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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47 - 47 Recuerdos de Tengu
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47: Recuerdos de Tengu 47: Recuerdos de Tengu Tengu sabía que todos le veían como alguien, tranquilo, alguien que guardaba silencio hasta que sentía la necesidad de expresar su opinión, y tenían razón.

Sin embargo, había algo que nunca había expresado a nadie, algo en lo que ni siquiera había llegado a pensar en toda su estancia en ese nuevo mundo tan extraño: su pasado.

Él no sabía si las otras invocaciones de su maestro hacían lo mismo que él, pero tampoco es que le importase de todos modos.

El pasado, pasado es.

Lo que importa es el presente y lo que te deparará el futuro, nada más.

Sin embargo, su descanso se había visto interrumpido por un evento inesperado: un sueño, un recuerdo que tomaba forma de manera tan vívida que, por un momento, creyó que volvía a vivir ese momento.

Un sueño con tal nivel de detalle que no se perdía nada de lo que en aquel momento había ocurrido.

Puede que no supiera la razón exacta tras esto, pero sí que le hizo recordar aquellas vivencias que lo forjaron, el camino que siguió durante toda su vida.

…

Él era un tengu, una especie de yokai, un espíritu japonés.

Los tengus se caracterizaban por ser espíritus de las montañas y los vientos, existiendo varios tipos distintos, cada uno con una apariencia diferente.

En este caso, él era un tetengu, un tengu cuya mayor diferencia con un ser humano era su nariz, mucho más larga de lo normal.

Todos los tengus practicaban artes marciales desde el inicio de su existencia, desde que se volvían conscientes de todo lo que les rodeaba y aprendían a moverse.

Como espíritus sobrenaturales, rápidamente dominaban las distintas técnicas de combate que practicaban, volviéndose maestros de las artes marciales cuya capacidad no podía ser superada por ningún ser humano.

Sin embargo, la historia de estos yokai no termina ahí.

La vida de los tengus se caracteriza por ser una vida solitaria, viviendo recluidos en las montañas durante gran parte de su vida.

Es precisamente por eso que, de vez en cuando, bajaban de su montaña para buscar a algún niño al que entrenar, el cual normalmente volvía años después a la civilización como un guerrero legendario sin parangón.

Fue por esa misma razón que Tengu se sorprendió cuando un niño llegó hasta su hogar.

Era un joven de 8 años, con pelo y ojos negros, sin ningún tipo de característica particular que llamase la atención.

O eso es lo que habría dicho si no fuera por el brillo en sus ojos, un brillo ferviente y decidido, el cual transmitía su voluntad férrea.

Aquel niño había hecho un recorrido tan largo y duro con un único objetivo: volverse un gran guerrero con tal de vengar a su familia.

“Por favor, señor tengu, le ruego que me tome como su discípulo y me enseñe el arte del combate.

Hágame un guerrero honorable para que sea capaz de vengarme de los asesinos de mi familia” el niño suplicó, arrodillándose en el suelo y apoyando su frente contra el frío suelo de piedra, tratando de evitar que sus lágrimas fluyeran por su rostro al recordar cómo su familia fue asesinada por un clan rival.

Debía de admitir que aquel niño le transmitía una sensación de ternura y tristeza que nunca antes había sentido.

Tal vez se estaba volviendo demasiado blando.

Sin embargo, nunca admitiría eso.

Si este niño quería ser su discípulo, entonces tendría que soportar un duro entrenamiento físico, siguiendo un régimen diario para preparar su cuerpo.

Después de todo, no se podía aprovechar al máximo las artes marciales si no se cuenta con la fuerza necesaria para respaldarla.

¿Qué es eso de que las artes marciales sirven para que el débil pueda hacer frente al fuerte?

Las artes marciales fueron hechas para que uno supere sus propios límites físicos, y por tanto son los fuertes quienes pueden darle más provecho.

“Levanta la cabeza, chico.

Si vas a pedirme algo, al menos deberías de mirarme a los ojos” “¡Sí, señor!” Exclamó el chico, levantando el rostro para mirar al espíritu, solo para ser recibido con un golpe por parte de la hoja de la espada.

“¿A qué ha venido eso, señor tengu?” Se quejó, frotándose la mejilla golpeada con la mano para tratar de aliviar el dolor “Ya que quieres ser mi discípulo, entonces debes de estar preparado desde el inicio.

Si te confías demasiado, el peligro puede golpearte desde cualquier lado y no te darás cuenta hasta que sea demasiado tarde.

Y, como te tomaste la molestia de venir hasta aquí, supongo que no está de más recompensar tu esfuerzo cumpliendo tu deseo” “¡Muchas gracias, maestro!” Las palabras del joven fueron recibidas con otro golpe de la katana en su rostro, esta vez siendo golpeado en su otra mejilla.

“¿Qué te he dicho?

Si vas a ser mi discípulo, debes de estar preparado y alerta.

Ahora, estaría bien que me dijeras tu nombre” “Soy Ren Hebi, descendiente del clan Hebi.

Mi familia fue tomada por sorpresa y masacrada por un clan rival, el clan Taka” “Está bien, Ren.

Una vez que haya terminado de enseñarte, serás capaz de hacer frente al clan Taka por tu propia cuenta, sin depender de nadie más que de tí mismo” “¡Nuevamente le agradezco por su hospitalidad y comprensión, maestro!” El muchacho movió la cabeza a un lado, esquivando un golpe descendente sobre su cráneo.

“Nada mal, muchacho, nada mal.

Sin embargo, sigues siendo sólo un niño pequeño sin experiencia.

Por lo tanto puliremos tanto tu cuerpo como tu alma” “¿Y cuando comenzaremos con el entrenamiento?” “¿Qué te parece justo ahora?” …

En un abrir y cerrar, ya habían pasado varios años.

Y, en todo ese tiempo, no hubo ni un solo día en el que Ren parase de entrenar, fortaleciendo su cuerpo y mente con el tiempo para alcanzar un nivel muy superior al del resto de personas.

Nada más comenzar la mañana empezaba con dos horas de meditación, calmando su mente y espíritu para captar la esencia del mundo, tras lo cual continuaba practicando con tres horas de artes marciales y otras tres de artes de la espada.

Practicaba repetidamente el mismo movimiento una y otra vez, comprendiendo su forma, su esencia misma, todo con tal de dominarlo y evolucionarlo.

Después venía el descanso, en el cual, en lugar de jugar como el resto de niños, se centraba en escribir en hojas de papel sobre su entrenamiento, tratando de comprender las artes marciales al poner sus experiencias por escrito.

A medida que avanzaba el tiempo, también lo hacía él.

Atrás quedó el niño frágil que había arriesgado su vida con tal de llegar hasta él, reemplazado por un joven alto y musculoso, de largo cabello negro y ojos penetrantes, tan negros como el carbón.

A pesar de que al inicio era incapaz de llevar a cabo su régimen de entrenamiento, ahora casi se le antojaba demasiado sencillo, como si simplemente estuviera jugando a los samurais en lugar de estar participando en una guerra.

Tal y como Tengu le había prometido, poco a poco le estaba volviendo un guerrero implacable, con un profundo conocimiento sobre cada movimiento de las artes marciales que muy difícilmente podía ser replicado por un humano ordinario.

De hecho, su conocimiento sobre las artes marciales le llevó a crear su propio estilo de lucha, llamado por él mismo el colmillo de la serpiente.

Este es un estilo de lucha que cuenta tanto con movimientos ofensivos y defensivos, basado en desviar los ataques del rival y buscar aperturas en su defensa por las que golpear, asegurando una victoria tan rápida como el mordisco de una serpiente.

Finalmente, cuando cumplió veinte años, llegó el día de partir en busca de su tan ansiada venganza.

“Maestro, ha sido un placer haber sido entrenado por tí.

Realmente no podría haber pedido a un maestro mejor que tú” Ren habló con voz solemne, inclinándose frente a Tengu.

“Levántate, ya eres un guerrero hecho y derecho.

No necesitas inclinarte ante mí” “Es normal para un discípulo arrodillarse ante su maestro.

Ahora, si me disculpa, debo de partir en mi aventura” “Haz lo que quieras.

Sin embargo, ya que es tu cumpleaños, permíteme darte un regalo de despedida.

Después de todo, no pretenderás pelear con esa vieja espada tuya, ¿verdad?” Las manos de Tengu se deslizaron bajo su ropa, sacando una katana enfundada.

“Muchas gracias, maestro.

Nunca, ni siquiera en mi último aliento, olvidaré todo lo que has hecho por mí.

Te agradezco de todo corazón la ayuda que me has dado” y, con esas palabras, Ren emprendió el camino que llevaba a la falda de la montaña, el camino de retorno a la civilización.

El tiempo pasó volando, y a los oídos de Tengu habían llegado las historias de las aventuras de su discípulo, de cómo derrotó a humanos y yokai por igual, derrotándolos uno a uno, forjando su propia fama.

Oh, los sentimientos.

Son algo tan misterioso.

Los artistas, sin importar si son escritores o pintores, tratan de capturarlos, de plasmarlos en un formato físico para mostrárselo a otros.

Sin embargo, ¿existe una receta determinada para hacer que florezcan?

Son algo tan extraño, tan etéreo y misterioso que ni siquiera podemos comenzar a entenderlos por completo.

Cuando Tengu había pensado que ya estaba acostumbrado a la soledad, llegó ese pequeño niño hasta su puerta, rogando para que le aceptara como su maestro.

Ese pequeño niño, Ren, le había aportado un rayo de luz a su vida, y ahora que se había ido para emprender su aventura, con el objetivo final de completar su venganza, se sentía sólo.

Por mucho que no quisiera admitirlo, se sentía solo.

No había nadie esperándole, no había nadie que intentase mostrarle todo lo que había aprendido gracias a él.

No había nadie con quien hablar, nadie con quien pudiera alejar la sensación opresiva de la soledad.

Y, en ese momento, se dio cuenta de que una vida recluida no era una bendición; era una maldición de aburrimiento.

¿Qué sentido tenía practicar artes marciales hasta volverse un maestro imparable si no había nadie en quien utilizarlo?

Finalmente, tras lo que le pareció una eternidad, su discípulo volvió, una visita a su maestro.

“Maestro, finalmente he logrado mi objetivo.

El clan Taka ha pagado por todos sus pecados, y los perpetradores del crimen han sido castigados con la muerte” “Me alegra escuchar eso, Ren.

Ahora ¿qué harás?” “Iré a donde los dioses me lleven.

Viajaré de pueblo en pueblo, enfrentando a cada yokai malvado que se atreva a cruzarse en mi camino y a cada criminal deshonroso que se exponga ante mi vista.

Sin embargo, me gustaría hacerle una última petición, si no es mucho pedir” “Por supuesto.

¿Qué es lo que me quieres pedir?” “Un duelo.

Quiero probar hasta dónde han llegado mis habilidades, hasta dónde he podido pulirlas y perfeccionarlas” “Conque eso es lo que quieres, ¿eh?

Entonces acepto tu petición” Ambos se pusieron en pose de combate, con las manos sosteniendo sus armas con firmeza, listos para atacar.

Giraron lentamente mientras se miraban, buscando cualquier apertura que pudiesen atacar para ganar aquel combate.

Finalmente, Ren se movió.

Vio un punto débil en la postura de su maestro, y decidió atacar para terminar con él de un solo movimiento.

Sin embargo, aquel fallo en la postura de Tengu había sido calculado, hecho para obligarle a hacer el primer movimiento.

Con un movimiento rápido desvió la hoja de la katana de su discípulo, lanzando un corte descendente en dirección a su pecho.

Ren saltó hacia atrás, esquivando aquel ataque por poco, para volver a intentarlo con una patada lateral.

La pierna de Tengu bloqueó la de Ren, evitando la mayor parte del daño para tratar de volver a conectar un golpe con el mango del arma.

Así estuvieron durante horas, bailando en un vaivén de movimientos calculado, usando tanto sus katanas como sus brazos y piernas con tal de sobreponerse a su oponente.

Finalmente, un golpe de palma por parte de Tengu golpeó de lleno a Ren en el pecho, sacando todo el aire de sus pulmones.

“Lo has hecho muy bien, mi discípulo.

Sin embargo, yo sigo siendo el maestro aquí” “Ja, por un momento pensé que iba a morir” “Por suerte para tí no estamos en una de esas novelas de samurais que tanto te gustan leer.

Esto no terminará en tragedia, porque no es necesario” ¿Quién hubiera dicho que, mucho tiempo después, se vería transportado a otro mundo?

Y no solo eso, sino que otro niño, el mismo que le invocó allí, le pidió que fuera su maestro, igual que Ren.

“Señor tengu, le ruego que me entrene” Effiro estaba arrodillado ante él, pidiendo que se convirtiera en su maestro a pesar de que el que le había invocado era él.

La plegaria del niño fue recibida con un golpe en su rostro con la cara plana de su katana.

“¿A qué demonios viene eso?

¡Solo quiero que me entrenes!” “Un guerrero debe de estar alerta ante cualquier ataque” Tengu respondió de manera impasible.

“¡Solo soy un niño!” “¿Acaso eso es excusa?

No serías el primer niño al que entreno.

Si quieres ser un luchador, debes comportarte como tal” “Está bien.

¿Cuándo comenzamos?” Sus palabras fueron respondidas con otro golpe con la katana.

“¿Qué te acabo de decir?

Debes de estar preparado para todo” Sí, definitivamente iba a disfrutar de esta nueva vida.

Después de todo, ese niño tan extraño se parecía bastante a Ren.

Aquí os traigo otros dos capítulos para que disfrutéis.

Viendo todo esto, me estoy comenzando a preguntar si debería de escribir una historia narrando las aventuras de Ren.

Bueno, lo importante es que los próximos tres día voy a estar de vacaciones, por lo que no sé si tendré tiempo para continuar escribiendo.

Sin embargo, viendo la velocidad a la que he escrito estos dos capítulos, dudo que eso sea un inconveniente, y seguiré con la programación normal.

Que os lo paséis bien.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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