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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 66

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  4. Capítulo 66 - 66 Ira vs Rencor y Talento vs Sacrificio
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66: Ira vs Rencor y Talento vs Sacrificio 66: Ira vs Rencor y Talento vs Sacrificio (Pov tercera persona) Había un sentimiento que carcomía por dentro a Jeanne: rencor.

Eso no era algo nuevo para ella.

Después de todo, su existencia misma era producto del rencor que Giles de Rais sentía por la humanidad, culpando a todos de su muerte.

Y ella también los culpaba a todos.

Quería matarlos, exterminarlos hasta que sólo quedasen cenizas.

Quería poner fin a su rencor.

Y entonces fue invocada por ese hombre.

No, más bien era un niño, a juzgar por su apariencia.

Aunque tienen la misma edad.

Para ser sinceros, ella tenía sentimientos encontrados respecto a él.

Por un lado, su deseo de destruir todo y vengarse de la raza humana le provocaba una sensación de desconfianza y molestia hacia él.

Pero, en lo profundo de su ser, sentía cierto cariño hacia su maestro, sin duda producto de su antigua naturaleza como santa.

Bueno, tal vez también era producto de su aura dracónica, su apariencia y sus habilidades de fuego, lo que en parte la hacían sentir más cómoda.

Después de todo, esas eran tres cosas que le gustaban.

Esta mezcla de emociones le resultaba extraña, y no sabía cómo deshacerse de ellas.

Aún así, decidió obedecer las órdenes de su maestro.

Al menos así tenía la oportunidad de enfrentarse contra algún enemigo y desatar todo su odio.

Recorría las calles de la ciudad, completamente vacías y carentes de vida.

Un ambiente que casi parecía apocalíptico…

simplemente era una vista demasiado placentera para ella.

Tal vez un poco más de destrucción quedaría mejor.

Sentía una presencia de agresividad contenida, una presencia que había sido liberada de manera deliberada para atraerla.

Y ella, naturalmente, se dirigió al lugar del que venía.

Lo último que esperaba era encontrar a un ser humanoide, el cual podría haber sido confundido con un humano de no ser por que tenía cuatro brazos y una piel de color naranja.

Se encontraba sentado en un trono dorado, con dos de sus manos sobre sus rodillas y otras dos sobre los brazos del trono.

Jeanne se preguntaba cuánto tiempo llevaba esperando a que ella apareciera como para haber colocado un trono en medio de la carretera.

En cuanto apareció, los ojos naranjas de la criatura se fijaron en ella, con tal intensidad que casi parecía capaz de atravesarla con la mirada.

“No esperaba que tú fueras mi rival.

No vale la pena que comencemos una lucha innecesaria.

Adelante, desaparece de mi vista” apenas le prestó atención, cerrando los ojos mientras apoyaba su barbilla sobre su puño.

Esas palabras tan altivas le molestaron.

¿Quién se creía que era para hablar así?

“No pienso irme a ninguna parte” “¿Es así?

Entonces acaba con tu propia vida, por favor” la criatura abrió los ojos ligeramente, mirándola con pereza.

Jeanne apretó con fuerza la bandera en su mano, su arma más clásica, un recuerdo de su versión original.

La hizo girar, acercando la punta afilada a su cuello de un blanco perfecto, tal vez un poco más pálido de lo normal.

“Esto es lo que quieres que haga, ¿verdad?” La punta de la bandera mordió ligeramente su piel perlada, antes de darle la vuelta y apuntar a su rival directamente.

“Pues lo siento, pero no pienso quitarme la vida.

En cambio, prefiero deshacerme de tí” “¿Realmente quieres retarme?

Yo soy Ashura, el demonio celestial de la ira.

Me resultas una molestia, mujer mortal” se levantó de su trono, golpeando las palmas de sus manos con sus puños.

“No tengo ni idea de quién eres, y tampoco es que me importe mucho.

Solo quiero matarte” “¿Lucharás con una bandera?

Realmente eres una mujer rara” bajó los escalones con paso lento, cerrando las manos en puños.

Jeanne se lanzó contra el demonio de constitución musculosa, con su estandarte enarbolado y listo para atacar.

Pero no tuvo tiempo para actuar.

Un primer golpe aterrizó en su estómago, obligándola a doblarse sobre sí misma, seguido de un segundo golpe que la levantó por encima del suelo y de un tercero en el rostro que la derribó.

“Tampoco eras para tanto, lo sabía” Ashura se dio la vuelta, dispuesto a irse…

…pero unas manos delicadas y fuertes se aferraron a su pierna.

“¿A dónde crees que vas?

¡Aún…

sigo…

aquí!” Jeanne apretó los dientes, sosteniendo con fuerza a su rival.

Una vena en la frente del demonio se hinchó de ira, y pateó con su otra pierna el estómago de Jeanne, volviendo a levantarla del suelo.

Antes de que pudiera volver a caer una de sus cuatro manos atrapó su rostro, impulsándose con sus poderosas piernas.

Atravesó varios edificios usando el cuerpo de Jeanne como escudo, antes de lanzarla como si fuera una pelota de béisbol.

Se fijó en el cuerpo de la Santa caída, antes de saltar con todas sus fuerzas.

Se elevó a más de treinta metros por encima del suelo, antes de que la gravedad le volviera a reclamar.

Su dirección estaba clara: su rival.

Planeaba aplastarla con aquel poderoso impacto.

Cayó sobre ella como un ave de presa, golpeando a la vez con sus cuatro puños.

El impacto fue devastador, hundiendo el suelo a su alrededor y levantando una gran nube de polvo que cubría la vista, mientras una onda expansiva destrozaba la fachada de los edificios cercanos.

Y, a pesar de que estaba seguro de que ese ataque debería de matar a su rival, aún sintió una sensación de resistencia, como si se hubiera encontrado con algo sólido que bloqueaba su camino.

Una fuerza repentina le obligó a retroceder, mientras el polvo finalmente se asentaba.

Y allí, levantándose lentamente del suelo mientras sostenía un estandarte oscuro con ambas manos y su corto cabello rubio platino era movido por el viento, se encontraba Jeanne alter, con una mirada ardiente y febril.

La ira de Ashura comenzó a emerger de nuevo, molesto por la persistencia de aquella mujer.

¿Por qué no podía simplemente morir?

Se lanzó de nuevo contra ella, listo para acabar de una vez por todas con su rival, pero Jeanne alter esquivó sus puños con un movimiento fluido,agachándose antes de conectar un puñetazo propio en su rostro.

El golpe no era normal; su fuerza se había visto multiplicada gracias a su noble phantasm.

Ashura retrocedió varios pasos, sintiendo su cráneo crujir por la fuerza del golpe.

“¿De verdad crees que puedes subestimarme?

Ja, sigue soñando.

Si tienes más que mostrar, ahora es el momento” la mano de Jeanne se posó en su espada, desenvainándola en un movimiento fluido.

El demonio respiró profundamente, tratando de mantener la calma.

Sin embargo, fue inútil.

Ser tratado como si no fuera nada le resultaba humillante y molesto.

“¡Si estás tan segura de lo que me pides bloquea mi ataque si es que eres capaz!” Gritó lleno de rabia, con sus cuatro extremidades cubiertas de llamas naranjas.

Ambos se lanzaron el uno contra el otro, listos para desatar su próximo ataque.

Jeanne se echó a un lado, apenas esquivando el golpe de Ashura mientras atacaba con su espada, dejándole un corte en el costado.

“¿Cuánto más pretendes mirarme como si fuera inferior a ti, maldita mujer humana?” Ashura apretó sus dientes y puños con ira apenas contenida.

“¿Así es como me veo cuando me enfado?

Realmente tenemos una existencia miserable” “¿Tenemos?

¿Acaso crees que somos iguales?

No te has ganado aún mi reconocimiento, y ni siquiera sabes lo que siento.

Me formé a partir de la ira acumulada en el plano astral.

La ira de familias enteras masacradas, la ira de que asesinen a un ser querido, la ira que sientes cuando eres humillado, cuando aparece una injusticia.

Dime, ¿acaso puedes decir que somos iguales?” “Sí, somos iguales.

¿Tienes alguna motivación para estar bajo las órdenes de ese hombre, para luchar y morir por sus caprichos?” “¡Yo lucho por mi ira, por la ira acumulada de la humanidad!

¡Es la única manera de alcanzar la cima!” “Ya veo.

Menuda pregunta más tonta, por supuesto que te verías motivado a actuar basándote en la ira de la que naciste.

Puedo entenderte, porque yo soy impulsada por la ira que siento hacia la humanidad” Jeanne sostuvo su bandera con ambas manos, y el asta se cubrió con una llama que refulgía intensamente.

“¡Yo soy superior!” “¡Pues ven a mí y demuéstralo!” Ambos volvieron a enfrentarse en un choque frontal, el cual decidiría quién era el ganador.

Los puños de Ashura atravesaron el aire, haciéndolo temblar con la fuerza pura detrás de ellos.

Pero nunca encontraron a su objetivo, porque la bandera de Jeanne surcó la distancia que los separaba a ambos, atravesando su corazón con una precisión quirúrgica.

No se quedó ahí; su cuerpo comenzó a ser consumido por las llamas del rencor, hasta que lo único que quedó de él fue, precisamente, el corazón que recibió un golpe fatal.

…

El arte de la espada, un arte que se basa en volverse uno con ella, en comprender su esencia para dominarla por completo.

Un arte hecho para derrotar a tus enemigos con técnica y habilidad.

Aquellos que siguen este camino deben de tener una gran convicción y una voluntad de acero, abriéndose paso a través de las dificultades a base de golpes.

Aún así, había cosas que uno no podía detener solamente blandiendo una espada.

Al menos, no hasta que se llega a cierto nivel.

Había una pregunta que plagaba la mente de Musashi Miyamoto desde que realizó su primer salto dimensional.

¿Por qué el ser humano tiende a pensar que todo seguirá igual al día siguiente, y al siguiente, y al de después?

Algo que aprendió por las malas fue que, en cualquier momento, todo puede llegar a su fin.

Y lo peor es que podía terminar en un momento.

Viajó de mundo en mundo, visitando distintas épocas y lugares, practicando su arte de la espada mientras enfrentaba a espadachines poderosos.

Era alguien realmente desvergonzada, pero ella sabía mejor que nadie que era realmente difícil encontrar a alguien capaz de hacer frente a su arte de la espada Ella era una genio, capaz de perfeccionar rápidamente su propio arte de la espada para superar a cualquier rival que se le ponga delante, analizando infinitas posibilidades para cotejarlas y llegar a una única posibilidad perfecta.

Eso la convertía posiblemente en una de las invocaciones más poderosas de Effiro, y eso la llenaba de orgullo.

Y ahora se encontraba frente a ese hombre extraño, cuya aura era siniestra y malvada.

Tenía un cabello largo y de color negro, una piel pálida cubierta en algunos lugares por tatuajes de color rosa pálido y tres ojos, dos rojos y sin pupilas en su rostro y uno de gran tamaño, carmesí y con una pupila de rendija en la parte superior del estómago debajo del diafragma.

Sostenida en su mano se encontraba una espada de un metal gris, el cual se volvía de tonos rojizos en la punta.

“Entonces, ¿puedo saber quién eres tú?” Musashi se apoyó sobre una de sus dos katanas, mirando de manera despreocupada a su enemigo, como si no fuera más que un simple maniquí inofensivo.

“Odio a las personas como tú.

Personas talentosas que tienen el potencial para lograr lo que quieren, mientras otros se esfuerzan en vano por lograr la mitad de lo que ellos son capaces” el hombre no respondió a su pregunta, y en cambio habló de algo completamente distinto.

“Entonces, ¿odias a los genios?

¿Por qué?” “¿Por qué?

¿De verdad tienes que hacer esa pregunta?

¿Acaso sabes lo que es ser alguien con un talento patético?

No, ¿verdad?

Por supuesto que no, no podía ser de otro modo” “¿Qué tal si me explicas un poco de tu historia?

Tal vez pueda simpatizar contigo” “¿Mi historia?

¿Qué quieres que te cuente?

¿Que era un espadachín mediocre y sin talento?

¿Que me demonizé para alcanzar el potencial que tanto ansiaba?

¿Que maté a mi propio maestro por puro odio y arrogancia, porque me rechazó tras ver lo que hice?

¿O el hecho de que no me arrepiento de nada?” Musashi no pudo evitar despreciar a aquel hombre.

Un hombre débil que sucumbió a la oscuridad para hacer sus sueños realidad, que sacrificó su propia humanidad con tal de conseguirlo.

Y que se atrevía a enfrentarse a ella de frente, sin miedo, como si contase con el poder o el talento de hacer eso después de sus acciones pasadas.

“¿Quieres que te aplauda?

¿Que te felicite por lo que hiciste?

Que sepas que no te considero mejor que yo” “Como era de esperarse de los de tu tipo, eres enfermizamente arrogante, pensando que con tu talento natural no hay nada que pueda hacerte daño.

Pero en el fondo no eres más que un ser patético y cobarde, el cual no dudaría en huir en cuanto se viera en peligro” Sus palabras, aunque no lo parecía a simple vista, llegaron a afectar a Musashi más de lo que deberían, debido a que en el pasado huía siempre de los combates que no podía ganar.

Eso llegó a tal punto que, como sirviente, recibió la habilidad Continuación de batalla, que le permite mantenerse con vida en combate…

pero su versión de la habilidad se basa en trucos sucios y estratagemas.

Pero no dejó que sus palabras le afectasen; ese era su yo anterior, su versión débil, que aún no se había convertido en un sirviente para deshacerse de todos sus límites.

“Te ves demasiado feliz para alguien que lo sacrificó todo por poder.

Sacrificaste tu humanidad e incluso a tu maestro, todo para demonizarte y conseguir poder.

Si no lo hubieras hecho, ahora podrías estar viviendo una vida tranquila.

Tal vez así no hubieras sido rechazado” “¡No es mi problema que no me quieran!

¡Ahora tengo el poder para hacer lo que me de la gana, y estoy bajo las órdenes de alguien que sí me sabe valorar!

¿Sabes?

¡Me alegra haber matado al vejestorio de mi maestro, que no supo ver mi potencial!” “Y aún así sigues siendo solo un niño chillón, quejándose de lo injusta que es la vida mientras toma constantemente el camino equivocado” “¡Veamos si sigues teniendo ese aire de arrogancia y despreocupación después de esto!

¡Admira el poder dem Taoísta del Vacío!” El hombre, ahora identificado como Taoísta del Vacío, se abalanzó sobre Musashi con un movimiento de espada que hizo temblar el aire a su paso, dejando un rastro de ozono y calor.

Pero, cuando la hoja de su espada estaba apunto de impactar en su objetivo, Musashi desapareció.

Momentos después apareció detrás de él, con una de sus katanas mirando hacia el frente.

Un segundo después, un corte apareció en su pecho junto a una lluvia de sangre, antes de que la carne se regenerase y la herida se cerrase.

“¿Cómo es esto posible?

¿Cómo has sido capaz de hacer eso?” El Taoísta del Vacío se quedó perplejo.

Ni siquiera fue capaz de decir en qué momento se movió.

“Ya deberías de saber la respuesta.

A diferencia de tí, yo tengo verdadero talento.

He entrenado.

He luchado batallas difíciles.

Y he mejorado con cada golpe de mi espada.

Tú, mientras tanto, decidiste abandonar tus principios y matar a quienes te aceptaron para irte con un desconocido” “¡No tiene nada de malo arrodillarse ante alguien que es superior a tí, alguien que puede darte lo que quieres!

¡Me dio una oportunidad de continuar avanzando si me sometía a él!

Si incluso mi maestro, que era un experto en el arte de la espada, acabó muriendo en mis manos, ¿qué crees que te ocurrirá a tí?

¡Lo único que puedes esperar es tener el mismo destino que él!” Se dio la vuelta con gran rapidez, invocando una segunda espada en su mano libre antes de desatar un nuevo ataque.

En cuestión de un momento, cinco ataques fueron desatados con una potencia devastadora.

Musashi utilizó ambas katanas para bloquear cada ataque, saliendo ilesa del primer choque.

El Taoísta del Vacío no se detuvo ahí, volviendo a atacar con una lluvia de cortes.

No eran cortes normales, sino que estaban cubiertos con poderosos rayos de color púrpura.

La eapadachina se defendió igualando la misma fuerza que su rival, con las hojas de ambas katanas cubiertas de ki.

El impacto entre ambos ataques creó poderosas ondas de choque que destruyeron los alrededores, mientras el la temperatura a su alrededor se elevaba lo suficiente como para crear estallidos de calor.

Se desplazaron por los alrededores con rapidez, intercambiando golpes de manera constante mientras todo lo que les rodeaba se convertía en polvo y escombros.

“¿Te crees realmente mejor que yo?

¿Incluso cuando todo lo que has logrado ha sido gracias a que fuiste bendecida con un gran talento?

¿Eso te hace superior a mí, que sacrifiqué todo por esto?” “Sí, soy mejor que tú.

Sin embargo, no solo por mi talento.

Yo conseguí todo lo que tengo por mi cuenta, sin hacer sufrir a quienes amo.

Y es precisamente por eso que debo de acabar contigo en este instante” En ese mismo instante Musashi cambió su postura, usando su habilidad de Quinta Fuerza para maximizar la potencia de su arte de dos espadas.

En ese mismo momento su mente pareció disociarse de la realidad circundante, alcanzando un estado de claridad sin precedentes.

De manera instintiva, supo que su mente había alcanzado el estado de vacío, el estado mental supremo de cualquier espadachín.

Era normal que pudiera alcanzarlo, era algo por lo que había luchado y entrenado durante años.

Y ahora, incluso si era solo temporal finalmente lo había logrado.

El cero no es nada, y por lo tanto es infinito y supremo.

Ese era el principio de su arte de la espada, el Niten Ichi-ryu.

Podía sentir hasta la más mínima fluctuación en el ambiente, y ni siquiera otros planos y dimensiones podían escapar de su percepción.

Vio venir una nueva andanada de ataques, pero desde su punto de vista parecían tan lentos y simples que no valía la pena bloquearlos.

Sin importar qué ataque se utilizase contra ella, podía esquivarlo sin dificultad.

Las espadas del Taoísta del Vacío fallaron su objetivo por poco, por tan poco que parecía pura suerte que Musashi lo hubiera esquivado.

Pero él lo sabía mejor, eso no había sido suerte; había sido una muestra descarada de su habilidad.

Aquellos ojos ahora le resultaban inquietantes.

Los ojos azules de la espadachina, que antes se encontraban llenos de diversión despreocupada, ahora no reflejaban nada, como si absorbieran la luz.

No pudo evitar que ella se acercase.

Daba igual desde qué ángulo atacase, no podía frenar su avance.

Y entonces, Musashi desató su ataque.

Su postura era perfecta, con un movimiento limpio que usó la fuerza necesaria sin gastar energía.

Fue un movimiento tan rápido que, por un momento, a su rival le pareció que tenía seis brazos.

Y, tan rápido como ocurrió, todo acabó.

“¿Eso ha sido todo, genio?

Puedo regenerarme de mis heridas, así que morirás tarde o temprano en mis ma-” antes de que el Taoísta del Vacío pudiera terminar su frase, si cuerpo se dividió en secciones.

Sus brazos, piernas y cabeza se separaron del tronco, cayendo al suelo con un ruido sordo mientras la sangre brotaba de las heridas como una fuente.

Y, mientras su cuerpo se deshacía en cenizas grisáceas, lo único que quedó del espadachín demonizado fue el ojo de su estómago.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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