Sistema de gacha mitológico - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Gracia vs brutalidad y esperanza vs horror
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64: Gracia vs brutalidad y esperanza vs horror 64: Gracia vs brutalidad y esperanza vs horror (Pov tercera persona) Nero siempre se había considerado una persona perfeccionista.
No se permitía a sí misma cometer error alguno.
Para ella, el combate era una coreografía: cada movimiento y cada acción, por más pequeño e insignificante que sea, debe de ser realizado de la manera más espectacular y perfecta posible, como si en vez de luchar estuviera bailando.
Mientras corría por la ciudad, con sus movimientos gráciles y tan ligeros como una pluma, una figura se interpuso en su camino: un hombre alto y musculoso, de cabello rubio y unos ojos azules que la miraban con una intensidad aterradora, la cual mostraba su locura.
Y, como si estuviera ahí para mostrar su alto estatus, como posiblemente era el caso, llevaba una capa roja, posiblemente de origen romano.
Nunca había visto a aquel hombre, pero de alguna manera sentía una extraña sensación de conexión y familiaridad con él, como si lo hubiera conocido alguna vez en el pasado.
“Disculpa, ¿te conozco?” Su voz salió altiva y mesurada, como un gobernante dirigiéndose a sus subordinados.
“Tú eres Nero, ¿verdad?
Se puede decir que no me conoces, o al menos a esta versión mía.
Soy Cayo Julio César Augusto Germánico, mejor conocido por el odioso y estúpido apodo de Calígula” Calígula.
Nero conocía muy bien ese nombre: el nombre de su tío por parte materna.
Su apodo, por el cual era bastante conocido, significaba pequeñas botas, debido a que de pequeño se paseaba junto a los soldados usando un par de caligas en miniatura, un calzado usado por los centuriones romanos.
Sin embargo, ese Calígula era diferente al que conocía.
¿Qué era lo que había dicho, que era una versión diferente?
Malditas movidas multiversales.
“Ya veo.
Entonces, ¿qué te ha hecho salir arrastrándote de tu tumba para venir hasta aquí?
No le veo el sentido a que estés siguiendo a alguien relacionado con el dios cristiano” “Lo único que quiero es reconstruir el Imperio Romano” “¿Para qué?
¿Para volver a gobernar de manera tiránica, guiado por tu locura?” “El pueblo de Roma me eligió.
Si no les gustó el resultado, deberían de habérselo pensado antes” “Lo único que escucho salir de tu boca es un montón de tonterías con las que tratas de justificar tus acciones” “Puedes llamarlo así si quieres.
De todos modos, el resultado final no va a cambiar” “Déjame adivinar, no puedes dejarme ir con vida, ¿no?” “Los chinos tienen un proverbio bastante bueno para describir esta situación: no pueden haber dos tigres habitando la misma montaña.
Ambos somos emperadores romanos, por lo que solo puede haber uno de nosotros” “Eres tal y como te describen las historias, un sádico al que le encanta matar.
Supongo que no podía esperar menos del hermano de mi madre” “No me gusta hablar más de lo necesario, así que comencemos de una vez” y con esas palabras, Calígula se abalanzó sobre Nero.
Su velocidad era alta, sí, pero no lo suficiente como para superar a la agilidad natural de Nero.
La velocidad de Calígula se basaba principalmente en ráfagas explosivas e instantáneas, mientras que la velocidad de Nero provenía de su cuerpo grácil y flexible.
Pero sí que había algo en lo que el emperador loco destacaba, y eso era sin duda en las capacidades físicas.
Era una masa de músculos, más parecido a un fisicoculturista que a un emperador propiamente dicho, y eso le otorgaba una fuerza y resistencia muy superiores a los de su rival.
Su puño se acercó como un meteorito, en un golpe descendente que tenía como objetivo aplastar a su rival.
Nero era una mujer de baja estatura, lo que hacía que, a los ojos de su tío de otro mundo, no fuera más que una niña pequeña que se atrevía a retarlo.
El puño golpeó el suelo, destrozándolo con facilidad, pero su objetivo ya no se encontraba ahí.
“Me estás subestimando, ¿verdad?
Puede que sea pequeña, pero sigo siendo un sirviente de clase sable.
¿Crees poder luchar contra la clase más fuerte utilizando solamente tus puños?” “No me hagas reír, niña.
¿Y qué si tienes algo de especial por el mundo del que vienes?
No puedes hacer frente a mi fuerza bruta” Nero ya había tenido suficiente charla con su enemigo.
Lo que le había quedado en claro era que estaba frente a un loco engreído, incapaz de tomarse en serio la pelea por la altura y apariencia que poseía.
Le gustaría decir que no se sintió molesta, pero estaría mintiendo.
Era la emperatriz de Roma, aquella que merece la atención de absolutamente todos a su alrededor.
¿Cómo se supone que iba a realizar la coreografía que todos llaman lucha si su compañero no se lo tomaba en serio?
“¡No, no y no!
¡Exijo tu atención!
¡Tómatelo en serio!
¿Cómo puedo hacer esto perfecto si no pones de tu parte?” Calígula se quedó sin palabras ante esas palabras.
¿Qué demonios le estaba diciendo esa niña?
Apenas pudo reaccionar cuando Nero se impulsó hacia adelante, atacando por primera vez en el combate.
A pesar de que logró echarse hacia atrás en el último momento, la espada carmesí de forma extraña en manos de Nero aún le hizo un corte en el pecho.
Dejó escapar el aire en sus pulmones, sin darse cuenta de que había estado conteniendo la respiración durante los pocos segundo que duró el ataque.
Si hubiera sido un poco más lento o hubiera tardado en reaccionar por unos milisegundos, lo más probable es que ahora mismo no estaría de pie y casi completamente ileso, sino tirado en el suelo, con su cuerpo seccionado en dos mitades perfectas.
“Ya veo, ¿Entonces quieres que me lo tome en serio?
Pues bien, me lo tomaré en serio” su mirada se endureció.
No podía permitirse perder por culpa de una cría.
Se llevó la palma de la mano al pecho, sobre la herida sangrante.
En cuanto hizo contacto con la piel, vapor blanco se elevó hacia el cielo.
Una vez que retiró la mano, el corte se había cerrado, y en su lugar ahora el foco de atención lo tenía una huella de mano rojiza, que había quedado impresa en la carne.
“¿Sabes?
Mi deseo era convertirme en el dios del sol.
¿Te lo imaginas?
Pero la divinidad es algo que se haya fuera de mi alcance.
Sin embargo, gracias a ese seguidor del dios cristiano pude obtener algunas habilidades interesantes, como esta” de la mano de Calígula surgió una llama de tonos dorados, cuya temperatura era tan alta que el aire se ondulaba a su alrededor, como si la realidad misma estuviera asándose.
Al contrario de lo que Nero creyó, Calígula no atacó desde una distancia segura con una ráfaga de llamas.
En su lugar, volvió a atacar con otro puñetazo, esta vez más peligroso que antes debido al uso de la nueva habilidad.
Nero, que no esperaba que Calígula volviera a usar el mismo ataque de nuevo, no le quedó más opción que bloquear el golpe con la hoja de su espada.
Los pies de su pequeño cuerpo se deslizaron por el suelo, empujada por la gran fuerza de su contrincante.
No solo eso, sino que su piel comenzó a hormiguear por el calor, calor proveniente de aquella llama.
Trató de empujarle hacia atrás con la espada, usando un elegante juego de pies para crear distancia entre ambos.
“¿Qué pasa?
¿Acaso ya te está entrando miedo, pequeña?” La voz burlona de Calígula reverberó en los alrededores, rebotando de edificio en edificio para crear un eco retorcido.
Nero no se dejó afectar por sus palabras.
Ella era una emperatriz, sentir una emoción tan primitiva como lo es el miedo por culpa de un emperador loco estaba por debajo de su nivel.
Su mente ya había evaluado las distintas posibilidades que se desplegaban ante ella, preguntándose cómo continuar esa coreografía.
Volvió a lanzarse contra Calígula, atacando de frente con tal convicción que incluso él dudó en encontrarse con ella en un choque frontal.
Pero, ¿qué otra opción le quedaba?
Sólo podía confiar en que su poder aplastaría a su rival.
En su mano se formó una esfera de poder solar, lista para incinerar por completo el cuerpo de la emperatriz.
Momentos antes de que el ataque impactara en ella, Nero se hizo a un lado, evitando ser calcinada mientras se se acercaba al costado de Calígula, descargando un veloz corte…
…que fue detenido por la mano del emperador, que la sostuvo con un agarre de hierro.
“Pequeña, ya te lo debería de haber dejado en claro, no hay nada que puedas hacer contra mí” su agarre se volvió aún más fuerte, como si estuviera intentando romper la hoja de la espada.
Pero, cuando vio que sus intentos eran inútiles, optó por el método más eficaz.
Tiró del arma hacia sí mismo, atrayendo a Nero lo suficiente como para conectar un puñetazo devastador en su estómago.
La emperatriz salió disparada hacia atrás, como si fuera una muñeca de trapo.
Pudo sentir cómo su carne se machacaba, sus huesos se rompían y sus órganos se convertían en pasta, todo antes de chocar contra el edificio detrás de ella.
Esa era la fuerza contenida en aquel golpe.
Y, aún así, volvió a ponerse de pie.
“¿Cómo es posible que todavía sigas viva?
Ese golpe debería de haberte matado” Calígula estaba sorprendido, pero no lo suficiente como para dejar que la emoción se filtrase a través de su tono de voz y expresión facial.
La única razón por la que seguía viva era por su habilidad Spiritus Invictus, que le permite volver a la vida hasta un total de tres veces al día, siempre y cuando se active de antemano, como ahora.
“El espectáculo todavía no ha acabado, y mi actuación final aún tiene que comenzar” Nero levantó su espada carmesí por encima de su cabeza, haciéndola girar en un círculo completo por encima de su cabeza.
“Bienvenido a mi teatro, el lugar en el que terminará esta función: Aestus Domus Aurea” su voz sonó alta y clara, tan melodiosa como el sonido de una lira.
Cuando hubo terminado de hablar, una onda de energía mágica surgió desde su interior, recorriendo un amplio área.
Desde el suelo comenzaron a surgir grandes edificios y paredes, cerrándose sobre sí mismas hasta que en aquel espacio sólo quedaron los dos contrincantes, mirándose entre sí.
Ese era su noble phantasm, una taumaturgia de primer nivel capaz de proyectar una representación de su teatro, el que construyó en vida.
“Ya veo, conque a esto te referías, ¿eh?
Es acogedor” Calígula miró a su alrededor, sin sentirse impresionado o abrumado en lo más mínimo.
“¿Te gusta?
Me alegro, porque este sitio servirá para llevar a cabo mi coreografía final” Nero apuntó con la punta de su espada al emperador, en un gesto que era más teatral que amenazador.
“Pues bien, cerremos esta escena con tu muerte” el emperador levantó su mano, concentrando cada vez más poder solar en ella, hasta el punto en que formó una esfera de un tamaño titánico.
“Si este es tu dominio, entonces te destruiré junto a él” con un marcado movimiento, el sol en miniatura salió disparado contra la emperatriz, arrasando con todo a su paso.
A pesar de que Nero lo esquivó por los pelos, aún sintió su piel chisporrotear por el intenso calor que emitía el ataque.
Su teatro no tuvo la misma suerte.
Una estela de destrucción se extendía hasta donde alcanzaba la vista, con pequeñas llamas que lamían los escombros.
“Nada mal.
Sin embargo, déjame brindarte un poco de ayuda” con un chasquido de sus dedos, lo que quedaba del teatro estalló en llamas, ardiendo intensamente.
“¿Qué demonios es esto?” Calígula retrocedió, tomado por sorpresa ante el repentino cambio de acontecimientos.
“¿Qué, sorprendido?
Mi teatro fue quemado hasta los cimientos.
Por lo tanto, ¿por qué no puedo hacer lo mismo con este?” Nero se burló, justo antes de hacer su movimiento final.
Se abalanzó sobre él, balanceando su arma en un hermoso y amplio arco.
El emperador trató de bloquear la espada con sus brazos, pero la hoja de esta se cubrió al instante en llamas.
La temperatura era tan alta que sintió cómo su carne se calcinaba, momentos antes de que la espada atravesase su cuerpo de lado a lado.
Y así, Cayo Julio César Augusto Germánico, mejor conocido como Calígula, llegó a su fin por segunda vez, dejando atrás solo su capa.
…
Si había algo que Xbalanqué siempre había odiado, sin duda era la maldad.
Y había una maldad que de la que había sido testigo hacía mucho tiempo, en su primera vida.
Él y su hermano habían sido vistos en el pasado como los elegidos para derrotar a un grupo de entidades oscuras, las cuales se habían hecho pasar por dioses para recibir adoración y sacrificios.
La maldad que sintió en aquellas criaturas había sido abrumadora, y sólo pensarlo era suficiente para provocarle arcadas.
Era una maldad tan espesa como la miel, lo suficiente como para hacerte sentir como si te estuvieras ahogando en ella.
Era asqueroso.
Era repugnante.
Y esa era la misma sensación que le producía el hombre frente a él.
Era alto, con un cuerpo bien formado, una piel bronceada y un cabello marrón.
Su rostro, mientras tanto, se encontraba cubierto por una máscara de hueso, cuya apariencia era inquietantemente parecida a la de un cráneo humano.
En su mano, mientras tanto, portaba una macuahuitl, un arma parecida a una maza de madera, con trozos de obsidiana incrustados en sus bordes.
Su presencia era oscura y escalofriante más allá de las palabras, provocando una sensación de terror que resultaba abrumadora.
Y le recordaba a él.
A Camazotz.
El monstruoso dios murciélago.
O, al menos, a la bestia que se hacía pasar por él.
“Dime, ¿te incomoda mi presencia?
Lo puedo ver en tu cara, mi aura te repugna.
Me odias.
Para ser sincero, no puedo culparte por odiarme.
Sí, es lo que estás pensando: soy un seguidor de Camazotz” su voz era calmada, casi amistosa.
Y eso solo acentuaba el sentimiento de asco en Xbalanqué.
“¿De verdad te atreves a decir eso en frente de mí?
¿De verdad te atreves a admitir que eres el seguidor de un imitador barato de un dios?
¿Un imitador al que yo mismo maté con mis propias manos?” El guerrero maya replicó con un gruñido bajo, apenas conteniendo su ira.
“¿Qué quieres que te diga?
Cada uno es libre de elegir su bando, ¿verdad?
Si gano o pierdo, es todo bajo mi riesgo.
Además, ya no eres el mismo que en el pasado.
Incluso yo podría acabar contigo” “Me gustaría verte intentarlo.
Acabaré contigo y con tu falso dios, y su maldad infecta no volverá a asomar a este mundo en un tiempo” “Sabes que eso sólo será temporal.
Tarde o temprano volverá, y su culto le seguirá.
Ahora basta de tanta charla inútil, necesito to sangre como sacrificio para mi señor” el hombre se abalanzó sobre él, descargando un golpe descendente con su arma.
Sin embargo, la macuahuitl fue detenida por otra macuahuitl.
“Realmente tienes agallas como para creerme débil, ¿eh?
Ni siquiera entiendo cómo es posible que alguien como tú esté bajo las órdenes de un enviado del dios cristiano” Xbalanqué aplicó fuerza en su arma, obligando a su rival a retroceder.
“Supongo que desde tu punto de vista es raro.
Sin embargo, tengo mis razones” Ambos volvieron a intercambiar ataques, con fragmentos de obsidiana saltando con cada choque.
“Y creíste que venir a por mí era la mejor decisión, ¿no?
Fue una mala decisión por tu parte” “Un maya contra otro maya, ¿acaso no resulta gracioso?
Dos enemigos acérrimos enfrentándose entre sí.
El seguidor de los entes oscuros contra el héroe que los derrotó.
Tiene cierto encanto poético” Xbalanqué no respondió esta vez, centrándose completamente en aplastar a su enemigo.
Cada uno de sus golpes contenía más fuerza que el anterior, abrumando poco a poco a su enemigo, el cual se vio obligado a retroceder con cada impacto bloqueado.
No invocó espíritus desde el inframundo.
No usó ilusiones.
Fue simple y llanamente su fuerza bruta, aumentando exponencialmente con cada ataque, todo con el objetivo de terminar con todo.
El adorador de Camazotz se estaba desesperando.
No tenía oportunidad de atacar de vuelta, solo de defenderse.
Ni siquiera pudo hacer nada cuando su macuahuitl fue atravesada por la mitad, seguido de su pecho.
Su arma simplemente no había estado a la altura, incapaz de seguir el ritmo del legendario héroe maya.
¿Tal vez las batallas no son demasiado intensas?
Pero, para ser sincero, me da igual.
Estas batallas tienen como objetivo darle visibilidad a las invocaciones de Effiro, no ser el summum de los combates.
Eso ya vendrá más adelante.
Si todo va bien, deberían de terminar los combates para el 21 de octubre, tiempo suficiente para trabajar en el especial de Halloween.
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