!

Dice que quiere hablar con usted” ¿Un mensajero del rey?

¿Por qué vendría alguien de palacio a hablar conmigo?

Me dirijo a la entrada de nuestra casa, donde se encuentra el mensajero.

El pobre tiene tanto miedo de mí que es incapaz de controlar el temblor de su cuerpo.

“Lady Medea, por orden del rey, usted y sus hijos serán exiliados de Corintio, y su matrimonio con Jasón de Yolcos será disuelto con tal de permitir el matrimonio de su esposo con la princesa Creúsa.

Tiene hasta el atardecer para recoger sus pertenencias y abandonar la ciudad” tras terminar de hablar el hombre huyó, como si temiera que mi ira pudiese caer sobre él.

¿Exiliada?

¿Con mi matrimonio disuelto?

¿Entonces era cierto lo que el rey Egeo me había dicho, que Jasón me iba a abandonar para casarse con la princesa?

Ahora lo entiendo todo.

Él nunca me quiso, solo quería utilizar cada fragmento de mi ser, roto por mi familia, para alcanzar sus sueños de grandeza.

Y ahora que no podía ayudarle a cumplirlos, me dejaba a un lado para volverse el próximo rey de esta maldita ciudad.

En mi mente oigo los gritos de los espíritus de la muerte: exigen venganza, sangre y muerte.

Y la tendrán.

Oh, vaya si la tendrán.

Bueno, creí que sería importante saber un poco sobre la vida de Medea para poder comprenderla mejor.

No sé si hacer lo mismo con otros personajes, pero de momento pienso que con esto basta.

Hasta la próxima.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo