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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 71

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  4. Capítulo 71 - 71 Llegada al campamento
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71: Llegada al campamento 71: Llegada al campamento (Pov Effiro) Cuando el mundo se aclaró de nuevo, la escena que nos recibió no era mi habitación, sino un hermoso campo despejado.

Frente a nosotros se extendía un mar de hierba verde lima, brillando con un saludable y fresco tono verdoso.

En la distancia, un grupo de edificios se elevaba sobre el suelo, con un marcado estilo grecorromano que demostraba la habilidad del arquitecto y de los constructores.

Y más allá se podían apreciar jardines y parcelas de cultivo, en las que crecían árboles frutales y vegetales.

Alcé mi vista al cielo, y mis ojos se encontraron con un hermoso cielo azul, con sólo unas cuantas nubes blanquecinas surcándolo y un sol que brillaba como una joya.

“Es una vista hermosa, ¿verdad?

A partir de ahora, este es tu nuevo hogar, por lo que tendrás tiempo de sobra para acostumbrarte a ella” la voz de Aura me devolvió a la realidad, sacándome de mi trance.

“Supongo que sí” “Ahora, ¿qué tal si te presentamos al resto?

Estoy segura de que desearán conocer al nuevo recluta, incluso si no eres como nosotros” “¿A qué te refieres con que no soy como vosotros?” Aquellas palabras me pusieron repentinamente alerta.

Ella sabía más sobre mí de lo que había dejado ver al inicio.

“Nada puede ocultarse de mi vista.

Los dioses te dieron ese sistema, y tu línea de sangre semidivina proviene de ahí.

Eso te hace diferente a nosotros, que somos semidioses normales nacidos de la unión de un mortal y un dios” “No sé si sentirme sorprendido de que sepas eso o del hecho de que sepas lo que es un sistema” “Para que conste, no vivimos incomunicados del mundo, y eso me incluye a mí.

Conceptos como los sistemas de las novelas no son cosas nuevas” “Comprendo” Finalmente llegamos hasta el grupo de edificios más cercano, y noté que eran un grupo de apartamentos.

“Pensé que viviríais en cabañas organizadas según vuestro padre o madre divinos” “Siento destrozar tus expectativas, pero esto no es Percy Jackson.

Si utilizásemos ese método habrían semidioses que vivirían solos, como tú.

Hay mucha más libertad en vivir organizados en apartamentos de pisos” Continuamos nuestro camino, hasta que llegamos a lo que parecía ser la plaza de aquel lugar.

“¡Chicos, tenemos a un nuevo integrante!” La voz de Aura resonó en todo el lugar, como si su presencia se encontrase en todas partes al mismo tiempo.

Las miradas de todos se dirigieron en nuestra dirección, pero no nos prestaron mucha atención.

Tal vez ya estaban acostumbrados a este tipo de cosas, quién sabe.

“Bueno, eso ya está hecho.

Ahora podéis ir y deambular por ahí.

Os vendrá bien familializaros con el entorno, y creo que tenéis cosas en las que pensar.

Os veo más tarde, tengo cosas que hacer” Aura se despidió de nosotros, alejándose con paso ligero y alegre.

“¿Qué hacemos ahora, maestro?” Tamamo-no-Mae se giró para mirarme directamente, con su cabello rosado balanceándose con el viento.

“Si pudieras usar tu habilidad de Creación de territorio te lo agradecería mucho.

Me gustaría tener un sitio propio que nos sirva de hogar aquí” “¡No soy muy buena en eso, pero por tí le esforzaré, maestro!” Me miró con ojos brillantes y optimistas, antes de dirigirse a un área libre para comenzar con su trabajo.

El resto también me miraban, preguntando con la mirada qué hacer ahora.

“Hacer lo que queráis.

Aura tiene razón, es buena idea familiarizarse con nuestro nuevo hogar” Me alejé con paso firme, sin mirarles.

Algunos de ellos tienen cosas que necesitan pensar, y prefiero dejarles espacio para ello.

Además, me gustaría explorar este hermoso lugar.

La luz del sol caía sobre mi piel, provocando una sensación de calidez que me hizo sentir cómodo.

La brisa soplaba directamente contra mi rostro, revolviendo mi cabello y contrastando con la calidez del sol.

Estaba tan perdido en aquellas sensaciones que ni siquiera me di cuenta de que algo venía disparado en mi dirección hasta que me impactó de lleno en el rostro.

El golpe me devolvió a la realidad, y miré al suelo para ver qué me golpeó.

Allí, en el suelo, había una pequeña fruta roja, con semillas amarillas repartidas por toda su superficie.

Una fresa.

Fui golpeado por una puta fresa.

Miré hacia adelante, en la dirección de donde vino la fresa, y vi a una niña que parecía tener nueve años, con cabello rojo y ojos amarillos.

En su rostro había una sonrisa traviesa y, sacándome la lengua, se internó en un campo de fresas cercano.

Esta mocosa…

¿Quién se cree que es?

Una sonrisa tiró de mis labios, la cual no fui capaz de reprimir.

Si ella quería jugar, entonces jugaría con ella.

Después de todo, no hay razón para no divertirme, ¿verdad?

Si este va a servir como mi hogar ahora, debería de sentirme como si lo fuera.

Corrí detrás de la niña, conteniendo mi velocidad para no alcanzarla en un instante.

Este era el comienzo de un nuevo capítulo, uno que esperaba no terminase en tragedia.

Porque ya sabemos cómo son las historias griegas: si no hay tragedia de por medio, no es divertida.

…

Medea recorría el borde del bosque, perdida en sus pensamientos.

Su mente no paraba de dirigirse a una sola dirección: su padre.

¿Había estado bien lo que hizo?

Mató a su propio padre.

Aún así, no se sintió mal.

Ella hizo lo que tenía que hacer, y no se arrepentía de sus acciones.

Al igual que en el pasado, era o su vida o la de su padre, y ella no pensaba morir.

Fue su culpa, no de ella.

Realmente no podía tener nunca un momento de paz.

Incluso en esta vida su paz se vio destrozada por su pasado.

Por su padre.

Empujó esos pensamientos al fondo de su mente, sacudiendo la cabeza para deshacerse de ellos.

Ella haría lo que hiciera falta para mantener a su maestro y a los suyos con vida.

Y no se dejaría arrastrar por pensamientos negativos.

…

Jeanne tenía su mirada fija en su bandera, centrándose en el símbolo representado en la tela.

Un dragón negro.

Un símbolo que, en su momento, eligió para representar su separación con su pasado de santa, para representar el odio omnipresente que sentía por todo, la ira que la consumía por dentro.

Y ahora, todo eso había quedado en segundo plano.

La ira, el odio, el rencor…

todo había quedado apartado.

Aquellos sentimientos que le habían dado forma ya no tenían la misma importancia, y eso hacía sentir su existencia como algo vacío, carente de propósito.

¿Por qué se sentía así?

Esto era algo nuevo para ella.

Tal vez era por el hecho de que había sido ascendida.

Esa era la única manera de explicar por qué su habilidad Corrección del olvido se había vuelto inútil.

Sólo ahora, con su mente consciente de la existencia de cosas más maravillosas del odio, es que se dio cuenta de lo miserable que era su existencia.

Un ser como ella, cuyo propósito en la vida había dejado de tener sentido ¿Acaso merecía seguir viviendo?

Entonces, su mano se cerró alrededor del mango de la bandera, apretándola con fuerza.

Por supuesto que merecía la pena seguir viviendo, porque ahora tenía más cosas por las que luchar.

Era consciente de emociones que no había sentido desde que se convirtió en la Bruja dragón.

Podía ser feliz y podía amar.

Tal vez continuaría siendo una tsundere durante un tiempo, pero ahora su existencia sería diferente, algo por lo que valía la pena continuar viva.

Finalmente Jeanne alter, la Bruja dragón, dejó de estar atada al odio.

…

Mordred podía sentir el peso de su espada enfundada, sintiéndose en conflicto consigo misma.

Su deseo siempre había sido ser reconocida como la heredera de su “padre”.

Entonces, ¿por qué se sentía tan vacía?

Se supone que, una vez que cumples tu objetivo, deberías de sentirte realizada, ¿verdad?

Pero ese no era su caso.

Su mirada se dirigió a su espada.

Clarent representaba el derecho a la sucesión del trono.

Antes era un símbolo de su rebelión, pero ahora que recibió el reconocimiento de su “padre”, la espada recuperó su significado original.

“¿Qué demonios es lo que me pasa?

¿Por qué no me siento feliz?” Se lo preguntaba una y otra vez, tratando de llegar a una respuesta.

Una serie de imágenes destelló en su mente: todas eran sobre Artoria, sobre cada momento que pasó con ella, cada vistazo a su figura y cada acción llevada a cabo en su nombre.

Y finalmente se dio cuenta de algo: de que Artoria nunca mostró sentimientos.

Sí, ella era un rey perfecto, mejor que muchos.

Pero, ¿a qué precio?

Artoria sacrificó sus sentimientos para ser un gobernante perfecto y cargó con el peso de las expectativas que todos tenían sobre ella y con el rechazo que conllevaba esa misma perfección sin emoción.

Ella en realidad sólo quería dos cosas: ser reconocida como su “hijo” y liberarla de la carga que la corona le obligó a llevar sobre sus hombros.

Tal vez era cierto que aún no estaba preparada para ser rey.

Sin embargo, se esforzaría por volverse digna.

Esa era su deber, su verdadero deseo.

Una llama de pasión surgió en su corazón.

La próxima vez que se volviera a encontrar con su “padre”, finalmente sería reconocida como su “hijo”.

La próxima vez arreglaría su relación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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