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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 68

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  4. Capítulo 68 - 68 Enfrentamiento contra el enviado de Dios
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68: Enfrentamiento contra el enviado de Dios 68: Enfrentamiento contra el enviado de Dios (Pov tercera persona) Effiro dio vueltas en círculo, tratando de hacer tiempo antes de lo inevitable.

Él sabía que, tarde o temprano, tendría que hacer frente al enviado de Dios.

Sin embargo, quería tratar de ganar el tiempo suficiente para que sus invocaciones le ayudasen en el combate.

Al final, decidió emprender el camino que llevaba directamente hasta su rival, camino marcado por la intensa aura de poder que irradiaba desde la distancia.

“Realmente tiene tanta confianza en sí mismo como para no ocultar su presencia” Murmuró, acercándose cada vez más al lugar en el que se llevaría a cabo el combate.

Cuando finalmente llegó, pudo ver que, efectivamente, allí se encontraba la persona a la que buscaba: cabello rubio largo, ojos azules y ropajes blancos propios de un sacerdote.

Ambos se miraron, permaneciendo en silencio por un momento antes de hablar.

“Entonces te has dignado a aparecer, ¿eh?

Estaba comenzado a pensar que nunca aparecerías” “¿Qué quieres que haga?

Después de todo, me has obligado a llegar a este punto” “Te he estado buscando, pero no había ni rastro tuyo.

Eres como una rata, escondido en tu madriguera cuando acecha el gato” “Realmente me ofende que uses esa clase de palabras despectivas contra mí.

Sí, me escondía de tí, pero ya no me queda más opción que luchar” “Realmente eres valiente y estúpido para pensar que puedes enfrentarte a mí” “Lo sé.

Pero está en mi naturaleza meterme en situaciones peligrosas y salir bien parado, por lo que no te sorprendas mucho cuando tu cabeza ruede por el suelo” “Déjame hacerte una oferta: únete a nosotros.

Abandona a tus falsos dioses y ayúdame a expandir la influencia de mi señor.

Créeme, las recompensas valen la pena” “No, gracias.

No me fío de vuestro ideal de justicia, ni me fío de vuestro concepto de bien.

No me fío de vuestros sermones elaborados ni mucho menos de vuestras enseñanzas.

Y sobre todo no me fío de vuestro dios.

Ya elegí mi bando, y no pienso dejarlo por nada del mundo” “Es una pena, de verdad.

Pero supongo que esa respuesta era de esperarse.

Por desgracia, no me dejas más opción que acabar con tu vida en este momento” posó la mano en el mango de su espada, desenfundándola.

“Antes de que nos lancemos el uno contra el otro, me gustaría saber tu nombre.

Después de todo, tú me conoces a mí, pero to a tí no” Effiro le detuvo con un movimiento de mano, retrasando el enfrentamiento.

El enviado de Dios pareció pensarlo por un momento, antes de llegar a una conclusión.

“Me parece justo.

Mi nombre es Gabriel, y seré yo quien acabe con tu vida en este sitio” apuntó con la punta de su espada en dirección a Effiro, listo para atacar en cualquier momento.

“Dime, ¿por qué tardase tanto en llegar hasta aquí?

Con la velocidad que has demostrado deberías de haber llegado en cuestión de momentos” Effiro se quedó callado, negándose a responder la pregunta de Gabriel.

“Déjame adivinar, querías hacer tiempo para que tus invocaciones se encargasen de mis sirvientes y enfrentarme junto con ellas, ¿verdad?” El silencio continuo fue lo único que recibió como respuesta.

“Parece que estaba en lo correcto.

Siento decirte esto, pero morirán en manos de mis sirvientes.

Cada uno de ellos está hecho para hacerles frente.

No recibirás ayuda en esto” “Aún así confío en que sobrevivirán.

Créeme, son más fuertes de lo que parece.

En cierto modo, se puede decir que me superan en algunos aspectos” Gabriel decidió no gastar más saliva, lanzándose sobre Effiro con un corte descendente.

La sombra de Effiro se convirtió en un charco de oscuridad líquida, del cual surgió la figura bien formada y proporcionada de Kuro, con su espada Muramasa ya lista para bloquear el ataque.

Eso fue todo lo que duró.

Un ataque.

La espada Muramasa cedió bajo la implacable fuerza de su rival, y pronto su cuello le siguió.

Todo ocurrió en una fracción de segundo.

Pero Gabriel no se detuvo ahí.

Se abalanzó sobre Effiro, desatando una lluvia de cortes sobre su cuerpo, que fueron detenidos por una kusanagi-no-tsurugi recién invocada.

“No está mal, pero bloquear mi primer ataque no significa que vayas a ganarme fácilmente” el enviado de Dios se dispuso a volver a atacar, pero se detuvo en el último momento y se dio la vuelta.

Su espada detuvo una serie de cortes de viento que vinieron desde su espalda, justo a tiempo para evitar el impacto.

“Es realmente molesto que haya bloqueado mi ataque con tanta facilidad.

Pero bueno, supongo que llego a tiempo para proteger a mi maestro” Tamamo-no-Mae estaba de pie con aire decidido, mientras en sus manos se materializaba una hermosa katana.

“Tienes razón, hemos llegado a tiempo para ayudar en el enfrentamiento más importante” Tengu apareció doblando la esquina de un edificio, con su propia katana lista para cortar.

“¿Habéis matado a dos de mis sirvientes?

Francamente, me hacéis un gran favor viniendo hasta aquí, así no tengo que esforzarme en encontraros” “¡Puedes sumar tres sirvientes muertos en tu contador!” La figura grácil de Nero se posó en el suelo con pasos ligeros y hábiles, sosteniendo su espada carmesí con ambas manos.

Tengu y Nero se abalanzaron a la vez sobre Gabriel en un doble ataque frontal.

Aún así no fue suficiente para hacerle frente.

Bloqueó ambos ataques con la hoja de su espada, mientras con su mano libre acertaba un puñetazo en el rostro de Effiro, que se había acercado lo suficiente como para recibirlo de lleno.

Su cuerpo fue mandado a volar a decenas de metros, aterrizando en un edificio cercano para finalmente detenerse.

Podía sentir su cabeza dando vueltas, su mente confusa convertida en un mar tempestuoso.

Le habían golpeado tan fuerte que casi quedó inconsciente, pero luchó por mantener la consciencia.

Mientras, tanto, Gabriel continuaba luchando contra los dos enemigos que le cerraban el paso Effiro había logrado herirle en el estómago, con un hilo de sangre que fluía lentamente en su camino hacia el suelo.

Aplicó presión sobre su arma, obligando a las dos invocaciones a retroceder, dándole el espacio que necesitaba para contraatacar.

Se impulsó con las piernas dando un poderoso salto, atacando con una veloz estocada a Tamamo-no-Mae.

Esta movió la cabeza por instinto, esquivando por poco un golpe letal.

Las tres invocaciones allí presentes se movilizaron a la vez, atacando desde tres frentes distintos con el objetivo de abrumar a su enemigo.

La katana de Tengu cortó la mitad del cuello de Gabriel, mientras la de Tamamo dejó una herida profunda en su estómago y la espada de Nero casi separó su brazo del resto del cuerpo.

Pero su carne ya se había comenzado a regenerar a una velocidad extraordinaria, reparando todo el daño causado y dejándole en el mismo estado que antes del ataque.

Tengu y Nero aprovecharon que estaban a espaldas de Gabriel para retroceder, pero la kitsune no tuvo la misma suerte.

Fue incapaz de retroceder a tiempo, y habría recibido de lleno un golpe de espada si en ese momento unas garras no la hubieran agarrado de los hombros.

Wakinyan había llegado.

Por desgracia, estaba cansado y herido, por lo que lo único que pudo hacer fue apartar a Tamamo-no-Mae del camino y recibir el golpe por ella.

Su cuerpo fue partido por la mitad por la fuerza del corte, convirtiéndole en un montón de partículas mágicas antes de desaparecer, pero él ya había logrado su objetivo.

En su estado actual no era capaz de mucho más.

“¡No hay suficientes de vosotros para vencerme!” Gabriel gritó, sosteniendo su espada con fuerza mientras repele otro ataque conjunto.

“¡Eso lo cambio yo!

¡Aquí está el más fuerte!” En ese momento llegó Xbalanqué, golpeando su puño contra la palma de su mano para llamar la atención.

Tanto el enviado de Dios como sus tres compañeros giraron la cabeza para mirarle, con expresiones confusas en sus rostros.

¿A qué venía tanto ruido?

“¡Maldito perro santo, vas a sentir lo que los tuyos me hicieron pasar!” Desde detrás de Gabriel llegó Jeanne alter, quien se aprovechó de que este había desviado su atención para partir su cuerpo por la mitad con un corte vertical, antes de crear una esfera de llamas mágicas en su mano izquierda que lanzó contra su cuerpo.

A pesar del estado en el que se encontraba, las dos mitades perfectamente cortadas de Gabriel comenzaron a unirse de nuevo, con las llamas empequeñeciendose hasta desaparecer por completo.

“Conque tú también estás aquí, ¿eh?

Vaya, vaya, la versión alternativa de la Santa Juana de Arco.

Parece ser que tienes algo en contra de nuestro señor.

No te preocupes, pronto todos os encontraréis con él” viendo a todos los enemigos que se habían congregado a su alrededor, Gabriel no pareció sentir miedo, solo una seguridad aplastante.

Tal era la confianza que tenía en sí mismo.

Todos volvieron al ataque, aprovechando sus números para tratar de abrumar a su rival.

Sin embargo, eso era algo que ya había previsto.

Su espada se movió en un movimiento horizontal, golpeando el pecho de Tamamo-no-Mae y dejando un corte sangriento.

Trató de conectar un segundo corte, pero su arma fue detenida por la katana de Tengu.

“Señorita Tamamo, lo mejor será que se aleje del combate y ofrezca apoyo desde la distancia” se paró entre ella y Gabriel, bloqueando su camino para evitar que ataque al miembro más herido del grupo.

“Está bien” la kitsune no discutió su decisión, sabiendo que era la opción más inteligente.

Pero Gabriel ya había perdido el interés en ella, eligiendo a su próxima víctima.

Se abalanzó sobre Nero, quien se vio asaltada por un repentino dolor de cabeza, producto de su maldición de Migraña.

No podía usar su habilidad Spiritus Invictus a tiempo, y no sería capaz de bloquear o esquivar el ataque que se acercaba.

Pero no estaba sola.

La figura musculosa de Xbalanqué se interpuso en el camino de la espada de Gabriel, siendo partido por la cintura.

A pesar de eso, aún seguía vivo gracias a su habilidad especial, por lo que no sólo se encontraba en un estado perfecto de salud, sino que contaba con invulnerabilidad durante un minuto para enfrentar a su enemigo sin miedo.

Atacó al enviado de Dios con su macuahuitl, abandonado toda defensa para centrarse única y exclusivamente en una ofensiva brutal.

Gabriel detuvo su golpe con el filo de su espada, girando sobre sí mismo para detener un corte de viento por parte de Tamamo-no-Mae, la katana de Tengu y las espadas de Nero y Jeanne alter.

Viéndose envuelto en tal tormenta de ataques, es normal que no se diera cuenta de que otro más llegaba por su espalda hasta que fue demasiado tarde.

Primero sintió un pinchazo, seguido por una sensación de calor y entumecimiento en la zona de impacto.

Se dio la vuelta para ver quién fue su atacante, y un par de ojos oscuros y desafiantes le devolvieron la mirada.

“Parece que necesitáis un poco de ayuda por aquí.

Menos mal que he llegado.

Ahora, si pudieseis protegerme mientras ataco desde la distancia os lo agradecería” Medea habló, sacando un nuevo vial lleno de líquido rojo.

Tengu se lanzó de frente contra Gabriel, con la punta de su katana mirando hacia el suelo y unos ojos que parecían ver más allá de su enemigo.

“¿Crees que te servirá de algo ir de frente contra mí?

Déjame alabar tu valentía, pero es un esfuerzo inútil” Gabriel sostuvo su espada en alto por un momento, antes de bajarla en un golpe descendente con la intención de acabar con el yokai.

“???” Pero su espada no encontró su objetivo, solo un espacio vacío.

Tengu se movió a un lado, logrando evitar el golpe de su enemigo mientras su katana realizaba un movimiento ascendente, dejando un corte en el estómago y torso de su rival.

Gabriel no podía creerlo.

¿Cómo pudo hacer eso?

Era un movimiento simple, sí, pero también uno que requería de una calma y control increíbles, algo que sólo un experto de la espada debería de ser capaz de realizar.

Pero pronto se vio obligado a salir de su estupor cuando otro corte, esta vez descendente, cayó sobre él.

Debido a que se vio obligado a bloquear aquel ataque, fue incapaz de reaccionar a Xbalanqué, cuya macuahuitl le arrancó gran parte del costado.

Mientras su cuerpo se regeneraba del daño, tanto Nero como Jeanne alter aprovecharon para hacer lo mismo, con Nero cortando el brazo y parte del costado regenerado de Gabriel mientras Jeanne impactaba el otro costado del santo con su espada.

Ser atacado desde tantos ángulos distintos le dificultó el elegir a cuál enfrentar, y fue por esa misma razón que, nuevamente, no percibió el ataque de Medea hasta que impactó de lleno con su espalda.

“¡Deja de subestimarnos, maldito cabrón!” La Bruja dragón no estaba contenta con el comportamiento tranquilo de su enemigo, sintiéndose menospreciada.

Un gruñido bajo escapó de los labios del enviado de Dios, comenzando a sentirse frustrado y molesto por el daño constante que su cuerpo estaba recibiendo.

Se dio la vuelta, aprovechando toda su fuerza para impulsarse en dirección a la hechicera de la Cólquida, con la intención de acabar con su vida de una vez y así poder quitarse a esa molestia de en medio.

Y podría haber logrado su objetivo si no fuera porque en ese momento alguien se interpuso en su camino, alguien de cuya presencia ya se había olvidado.

“¿Creías que te ibas a deshacer tan fácil de mí?

Siento decepcionarte, pero estoy de vuelta contigo” Effiro finalmente se había recuperado del golpe anterior, bloqueando la espada de Gabriel con la suya propia cubierta en llamas antes de empujarle hacia atrás.

“Deberías de haberte quedado en el suelo.

Tal vez así habrías tenido una oportunidad de sobrevivir.

Pero ya da igual, porque perdiste tu oportunidad” Volvieron a chocar, poniendo fuerza sobre sus respectivas armas para tratar de sobreponerse al otro.

Lanzaron una serie de cortes contra el otro, intercambiando cientos de ataques en cuestión de segundos, los cuales agitaron el aire y crearon explosiones de sonido retardadas.

El poder de ambos había quedado demostrado con ese simple intercambio.

A simple vista, uno podía llegar a pensar que Gabriel era un ser invencible, capaz de regenerarse de cualquier tipo de daño sin límite apatente.

En parte era cierto.

Para la mayoría o incluso todo los personajes de My Hero Academia ese era el caso.

Sin embargo, Effiro había superado el nivel de ese mundo, y podía enfrentarse a Gabriel sin morir en el primer intercambio.

Gracias a la Vista de Hraesvelgr podía ver la energía vital, y si se junta con los Ojos del Cosmos, entonces el nivel que podían alcanzar sus habilidades oculares se volvía muy superior.

Al usar ambas habilidades en conjunto, era capaz de obligar a la realidad a destripar sus secretos ante su mirada.

Y, por supuesto, eso incluía la regeneración.

¿Cómo funcionaba la regeneración de Gabriel exactamente?

Bajo su visión superior, Effiro pudo observar su flujo de energía vital recorriendo todo su cuerpo, reuniéndose en las zonas que habían sufrido daño para instar al cuerpo a repararlo.

No era una habilidad omnipotente.

La energía vital se iba reduciendo con cada ciclo de regeneración, lo que significaba que llegaría un momento en el que no podría continuar recuperándose del daño recibido.

Sólo tenía que continuar presionando hasta llevarle al límite y la victoria sería suya.

Continuaron intercambiando golpes, destruyendo el suelo bajo sus pies mientras se desplazaban a gran velocidad por el campo de batalla.

Habiendo atraído toda su atención, Gabriel fue incapaz de reaccionar a un tercer ataque a distancia por parte de Medea, que impactó de lleno en sus muslos.

Él nunca había conocido a perro semejante, atacando desde la distancia como una cobarde mientras se enfrentaba a otra persona.

Aprovechando la inclinación del cuerpo de Gabriel y la repentina debilidad en el agarre de su arma, Effiro golpeó su espada y un corte horizontal, creando una brecha en su defensa que utilizó para apuñalar su hombro con fuerza.

Gabriel apretó los dientes ante el repentino dolor, sintiendo la punta de la espada de su rival atravesando su hueso con facilidad.

Sostuvo con fuerza su espada y, con un movimiento veloz, la hizo girar para encontrarse con el cuerpo indefenso de Effiro.

Pero su ataque fue detenido por la katana de Tengu, que se interpuso entre ambos para proteger a su maestro.

Su cuerpo no se encontraba en el mejor estado.

No podía regenerarse como su enemigo, y tanto sus huesos como sus músculos habían sufrido por el simple hecho de intercambiar golpes con su rival.

Y aún así decidió continuar sacrificando su cuerpo físico a cambio de defender a su maestro.

“¡Sois sólo una molestia insignificante!

Tal vez debería de dejar de jugar con vosotros e ir en serio” Gabriel aplicó fuerza en su espada, empujando a Tengu en dirección a las otras invocaciones.

Effiro trató de atacarle nuevamente, pero él bloqueó el ataque antes de lanzarse en dirección del resto.

En cuestión de momentos, los cuerpos de Tengu, Tamamo-no-Mae y Xbalanqué fueron cortados en múltiples trozos, acabando con sus vidas en cuestión de momentos.

Se dio la vuelta de inmediato para bloquear una ráfaga de cortes y estocadas de Effiro, desviando su atención de lo que sucedía a sus espaldas.

Sin que pudiera notarlo hasta que fue demasiado tarde, una espada carmesí le atravesó el pecho, justo en el corazón.

Para él aquello no era un golpe mortal, pero estaba comenzando a sentir cómo su energía vital se agotaba con la regeneración constante.

Esos malditos insectos no paraban de molestarle, negándose a morir tan fácilmente como deberían.

Giró sobre sí mismo, realizando un corte circular para tratar de golpear a sus dos atacantes.

Effiro esquivó alejándose casi de inmediato tras el ataque de Nero, mientras la emperatriz romana realizaba una voltereta en el aire, evitando el filo de la espada por muy poco.

Ambos cargaron contra él tras haber esquivado su ataque, mientras Jeanne cargaba directamente con su bandera enarbolada como una lanza improvisada y Medea vaciába el contenido de otro vial.

Gabriel sostuvo su espada en alto, listo para destrozar el suelo y los alrededores en una ofensiva brutal que le permitiera defenderse, pero sus músculos repentinamente se pusieron rígidos, y quedó bloqueado en su sitio, incapaz de moverse.

Sangre goteó de sus labios mientras la verdad le golpeaba como un camión.

¡Había sido envenenado!

No sólo el líquido rojo que aquella hechicera utilizaba para atacar era veneno, sino que incluso la espada de Effiro estaba cubierta con alguna sustancia nociva indetectable.

De hecho, Effiro había utilizado su habilidad Colmillo de Jörmundgandr, otra de las habilidades cuya existencia había olvidado por el poco uso que le daba.

Sin embargo, ahora la habilidad había evolucionado, permitiéndole crear una variedad de venenos con diferentes efectos, los cuales esta vez sí podían ser mortales.

Por supuesto, el efecto combinado del veneno de Effiro y de Medea resultó una mezcla muy efectivo contra Gabriel.

¿Iba a perder así?

¿Tan fácilmente?

No.

Aún tenía más cartas bajo la manga, y pensaba demostrar por qué era superior a esos mosquitos.

De su cuerpo comenzó a emanar una gran cantidad de luz y calor, obligando a todos a alejarse de él mientras cerraban los ojos, cegados por la repentina iluminación.

Cuando la luz se disipó, se pudo ver que su cuerpo ahora parecía cubierto de un aura dorada, enfatizando su figura.

Pero lo más notable era el aura que exudaba de su cuerpo, una presión tangible que parecía tratar de aplastar el cuerpo de todos los presentes, dificultándoles incluso respirar.

Justo cuando la situación parecía grave, una voz enfurecida cortó a través de la presencia imponente del enviado de Dios.

“¡Maldito cabrón, pagarás por lo que tú y tus inmundos sirvientes le hicisteis a mi padre!” La voz de Mordred estaba llena de ira, y su repentina aparición pareció disipar la presión que todos sentían, infundiendo una sensación de fuerza.

Esto era producto de su habilidad de Carisma, la cual se había visto fortalecida tras haber recibido el reconocimiento de Artoria como legítima heredera, lo que activó el potencial completo de la espada Clarent.

De hecho, todas sus capacidades se vieron impulsadas en un rango, volviéndola aún más poderosa de lo que ya era antes.

“Realmente tienes agallas para amenazarme, ¿eh?

Está bien, aún tengo energía suficiente para encargarme de tí” “Parece que alguien necesita ayuda aquí.

¡No os preocupéis, porque Musashi Miyamoto ha llegado!” La espadachina japonesa se detuvo al lado de Mordred, mirando a su enemigo.

Se abalanzaron sobre él usando su máxima velocidad, con el objetivo de acabar con su vida.

La primera en alcanzar a Gabriel fue Musashi, quien fue recibida por un poderoso corte descendente.

Usó ambas katanas cruzadas para bloquear la hoja del rival, empujándola hacia arriba para dejar su cuerpo expuesto, girando sobre sí misma mientras ambas armas cortaban la carne como si fuera mantequilla, empujándole hacia atrás.

Gabriel volvió a bajar su espada sobre ella, obligándola a bloquear el ataque, lo que le impidió evitar un golpe de Mordred, quien utilizó la Emisión de maná para aumentar la fuerza del golpe.

El impacto le elevó varios metros en el aire, donde Effiro le atacó desde la distancia con uno de sus ataques especiales.

“¡Corte infernal de la tormenta ardiente!” Una media luna de llamas y rayos salió de la hoja de la kusanagi-no-tsurugi, que apenas fue bloqueada por Gabriel.

Tal vez el tamaño del ataque no era tanto como el utilizado por Effiro la primera vez, que fue capaz de arrasar un distrito entero, pero seguía teniendo una gran potencia.

Bloquear eso con el nivel actual de Effiro era un gran logro.

En cuanto cayó al suelo se vio obligado a defenderse de otro ataque de Musashi, seguido de un ataque combinado por parte de Mordred y Effiro.

La lluvia de ataques parecía abrumarlo poco a poco, lo que le permitió a la espadachina japonesa romper su defensa con un movimiento practicado.

Aprovechando la apertura, Effiro se impulsó hacia adelante, apuñalando a Gabriel en el pecho, recibiendo este por segunda vez un golpe directo al corazón.

El impulso les mandó contra un edificio cercano, clavando al enviado de Dios contra la pared de hormigón.

Parecía que todo ya había acabado…

pero no.

Dos alas cubiertas de plumas blancas surgieron de la espalda de Gabriel, emitiendo una gracia y santidad incomparables, y su poder se elevó al límite, alcanzando su máximo potencial.

Su pierna impactó directamente en el estómago de Effiro, mandándolo a volar a varios metros de distancia.

Este rodó por el suelo, levantándose rápidamente sólo para ver cómo su enemigo balanceaba su espada desde la distancia en un movimiento ascendente.

Sintiendo una sensación de peligro, Effiro se lanzó a un lado, apenas esquivando un corte de aire que destruyó todo a su paso.

Aún así fue incapaz de salvar su brazo, el cual fue arrancado tras recibir el ataque de lleno.

Pero las invocaciones de Effiro ya estaban preparadas para terminar con todo de una vez por todas.

Una lanza de veneno cristalizado, obra de Medea, impactó en la espalda de Gabriel, atravesándolo de lado a lado.

Nero, utilizando su habilidad Privilegio imperial, obtuvo temporalmente la habilidad de manipulación solar mostrada por Calígula durante su combate, creando una esfera de poder solar que impactó de lleno en el pecho de su enemigo.

Jeanne alter, para no quedarse atrás, desató finalmente su noble phantasm, liberando una nube de llamas que engulló el cuerpo del enviado de Dios, antes de que fuera atravesado desde todos los ángulos por estacas que surgieron del suelo, empalándolo.

Musashi Miyamoto desató también su noble phantasm, invocando la proyección de un niou, cuyos cuatro brazos atacaron a la vez con cuatro espadas, desatando una lluvia de cortes pesados que machacaron el cuerpo del hombre, convirtiéndolo en carne picada mientras volvía a regenerarse.

Cuando el ataque terminó, se alejó mientras sostenía sus katanas en alto, con un ki caótico y abrumador de color púrpura desbordando de ellas.

A su vez, Mordred levantó su arma mientras activaba su ataque definitivo, Clarent Blood Arthur, que envolvió la hoja con un relámpago rojo que se elevó hacia el cielo.

A la vez, ambas invocaciones liberaron sus respectivos noble phantasm, con el púrpura y el carmesí mezclándose en un violento estallido de color.

Incluso si la regeneración de Gabriel hubiera estado en su mejor estado, ni siquiera él podría haber sobrevivido a ese ataque, ya que su cuerpo habría sido desintegrado por las energías destructivas que lo formaban.

De hecho, eso fue exactamente lo que pasó.

Todos los presentes dejaron escapar un suspiro de alivio colectivo.

Finalmente había terminado el combate.

Vaya, tardé un día menos de lo esperado.

Disfrutar de este capítulo, Supongo.

Os veo en el próximo capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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