Sistema de gacha mitológico - Capítulo 78
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78: Especial celebración de cumpleaños 78: Especial celebración de cumpleaños (Pov Effiro) Me desperté con los primeros rayos de luz solar cayendo directamente sobre mi rostro, sacándome de mi bien merecido descanso.
Maldito Apolo, podrías tener al menos la decencia de permitirme dormir durante tres horas más.
Suspiré, frotándome los ojos para alejar los últimos rastros de sueño que todavía se aferraban a mi ser.
Hoy era un día especial: mi cumpleaños.
Los cumpleaños siempre son especiales.
Marcan el momento en el que un ser humano, o cualquier otro ser, es engendrado en el mundo.
Representa el momento en el que comienza la historia de una entidad.
Es eso lo que los hace tan importantes, tan dignos de celebración.
16 de noviembre, esa era la fecha en la que nací.
Una fecha simbólica, mucho más simbólica de lo que uno podía llegar a creer.
¿La razón?
Ese día no sólo representaba mi reencarnación en esta segunda vida; era la fecha en la que se solía celebrar una fiesta en honor a la diosa Hécate, que, todo sea ya dicho de paso, era la primera diosa con la que me relacioné.
No era sólo una celebración de mi vida; era una manera de honrar a la primera diosa que se puso en contacto conmigo, una con la que tenía una mayor conexión.
Ciertamente, debo admitir que es bastante casualidad que naciera justo en el día dedicado a Hécate.
¿Fue ella quien me hizo reencarnar en esa fecha concreta, o es el hecho de nacer ese preciso día lo que llamó su atención sobre mí?
Daba igual cuál fuese la respuesta, no tenía manera, al menos de momento, de saber cual de las dos opciones era la correcta.
O quién sabe, tal vez ninguna de esas dos posibilidades es acertada.
Apoyé las palmas de mis manos sobre el suave y blando colchón bajo mi cuerpo, aplicando fuerza para levantar mi cuerpo perezoso.
Mierda, juntarme tanto con Zoe realmente está comenzando a afectarme negativamente.
Me estoy volviendo un vago, como ella.
Me puse en pie, sintiendo el imperioso deseo de volver a meterme en la cama y no levantarme hasta que el carro de Apolo estuviera coronando la cima de la bóveda celeste.
Por desgracia, hoy era un día especial, por lo que no me podía permitir el lujo de dormir horas extra.
Hoy, yo era el protagonista.
Y todos estarían esperando que hiciera acto de presencia.
Pero, por supuesto, no podía presentarme directamente en casa.
Incluso si no me lo habían dicho, yo sabía que estaban preparando una fiesta sorpresa.
Aparecer en casa, sin darle tiempo a Himiko y el resto de preparar todo para la celebración, sólo arruinaría sus planes.
Estaba dispuesto a interpretar el papel de protagonista despistado y denso si eso me permitía mantener la diversión.
No quería hacer que todos sintieran que sus esfuerzos fueron inútiles.
Me vestí con una sudadera blanca y un pantalón de chándal de color negro.
Ropa informal para un día especial.
¿Qué puedo decir?
Después de todo, ese era mi estilo.
No era muy fan de las formalidades y la seriedad.
Me miré en el espejo, peinando un mechón de pelo rebelde antes de darme por satisfecho y salir de la habitación.
Bajé las escaleras, dirigiéndome directamente a la cocina, de donde salía un olor delicioso y dulce.
Fui recibido por una vista increíble: Tamamo-no-Mae, vestida con un delantal y una ropa tan escasa que casi resultaba un festín para los ojos, con su atención completamente centrada en preparar unos pancakes.
¿Ese iba a ser su regalo de cumpleaños?
Porque le parecía más que suficiente.
Aparentemente sintiendo mi mirada, se dio la vuelta, mirándome con ojos dorados brillantes de alegría y emoción.
“¿Te gusta la vista, maestro?
¡Disfrútala todo lo que quieras mientras tu leal esposa Tamamo termina de preparar el desayuno!” Me senté frente a la mesa, esperando pacientemente mientras me distraía con la figura de la kitsune moviéndose a un lado y a otro con agilidad, encargándose de que todo estuviera hecho a la perfección.
Me habría gustado ayudar en algo, pero sabía cual sería su respuesta: “¡Quédate quieto y relájate mientras tu esposa se encarga de todo!” Por lo tanto, decidí hacer caso a las órdenes no habladas de Tamamo y repachingarme en mi asiento.
Tras diez minutos de espera, finalmente el desayuno estuvo listo.
Tamamo-no-Mae puso frente a mí un plato de pancakes dorados, cubiertos con pegajoso y dulce sirope de caramelo.
El olor y la vista fueron suficientes para hacerme salivar, y no tardé ni un segundo en cavar en mi plato con un tenedor.
Casi tan rápido como fueron puestos en la mesa, desaparecieron en mi estómago.
“Parece que la comida de tu esposa Tamamo sigue siendo la mejor, ¿eh, maestro?” Me miró con una sonrisa, con ambas manos detrás de la espalda.
No respondí.
No hacía falta; ella ya sabía cuál era la respuesta.
Más tarde, Aura llegó para llevarme de vuelta a mi “mundo de origen”, si es que se le puede llamar así.
Sí, volví al mundo de My Hero Academia.
¿Qué sentido tenían las amistades que hice allí si ni siquiera voy a celebrar mi cumpleaños con ellos?
Les prometí que volvería varias veces y, por supuesto, voy a volver en una ocasión especial, como lo es esta.
Su plan era llevarme a distintas tiendas para pasar el rato.
Compras, la cosa que menos me gusta en este mundo.
Comprendo la necesidad de mantenerme distraído y apartado del resto para que así puedan organizar la fiesta sorpresa, pero no hace falta torturarme de esa manera.
No es bonito pasar DOS horas en una tienda de ropa, sobre todo cuando la mayor parte del tiempo ni siquiera estás mirando ropa para tí.
Aún así, le dejé llevar por mi maestra, que seguramente estaba disfrutando de esto más por el aburrimiento que en mí producía que porque se divirtiese mirando y comprando prendas de ropa.
Al final, salimos de allí cargando con cinco bolsas llenas hasta el borde con toda clase de vestimentas extravagantes.
No presté mucha atención al coste, pero calculo que el precio final era de más de 80.000 yenes, más dinero del que uno debería gastarse en ropa.
Por fin, después de esas dos horas de tortura aburrida y aparentemente interminable, pudimos volver a mi casa.
¿Francamente?
Podría haber usado mis habilidades oculares para ver a través de las paredes y descubrir cómo lo habían preparado todo, pero no lo hice por tres razones: no quería estropear la sorpresa, eso haría que su trabajo hubiera sido en vano y porque Aura estaba al lado mío y, como ya he manifestado anteriormente, de alguna misteriosa manera es capaz de saber cuando uso habilidades, y definitivamente no me permitiría usarlas.
Llegamos a la puerta, y aguzé el oído para captar cualquier sonido que pudiese provenir del interior.
De alguna manera, todo estaba silencioso más allá del umbral, como si no hubiera ni una sola pizca de vida en toda la estructura.
¿Realmente podían ser tan silenciosos?
Lo dudo bastante.
Lo más probable es que Medea haya usado alguno de sus hechizos para establecer una barrera insonorizada en el interior.
…Esa chica lista y testaruda.
Pensó en todo.
Posé la mano en el pomo de la puerta, abriéndola.
“¡Sorpresa!” Casi al mismo instante, mis oídos estuvieron a punto de quedar inutilizados por el fuerte grito combinado de todos los que se habían reunido dentro de mi casa.
Allí estaban todos, incluyendo a Zoe, la cual parecía que se había dignado a salir de su cueva-habitación por mí, lo que todo sea dicho de paso, me lo tomé como un halago.
Ella no suele molestarse con este tipo de cosas, lo que tomaré como señal de que nuestra relación está avanzando bastante.
Varios banderines de colores se encontraban repartidos por toda la habitación, colgando del techo y llenando la habitación de un ligero ambiente festivo natural.
En la mesa, que había sido juntada con otras para que todos pudieran hacerse con un sitio, se podía encontrar toda clase de comida: pollo asado, arroz con curry, sopa de miso e incluso una tarta casera, la cual seguramente habría sido hecha gracias a los esfuerzos conjuntos de varias personas que conocía muy bien.
Y, por supuesto, después de que hubiésemos reducido toda aquella deliciosa comida a nada más que migas y platos vacíos, llegó el momento de los regalos.
Recibí un típico colgante en forma de árbol de la vida, una sudadera con el rostro de Tamamo-no-Mae, que seguramente me veré obligado (voluntariamente) a utilizar, algunos libros cuya trama parecía interesante y, mucha, pero que mucha ropa.
En serio, ¿qué demonios tiene la gente con regalar ropa por los cumpleaños?
Sí, yo también lo he hecho alguna vez, pero no puede ser que reciba tantas prendas de ropa como para llenar cinco armarios en un solo día.
Cogí los restos de comida que quedaron en mi plato y los eché al fuego, delicándoselos a Hécate como ofrenda.
Y, mientras lo hacía, me pareció ver por un instante la figura semietérea de la diosa, mirándome con una sonrisa.
Bueno, ¿sabéis qué día es hoy?
¡Sí, mi cumpleaños!
Para ser sinceros, quería darle al protagonista una fecha de cumpleaños diferente a la mía, pero resulta que, coincidentemente, nací en un día que los paganos, al parecer, tienen dedicado a la diosa Hécate, la cual tiene cierta relación con Effiro.
Por lo tanto, creo que tiene todo el sentido del mundo con esta explicación el por qué comparto cumpleaños con mi protagonista.
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