Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de gacha mitológico - Capítulo 38

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de gacha mitológico
  4. Capítulo 38 - 38 Luchando contra el líder del culto
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

38: Luchando contra el líder del culto 38: Luchando contra el líder del culto (Pov Effiro) “Dime, ¿qué harás ahora, Erebo?” El líder del culto me gritó, corriendo en dirección a la multitud japonesa que se arremolinaba en las calles.

Maldito hijo de puta malnacido…

eso es jugar sucio.

Se lanzó contra un transeúnte desprevenido, alargando su brazo en su dirección.

Sin embargo, como no quería averiguar qué era lo que le iba a hacer, moví mi dedo para cortar su cuerpo por la mitad, deteniendo sus acciones.

“No sé qué narices quieres hacer, pero no te voy a permitir llevar a cabo tu plan” La gente a nuestro alrededor comenzó a darse cuenta de lo que ocurría, retrocediendo horrorizados ante la visión sangrienta frente a ellos.

“¡Todos los aquí presentes, les pido encarecidamente que retrocedan lo máximo posible y abandonen esta zona de manera inmediata!

¡Hay un criminal peligroso suelto!

¡Gracias por su atención y contribución!” Grité a la multitud, incitándoles a abandonar el lugar lo más rápido posible.

Obviamente sé lo que ese cabrón quiere conseguir con todo esto: aprovecharse de la audiencia que tenemos aquí para obligarme a limitar mis propias capacidades, mientras que él puede luchar y masacrar sin preocupaciones.

Sin embargo, parece que sobreestimé la capacidad humana para reaccionar al peligro.

El ver a ese supuesto criminal peligroso partido por la mitad pareció disipar la sensación de terror que les había inundado anteriormente, acumulándose alrededor del cuerpo como si fuera la exhibición de un museo.

Grave error.

El cuerpo anteriormente dividido en dos comenzó a unirse nuevamente, regenerandose al completo en cuestión de varios segundos.

Saqué la kusanagi-no-tsurugi inmediatamente, listo para atacar nuevamente.

Antes de que cualquiera pudiera reaccionar, la persona más cercana a su cuerpo fuer atravesada en el pecho por una hoja de hueso, surgida directamente de su antebrazo.

La sangre fluyó libremente, siendo absorbida por la punta de esa espada ósea para ser redirigida a la bolsa de tela que contenía la flor.

Mierda, maldito cabrón…

Si tan solo me hubieran hecho caso, o si fuera más útil…

Pero ¿de qué sirve lamentarse por lo que ya ha ocurrido cuando aún puedo o, más bien dicho, debo hacer algo?

Llegué detrás de él justo en el momento en que atravesaba a una segunda y una tercera persona, siendo ahora yo el que le apuñalaba, de manera literal, por la espalda.

Se giró en un movimiento veloz, moviendo su brazo en tandém para lanzar un corte con su arma biológica.

Retrocedí mientras tiraba de mi espada hacia atrás, evitando por poco ese ataque.

“Creo que te falta habilidad, ¿no crees?

Con esa velocidad y habilidades, solo es cuestión de tiempo hasta que te derrote” “Sigues subestimando mis capacidades.

La diosa carmesí me bendijo con su presencia, así que dime ¿qué tienes tú?” “No eres el único que ha sido visitado por una diosa.

A mí Hécate me visitó en sueños, así que…” “¿Y crees que eso es suficiente?

¡Hécate no es sino un pequeño bache!

¿Ella te envió a por nosotros?

¡Pues bien, primero me desharé de tí y luego mi diosa se encargará de la tuya!” “Tienes mucha confianza en ella, ¿eh?

Dime, ¿me harías el favor de decirme el nombre de tu diosa?” “Yo…

esto…” simples balbuceos salieron de su boca, delatando la verdad.

“Ni siquiera sabes su nombre, ¿verdad?

¿Cómo puedes tener tanta confianza en una diosa cuyo nombre desconoces por completo?” “¡Eso no es asunto tuyo!” Volvió al ataque, con otro corte lateral en mi dirección.

La hoja de mi arma divina cortó a través de su espada de hueso, diviéndola en dos trozos de material óseo inútil, cortando de paso parte del brazo.

“¿Sabes?

Hace mucho tiempo que no siento dolor.

Desde ese día en que todo comenzó…” a medida que hablaba, su voz iba bajando en volumen, hasta convertirse en apenas un murmullo.

Ignoró mi presencia en favor de atacar a otra persona cercana, creando esta vez una espina de hueso, con la punta a centímetros de su rostro.

Sin embargo, había estado atento a cada posible movimiento de ese líder loco, por lo que un corte rápido de la kusanagi-no-tsurugi separó su nueva arma del resto del cuerpo.

Gracias a mi rápida intervención aquel transeúnte pudo salvarse, huyendo lo más rápido que sus piernas se lo permitían para ponerse a salvo.

Y, por suerte para él, eso también obligó a mi enemigo a centrar una vez más toda su atención en mí.

Porque ya sabéis que soy alguien completamente irresistible.

“¿En serio?

¿Qué necesidad tienes de entrometerte en mis asuntos?

¡Tú y yo, al fin y al cabo, somos iguales!” “¿De verdad lo dices en serio?

¿Tú y yo?

¿Iguales?

No me hagas reír con esas tonterías, claramente no somos iguales” “Ah ¿eso crees?

Ambos hemos matado, Erebo.

Ambos somos asesinos” “¿Y tú crees que eso me hace igual a tí?

Siento decepcionarte, pero no.

Tú matas a cualquiera que esté al alcance de la mano para ofrecer su vida como tributo a tu diosa, sacrificas vidas inocentes a una diosa de la cual ni siquiera sabes su nombre.

Yo, mientras tanto, acabo con la vida de criminales como tú, personas que están mejor muertas.

Le hago un favor a esta sociedad al encargarme de la basura que los héroes dejan en el contenedor” “Puedes maquillarlo para que parezca un propósito noble el tuyo, pero esas palabras que dices no son algo que todo el mundo opina.

¡Somos iguales, Erebo, porque, a los ojos de la ley, ambos somos asesinos, criminales!” “Ahora puedo ver claramente qué tan loco estás.

Te enviaría a un psicólogo para que te ayude a lidiar con tus problemas mentales, pero creo que le hago un favor acabando con tu vida.

Dudo que haya algún experto capaz de ayudarte a lidiar con los traumas que tienes” “¿Crees saber el alcance de mi locura?

¿Crees conocerme?

¡No sabes nada sobre mí!

¡Nada!” Gritó, tratando de apuñalarme en el pecho.

“¿No sabes rendirte?

Solo quiero terminar esto de una vez para volver a mi hogar y vaguear un rato.

A este paso te voy a dejar aún peor que un vagabundo” esquivé saltando hacia atrás, casi siendo rozado por la punta de hueso, que se había regenerado.

“¿Aún continúas subestimándome?

¡Yo te enseñaré a subestimar a alguien!” Los músculos de sus brazos y piernas se hincharon repentinamente, dándole un gran impulso de velocidad.

En cuestión de un parpadeó ya le tenía encima de mí, agarrándome del cuello con fuerza mientras me levantaba más de diez centímetros por encima del suelo.

“Dime, ¿qué te parece esto ahora?

¿No está esto mucho mejor?

¡Así aprenderás a no subestimarme a mí o a mi diosa!” “¿Tu madre no te enseñó a comportarte de manera adecuada y no gritarle a la gente al oído?” Mis palabras burlonas parecieron tener un efecto inmediato, provocando que su agarre en mi cuello se volviera aún más fuerte, mientras la vena de su cuello se hinchaba como una serpiente y sus fosas nasales se dilataban.

“¡Tú ni siquiera la llegaste a conocer, así que cállate de una maldita vez y muere!” Justo cuando sus uñas comenzaron a crecer, amenazando con tratar de atravesar mi piel, si es que acaso cuenta con la fuerza suficiente como para atravesar mi resistencia sobrenatural, moví ligeramente mi dedo índice.

Para cualquiera, ese gesto hubiera sido visto como un intento de resistencia, de zafarme de su agarre de hierro.

Pero todos vosotros ya sabéis lo que significa eso, ¿verdad?

Exacto, el momento de ser Sukuna había llegado.

Aquella simple acción desató una oleada de energía en forma de corte, separando músculo y hueso con facilidad, desgarrando el brazo que me sostenía.

Aprovechando que estaba libre de su agarre le apuñalé en el pecho con la kusanagi-no-tsurugi, usando tal fuerza que su cuerpo fue mandado a volar hacia atrás.

La herida se curó en cuestión de momentos, mientras aterrizaba sobre sus pies de manera ligeramente inestable.

No le di ni un momento para recuperse, abalanzándome sobre él para apuñalar su estómago repetidas veces, antes de mover mi arma en vertical para partir su cuerpo por la mitad.

Una cantidad para nada pequeña de sangre salpicó por los alrededores como una lluvia carmesí manchando el suelo de la calle y mi atuendo.

Un daño colateral, supongo.

Por desgracia, ambas mitades se unieron de nuevo, dejando a ese maldito líder de culto completamente sano…

físicamente  “Tú…

maldito…

¡Te mataré!” Trató de avanzar contra mí, extendiendo sus uñas, ahora alargadas y engrosadas hasta convertirse en garras.

“Lo siento, pero ya te ha llegado tu fin.

Pronto te reunirás con tu diosa…

o con cualquiera de los regentes de cada inframundo mitológico, lo que sea” Su embestida se encontró con una serie de cortes por parte de mi espada divina, cuya hoja ahora se encontraba cubierta de fuego; el fuego de la Llama de Prometeo y el Toque del Fénix Renacido.

Bajo la ráfaga de cortes se convirtió en un montón de trozos de carne ligeramente quemada, los cuales, antes de que pudieran regenerarse, si es que acaso le queda energía para eso, los reduje a cenizas con una llamarada.

Me quedé ahí parado, frente a un pequeño montículo de cenizas grisáceas que momentos antes formaban el cuerpo del líder de aquel culto, un hombre enloquecido que adoraba a una diosa desconocida.

Y entonces, mi mirada quedó atraída por un elemento fuera de lugar en aquella vista: una flor.

Era la misma planta que ese maldito cabrón había arrancado del suelo antes de huir, con varias florecillas surgiendo de sus varios tallos.

Y lo más extraño de todo era que había logrado sobrevivir a mis llamas, algo que debería de ser imposible.

Por mera curiosidad decidí usar los Ojos del Cosmos, observando sorprendido y maravillado en igual medida como desprendía una ingente cantidad de energía.

Sin duda, es algún tipo de vegetación mágica.

Sin embargo, no tengo ni idea de qué es o para qué sirve, así que se lo llevaré a Medea.

Ella es la experta aquí, y seguro que sabe para qué usarla.

Con ese pensamiento en mente tomé la flor en mis manos, invocando finalmente a mi pájaro del trueno para volver lo más rápido a casa, desvaneciéndolo cuando estuve lo suficientemente cerca como para ir andando.

Después de todo, no quiero que All for One descubra quién soy o dónde vivo.

No me quiero ni imaginar lo que sería capaz de hacerle a cualquiera de ellos.

Y ahora, pensando en mi “familia”, me pregunto cómo se supone que debo de tratar de explicarles todo esto.

Bueno, aquí tenemos por fin un poco de acción.

Poco a poco, las cosas van encajando en su lugar.

Sin embargo, Effiro no puede relajarse, porque aún le esperan nuevos desafíos.

Ahora me gustaría haceros una pregunta: ¿debería centrarme en continuar escribiendo fanfics, o debería hacer una historia propia?

Tengo ideas para ambas respuestas, pero me gustaría saber qué preferís ver vosotros.

Y, por supuesto, siempre podéis dejarme vuestras ideas aquí.

Después de todo, puede que me sirvan como impulso, y puede salir algo bueno de ahí.

Esto es todo lo que os quería decir, así que espero que tengáis un buen día y disfrutéis de las vacaciones.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo