Sistema de gacha mitológico - Capítulo 74
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- Capítulo 74 - 74 Entrenando con la maestra Aura
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74: Entrenando con la maestra Aura 74: Entrenando con la maestra Aura (Pov Effiro) Una vez que salimos del edificio central, Aura se giró para mirarme, con una sonrisa en su hermoso rostro.
“Bueno, esa no fue una mala reunión, ¿eh?
Al menos ahora conoces a la flor y nata del campamento” “Son un grupo bastante…
particular, por decir lo menos” Se llevó la mano a la boca, ahogando una pequeña y suave risa.
“Supongo que sí, cada uno tiene una forma de ser propia.
Sin embargo, eso es precisamente lo que les hace especiales” “Eso es cierto.
Puedo ver que son buenas personas.
Les espera un buen futuro sí siguen por ese camino” “Pero no son los únicos que tendrán un buen futuro, ¿no crees?” Sabía a lo que se refería: a mí.
Y tenía razón.
Mientras tuviera el sistema, tendría la capacidad de mejorar de manera indefinida, acumulando cada vez más recompensas.
Tal y como estaba actualmente, ya era bastante fuerte, pero no lo suficiente.
Más allá, en la vasta red de mundos que existen separados de este, se encuentran seres que podrían destrozar mi cuerpo con un pensamiento o un movimiento de mano.
Si quiero poder hacerles frente, entonces debo de entrenar.
Es la única manera de alcanzar el mismo nivel que ellos.
Mi mirada debía de reflejar mi determinación, porque su sonrisa se volvió aún más amplia.
“Supongo que quieres pasar a algo más…
interactivo, ¿verdad?
Entonces vamos a entrenarte” comenzó a caminar, adentrándose en las calles que serpenteaban alrededor de los edificios del campamento.
Cinco minutos después, llegamos a un campo de tiro.
Era un campo de tierra de 50 metros de largo y 20 metros de ancho, con una serie de dianas dispuestas una al lado de la otra en el fondo.
“Como puedes imaginarte, vamos a entrenar tus habilidades con el arco.
Algo importante para un semidios es aprender a utilizar toda clase de armas, así que yo te enseñaré a usar el arma característica de mi padre” agarró dos arcos, pasándome uno de ellos junto a su respectivo carcaj.
Engarzó una flecha con una facilidad que demostraba su práctica en esa acción relativamente simple, tomando una postura para disparar.
Su espalda estaba recta, sus hombros relajados, los pies ligeramente separados para una postura estable y el rostro mirando en dirección a la diana.
Tensó la cuerda del arco, conteniendo la respiración antes de soltarla.
La flecha atravesó el aire a velocidad supersónica, recorriendo la distancia que la separaba de su objetivo al instante.
Golpeó directamente en el centro, y la fuerza del impacto destrozó la diana como si fuera un montículo de heno en un huracán.
Momentos después, una explosión sónica resonó en el campo de tiro, como el rugido de un león furioso.
“¿Y bien?
¿No quieres intentarlo tú también?” Su voz era dulce y amistosa, pero casi parecía burlarse de mí, incitándome a hacer lo mismo.
Activé los Ojos del Cosmos y los Mil Ojos del Rey Asura, pero antes de que pudiera darles uso sentí una presión aterradora sobre mi cuerpo, llenándome de un miedo primitivo.
Me giré para mirarla, y vi en sus ojos un destello de severidad: el mismo tipo de severidad que un niño puede encontrar en una madre amorosa cuya paciencia se ha acabado a la séptima travesura.
“¿Qué te he dicho?
No utilices tus habilidades.
Primero debes de ser capaz de hacer este tipo de cosas por tu cuenta” bajo esa mirada severa, sólo pude obedecer sus palabras, desactivando ambas habilidades.
Alcé el arco que me prestó, imitando su postura lo mejor posible.
Contuve mi aliento, con mi cuerpo completamente inmóvil, casi como si fuera una estatua, y disparé la flecha.
Mi flecha tenía una gran carga cinética detrás, atravesando la diana muy cerca de su centro.
Cerca, pero no en el objetivo.
Tsk, es realmente molesto.
Mi visión es mejor que la de cualquier ser humano, pero aún así no soy capaz de acertar en un blanco estático.
Eso sólo me demuestra que aún me queda un largo camino por recorrer.
“Es la primera vez que usas un arco, ¿verdad?
Entonces no está tan mal.
Fue un buen intento” “Si tú lo dices…” a pesar de mi tono de voz, en realidad estaba de acuerdo con ella.
Para ser mi primer intento estaba bastante bien.
Pero, aún así, no estaba satisfecho con el resultado.
Lo volví a intentar, y otra vez, y otra más, hasta que todas las dianas quedaron destrozadas y me quedé sin flechas.
Aura me miró, satisfecha.
Claramente le gustó verme hundirme en el entrenamiento, esforzándome en afinar mis habilidades naturales a través del aprendizaje.
“¿Ahora qué?
¿Me vas a enseñar combate cuerpo a cuerpo?” “Puede que sea una experta en eso, pero no es el ámbito en el que me especializo.
Dejaré que el resto sean quienes te entrenen en otras cosas” “¿Entonces no me vas a enseñar nada más?” “Continuaré entrenándote, pero no tiene sentido que sea yo quien te enseñe esas cosas.
Eso sí, quiero que pongas el mismo esfuerzo que pones cuando entrenas conmigo” “Por supuesto, te lo prometo.
Eso es algo que ni siquiera hace falta que lo menciones” “Eres alguien responsable, así que confío en tí.
Esfuérzate al máximo y pronto te ganarás el derecho a estar codo con codo junto a los semidioses más poderosos del campamento.
Ahora ve y tómate un descanso, busca entrenar con otros o lo que sea, pero te quiero fuera de mi vista” su sonrisa juguetona era extremadamente contagiosa, y mis labios se curvaron también en una sonrisa.
“Así lo haré.
Hasta luego, Aura” me despedí de ella, inclinándome ante ella en señal de respeto antes de darme la vuelta, perdiéndome entre los edificios.
…
(Pov tercera persona) Aura vio desaparecer a Effiro en la distancia, con la sonrisa aún grabada en su rostro.
Haber traído a Effiro resultó ser una buena idea.
No solo había recibido un regalo directo de los dioses, sino que contaba con una vasta cantidad de trucos bajo la manga: habilidades, invocaciones y artefactos.
Aún así, no podía permitir que alguien tan especial como él dependiera solamente de esas habilidades.
Debía de confiar en sus capacidades naturales y entrenarlas, algo que también le beneficiaría a la hora de usar sus habilidades.
Pero él no era el único digno de elogio.
El resto también eran bastante talentosos.
Fleg era un dolor de cabeza para cualquiera que se ensarzase en un combate con él.
Todas sus habilidades de fortalecimiento, cada una con su propio requisito de activación, resultaban demasiado engorrosas en combate para sus enemigos.
Zoe, a pesar de su extrema pereza y su comportamiento de vaga, resultó tener un talento aterrador.
Aún cuando se dedicaba gran parte de su tiempo a jugar videojuegos, se encontraba entre los semidioses más poderosos.
Sinceramente, se preguntaba por qué el mundo decidió que alguien como ella tuviera un talento como ese.
Phoebe…
ella tenía bastantes habilidades.
Esa era una de las razones por las que era tan poderosa: su gran variabilidad en combate, que le permite tomar por sorpresa a sus enemigos.
Taylor era incorregible, una bromista de primera categoría, pero también era alguien que trabajaba duro para compensar sus debilidades.
Eso era admirable.
Y Ember…
era bastante trabajadora.
Se encerraba en su forja durante largas horas, trabajando incansablemente en sus proyectos, y sólo salía para comer y beber.
Así hasta que terminaba su trabajo.
Su dedicación era algo digno de elogio.
“Estos chicos…” una sonrisa cálida y suave como un sol de primavera floreció en su rostro al pensar en ellos.
Pero desapareció rápidamente.
Los protegería, pase lo que pase, sin importar a qué tenga que enfrentarse.
Porque ellos eran su familia.
Ella sabía que no podrían estar a salvo por siempre, y por eso se preocupaba.
Quería que fueran lo suficientemente fuertes como para dejar de depender de ella.
Pero no podía dejar que el resto viera su preocupación.
Por eso decidió adoptar una personalidad extrovertida y jovial.
“El dios cristiano, ¿eh?
Que haga lo que quiera, porque no pienso dejar que le ponga una mano encima a mis chicos” …
Escena extra Himiko se revolvió en su cama, dándose la vuelta para mirar la mesita de noche a su lado.
O, más bien, a la foto que reposaba sobre esta.
En la foto se le podía ver a ella y a Effiro abrazados, sonriendo a la cámara.
Detrás de ellos estaban las invocaciones de Effiro, Kaina, Jin y Eri.
Su familia.
Pero ahora todo eso se había ido, y la casa se había vuelto mucho más silenciosa, inquietantemente silenciosa.
Sabía la razón por la que Effiro se había ido, pero eso no lo hacía más fácil.
En la casa pasaron de ser quince habitantes a tan sólo cinco.
El cambio repentino la sumió en una quietud que le resultaba especialmente incómoda, una sensación de soledad opresiva.
¿Por qué no insistió más en que la llevase con él?
Tal vez entonces podrían estar juntos en ese campamento suyo.
Pero no, tuvo que hacerle caso como un cachorro obediente y quedarse en el hogar que él creó, asistiendo a esa aburrida academia.
Se arrepentía de esa decisión, pero sabía que no podía hacer nada, sólo esperar hasta que él volviera.
¿Volvería con otra mujer hermosa en su séquito?
Le daba igual cúal fuese la respuesta, sólo quería verle de nuevo.
Pero ella sabía que, tarde o temprano, él volvería.
Porque él siempre volvía.
Effiro le prometió que les visitaría de vez en cuando, y ella tenía confianza absoluta en que él cumpliría su palabra.
Aún así, tendría que esperar hasta entonces.
Pero esperaría con gusto, porque no había otra cosa que pudiera hacer en ese momento.
“Estúpido chico idiota…
¿Cómo puede hacerme sentir así tu ausencia?”
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