Sistema de gacha mitológico - Capítulo 79
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- Capítulo 79 - 79 Cavilaciones
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79: Cavilaciones 79: Cavilaciones (Pov Effiro) “Buenos días” la voz de Satorou Gojo resonó en los oídos de Yuji Itadori, quien comenzaba a salir de su estado de inconsciencia.
“Y, ¿cuál de los dos será ahora?” “Por supuesto que es él, no Sukuna.
Por si no te habías percatado, su cuerpo manifiesta tatuajes negros cuando el rey de las maldiciones lo posee” respondí.
“¿Y cómo sabes que no es capaz de ocultarlos?” “Simplemente lo sé y punto” “¿Vosotros sois…?” “Satoru Gojo” “Effiro Kokufuku” “¿Y ella?” Itadori señaló en la dirección de Zoe, que se encontraba sentada en una silla cercana, inmersa en uno de sus videojuegos.
“Ella es Zoe, mi compañera.
Simplemente ignora su presencia, igual que ella lo hace contigo” En ese momento trató de mover su cuerpo, y por primera vez notó que sus muñecas estaban atadas a un par de gruesas cuerdas.
“¿Qué demonios es todo esto?” “Tienes al rey de las maldiciones en tu interior.
Por lo tanto, los altos mandos han emitido una orden: serás ejecutado” “¿Qué?” “No hagas caso a este albino dramático.
Puede que quieran ejecutarte, pero aún tienes una posibilidad de sobrevivir.
¿Quieres explicárselo de una vez, o tengo que hacerlo yo?” “Está bien, está bien, ahora va.
Bien, Yuji Itadori, tienes dos opciones a elegir: morir ahora o buscar y devorar los otros diecinueve dedos de Sukuna, después de lo cual serás ejecutado, lo que terminará con la presencia de Sukuna en este mundo” “Para que te hagas una idea de por qué es tan importante eso, los dedos de Sukuna son poderosos objetos malditos de grado especial.
Su sola presencia atrae a las maldiciones, y estas provocan la muerte de todos los que estén cerca de los dedos de Sukuna.
Y créeme, las muertes por maldiciones no son muy agradables que digamos” “Ya veo.
Entonces, si me como los otros diecinueve dedos de Sukuna, ¿podré evitar que más gente muera por culpa de las maldiciones?” “Yo no diría tanto.
Eso sí, podrías reducirlas.
Además, te convertirás en un hechicero para obtener los dedos, y eso significa que podrás exorcizar maldiciones por tu cuenta” “Entonces elijo la segunda opción.
Por cierto, ¿por qué son diecinueve los dedos de Sukuna?
¿Son de manos y pies?” “No.
Sukuna tenía cuatro brazos.
Él era un caso especial entre los humanos” …
“¿No puedes hablar?
No es bueno para tu salud estar pegada a la pantalla de la consola durante todo el día” “¿Y qué me importa a mí?
Ya te encargas tú de hablar con el objetivo, ¿no?
Tú eres quien conoce este mundo mejor que yo, así que es normal que te deje el trabajo” “¿En serio esa es tu excusa?
¿No puedes admitir simplemente que eres una maldita vaga y que te da demasiada pereza hacer algo útil en esta misión?” “¿En algún momento he negado yo esa acusación?
Lo admito, soy una vaga sin remedio.
Pero al menos yo acepto mis defectos” “¿Y qué tiene de bueno aceptarlos si no trabajas en superarlos?” “Mira que puedes llegar a ser pesado.
Coge el mando e inicia sesión, que tengo ganas de continuar nuestra última partida” Me quise negar a su orden, pero no encontré la ira suficiente para hacerlo.
Quería relajarme y disfrutar el momento, y realmente me apetecía jugar un rato a algún videojuego.
Así que sí, me senté en el borde de su cama, agarré uno de los mandos, tal y como me ordenó, y me dispuse a jugar con ella.
“Parece que os estáis divirtiendo, ¿no?” La voz de Aura sonó desde la puerta de nuestra habitación, haciéndonos girar la cabeza.
No sabíamos en qué momento, pero Aura había aparecido silenciosamente, como si siempre hubiera estado ahí.
“Supongo que os está yendo bien, ¿no?” “Se puede decir que sí.
No nos hemos encontrado con ningún problema.
O al menos no con uno del que no seamos capaces de ocuparnos por nuestra cuenta” “Zoe, tú no te has encontrado con problemas porque no has hecho nada” Aura la regañó ligeramente, como una madre exasperada con las bajas notas de su hija.
Bueno, ahora que lo pienso, si hubiera sido ese el caso entonces no habría sido tan suave como ahora.
“Ya me conoces, yo soy así.
Si soy vaga, ¿qué le puedo hacer?
La pereza me gana” Zoe se encogió de hombros, sin darle mucha importancia.
Aura suspiró, y posiblemente se preguntó a sí misma cómo había podido soportar tal criatura durante quién sabe cuánto tiempo.
“Mira, me da igual si quieres participar en los eventos de este mundo o los de tu videojuego, pero mueve tu trasero por una vez en tu vida y haz algo útil, ¿entiendes?
Si no, entonces no habrá tenido sentido enviarte aquí” Su tono de voz fue tan firme, con un toque de algo desconocido que, de alguna manera, hizo que la hija de Poseidón se tragara sus próximas palabras, asintiendo con la cabeza como una estudiante sumisa.
“Bien, parece que ya está todo solucionado por aquí.
Ya sabéis, si hace falta algo, siempre estoy observando desde arriba, como Zeus” no sé si sus palabras me resultaron tranquilizadoras o inquietantes.
Ni siquiera esperó a que nos despidiéramos de ella.
Abrió una brecha espacial, y su cuerpo se desvaneció tras cruzarla, dejándonos a los dos solos de nuevo en la habitación.
Zoe se levantó, apagando su consola antes de mirarme directamente a los ojos.
“Supongo que no me deja otra opción, ¿verdad?” “Eso parece” ninguno de los dos pensamos en que Aura estaba mintiendo.
No sabíamos que tan poderosa era, pero hasta el momento todo parecía apuntar a que realmente era capaz de observar todo lo que hacíamos, por lo que Zoe fue realmente prudente al decidir obedecer sus órdenes.
“Entonces dime, ¿cuál es el próximo evento importante en este mundo?” …
(Pov tercera persona) Aura estaba satisfecha consigo misma.
Tal y como había pensado, lo único que tenía que hacer para que Zoe abandonase su pereza y comenzase a entrenar, incluso si era solo temporalmente, era usar un tono amenazante con ella.
¿Tal vez fue exagerar un poco demás?
Para ser sinceros, le daba igual.
Ella solo hacía lo que consideraba necesario para sus planes.
Ella solo hacía lo que consideraba era mejor para los suyos.
Tarde o temprano se lo agradecerían, pero solo si tenía éxito.
Desde el vacío dimensional, sus ojos recorrieron distintos mundos, visualizando lo que ocurría dentro de cada uno de ellos.
Fleg y Phoebe estaban haciendo frente a unos extraños espíritus con forma de músicos famosos, cuyas cabezas eran desproporcionadamente grandes y cuyos ojos reflejaban una ira maligna Criaturas extrañas, pero no eran nada especial.
Ella ya había visto seres más extraños y peligrosos en sus viajes, por lo que no le sorprendió un grupo de entidades nacidas de la creencia popular de la gente.
Mientras tanto, Taylor y Ember estaban enfrentándose a una bestia humanoide de color verde, la cual parecía una masa de músculos inyectados con litros y litros de esteroides.
Pero enfrentar parecía no ser una palabra que hacía justicia a lo que estaba sucediendo allí.
El monstruo estaba en medio de lo que solo podía ser descrito como una masacre unilateral, y él estaba en el lado perdedor.
Las únicas razones por las que todavía estaba vivo eran por su regeneración y por el simple hecho de que ambas chicas no tenían la intención de acabar con su vida.
Viendo todo lo que ocurría en los mundos donde se encontraban sus “estudiantes”, una hermosa y radiante sonrisa floreció en su rostro.
Lo estaban haciendo bien.
Incluso Effiro, que se había unido a ellos hacía poco tiempo, había demostrado ya un talento y potencial increíbles.
Se sentía como una madre viendo crecer a sus hijos, sabiendo que algún día estarán preparados para abandonar el nido y seguir su propio camino.
Y, en cierto modo, así era: se había convertido en una especie de figura materna para ellos.
Pero la pregunta era, ¿cuándo los abandonaría?
Pronto, pensó ella.
Pronto vendría la catástrofe.
¿Podría evitarla?
¿Podría derrotar al enemigo?
Incluso si no podía, al menos podía darles una oportunidad de sobrevivir y volverse más fuertes.
Una oportunidad de seguir adelante y hacer las cosas mejor de lo que ella las hizo.
Para eso es que hizo todo eso, después de todo.
¿Dios cristiano?
Me da igual qué demonios enviarás a por nosotros, no pienso dejar que les hagas nada a los míos.
Eso era una promesa.
Y pensaba mantenerla hasta su último aliento.
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