Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de gacha mitológico - Capítulo 45

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de gacha mitológico
  4. Capítulo 45 - 45 Recuerdos de Medea 2
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

45: Recuerdos de Medea 2 45: Recuerdos de Medea 2 (Pov Medea) Creía que, finalmente, podría descansar en paz, libre de los malos sueños que me habían perseguido al inicio de esta nueva vida.

Sin embargo, con la creciente tensión en el ambiente de la casa, producto de la batalla en ka que Effiro sería partícipe dentro de una semana, las pesadillas habían vuelto.

Y con más intensidad que antes.

“¿Qué ocurre, Medea?

¿Acaso estás preocupado por ese chico?

Dime, ¿desde cuándo te preocupas por otros?” Frente a mí estaba mi hermano Absirto, enviándome una mirada acusadora mientras hablaba.

“Absirto, nunca me conociste lo suficiente.

Me preocupo por aquellos que me importan, y él me importa mucho” traté de defenderme, pero él volvió al ataque.

“¿Entonces eso significa que nunca te preocupaste por mí?

Soy tu hermano, Medea.

¡Estamos unidos por la sangre, y aún así te atreviste a acabar con mi vida!” La herida en su cuello palpitó intensamente con su grito, casi como si fuera una segunda boca tratando de hablar.

Fue una vista absolutamente asquerosa “¡Querías llevarme de vuelta con nuestro padre!

¡Sabías perfectamente que él me mataría si volvía, y aún así no te importó en absoluto!

¡No me dejaste otra opción si es que quería vivir!” “¿Y crees que eso cambia el hecho de que eres una asesina?

Porque sí, por mucho que intentes negarlo, eres una asesina” “Era o tu vida o la mía, y yo quería vivir.

Puedes hecharme la culpa y llamarme asesina, pero eso no cambia el hecho de que me obligaste a hacerlo” “Ah, ¿entonces nosotros también te obligamos a que acabases con nuestras vidas, bruja de la Cólquida?” Ahora habían dos nuevas personas allí: Creonte y Creúsa, el rey y la princesa de la ciudad de Corinto.

“Eso…” me quedé sin palabras por un momento, pensando en algo que decir.

Sin embargo, los recuerdos que despertaban en mi cada palabra que oía estaban comenzando a hacer mella en mi coraza mental.

“Me mataste porque Jasón me prefirió a mí antes que a tí.

Dime, ¿Hacía falta llegar a ese extremo, acabar con mi vida por el simple hecho de que tu esposo ya no quería estar contigo?” Creúsa dio un paso en mi dirección, levantando su vestido de seda lo suficiente como para dejar a la vista las marcas de quemaduras provocadas por veneno, un veneno que yo misma había creado y administrado en ese vestido.

“No tuviste suficiente con quitarme a mi hija, bruja despreciable, sino que encima tuviste que arrebatarme a mí también la vida, todo por intentar hacer justicia por su muerte” ahora era el turno del rey Creonte de arremeter contra mí.

“¿Qué querías que hiciera?

¡Me odiabais!

¡Arreglasteis un matrimonio con mi esposo, mientras que a mí y a mis hijos nos ibais a expulsar de la ciudad!” “¿Y?

Él estuvo de acuerdo con todo eso, por lo que no es como si te hubiéramos robado o algo por el estilo” “¿Acaso está mal intentar arreglar mi vida?

¡Yo solo quería tener una vida feliz con Jasón, y todos vosotros me obligasteis a mataros por tratar de joderme la existencia!” “¿Y acaso no fueron precisamente tus propias acciones las que hicieron que toda tu vida se acabase llendo por la borda?

Al final, todo fue culpa tuya, hermana” “¡Eso no es cierto, Absirto!” “¿En serio, madre?

¿Estás segura de que todo eso no es verdad?

¿Que están mintiendo?

¿Acaso no fueron el asesinato de la princesa y el rey de Corinto la causa de nuestra muerte?” Otras dos figuras, esta vez mucho más pequeñas que las otras, se materializaron detrás de mí: Mérmeros y Fedes, los dos hijos que había tenido con Jasón.

“Hijos míos, yo…” estaba llegando a mi límite demasiado rápido.

“¿Tú qué?

Por tu culpa morimos, madre.

Nos mataron, y todo por tu culpa.

Siempre que te involucras con alguien, acabas destrozando su vida.

Eres una asesina” La escena se desvaneció, cambiando a una completamente diferente: una serie de recuerdos, los cuales me gustaría haber superado hace tiempo.

“¡Maldita bruja!

¡Con tu sucia magia corrompes nuestra tierra, llenas de terror a nuestra gente!

¿Realmente crees que ese poder es un don?” Vi a mi padre, el rey Eetes, golpeando a una versión más joven de mí misma en el rostro, dejando un corte sangrante en mi cara con su anillo.

“¿No será acaso que usted siente envidia de mi poder, padre?

¿De que yo sí soy especial, a diferencia de usted, quien, a pesar de que es el hijo del titan Helios, no tiene nada que lo diferencie de un hombre común?” Mi yo más joven habló con un tono desafiante, resistiendo el dolor del corte.

“¡Serás…!” Incapaz de pronunciar palabra alguna por la ira que le consumía, volvió a golpear mi rostro de nuevo, haciendo que mi joven cuerpo cayese al suelo.

“Ahora vete a tu habitación, niña desagradecida.

Y más te vale mostrarme un poco más de respeto la próxima vez si no quieres acabar igual.

No voy a permitir que nadie me falta el respeto, y mucho menos una sucia y asquerosa bruja como tú” Esas fueron las palabras que mi padre me dijo esa vez, solo para años después hacer uso de esa misma magia que él tanto despreciaba, utilizándola no sólo para proteger el vellocino de oro y así evitar que otros lo consiguieran, sino creando también una serie de pruebas mortales, diseñadas específicamente para acabar con todos los hombres valientes que buscan fama.

¿Y todo para qué?

Para ser él precisamente quien coseche esa fama, para que su nombre se extienda por todas las tierras griegas como aquel gran rey al que nadie le pudo robar el pelaje dorado de un carnero enviado por los dioses mismos.

“¿Qué te ha ocurrido, Medea?

¿Nuestro querido padre te ha golpeado de nuevo” me crucé con Apsirto en el pasillo, mirándome de manera burlona.

“Haz el favor de callarte, por favor.

Ya tengo suficiente con él como para tener que soportarte también a tí” “¿Sabes?

En cuanto me convierta en rey y herede estas tierras, comenzaré a buscar a cualquier bruja como tú para castigarlas correctamente por usar magia tan sucia” “Oh, por favor, no me hagas reír.

Solo eres un niñito inmaduro que ni siquiera sabe lo que significa tener poder.

Tus amenazas son vacías y carentes de argumentos, y dudo que puedas llevar a cabo un plan tan estúpido con tu mente cerrada e hipócrita” “¿Me estás insultando, Medea?

Pensé que, tras haber sido castigada por nuestro padre, te volverías un poco más callada y receptiva.

Sin embargo, parece que me equivocaba” “Te repito por última vez, déjame en paz antes de que te vuelva a convertir en un cerdo.

Quién sabe, tal vez así le caerás mejor a todo el mundo” Mi comentario fue suficiente como para hacerle huir, no queriendo quedarse a averiguar si mi amenaza realmente iba en serio o no.

La escena cambió de nuevo, una escena de muchos años después, cuando creía que ya podía tener una vida feliz.

Qué equivocada estaba.

El mensajero del rey Creonte acababa de irse de nuestro hogar, demasiado aterrorizado de mi presencia y de lo que podría llegar a hacerle por darme unas noticias tan malas como para quedarse más tiempo.

Conque exiliada, ¿eh?

¿Y a dónde iríamos mis hijos y yo entonces?

Jasón, haré que te arrepientas.

Que tú y esa escusa barata de realeza deseéis nunca haber tomado una decisión tan nefasta como esa en mi contra y en la de mi descendencia.

Con mi mente llena de venganza, me había dirigido a mi habitación, rebuscando hasta encontrar un vestido que yo misma había tejido con tela de la Cólquida, una de las mejores.

Tras hacerle unos cuantos arreglos muy necesarios para mi venganza, lo metí dentro de una caja, para salir de mi hogar, sabiendo muy bien que a partir de ese día no lo volvería a pisar.

Llegué al palacio, usando mi magia tanto en los guardias reales como en los sirvientes para sumirles en un profundo sueño, evitando así que pudieran interponerse en mi camino.

Finalmente alcancé la puerta de la habitación de la princesa, a la cual llamé con un par de golpes suaves.

Cuando Creúsa me abrió la puerta, sus ojos se abrieron de terror, retrocediendo mientras mantenía su mirada fija en mí.

“¿Q-qué haces aquí?

¿Quién te ha dejado entrar en el palacio?

¡Por favor, no me hagas nada!” “Oh, tranquila, no voy a hacerte nada.

De hecho, venía a darte un pequeño regalo” con esas palabras, extendí la caja que tenía en mis manos en su dirección.

“¿Entonces no estás enfadada?

Quiero decir, me voy a casar con tu esposo y todo eso…” “¿Enfadada?

En absoluto, querida.

De hecho, te agradezco todo esto.

Nuestro matrimonio se estaba volviendo…

muy tenso.

Sin embargo, ahora tengo una buena razón para dejarlo con él.

Así que te pido que aceptes este regalo mío” Ella cogió la caja con manos vacilantes, abriendola para dejar al descubierto un hermoso vestido de tela carmesí.

“Es…

hermoso” “¿Por qué no te lo pruebas?

Apuesto a que, en un cuerpo tan joven como el tuyo quedará espléndido.

Además, lo he encantado para que le dé protección contra la magia a quien lo use” Ella hizo lo que le dije, cambiándose de ropa frente a mí.

Y, en cuanto la tuvo puesta debidamente, una sonrisa malvada se dibujó en su rostro, deformando sus facciones.

“Oh, eres tan ilusa, bruja de la Cólquida.

¿Sabes?

Al inicio me sentía tan asustada al verte aquí.

Pensé que tal vez ya te habrías ido, pero en cambio estabas aquí, conmigo.

Sin embargo, ahora que tengo esta hermosa protección contra tu poder, no tengo por qué temerte más.

Siendo sincera, casi me das pena.

Pero al fin y al cabo, solo eres una bruja asquerosa” mientras hablaba sacó una daga de debajo de su almohada, acercándose a mí a paso lento, sabiendo que no podía hacer nada para defenderme.

Sin embargo, justo cuando ella levantó el arma sobre su cabeza, lista para acabar con mi vida, escupió una bocanada de sangre, a la vez que su respiración se volvía más agitada e irregular.

“¿Qué demonios…?” Su voz era ahora un susurro ronco debido a la falta de aire.

“Al final la ilusa resultaste ser tú.

¿En serio creías que te daría algo tan valioso?

¿Que le haría un regalo así a una de las personas que está tratando de destruir mi vida?

Por favor, no seas ridícula.

Ese vestido no está encantado; está envenenado” Me miró llena de miedo mientras sus piernas colapsaban, dejándola caer al suelo como una marioneta sin hilos.

Su rostro enrojeció por la falta de aire, mientras ronchas de vivo color carmesí comenzaron a surgir en su piel.

Tras unos momentos, finalmente su cuerpo dejó de moverse, y su respiración se detuvo por completo.

Estaba muerta, completamente muerta.

Una menos.

Entonces otra figura apareció fuera de la habitación: el rey Creonte, que había venido a ver a su hija.

Al verme allí, junto al cuerpo de su hija, entró furioso, tratando de golpearme.

Para su mala suerte, yo era mucho más rápida que él, por lo que no me fue difícil esquivar el puñetazo y salir de la habitación.

Él se arrodilló frente a su hija, tratando de encontrar pulso o respiración, mientras yo me encontraba ahora frente a unos cuantos guardias, listos para ejecutarme de ser necesario.

Sin embargo, me fue demasiado difícil para mí inducirles un profundo sueño, deshaciéndome del peligro más inmediato.

Mi mirada se dirigió a donde estaba el rey, mientras simultáneamente manipulaba el veneno que impregnaba el vestido, un veneno creado por mí misma gracias a mi conocimiento mágico, para afectarle a él también.

Le vi ahogarse, vi cómo sus ojos se llenaban de terror al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo: se estaba muriendo, y no podía hacer nada para evitarlo.

Su cuerpo cayó como un saco de arena, completamente inmóvil, sin vida.

Perfecto, mi trabajo aquí ya estaba hecho.

Salí del palacio, sin haber tomado en cuenta algo.

“¡Bruja de la Cólquida, has cometido el crimen de acabar con la vida del rey y de la princesa de Corinto!

¡Como su familiar, debo de imponer la justicia y hacer caer el juicio divino sobre tí!” Esas palabras vinieron de la boca de Hípotes, hijo de Creonte y hermano de Creúsa.

No sabía si él sabía algo sobre el plan de ambos, pero tampoco es que me importase en ese momento.

Ya lo tenía todo preparado para abandonar esa maldita ciudad, y no tenía ninguna razón para continuar ahí.

Corrí lo más rápido que pude de vuelta a mi hogar, con una multitud de gente enfurecida a mis espaldas.

Llegué justo a tiempo, entrando en el edificio para sacar a mis hijos, que estaban durmiendo tranquilamente en su habitación.

“Chicos, rápido, tenemos que irnos ahora mismo” les dije con urgencia, zarandeando sus pequeños cuerpos con mis manos.

“¿Qué pasa, mamá?” Fedes me preguntó con voz somnolienta, frotándose los ojos para disipar el sueño.

“No hagáis preguntas.

Solo hacer lo que os diga y seguirme lo más rápido que podáis” Salí de la casa junto a ellos, pero cuando pensaba en dirigirme al jardín con ellos, todo se torció.

Fuera había una gran cantidad de gente, todos extremadamente enfadados.

En cuanto nos vieron salir nos apedrearon, lanzando con fuerza las piedras que tenían en sus manos.

Yo estaba relativamente bien, pero el problema fueron mis hijos.

Me había tomado tan por sorpresa todo aquello que, cuando quise hacer algo, ya era demasiado tarde como para protegerlos.

La lluvia de piedras también les había pillado a ellos, y habían recibido demasiados golpes en la cabeza por parte de aquellos proyectiles.

Efectivamente, perdieron la vida.

Ellos solo tenían 5 años, por lo que sus pequeños cuerpos eran incapaces de soportar el impacto contundente de una lluvia de piedras lanzadas por pueblerinos furiosos.

En aquel momento, de entre la multitud surgió la última persona a la que quería ver: Jasón.

Ante su presencia, todos parecieron calmarse, permitiéndole actuar libremente.

Después de todo, para ellos él es el héroe aquí.

“Medea, ¿por qué estás haciendo todo esto?

¿No te das cuenta de todo el daño que le estás haciendo a esta gente?

Entrégate y permite que se te juzgue por tus pecados, es lo mejor para todos” miró los cuerpos derribados de nuestros hijos, pero su mirada ni siquiera cambió en lo absoluto, como si no le importase.

“¿En serio me estás preguntando esto?

Me has estado utilizado todo este tiempo para volverte un héroe, quedándote con la gloria de todas nuestras aventuras.

Intentaste volverte rey utilizandome, y ahora que no puedo darte lo que quieres, decidiste abandonarme por una mujer que sí pueda dártelo” “Medea, por favor, no sueltes esa clase de cosas delante de la gente.

No puedes culparme así” “¿Ah, no?

Traicioné a mi padre por tí, maté a mi hermano por tí, abandoné la oportunidad de vivir con mi tía por tí, maté a tu tío tirano por tí, ¿y qué es lo que recibo a cambio de ayudarte con todo lo que me pediste, por trabajar en conseguir ese futuro tan feliz junto a tí que me habías prometido?

Que me engañes, abandonando a tus hijos y a tu esposa para irte con otra.

¿Pues sabes qué?

Que te jodan, porque yo ya no te necesito más” Todos levantaron la mirada al cielo cuando escucharon un relincho salvaje, viendo cómo de este llegaba un carro tirado por caballos de piel roja.

Eran los caballos solares, quienes habían respondido a mi llamada para escapar de ese lugar.

En cuanto aterrizó me subí a su interior, aprovechando el asombro y el miedo que se habían apoderado de la gente.

“¿Crees poder escapar de esto, Medea?

Serás juzgada por tus crímenes tarde o temprano, porque los dioses no te perdonarán” “Te equivocas, Jasón.

Eres tú quien no podrá escapar, porque los jueces del inframundo te juzgarán debidamente por todas las acciones deshonrosas que has llevado a cabo” tras esas palabras, tomé las riendas de aquellas bestias míticas, elevando el carro en el cielo para abandonar esas tierras hostiles.

Me desperté repentinamente, sollozando mientras recordaba las imágenes que vi en mis sueños, tan vívidas como cuando tuvieron lugar.

“No soy una asesina” murmuré para mí misma, limpiando las lágrimas que llenaban mis ojos mientras trataba de conciliar el sueño de nuevo, rezando a Hypnos para que me concediera un sueño tranquilo y reparador.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo