Sistema de gacha mitológico - Capítulo 46
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- Capítulo 46 - 46 Recuerdos de Dorios
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46: Recuerdos de Dorios 46: Recuerdos de Dorios Dorios estaba tumbado en su cama, roncando.
Como todas las noches, se hallaba sumido en un profundo sueño, el cual podía durar hasta el mediodía.
Sin embargo, hoy era diferente, ya que, a diferencia del resto de días, en los que sus sueños se centraban en cosas tan triviales como perseguir ninfas o vaguear al sol todo el día, esta vez estaba soñando sobre su pasado.
Sí, su pasado.
A decir verdad, él nunca pensaba en su pasado.
Si había algo que le importaba más que eso, sin duda era vaguear todo el día, disfrutar de la vida sin tener que hacer el más mínimo esfuerzo.
Claro que, con su maestro, de vez en cuando se veía obligado a trabajar, principalmente para patrullar la ciudad en busca de criminales.
¿Cómo se le puede asignar un trabajo así a él, un sátiro débil y cobarde, con cero capacidad de combate y acostumbrado a vivir sin hacer nada?
En su opinión, era algo demasiado injusto.
Se le pedía que hiciera más de lo que era capaz.
Los sátiros honrados se ganan la vida disfrutando de esta, no haciendo algún trabajo que requiriese esfuerzo por su parte.
A pesar de eso, él nunca pensó en su pasado, en todas las experiencias que había vivido.
Y, sin embargo, ahora sus sueños se estaban viendo invadidos por recuerdos de antaño.
Tal vez era por la tensión en la casa, por la posibilidad de que, en un futuro que se le antojaba tan cercano que casi sentía que lo podía tocar, que casi parecía tangible, pudiera perder a aquel que le invocó, su maestro, la persona que, incluso si no lo mostraba, respetaba como a un amigo.
Al fin y al cabo, su maestro le recordaba a él.
A veces se parecían demasiado.
O tal vez era que, con todo el trabajo que se había visto obligado a hacer, estaba comenzando a hechar de menos los tiempos antiguos.
Sea cual sea la razón, el resultado era el mismo.
Se vio a sí mismo en la época antigua, cuando los dioses y los monstruos podían caminar libremente por la tierra, sin la necesidad de esconder su presencia.
Se vio a sí mismo, tumbado en medio de un campo, rodeado de sus iguales, de otros sátiros.
Algunos también estaban tumbados, otros estaban corriendo detrás de las ninfas en lo que, a pesar de que a simple vista se podía ver como acoso, en realidad era una especie de juego de ligoteo, pero, en general, todos estaban disfrutando de su vida.
Y, en medio de todas esas criaturas mitológicas que no hacían más que divertirse, se encontraba él.
Era alto, con músculos bien formados, vestido con un quitón griego y portando un bastón cuya punta tenía forma de piña.
Se encontraba sentado, disfrutando de la vista a su alrededor mientras bebía una copa de vino directamente desde un cáliz dorado.
Dejó que sus ojos bebiesen de cada suceso que estaba tomando lugar en ese momento, sin duda disfrutando de la libertad y la alegría que se desplegaba ante él.
Entonces se levantó con un salto, terminando todo el vino restante de un solo trago antes de guardar la copa en una bolsa.
“¡Todos los aquí presentes, os ruego que me escuchéis!
¡Si no os resulta a vosotros un inconveniente, me gustaría que partiéramos de inmediato, justo en este mismo momento, para continuar con nuestro viaje!” Expresó abiertamente su deseo, golpeando varias veces su bastón contra una roca con tal de llamar la atención de cada sátiro y ninfa presente en el prado.
Todos asintieron, mostrando su aceptación ante la propuesta mientras murmuraban sobre su aceptación y cómo les parecía una buena idea.
Todos, incluyendo a Dorios.
Sin perder más tiempo, empacaron las pocas cosas que llevaban con ellos, emprendiendo el camino que llevaba a la civilización.
Puede que sea un viaje corto, pero era necesario avanzar si querían llegar a tiempo a la ciudad más cercana.
Después de todo, aún había mucha gente que aún necesitaba ver con sus propios ojos a su gran señor, de ver la increíble bendición que podía dejar caer sobre todos con tal de ayudarles.
Partieron cuando el sol de la tarde ya hacía tiempo que dominaba el cielo del mundo, y llegaron a la ciudad más cercana, Atenas, cuando el tono naranja del astro rey, que cubría el firmamento como una capa, ya dejaba paso a tono negro del vacío estelar, dejando ver las estrellas que colgaban en la cima y la luna que emitía su brillo plateado sobre la tierra.
Todos se quedaron en los límites del bosque, mientras que su señor pagó por una noche en cualquier habitación libre que pudiera tener la posada en la que entró.
Dorios estaba tumbado sobre el suave pasto, mirando el cielo estrellado que se alzaba sobre él, sumido profundamente en sus pensamientos.
“Dime, ¿qué es lo que estás pensando?” En ese momento, una voz dulce como la miel y suave como la seda sonó sobre él, llamando su atención y sacándolo de su mente.
Se giró para mirar la fuente de la voz, solo para ver el rostro de una hermosa ninfa de cabello y ojos verdes.
“¿A qué viene esa pregunta, Fylla?” “Ya sabes que te conozco muy bien, y sé que estás pensando en algo.
¿En qué, exactamente?” “Solo estoy pensando en lo increíble que es todo esto.
Este mundo, esta existencia, esta aventura, todo me parece demasiado increíble.
Casi parece un sueño” “Bueno, tal vez sí lo es.
Tal vez Hypnos nos ha regalado este momento, tal vez él ayudó a las moiras a tejer esta historia” “El señor es increíble, ¿no crees?
Aún con su herencia divina, aún con el poder que tiene en su interior, no se ha dejado caer en la arrogancia.
No, él decidió usar su don para ayudar a los demás, para enseñarles y hacerles felices.
Un deseo de bondad tan puro como el suyo es algo capaz de conmover incluso a los dioses” “Tu boca solo está llena de elogios hacia él, ¿eh?
Aunque no puedo culparte, yo también me siento exactamente igual que tú” “Sin embargo, hay otra cosa que surca mi mente: ¿cuánto tiempo puede durar esto?” “¿A qué te refieres con eso?” “Tú también lo sabes, las historias griegas no suelen terminar bien.
La mayoría de héroes acaban teniendo un final trágico.
Y, cuanto más increíble es uno, más dramático es su final” “¿En serio?
¿Tan poca confianza tienes en él?
Parece mentira que le hayas estado acompañando todo este tiempo.
Por supuesto que él sobrevivirá.
Es nuestro señor, y por eso no hay destino trágico que pueda terminar con él.
¿Y sabes por qué?
Porque él se encarga de borrar la tristeza, de mostrar la felicidad y la diversión a todo el mundo” “Supongo que tienes razón, ¿no?
Él es así de increíble, y no debe de haber nada que pueda terminar con su vida, porque él es todo lo contrario al dramatismo” “¿Ves?
Deberías de saber ya que yo siempre tengo razón~” susurró juguetonamente, tocándole la nariz con un dedo.
“¿Es en serio?
¿Justo ahora?
Te juro que a veces me llegas a parecer insaciable” “¿Es así?
Entonces creo que vas a tener que alimentarme~” “Por una vez que me pongo filosófico, y tú vas y se te ocurre actuar así” “¿Qué puedo decir?
Ya que estás pensando en cosas tan deprimentes, necesito desviar tu concentración a otro sitio.
No vale la pena llenarse de dudas y ansiedad por una tontería como esa” “Odio admitir esto, pero tu plan a funcionado a la perfección” Fylla se inclinó sobre él, depositando un suave beso en sus labios antes de alejarse.
“Te veo mañana, entonces.
Duerme de una vez, y centra esa mente tuya en algo más positivo, ¿quieres?
No queremos agriar el humor durante nuestro viaje, esa no es nuestra naturaleza” La vio desaparecer entre los árboles, seguramente llendo a reunirse con el resto de las ninfas.
Mientras tanto, el tenía a su alrededor a varios sátiros, todos disfrutando de la noche, ya sea que estuvieran comiendo, cantando o contando historias.
“Oye, colega, ¿qué te decía esa ninfa?” Uno de sus compañeros se acercó a él, rodeando su cuello con un brazo mientras le llevaba con el resto.
“Nada importante, solo que descansase bien” “Vaya, pensé que sería algo más interesante.
Después de todo, hasta te besó y todo” “Si quiere besarme no hay nada que se lo impida, no necesita razón alguna para hacerlo o no” “Realmente tienes suerte.
Yo no he conseguido que una ninfa se me acerque de manera voluntaria” “¿No te has replanteado que tal vez es porque eres demasiado feo para ellas?” “¿Estás de broma?
Porque estoy seguro de que soy mucho más guapo que tú” “¿Y entonces cómo es posible que a mí si me besen y a tí no?” “¿Cómo se supone que debo de responder a una pregunta cuya respuesta es un misterio?
Claramente Afrodita te ha debido de bendecir con suerte en el amor o algo por el estilo” “Podrías haberlo resumido diciendo que estás celoso de mí y habrías acabado antes” “Ah, dejémonos de tonterías y comencemos a divertirnos, que para eso estamos aquí” “He abierto la herida, ¿verdad?” “Yo lo definiría más bien como que has escarbado en ella hasta alcanzar la vena” “Bueno, fuiste tú quien dijo que dejemos eso de lado y nos concentramos en divertirnos, así que vamos a cantar, haber si tu voz es suficiente como para compensar tu rostro” “Mira que a veces puedes llegar a ser cabrón…” …
“¡Chicos, os ruego que me prestéis atención, por favor!
¡Sé que, a lo largo de todo este viaje nos hemos ido volviendo una familia, y que la expansión de mi culto nos ha llevado a esta aventura tan increíble!
¡Es precisamente por eso que quiero compartir cierta información importante con vosotros!” La voz de su señor resonó en el claro del bosque, llamando inmediatamente la atención de todos los sátiros y ninfas presentes.
“¡Como sabéis, mi herencia divina me ha hecho alguien especial, destinado a la grandeza desde el inicio.
Trabajé duro junto a todos vosotros para expandir la alegría por este mundo, para extender mi culto y demostrar que soy merecedor de todo lo que tengo y he ido consiguiendo.
Y, finalmente, la oportunidad se me ha presentado” aquello captó la curiosidad de todos los presentes, centrándose completamente en lo que él tenía que decirles.
“La gigantomaquia, la guerra entre los gigantes hijos de Gaia y Tártaro contra los dioses, va a comenzar.
Estos gigantes no son seres comunes; son dioses que no pueden ser vencidos a menos que un dios y un mortal luchen juntos.
Y, como no hay ni un solo mortal común que pueda luchar en una guerra de dioses, ese trabajo queda reservado a los semidioses.
Yo, junto con Heracles, lucharemos en esta batalla” Todos allí tomaron una bocanada de aire frío, sintiendo un escalofrío recorrer sus espaldas.
Ni en sus sueños más locos habrían pensado que su señor se vería envuelto en un evento tan peligroso.
Aparentemente sintiendo el miedo que había invadido a sus seguidores, el hombre levantó las manos en el aire de manera tranquilizadora.
“¡No puedo decir si volveré con vida o no, pues esta guerra no es una guerra común, pero sí que puedo deciros que lo daré todo con tal de volver con vida y continuar con nuestro viaje!
¡No puedo prometer que volveré con vida, pero sí puedo prometer que lo daré todo con tal de no perderla!” Sus palabras enérgicas hicieron hervir de emoción la sangre de los espíritus de la naturaleza, quienes le vitorearon, incitándole a sobrevivir y volver con ellos.
Sin embargo, Dorios no pudo evitar sentir un poco de inquietud, recordando lo que le había dicho aquella noche a Fylla.
Sin embargo, su señor era un poderoso semidios, por lo que debería de estar bien, ¿verdad?
Así fue como él, junto con el resto del grupo que conformaba su culto, vieron partir ese día a su señor a la guerra, cuando vieron a Dioniso dirigirse a su enfrentamiento más glorioso, sin ni siquiera ser un dios.
Solo paso por aquí para daros una pequeña frase motivacional: si hasta un hombre cabra puede estar con una hermosa ninfa del bosque, entonces no hay razón para que no tengas novia.
Salvo yo, claramente.
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