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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Llegada al mundo de la hechicería
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77: Llegada al mundo de la hechicería 77: Llegada al mundo de la hechicería (Pov Effiro) En cuanto salimos del portal, nos encontramos en un callejón ubicado entre dos edificios.

A nuestro alrededor no había nadie, por lo que no hubo testigos de nuestra llegada.

Salimos a la calle, mezclándonos con las pocas personas que caminaban al aire libre temprano en la mañana.

Zoe caminaba a mi lado, con la capucha puesta y la cabeza agachada, evitando mirar demasiado a los transeúntes.

¿Quién diría que esta vaga como ella puede ser tan tímida?

A diferencia de ella yo caminaba con la cabeza alzada, escaneando el entorno para buscar cualquier pista que nos permitiera descubrir en qué mundo nos encontrábamos.

Y no tardé mucho en ver la primera escena fuera de lo común.

Allí, en medio de la calle, se encontraba erguida una criatura que me resultó repulsiva sólo con el primer vistazo.

Tenía una forma vagamente humana, casi como si fuera una cruel burla de nosotros, con una piel de un tono verde putrefacto y tres orbes de color carmesí por ojos.

Pero las personas pasaban a su lado como si no existieran, sin siquiera dedicarle una sola mirada.

“Zoe, ¿Ves eso de ahí?” Llamé a mi compañera, señalando a la criatura con el dedo índice.

Ella levantó la vista, y su rostro se contorsionó en disgusto al verlo.

“¿Cómo puede existir algo tan horrible?” “Nadie le presta atención, por lo que debe de ser invisible para ellos” “¿Qué sugieres que hagamos?

¿Nos encargamos de esa cosa?” “Hay testigos, así que es mejor pasar de largo.

De todos modos, no parece que vaya a hacerle daño a nadie.

Sin embargo, me gustaría analizarlo” Activé mis Ojos del Cosmos, y mi mirada atravesó instantáneamente las distintas capas de realidad, desnudando todas las verdades del mundo.

En donde antes se encontraba la criatura ahora veía una masa de energía, pero no era energía normal.

Podía sentir la negatividad de la que surgió, y me resultó tan repugnante como la criatura a la que le dio forma.

Aquella energía, por supuesto, me resultó muy familiar.

“¿Es eso energía maldita?” Desde luego, parecía serlo.

Sin embargo, necesitaría confirmarlo con más pruebas.

Saqué mi móvil, buscando nuestra ubicación exacta en el mapa.

Resultado: la ciudad de Sendai.

Perfecto, eso sería suficiente para conseguir la próxima prueba que confirmaría si me encontraba en en el mundo que creía que era.

Nos pusimos en marcha, rumbo a la Escuela Secundaria Municipal Sugisawa.

Y, para cuando llegamos…

Nos encontramos con un profesor enfrentándose a uno de sus estudiantes.

Y lo más impactante era que el estudiante había logrado ganar a su profesor en quién lanzaba una bola más lejos.

El estudiante en cuestión me resultó inconfundible: cabello rosa, ojos marrones…

Sí, definitivamente él era Yuji Itadori.

Y eso significaba que habíamos acabado en el mundo de Jujutsu Kaisen.

Una sonrisa tiró de mis labios ante esta revelación.

Esto…

esto era demasiado bueno.

¿Cuánta diversión puedo extraer de un mundo como este, en el que los combates son algo recurrente y el poder es el que establece las normas?

Después de todo, debemos recordar que la simple existencia de Satorou Gojo fue suficiente como para reducir la actividad de hechiceros malvados durante años, todo por el miedo que se le tenía.

Eso significaba que, si queríamos ganar el respeto de otros y dominar este mundo, primero debíamos demostrar hasta dónde llegaba nuestro poder.

Y, por supuesto, tenía confianza en poder lograr ese objetivo con facilidad.

Sin embargo, todavía está la pregunta importante: ¿cómo podíamos unirnos a los eventos principales de la trama?

La respuesta era simple: esperar a que resurja el rey de las maldiciones y aparezca el hechicero más fuerte de la actualidad.

Después de que hayamos entrado de lleno en la trama, podremos cambiarla todo lo que queramos.

Así que Zoe y yo nos fuimos a un restaurante cercano a pasar el rato, esperando a que el sol comenzase su descenso del cielo.

Y así, lentamente, pasaron las horas, hasta que el mundo quedó sumido en la oscuridad, siendo la única iluminación existente la de las luces artificiales en la tierra y la de las estrellas y la luna en el espacio.

Esa fue nuestra señal para abandonar el establecimiento y movernos a la escuela de Itadori, donde sabía que iba a llevarse a cabo su iniciación en el mundo de la hechicería.

Me acerqué al cerco que rodeaba la escuela, y tanto Zoe como yo pudimos sentir un aura de muerte que surgía de esta, tan intensa que habríamos sentido miedo si no fuera porque estábamos por encima de lo que lo producía.

El dedo de Sukuna ya había aparecido, y lo más probable era que el protagonista ya estuviera dentro para salvar a sus amigos.

Eso significaba que debíamos darnos prisa si no queríamos perdernos la diversión.

Saltamos el cerco con facilidad, subiendo a la cima de la escuela para tratar de llegar en el momento indicado.

Y justo en el momento en el que llegamos al techo, con una vista directa a nuestro objetivo, fuimos recibidos por una escena icónica.

Itadori lanzó el dedo de Sukuna al aire, tragándolo antes de que la maldición con la que estaba luchando pudiera cerrar sus mandíbulas y devorarlo.

Instantáneamente, las manos de la maldición, que sostenían el cuerpo de Itadori con fuerza, fueron destrozadas por un poder desconocido, salpicando sangre morada.

El cuerpo del joven estudiante se impulsó aprovechando el cuerpo de la criatura, creando distancia entre ambos.

La maldición se abalanzó sobre él como un tren bala, pero todo lo que fue necesario fue un movimiento ascendente de mano, y la cabeza de la maldición fue destruida por la increíble fuerza tras el golpe.

Y ahora que todo se había calmado, incluso si fue por un segundo, se pudo apreciar un nuevo cambio en su cuerpo: sus uñas se alargaron y aparecieron tatuajes negros en sus muñecas y rostro.

Finalmente abrió los ojos, revelando que ahora eran cuatro, de un color carmesí muy parecido al de la sangre.

“Ja…jajajaja…¡jajajajaja!

¡Lo sabía!

¡Qué bien se siente la luz contra la piel!” Comenzó a reír, primero de manera lenta, sólo para dejarse llevar y reírse a carcajadas, arrancándose la camiseta de un tirón mientras miraba a la Luna.

“La carne de un espectro no tiene gracia.

¿Dónde está la gente?

¿Las mujeres?” Miró a todos lados, como si estuviera buscando algo, antes de posar un pie en la barandilla y mirar a la ciudad que se extendía ante él.

“Pero qué buena época.

Mujeres y niños se arrastran por doquier como gusanos.

¡Qué maravilla!

¡Será una masacre!” Volvió a reír de manera desquiciada, un sonido capaz de ponerle los pelos de punta a cualquiera…

Hasta que su propia mano le agarró del mentón, deteniendo su risa en seco.

“¿Qué haces con mi cuerpo?

Devuélvemelo” la voz de Itadori fue la que habló esta vez, inconfundible.

“¿Cómo…

puedes moverte?” Sukuna parecía incrédulo, como si no hubiera esperado que su recipiente pudiera resistirse a su control.

“Es mi cuerpo, ¿no?” “¿Me está conteniendo?” Sukuna murmuró para sí mismo, un sonido que llegó hasta nuestros oídos.

“¡No te muevas!

¡Ya no eres humano!” La voz de Megumi, quien ya había sido relegado a un segundo plano desde el primer momento, cortó el aire, adoptando una posición de combate.

“¡Yuji Itadori, conforme a las normas del jujutsu, te exorcizaré como una…

maldición!” Conforme hablaba, una neblina de oscuridad comenzó a elevarse del suelo, girando a su alrededor.

Estaba listo para acabar con el joven que tuvo la suerte –o mala suerte– de ser poseído por un objeto maldito de grado especial.

Pero no puedo dejar que le corten el cuello a mi gallo.

Eso no sería divertido.

Así que, antes de que cualquiera pudiera hacer un movimiento, me dejé caer del techo.

Aterricé de pie con un ruido sordo, llamando la atención de ambos chicos.

Detrás de mí, Zoe aterrizó sobre una masa de agua, sentándose en ella.

“Siento molestaros, pero no puedo permitir que ese chico de cabello rosa sea asesinado.

Por lo tanto, te agradecería si le dejas en paz” pude sentir una mirada penetrante sobre mí, pero le resté importancia.

Ese cabrón carismático no iba a actuar hasta que todo hubiera terminado o hasta que todo se saliera de control.

“…¿Quiénes sois vosotros?” Megumi se giró para mirarnos, inseguro sobre si somos aliados o enemigos.

“Sólo unas personas que están por aquí de paso.

Ahora sé un buen niño y quédate a un lado mientras los adultos se ocupan de los negocios, ¿quieres?” Intentó responder, pero una presión asfixiante cerró sus cuerdas vocales de golpe, impidiendo que hablase.

No necesitaba escucharle ahora.

“Chico, puedes contener a Ryomen Sukuna, a quien le pertenece el dedo que te comiste, ¿verdad?” “Creo que sí” Itadori respondió a mi pregunta sin dudar.

“Bien, entonces déjale salir diez segundos.

Y no te preocupes, dudo que un Sukuna tan débil sea capaz de causarme problemas” “Effiro, ¿sólo diez segundos?

Pensé que querrías divertirte por más tiempo” “Zoe, no tiene gracia enfrentarse a un enemigo con una vigésima parte de su poder.

Solo quiero comprobar cuál es su nivel” Mientras hablaba, detrás de mí Itadori sufrió un cambio, volviendo a la apariencia característica que adoptaba cuando era controlado.

Sin que le estuviera viendo, Sukuna se abalanzó sobre mí, con las manos extendidas y listas para destrozar mi cuerpo.

Una nube de humo se elevó en el aire cuando sus manos impactaron en el suelo de concreto, nublando la visión del campo de batalla.

Y, cuando finalmente se despejó, dejó a la vista una escena muy distinta a la que cabría esperar.

“Un perro no debe de morder a su amo, ¿sabes?

Creo que tendré que educarte mejor” Sukuna estaba tendido en el suelo, con su cabeza presionada contra el duro material debido a mi pie, que lo pisoteaba como si fuera simplemente algún tipo de basura callejera.

Sus ojos brillaron de ira, y se dio la vuelta en un rápido movimiento mientras trataba de volver a golpearme.

“Eres bastante indisciplinado.

Estoy seguro de que tu inteligencia también depende de cuantos dedos hayas consumido, porque no puede ser que seas tan impulsivo” agarre su brazo con una mano, lanzándole contra la escuela.

Su cuerpo se incrustó en la pared, antes de que le sostuviera por el rostro y le hiciera atravesar la escuela de lado a lado.

Trató de liberarse de mi agarre, y pasé de sostener su rostro a sostener su pierna, lanzándole al aire.

No le dejé recuperar la compostura, apareciendo instantáneamente sobre él e impactando una patada directamente en su estómago, haciéndole descender.

Cayó a diez metros de distancia de Megumi, creando un cráter debido a la fuerza de impacto.

“Bueno, eso fue un buen calentamiento, aunque pudiste haberlo hecho mejor.

De todos modos, ya tendrás oportunidad de buscar tu revancha más adelante” Sukuna volvió a ponerse de pie, pero no para atacar.

Fue suprimido por Itadori, quien, al recuperar el control de su cuerpo, perdió el conocimiento casi al instante.

“Nada mal, chico.

Tal y como esperaba, fuiste capaz de contenerle.

Ahora, ¿qué tal si sales de una vez y nos llevas a todos a la Escuela de Hechicería Jujutsu?” Hablé aparentemente al aire.

“Sabías que estaba aquí, ¿eh?

¡Nada mal, eres bastante perceptivo!

Ahora me gustaría saber, ¿cuál es tu razón para hacer esto?” La figura de Satorou Gojo apareció al instante al lado de Megumi, como si siempre hubiera estado ahí.

Su voz, aún con su tono juguetón, no podía ocultar el hecho de que no sabía cómo debía de manejarnos a Zoe y a mí.

“Supongo que solo quería divertirme un poco.

Por desgracia, Sukuna resultó no ser para tanto.

Tal vez sí sería más interesante con sus veinte dedos, pero por desgracia sólo ha consumido uno” me encongí de hombros, tratando de parecer lo más amigable posible.

“Ya veo.

Entonces supongo que nos acompañaréis, ¿verdad?” “Effiro ya ha manifestado su deseo de visitar la Escuela de Hechicería, por lo que puedes ahorrarte esa clase de comentarios innecesarios.

Simplemente lidera el camino” la voz de Zoe sonó aburrida, mientras sus ojos permanecían pegados a la pantalla de su consola.

Tsk, maldita vaga.

“¡Está bien, está bien!

¡No hace falta que me contestes así!

Ahora os llevo conmigo” Gojo alzó las manos en un movimiento teatral, antes de coger el cuerpo inerte de Itadori y atraernos a los tres en lo que a primera vista pareció un abrazo.

Al momento siguiente, nuestro entorno cambió a una habitación con paredes de madera.

Sonreí.

Por fin nos habíamos metido en la trama.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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