Sistema de gacha mitológico - Capítulo 50
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50: Despedida 50: Despedida Finalmente, el día había llegado.
Ya habían pasado cinco días desde aquel encuentro, y había llegado el momento de comenzar a luchar.
Effiro abrió los ojos, completamente despierto.
A pesar de que lo intentó con todas sus fuerzas, era incapaz de quitarse de encima la sensación de inquietud que se había hecho cargo de la casa.
Tal vez solo era él, o tal vez eran todos, pero aquella sensación le resultaba extremadamente opresiva.
¿El resto también lo sentían?
Pero, al final, ese era el menor de sus problemas.
Había otra cosa de la que debía de estar aún más preocupado.
Bajó hasta la cocina, con pasos pesados, casi arrastrando los pies por todo el camino.
La vista que le recibió era diferente a lo que veía normalmente: ninguno de los presentes hablaba, ni tenían sonrisas en su rostro; solo expresiones serias, sabiendo lo que ocurriría.
Cuando levantaron sus cabezas para mirar en su dirección se obligó a sonreír, una sonrisa demasiado forzada para su gusto, como si estuviera hecho de mármol.
Era poderoso, posiblemente de los más poderosos en ese mundo, lo que tampoco era tan difícil con su sistema.
Entonces, ¿por qué se sentía así, como si estuviera llendo camino a la muerte?
No puede pensar eso ahora mismo.
No es bueno.
El desayuno fue silencioso.
Demasiado silencioso.
Nadie hablaba.
Nadie sonreía.
Sólo había tensión.
Y no se sentía capaz de romperla.
Finalmente acabó su desayuno, subiendo de vuelta a su habitación.
No había necesidad de ir allí para recoger su traje de vigilante, solo quería observarla.
Tal vez sería la última vez que la viera.
No.
Ya se había dicho que no podía pensar en eso.
Ya que estaba ahí, podía aprovechar para cambiarse en la privacidad.
“Mmm, tal vez debería de haberme esforzado por conseguir un mejor traje.
Esta túnica ha soportado mucho, pero esa resistencia me sería útil se me ofreciera algún tipo de protección.
Nunca entenderé cómo la túnica de Odiseo puede ser tan resistente y no darme protección extra” Todo estaba listo.
Había llegado el momento.
12:50.
Quedan 55 minutos.
Si su plan salía bien, lo que obviamente era lo que iba a ocurrir, no debería de preocuparse.
Por supuesto que no.
Otra vez abajo, esta vez para salir.
Y allí estaban todos, reunidos para despedirse de él.
Eso solo aumentó la inquietud en el ambiente.
“¿Ya es…
la hora?” Himiko tragó saliva con dificultad.
“Queda casi una hora.
Estaré allí a tiempo si salgo ahora, y tengo que asegurarme de que Endeavor me ha hecho caso y ha evacuado todo el distrito de Shinjuku” “Bien.
Sí, muy bien” cualquiera puede darse cuenta de que es una mentira.
“¿No quieres la píldora?
Puedo dártela ahora mismo.
Su efecto se verá reducido, pero debería de ser suficiente” la idea de Medea era buena, muy buena.
“¿Y de cuanta reducción estamos hablando?” “La eficacia de la píldora sería de un 77%.
La diferencia que hay entre este porcentaje y el 100% es muy grande, pero te permitirá tener más posibilidades de ganar…
aunque claro que lo vas a conseguir” “No hace falta, Medea.
Sería una pena malgastar una flor con un efecto tan grande solo por una estúpida batalla.
Me la tomaré cuando la hayas terminado” “Pero…” las palabras murieron en su garganta, incapaz de encontrar la voz para expresar su preocupación.
“Effiro, solo hay una cosa más que te debemos de preguntar: ¿Estás seguro de que no perderás esta batalla?
No pasa nada por retirarte” Kaina hizo voz sobre el pensamiento que todos estaban teniendo, claro y conciso.
Lo pensó durante varios segundos, haciéndose esa misma pregunta, dándole vueltas.
Finalmente, encontró la respuesta adecuada.
“Sí.
Yo ganaré” “Prometenos que ganarás.
Por favor” La expresión de Effiro pasó a ser una de disculpa.
“Lo siento, pero no puedo hacer eso.
No quiero hacer una promesa como esa porque los protagonistas de muchas historias nunca las acaban cumpliendo.
No pienso permitir que ese cliché nos arruine esto.
Lo que sí os puedo prometer es que lo intentaré, que lucharé por vivir” “Oh, considerándote el protagonista, qué egocéntrico de tu parte” la broma de Himiko aligeró el ambiente, lo suficiente como para provocar que una pequeña sonrisa surgiera en su rostro.
“Adiós, chicos.
Os veré luego” y, con esas palabras, abandonó su hogar.
Tal vez para siempre.
Se abofeteó a sí mismo.
Tercer strike.
No pienses en eso, maldita sea.
…
“Endeavor, ¿entonces todo el distrito de Shinjuku ha sido evacuado, tal y como te pedí?” “Sí, ya me he encargado de todo eso, Erebo” la voz del héroe número 2 sonó a través del móvil, alta y clara.
“Perfecto, entonces no hay riesgo de bajas” “¿Quieres explicarme de una vez qué demonios es lo que va a ocurrir ahí?
Es realmente difícil convencer a todo el mundo de desalojar sus casas sin dar una explicación convincente” “Va a haber una batalla aquí, entre yo y alguien que posiblemente está a mi nivel.
Por lo tanto, solo debemos de ser él y yo, ¿entendido?
Que ningún héroe se acerque a nosotros” Se oyó un suspiro desde el otro lado de la línea.
“Está bien.
A veces me pregunto cómo es posible que ocurran tantas cosas a tu alrededor.
Casi pareces un imán para los problemas” “Creo que sí que soy un imán para los problemas.
Por cierto, ¿qué tal con tu familia?” “He intentado mejorar las cosas.
Ya sabes, tratar de ser un mejor marido y padre…
pero es realmente difícil.
Mi relación es demasiado distante, y no sé si seré capaz de saltar el abismo que nos separa” “Te daría palabras de aliento, pero has sido un cabrón integral con ellos.
No, espera, sí que te voy a decir algunas palabras de aliento: sigue intentándolo” “¿Eso es todo lo que me puedes decir?
No me resulta de mucha ayuda, es lo que estoy haciendo” “Pues continúa.
Ese es el camino a seguir” “Está bien” “Lo siento, pero te tengo que dejar.
Esto ya está apunto de comenzar.
Espero que todo esté preparado” “Lo he preparado todo.
Más te vale ganar este combate.
Adios” La llamada se colgó.
“Ah, ya ha llegado el momento.
Vamos a por ello, entonces.
Dioses, por favor, asistirme en este combate” saltó de edificio en edificio, recorriendo todo el distrito para encontrar la posición ideal.
Era importante estar en un lugar donde se pueda conseguir la ventaja.
Segundo a segundo, minuto a minuto, el tiempo corría lenta pero seguramente, acercándose cada vez más a la hora del combate.
Levantó la vista, viendo el helicóptero que sobrevolaba la ciudad en la distancia.
“Perfecto, parece que Endeavor a cumplido completamente su parte, ¿eh?” Exacto, la batalla que allí se iba a llevar a cabo sería grabada y retransmitida a todas las televisiones del país.
Era una parte importante de su plan, y no sólo porque fuera una manera de demostrar por completo su poder.
Bueno, parte de su poder.
No pensaba usar a sus invocaciones bajo ninguna circunstancia, por lo que el resultado del combate dependería completamente de sus propias capacidades.
No podía depender del resto.
Eso solo te hará estar indefenso.
Necesita demostrarse a sí mismo que es capaz de ganar por cuenta propia, sin necesidad de recibir la ayuda de nadie.
Si reloj mental sonó, una premonición oscura, una tensión que había llegado a su punto álgido.
Un aviso mental.
Ya había llegado la hora.
Ya eran las 13:45.
El momento de comenzar la batalla.
Usó los Mil Ojos del Rey Asura, observando desde la cima del edificio, hacia abajo, a la distancia.
Allí, de pie, con orgullo y dignidad en su forma se hallaba una figura humana, cuyo rostro estaba cubierto con una máscara de cerámica blanca.
Por supuesto que ese era su rival, ya preparado para el combate que iba a tener lugar.
Eso es perfecto.
La pelota estaba en su lado, y era el momento de agarrarla y hacer el tiro.
Después de todo, el primero en atacar es el que tiene la ventaja.
Levantó su mano, apuntando en la dirección de la figura de su enemigo.
De su palma surgió una gran cantidad de electricidad, crepitando con una energía intensa.
Y, con un movimiento rápido de su mano, la liberó en un único y devastador ataque, una rayo de energía con una potencia tan aterradora que incluso la temperatura del aire aumentó en miles de grados.
Y ese ataque solo tenía un único objetivo: el ser que se alzaba orgullosamente debajo de él, esperando a que apareciera para luchar.
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