Sistema de gacha mitológico - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Recuerdos de Xbalanqué
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49: Recuerdos de Xbalanqué 49: Recuerdos de Xbalanqué De entre todos los sirvientes a los que Effiro había invocado, había uno que se consideraba a sí mismo como el más desconocido de todos: Xbalanqué.
Las mitologías más conocidas eran la griega, la nórdica y la egipcia.
¿En cuanto al resto, como la maya o la azteca?
Resultaban un misterio.
Si ya existe tanta gente sin conocimiento sobre las mitologías más conocidas, ¿qué se podía esperar de la suya?
Ya era un milagro que su maestro le conociera.
Sin embargo, hasta ahí llegaba todo.
Aunque tal vez no era tan malo.
Era el inicio de una nueva aventura, el inicio de un nuevo capítulo de su vida, en el que podía repetir todas sus aventuras de nuevo.
Sí, eso sonaba bien para él.
Tal vez no era el más inteligente, eso era algo que de manera forzosa tenía que admitir, pero estaba seguro de que esta nueva vida sería mejor que su pasado.
Después de todo, se encontraba rodeado de gente a la que podía llamar amigos, tal vez incluso familia.
Claro, él tenía un hermano, pero eso no importaba mucho.
Hacía mucho tiempo que no le veía, y de momento no parecía que fuese a ser invocado, por lo que no valía la pena preocuparse por eso.
Pero, ¿cuál era su historia?
A diferencia de otras invocaciones de Effiro, como Medea o Tamamo-no-Mae, Xbalanqué no tenía una historia trágica.
De hecho, era todo lo contrario: una historia épica, llena de aventuras emocionantes.
Todo comenzó con su padre, Hun-Hunahpú, el dios de la fertilidad y el juego de la pelota, el cual fue derrotado en su propio juego por los señores del Xibalba, quienes usaron trucos sucios para engañarle y derrotarle.
No contentos con conseguir su victoria sobre el dios, los señores del Xibalba separon su cabeza de su cuerpo y la enterraron en el camino al inframundo, de donde nació un árbol de calabaza blanco, de cuyas ramas florecieron cabezas.
Tiempo después de aquellos sucesos, una mujer joven y virgen, cuyo nombre era Ixquic, llegó ante el árbol de calabaza blanco, llevada por la curiosidad que la leyenda despertaba en ella.
A pesar de lo peligroso que podía llegar a ser un viaje de ese tipo, su curiosidad era demasiado grande como para resistirse a su llamada, por lo que se embarcó en esa aventura al camino que llevaba a Xibalba.
Y cuando llegó a aquel camino oscuro y maldito, finalmente lo pudo ver: el árbol que ella estaba buscando, en cuyas ramas habían florecido cabezas humanas, las cabezas del dios.
Y, cuando se acercó a aquel árbol, liderada por una curiosidad morbosa ante la extraña y peculiar escena que se desplegaba ante ella, una de las muchas cabezas del árbol reaccionó, escupiendo sobre su mano extendida.
Y este acto no pasó desapercibido para los señores del Xibalba, quienes, habiendo sintiendo la presencia de una intrusa en su territorio, se apresuraron en su dirección, dispuestos a capturarla.
Aterrorizada, la joven Ixquic huyó de vuelta por donde vino, logrando escapar de las garras de aquellos malvados y aterradores seres que se hacían llamar dioses.
Una vez que volvió a su pueblo, pareció que todo había vuelto a la normalidad.
Sin embargo, aquel escupitajo que la cabeza de Hun-Hunahpú dejó caer sobre su mano resultó ser mágico.
Y, con el pasar del tiempo, su estómago comenzó a crecer.
Estaba embarazada de aquel hombre que había muerto.
En su estómago cargaba su semilla, los dos héroes gemelos.
Embarazada sin haber tenido ningún tipo de relación con el padre de sus hijos y, aún así, indudablemente eran suyos.
Los hijos de una gran leyenda, aquellos que deberían de vengar la muerte de su padre, que deberían de acabar con aquellas entidades que se hacían llamar dioses, aún cuando no lo eran.
Porque ella se aseguraría de criarlos para que fuesen dos grandes leyendas, los portadores de la luz que iluminan ea la humanidad.
Desde que tenía memoria, Xbalanqué recordaba haber estado inmerso en largas horas de entrenamiento, aprendiendo a manejar distintos tipos de armas, a luchar, todo con tal de llevar a cabo la venganza de su padre Hun-Hunahpú: acabar con sus asesinos, no sólo para hacer justicia por su muerte, sino también para librar al mundo de su presencia maligna e infecta.
Ambos entrenaban durante largas horas, todo con un único objetivo en mente, esforzándose para estar a la altura del destino que se les había impuesto.
El mundo les necesitaba.
El mundo les adoraba.
Y, por tanto, ellos debían de corresponder al mundo, trabajar en ayudarlo.
Cuando tuvieron la edad suficiente, los dos hermanos abandonaron su pueblo, embarcándose en un viaje, uno como el de su madre, con Xibalba como objetivo.
Pero, a diferencia de ella, ellos iban allí con el único objetivo de pelear, de enfrentarse a las entidades oscuras de las que ella tuvo que escapar por su curiosidad.
Habían entrenado durante mucho tiempo, habían derrotado a multitud de guerreros y se habían alzado orgullosos por encima del resto.
Y todo eso fue lo que hizo que les pillasen por sorpresa.
Porque nada de lo que habían pasado, de lo que habían hecho, podría haberles preparado para el verdadero horror contra el que habían decidido enfrentarse.
Fue en aquel momento que supieron que, en realidad, no eran los mejores.
Que aún habían seres que los miraban desde arriba, como si no fueran nada más que simples hormigas, esperando a ser pisoteadas.
Habían ido hasta la Casa de los Murciélagos, la casa del falso dios murciélago, Camazotz.
Él era su objetivo, el enemigo al que pensaban enfrentar, pero ni siquiera habían pensado en cómo hacerle frente.
Y chocaron con la pared de la dura realidad: que no eran invencibles, y que su destino no estaba escrito.
No había una victoria asegurada.
“Hunahpú, ¿qué hacemos contra este bicho de aquí?” Le preguntó Xbalanqué a su hermano gemelo, intentando evitar sentir el más mínimo rastro de temor ante el ser que se encontraba frente a ellos.
Era enorme, con un cuerpo ancho como una casa, tal vez incluso más, y con una altura semejante a la de un árbol.
Su piel se encontraba cubierta con un pelaje marrón negruzco, y los dedos de sus manos estaban terminados en garras afiladas y puntiagudas, hechas de obsidiana puras.
Pero lo más aterrador de aquella temible criatura era, sin duda, su cabeza.
Era igual a la de un murciélago, con orejas puntiagudas que captaban hasta el más mínimo sonido, ojos negros que parecían vórtices directos al vacío, una nariz achatada de aspecto extraño y colmillos relucientes, ansiosos de hundirse en la suave y tierna carne de alguna desafortunada criatura, todo con el objetivo de beber su sangre hasta saciar su infinita sed.
“No lo sé, hermano.
Esa bestia es repulsiva.
Lo único que podemos hacer ahora es hacerle frente de cualquier manera y rezar a cualquier dios para que nos concedan la victoria” “Que lo machaquemos a como de lugar, entendido” con esas palabras el héroe maya sostuvo con firmeza su cerbatana, soplando en ella para disparar un dardo contra su enemigo.
Camazotz escuchó el proyectil que atravesaba el aire en dirección a su cabeza, protegiéndose con uno de sus gruesos brazos, saliendo ileso.
Dejó salir un chillido aterrador, tan agudo que incluso las paredes de piedra que conformaban su templo, su oscuro hogar, se agrietasen.
Balanceó su puño, mandando un poderoso golpe en dirección a Xbalanqué.
Frente a un ataque tan aterrador, se vio obligado a bloquearlo con su escudo, siendo mandado a volar por la fuerza del impacto.
Sin embargo, eso le permitió a su hermano atacar a la entidad oscura, creado un corte en su brazo.
No era uno profundo, pero sí que era suficiente como para extraer sangre negra como el alquitrán, provocando una chispa de dolor que lo hizo enloquecer.
Movió su brazo de nuevo, conectando un golpe de revés en Hunahpú, haciéndolo chocar contra una de las paredes.
Justo cuando iba a lanzarse contra él para acabar con su vida, un dardo impactó en su nariz, desviando su atención de nuevo hacia Xbalanqué.
“¿Qué pasó, monstruo?
¿Sorprendido de verme o qué?
¡Recuerda que ahora mismo yo soy tu rival!” Volvió a rugir una vez más, trotando en su dirección para aplastar su cuerpo de una vez por todas.
Volvió a tratar de golpearlo, un puñetazo que fue esquivado por el héroe, quien le impactó con su macuahuitl en el estómago.
Pero estaba demasiado cerca de Camazotz, y este aprovechó para atacar con una patada.
Y aquel golpe le habría impactado, de no haber sido porque su hermano le apartó de un empujón, siendo él quien lo recibiera en su lugar.
Su cuerpo salió disparado, chocando de nuevo con la pared, esta vez con aún más fuerza.
“¡Hunahpú!” En pánico, Xbalanqué se acercó corriendo al cuerpo de su hermano, revisando su estado.
Sus huesos estaban rotos y sus órganos aplastados o destrozados.
Estaba muerto.
Levantó su cuerpo con su gran fuerza, esquivando lo mejor que podía cada ataque de la falsa deidad mientras se acercaba a la salida del templo.
Finalmente, con un salto desesperado, logró alcanzar la entrada de aquellas morada oscura, libre del peligro.
Su hermano había muerto.
Había muerto enfrentando al enemigo que se suponía debían de derrotar.
¿Esto se supone que debía de ocurrir?
Pero no se dejó caer en la desesperación, ni tampoco en el miedo.
Las cosas no se iban a quedar así.
Oh, él no pensaba dejar las cosas así.
Le iba a traer de vuelta, e iban a luchar juntos de nuevo, todas las veces que haga falta, hasta que logren vencer.
Mediante un ritual, logró traer de vuelta el alma de su hermano, devolviéndola a su cuerpo.
Juntos de nuevo.
Listos para luchar.
Lo volvieron a intentar de nuevo, enfrentando a Camazotz otra vez.
Y vencieron.
Y perdieron.
Una y otra vez.
Aprendieron.
Se desarrollaron.
Al principio no estaban en absoluto preparados para hacer frente a estas criaturas oscuras, pero los enfrentamientos constantes y la investigación sobre magia que realizaron les acabó dando la ventaja.
Así, finalmente fueron capaces de cumplir con el destino que todo el mundo creían que cargaban sobre sus hombros.
Un destino que les había sido autoimpuesto y que, finalmente, fueron capaces de cumplir.
Un destino que no fue escrito por el mundo, ni siquiera por los dioses: un destino que sus propios deseos hicieron realidad.
Y con este ya terminamos todos los capítulos de recuerdos.
Para ser sinceros, me estoy volviendo demasiado vago estos días.
Supongo que es lo que tiene el que te dejen solo para hacer lo que quieras.
Ya en el próximo capítulo comienza el combate, por lo que vayan haciendo sus apuestas.
Y también os informo de que hay una nueva historia publicada en mi perfil: Sistema Divino.
Para daros algo de contexto, está basada en el mundo de Marvel, inspirada en la historia “Marvel: más allá del multiverso”, la cual os recomiendo leer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com