Sistema de gacha mitológico - Capítulo 37
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- Capítulo 37 - 37 Visitando el culto
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37: Visitando el culto 37: Visitando el culto (Pov Effiro) Vaya, hoy tuve un sueño bastante raro sobre el culto.
Me pregunto cuanto de verdad había en él.
Hoy es el día en el que finalmente completaré la misión que Hécate me confió.
Sin embargo, aún son las 10:23, así que no hay tanta prisa.
Aún faltan una hora y treinta y siete minutos para el gran momento, así que ahora me centraré en disfrutar de un buen desayuno.
Ni siquiera me voy a molestar en pensar qué ropa usar hoy.
No tiene sentido pensar eso ahora si voy a usar mi ropa de antihéroe dentro de tan poco tiempo.
Bajé vestido con el pijama, completamente descalzo mientras me acercaba a la mesa, sentándome en mi sitio y agarrando unas tostadas con mermelada de fresa y un vaso de zumo de naranja.
Sí, un desayuno clásico, pero uno delicioso y que nunca falla.
“¿Puedo robarte esto?” Himiko me preguntó, antes de robarse una de mis tostadas.
Oh, no, eso es caer muy bajo, incluso para tí.
La comida es algo sagrado, sobre todo el desayuno.
Y, aún así, hay mucha gente que se lo salta.
Así que ya sabéis, aseguraros siempre de desayunar, y de que sea un buen desayuno, con el cual tengáis suficiente energía para llegar a la hora de la comida.
“¿Por qué me estás robando mi comida?
¡Tú tienes tu propio desayuno!” Intenté recuperar la tostada, pero ella la apartó en un movimiento rápido.
“Vamos, no seas así.
Tienes más que suficiente para compartir conmigo” le dio un mordico al pan, llevándose mi esperanza de recuperarlo.
Tras eso, decidí rendirme.
No vale la pena gastar mi energía en tratar de recuperar una tostada.
Total, tengo otras tres en mi plato.
Tras terminar de comer, miré mi reloj; ya son las 11:10.
Cincuenta minutos me quedan para la diversión.
Así que subí de vuelta a mi habitación, listo para cambiarme de ropa a mi traje de vigilante.
Nunca he cambiado mi estilo, porque ninguna de las recompensas relacionadas con artefactos de equipo tenía algún tipo de utilidad más allá de lo estético.
En mis manos aparecieron el quitón griego, las sandalias y la máscara de oro y obsidiana que conforman mi traje, listos para ser utilizados.
Al ser recompensas del sistema, puedo invocarlas cuando quiera, en cualquier momento.
Inmediatamente cambié el pijama por mi traje, completamente listo para la acción.
Ahora solo necesito que Medea me diga la ubicación de las actividades del culto, y podré terminar con esta misión.
…
(Pov tercera persona) Oh, sí, el plan ya casi está listo.
Gisei miró el manojo de flores blancas, algunas más grandes que otras, que crecían al pie del altar.
Aquellas flores, el regalo de su diosa, se habían ido alimentando de la sangre derramada en los sacrificios, creciendo y madurando.
Ahora se alzaban orgullosas, creciendo sobre el suelo de cemento como si se burlase de su fragilidad, una muestra de su capacidad para subsistir incluso en los entornos más difíciles como si nada.
Esa era la clave para conseguir el poder que tanto ansiaba, de eso estaba seguro.
Después de todo, era el regalo que su diosa le había hecho.
Dos de sus acólitos atravesaron la muralla de adoradores que le rodeaban, arrastrando por los brazos a un hombre, el cual se encontraba en la misma situación que el resto de sus víctimas: desnudo, drogado y atado.
Un sacrificio perfecto, incapaz de rebelarse contra su destino.
Situaron el cuerpo en la cima del altar, completamente expuesto para poder llevar a cabo el rito de adoración a la dama carmesí.
Avanzó dos pasos en su dirección, cubriendo con su sombra la forma indefensa de su ofrenda mientras levantaba la daga sacrificial por encima de su cabeza, una réplica lo más exacta posible del arma que la diosa usó para hacerle un corte en el dedo.
Y justo cuando bajaba el arma sobre el pecho descubierto de su víctima, listo para atravesar su corazón, el nítido y fuerte sonido de algo atravesando una de las ventanas de cristal resonó en todo el almacén.
…
(Pov Effiro) Al parecer, llegué justo a tiempo para evitar el asesinato de otra persona desafortunada.
Antes de que aquel hombre encapuchado pudiera bajar su daga para arrebatar la vida de su víctima moví uno de mis dedos, cortando su mano.
Bien, eso ya es otra cosa.
Un peligro menos en la lista.
Podría haber usado mis invocaciones para que se encargasen de la mayor parte del trabajo, pero tal y como me dijo Medea, parece ser que Hécate interrumpió mi vínculo con ellos.
En otras palabras, estoy solo en esto.
Sin embargo, tampoco es que sea algo que me moleste.
Después de todo, es una prueba, ¿no?
No tiene sentido que haga una prueba basándome en la ayuda de otros.
No se sentiría correcto.
Bien, veamos…
¿ese cabrón acaba de regenerar su mano?
Efectivamente, el hombre al que momentos antes le había separado la mano del resto del cuerpo ahora volvía a tenerla en su lugar, como si no hubiera pasado nada.
De hecho, ni siquiera hay rastro de sangre o cicatriz.
Malditas habilidades regenerativas.
¿Por qué no puedo tener una yo también?
Esto me parece muy injusto.
“Admito que me has pillado desprevenido al cortarme la mano, Erebo.
Sin embargo, eso no será suficiente para acabar conmigo.
De hecho, hoy has cavado tu tumba” “Veamos, sabes quién soy, y aún así te atreves a decirme que hoy acabarás con mi vida.
Eso sí que es tener muchas agallas, ¿no crees?” “¿Acaso me estás subestimando?
No soy como el resto de personas que conoces” Agarró su daga de nuevo, pero esta vez, en vez de tratar de acabar de nuevo con la vida de su víctima, trató de cortar un manojo de flores blancas que crecían cerca de lo que supongo es el altar de sacrificio.
Sin embargo, la hoja de su arma fue incapaz de atravesar el tallo de aquella planta, por más que lo intentaba.
Finalmente, decidió usar las manos para arrancar de un tirón aquellas extrañas flores, guardándolas en una pequeña bolsa de tela que llevaba en la cadera.
Ya tuve suficiente de esto.
Me lancé contra él, quien apenas tuvo el tiempo suficiente para cubrirse con ambos brazos de mi puñetazo.
La fuerza de este fue tal que salió disparado contra la pared, creando una telaraña de grietas con el impacto.
“Ya veo por qué me subestimas.
Sin embargo, eso es un grave error” se limpió la sangre que se escurría por la comisura de sus labios, antes de darse la vuelta y golpear la pared.
Lo que me sorprendió fue que los músculos de su brazo se hincharon de sobremanera, aumentando su fuerza hasta el punto de permitirle romper la pared del almacén con facilidad, huyendo por el agujero que creó con ese ataque.
¡Mierda, se intenta escapar!
Ese maldito cabrón…
Corrí en su dirección, simultáneamente moviendo mi dedo para liberar unos cuantos cortes en contra de todos aquellos adoradores locos, partiéndolos a la mitad.
Ahora tengo que encontrar a ese líder suyo y evitar que cause el caos por ahí.
Justo cuando salí de aquel almacén, pude ver la figura oscura y escurridiza de ese hombre, desapareciendo tras doblar la esquina de un callejón.
Deja de joderme, hijo de puta.
Juro que, en cuanto te ponga las manos encima, voy a destrozar tu cuerpo en trocitos.
Seguí sus pasos de cerca, acercándome rápidamente a mi presa, metro tras metro, hasta que abandoné aquella callejuela.
Y, en cuanto lo hice, pude ver a ese hombre corriendo hacia la multitud japonesa que discurría por aquellas calles a la hora punta de la mañana.
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