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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 4

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  4. Capítulo 4 - 4 Salvando a la rubia
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4: Salvando a la rubia 4: Salvando a la rubia 1 año después Bueno, la vida parece irme bien.

Uno de los problemas más preocupantes a los que me enfrenté como antihéroe era el orfanato.

Si mis compañeros se despertaban en medio de la noche o si un trabajador entraba y descubrían que me había largado, eso sería un gran problema para mí.

Es por eso que decidí comprarme una casa a las afueras.

Gracias a los ingresos que obtenía de mis mangas, me sería fácil pagar el alquiler y sobrevivir por mi cuenta.

Sin embargo, otro problema era que no podía desaparecer sin más del orfanato para irme a mi casa.

Es por esta razón que Tamamo-no-Mae se volvió importante en este plan.

Ella entró en el orfanato para adoptarme, tras lo cual fuimos a mi nueva casa.

El tamaño es bastante grande, por lo que supongo que puedo traer a mucha gente.

Y teniendo en cuenta que las cosas que doy en la escuela son cosas que ya sé y me son completamente inútiles, envié a mi kitsune favorita por mí, haciéndola tomar mi apariencia.

Actualmente me encuentro tumbado en el sofá de la sala de estar, cambiando de canal de televisión cada pocos segundos para encontrar algo interesante.

“Noticia de última hora: estudiante de secundaria ataca a compañero de clase” eso es una noticia interesante.

Veamos qué es.

“La estudiante, de Nombre Himiko Toga, Atacó a su compañero con un cortador de cajas y succionó su sangre con una pajita” Oh, así que es ella.

En mi vida pasada, recuerdo que ella me dio pena.

Si tenemos en cuenta que la trataban como un monstruo por su peculiaridad, es normal que se acabara rompiendo.

Supongo que voy a tener que meterme un poco con la trama.

¿Qué clase de persona sería si permito que una chica linda como ella tire su vida por la borda?

No puedo permitir que se una a la liga de villanos o al frente de liberación paranormal, y mucho menos puedo permitir que se sacrifique con tal de salvar a Ochako.

Y también por los puntos mitológicos, obviamente.

“Vaya, eso es raro.

A veces sorprende las cosas que los humanos sois capaces de hacer” Tamamo-no-Mae comentó, sentada a mi lado en el sofá.

“Chicos, quiero que busquéis a esta chica.

A cualquier costo” les ordené a la kitsune y al tengu, el cual se encontraba sentado en una de las sillas cercanas.

“¿Qué razones tienes para querer buscarla?” El tengu me preguntó, apoyando su barbilla en su mano.

“Ella es…

importante.

Necesito salvarla del destino de convertirse en una villana” “Esta bien, ya vamos.

Descuida, te la traeremos en un instante” Tamamo se estiró, desesperezandose mientras se ponía de pie.

“¿Es necesario que vayamos ahora?” El tengu preguntó, alcanzando su katana.

“Si el maestro lo dice es por algo.

Venga, no seas lento” la kitsune le agarró de la mano y tiró de él, sacándole rápidamente de la casa.

Tengo bastante confianza en que la encontrarán, pero siendo solo dos no sé cuánto terreno sean capaces de cubrir.

Con ese pensamiento en mente, convoqué a Dorios y el pájaro del trueno.

“A ver, necesito que encontréis a esa chica de ahí, ¿entendido?” Les dije a ambos, señalando con el dedo la imagen de Himiko que emitían en las noticias.

“¡Por supuesto, jefe!

¡Confía en nosotros!” El sátiro sonaba confiado.

Sinceramente, la confianza que tiene él en sí mismo es la misma que yo no tengo de que lo haga bien.

Sin embargo, cuantos más la busquen, mejor.

Por otro lado, el pájaro del trueno simplemente asintió.

Después de que ambos se fueran, la casa quedó vacía, con el silencio roto únicamente por el sonido de las noticias.

Alcanzando el mando, apagué la televisión mientras me ponía mi traje de antihéroe.

Ha llegado la hora de cazar.

…

(Pov tercera persona) “¿Qué demonios quieres de mí?” Un hombre corría por la calle, mirando de vez en cuando por encima del hombro, en dirección a la oscuridad.

A pesar de que no era capaz de oír u observar nada a través del oscuro callejón, eso no lo tranquilizó en absoluto, sino que lo motivó a correr aún más rápido.

Al estar más pendiente de mirar detrás de sí mismo que de mirar hacia delante, no se dio cuenta de que había un cubo de basura en medio de su camino hasta que fue demasiado tarde.

*Clank* Chocó directamente contra el cubo, derribándolo y cayendo junto a él, desparramando el contenido en su interior.

El hombre trató de levantarse rápidamente, pero antes de que pudiera usar sus manos para impulsarse, una fuerza misteriosa lo golpeó en la espalda, obligando a su rostro a chocar con el suelo pavimentado.

Al girar la cabeza y mirar hacia arriba, al cielo, pudo ver un pie calzado en una sandalia presionado firmemente contra su espalda, impidiendole moverse.

Y más allá de ese pie, pudo ver a quién le pertenecía: Erebo, la persona de la que estaba huyendo, vestido con una toga griega y una máscara de oro y obsidiana.

“¡Por favor, no me mates!” Suplicó desesperadamente, retorciendose para tratar de zafarse de su agarre, pero sin éxito.

“Oh, ¿y por qué debería?

¿Acaso no es eso mismo lo que decían tus víctimas antes de que acabases con ellas?” La figura respondió en un tono de voz casi inocente, haciendo más presión en la zona central de la espalda de su víctima, logrando sacarle un grito ahogado de dolor.

“¡Por favor, te daré lo que quieras!

¡Solo no me mates!” La voz del hombre está vez era más desesperada, buscando una oportunidad, por pequeña que fuera, de sobrevivir.

“¿Me darás lo que quiera?” Su perseguidor levantó ligeramente su pie, liberandole de la dolorosa presión ejercida en su espalda mientras parecía pensar seriamente en las palabras dichas por su presa.

“¡Sí, lo que quieras!” Esta vez habló con un tono de voz más ansioso, esperando que su oferta fuera suficiente para llamar la atención de su captor.

Incluso si tenía que darle toda su fortuna acumulada, lo haría alegremente mientras pudiera vivir un día más.

“Pues mira, realmente hay algo que quiero de ti: tu vida” antes de que siquiera pudiera hablar, la cabeza del hombre fue atravesada por una espada cubierta en llamas, acabando con su vida al instante.

…

(Pov Effiro) “¡Ja, chupate esa!” Akarui dijo con una gran sonrisa en su rostro mientras aplastaba los botones de su mando.

“¿En serio crees que me vas a ganar?” Respondí, sonriendo mientras presionaba varios botones de manera frenética.

Actualmente, ambos nos encontrábamos en su casa, jugando un videojuego de lucha al estilo street fighter mientras descansabamos en el cómodo sofá de su familia.

Para todos aquellos que creíais que había perdido el contacto con mi mejor amiga, aquí tenéis la prueba de que no es así.

De hecho, llevo visitándola varias veces al mes desde que fue adoptada, pero simplemente no había razón para mencionarlo.

“¿Qué decías, idiota?

¡La victoria es mía!” Con una serie de combos finales, mi personaje cayó derrotado, dándole la victoria a mi energética amiga.

Me gustaría poder decir que la había dejado ganar, pero por desgracia eso sería mentir.

No tenía tanto tiempo como me gustaría para poder jugar videojuegos, por lo que mis habilidades no eran tan buenas como las de una gamer, como Inazuma.

“(Maestro, la he encontrado)” la voz de Tamamo-no-Mae sonó en mi cabeza, haciéndome cambiar el foco de atención del juego a la información que ella tenía.

Gracias a su estatus de invocación, cada uno de los seres que obtenía con el gacha desarrollaba una conexión empática conmigo, por la cual podían hablarme sin importar la distancia que nos separase.

Salvo en el caso del pájaro del trueno, que sólo podía transmitir emociones.

“(¿La encontraste?)” Tal y como me imaginaba, Tamamo sería la primera en encontrarla.

Ya había recibido varios falsos avisos por parte de mi sátiro borracho.

“(Sí, la tengo en la mira)” a través del enlace mental, la ubicación de mi objetivo llegó directamente a mi mente, sin necesidad de intercambiar más palabras.

“Lo siento, Akarui, pero se me hace tarde.

Te veo otro día, ¿vale?” Me levanté de un salto del sofá y salí corriendo a toda velocidad, despidiéndome de mi amiga y de sus padres antes de correr a toda velocidad hacia la salida.

Y una vez que estaba en la calle y fuera de la vista de todos, invoqué al pájaro del trueno, preparado para ir hasta la ubicación en mi mente.

…

(Pov tercera persona) Himiko se movió por el callejón oscuro, mirando en dirección a la carretera más adelante, buscando con la mirada cualquier signo de policías o héroes cercanos que pudieran detenerla.

Su aspecto era lamentable: tras tres días de esconderse del mundo, su cabello se encontraba completamente despeinado, su ropa estaba sucia y con partes faltantes y el hambre la consumía por dentro.

Un hombre obeso salió de una discoteca cercana, dirigiéndose a una de las paredes del callejón para orinar.

La boca de la rubia se hizo agua por el simple pensamiento de probar su sangre, de disfrutar del delicioso sabor del líquido carmesí, de liberar sus instintos.

Incapaz de contenerse más, avanzó hacia el hombre, cortador de cajas en mano, lista para apuñalarle por detrás.

No sería mucho, solo un cortecito, suficiente para saciar su sed.

Sin embargo, antes siquiera de poder acercarse más, algo cayó de un techo cercano.

O más bien, alguien.

Una figura vestida con una toga griega y una máscara dorada y negra se alzaba ahora entre ambos, evitando que la rubia pudiera dar un paso más.

“¿Quién demonios eres tú?” El hombre se dio la vuelta debido al ruido, viendo la sombría figura detrás de él con ojos llenos de miedo.

“¿Y a ti que te importa?

Lárgate de aquí y ve al baño como una persona normal” con un ademán de su mano, el desconocido echó al hombre del lugar, centrando su atención en la chica.

“¿Qué…

qué quieres de mí?” Himiko tartamudeó, mirando aterrorizada la figura frente a ella.

“¿Sabes?

Te llevo buscando desde que te ví en las noticias, la chica que atacó a un compañero de clase y se bebió su sangre utilizando una pajita” “¿Te han contratado mis padres para buscarme?” “¿Ellos?

No, ni por todo el dinero del mundo te llevaría con ellos” “¿Entonces qué quieres de mí?” “Solamente quiero salvarte del cruel destino que te espera si continuas por este camino” “¿Y cómo sé que no me estás mintiendo?” La voz de la rubia era desconfiada, incapaz de saber las verdaderas intenciones tras el desconocido frente a ella.

“No tienes forma de saberlo.

¿Te apetece un bollo?” La figura enmascarada sacó dos bollos, ofreciendo uno de ellos a la chica.

“No, gracias” el estómago de Himiko rugió, haciéndola sonrojar de vergüenza.

“Tú verás” el hombre lanzó uno de los bollos al suelo, a varios metros de distancia, mientras abría el plástico en el que estaba enfundado el suyo propio.

Dudando, Toga alcanzó en bollo en el suelo, dándole un mordisco tentativamente antes de comenzar a devorarlo.

“Bien, ahora ven conmigo, ¿quieres?” “¿Ir contigo a dónde?” “A mi casa, por supuesto”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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