Sistema de gacha mitológico - Capítulo 8
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de gacha mitológico
- Capítulo 8 - 8 Enfrentando y salvando a la francotiradora
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: Enfrentando y salvando a la francotiradora 8: Enfrentando y salvando a la francotiradora Miré en la dirección de la que vino la bala.
Sin embargo, debido a la distancia y a la oscuridad, fui incapaz de ver nada.
Y entonces, otro disparo.
Esta vez, sin embargo, el ataque vino desde uno de mis costados.
Sin embargo, fui capaz de esquivarlo con un movimiento rápido.
Se supone que Lady Nagant aún no está con All for One.
Entonces, ¿cómo demonios tiene la capacidad de moverse tan rápido de un edificio a otro?
Supongo que la Comisión de Seguridad Pública de Héroes debe de haberla ofrecido equipo de apoyo con tal de acabar conmigo.
Y eso significa que aún trabaja para ellos.
Eso es bueno para mí.
Con un poco de suerte, podré salvarla también de su destino de matar al presidente de la CSPH y ser encerrada en la prisión Tartarus.
Pero ahora mismo debo centrarme en lo importante: sobrevivir a sus ataques y vencerla.
Otro disparo, esta vez desde mi otro costado.
No está siguiendo un patró lógico, de manera que no sé dónde se va a encontrar la próxima vez.
Manipulé mi propia energía física para impulsarme velozmente en la dirección del ataque, con la esperanza de poder alcanzarla.
Mientras logre entablar un combate cuerpo a cuerpo contra ella, ganaré ventaja.
Un movimiento rápido por mi rabillo del ojo llamó mi atención.
Ahí, a 20 metros de distancia de mí, se encontraba la mujer pelimorada.
He de admitir que era de mis personajes favoritos en mi vida anterior.
Al igual que personajes como Toga, ella se volvió como es por culpa de otros.
En su caso, esto fue por las órdenes de acabar con la vida de cualquiera que amenace con perturbar la falsa imagen de paz que proyectan o en desvelar lo corruptos que están.
Con el tiempo, esto llegó a afectarla mentalmente, mermando su sueño de ser una heroína.
Sin embargo, no pienso dejar que eso ocurra.
Quizás llego demasiado tarde, pero pienso salvarla de todo ese dolor, pienso hacerla feliz nuevamente.
¿Y sabéis por qué?
¡Porque yo estoy aquí!
Ya dejándonos de bromas, no pienso dejar que personas como ella continúen sufriendo por culpa de este mundo.
Si no puedes hacer nada, no te rompas la cabeza.
Y si puedes hacer algo, actúa.
Me vuelve a disparar una vez más.
Esta vez, la distancia hace que mi tiempo de reacción sea insuficiente, por lo que la bala me rozó en el brazo.
Mierda.
Otra vez vuelvo a impulsarme, acercándome rápidamente a ella.
Pareció sorprendida de verme acercarme tan rápido a ella, pero pronto salió de su estupor y volvió a dispararme.
Sostuve la espada de Kurikara, usando una de sus habilidades, la cual hasta el momento había olvidado que tenía: el poder crear barreras de energía protectora.
El proyectil impactó inofensivamente en la barrera, permitiéndome llegar frente a ella sin ningún problema mientras volvía a guardar la espada.
Total, no quiero matarla.
En un movimiento veloz, estrellé mi puño contra su estómago, haciéndola inclinarse mientras tosía.
No me quedé ahí, conectando otro golpe en su pecho, el cual la mandó a volar a varios metros de distancia.
“Quién diría que la CSPH mandaría a uno de sus perros a por mí” “Yo…
no soy ningún perro” Volví a lanzarme contra ella, con una patada horizontal directa a su estómago.
Sin embargo, ella reaccionó velozmente a mi ataque, deteniendolo con su brazo rifle, cortesía de su peculiaridad, para luego devolverme el golpe en el abdomen.
Es bastante buena en combate cuerpo a cuerpo, eso se lo tengo que dar.
Sin embargo, no puedo permitir que ella quede demasiado herida.
Aún no tengo habilidades curativas, por lo que no puedo hacerme cargo de las lesiones ocurridas en combate.
Por lo tanto, debo de ir a noquearla.
Conecté un golpe ascendente en su barbilla, cosa que aproveché para agarrar su rostro y lanzarla a varios metros de distancia, haciendola deslizarse por el suelo.
Tal vez me estoy pasando un poco con ella.
Se puso de pie de nuevo, apuntándome con el cañón del arma mientras cargaba en su dirección.
Mierda.
Esta vez la bala impactó en mi rostro.
Para mi suerte, la máscara de Tezcatlipoca me protegió de sufrir heridas, pero cayó al suelo debido al golpe.
“¿Eres…
Un niño?” Lady Nagant me miró horrorizada, dando un paso atrás.
Ese fue su error.
Ella se encontraba al borde del tejado, por lo que detrás suyo no había nada más que un vacío, una caída de más de 20 metros que, incluso si no termina con su vida, la dejaría en un estado grave.
Por lo tanto, antes de que pudiese caer, me lancé con todo lo que tenía en su dirección, sosteniendola de la mano para evitar que cayera.
“¿Sabes?
Tengo 15 años, por lo que no soy un niño” “¿Por qué me salvas?
He tratado de matarte” “¿Y?
Se que no lo habrías intentado si hubieras sabido mi edad, y no soy precisamente un villano.
De hecho, lo que hago yo y lo que haces tú no es muy diferente” “¿No es muy diferente?” Parecía verdaderamente confundida.
“Tú eliminas a los que ponen en peligro la imagen de paz que hay en el país, mientras que yo elimino a los criminales más detestables de esta ciudad” Ella permaneció callada, digiriendo mis palabras.
“Mira, ¿sabes qué?
Ven conmigo” “Ir contigo ¿para qué?” “Para que vengas a mi casa” “¿Por qué razón me llevarías a tu casa?: “¿No es obvio?
Si te niegas a matarme, la CSPH se deshará de ti por negarte a seguir sus órdenes, y si permaneces trabajando para ellos más tiempo, acabarás asesinando al presidente y te meterán en la prisión.
Por lo tanto, la mejor opción para tí es unirte a mí.
¿Qué te parece?” “¿Acaso tengo más opción?
Tu mismo lo has dicho, es la mejor elección que puedo hacer” Recogiendo mi máscara del suelo, tomé la delicada mano de Kaina entre las mías, guiandola hacia mi casa.
Pienso hacerla feliz, brindarla toda la alegría que pueda para llenar su alma de nuevo, para darle una nueva esperanza en este mundo.
Pienso salvar a todos.
Y eso te incluye a ti, Eri.
…
“Entonces, ¿me estás diciendo que has traído a la persona que te intentó matar a casa?” Toga me miró, alzando una ceja mientras terminaba de contar la razón de que tuviéramos una nueva inquilina con nosotros.
“En resumidas cuentas, sí” “¿Y cómo estás tan seguro de que no va a intentar matarte de nuevo?” “¿Acaso no has prestado atención a todo lo que te acabo de decir?
Además, de camino aquí ella ha tenido muchas oportunidades de acabar con mi vida” “Pero aún así, puede que ella solo esté intentando ganarse tu confianza para atacarte cuando menos te lo esperes” ese es un punto lógico.
“Creeme, la conozco más de lo que piensas.
Ella no haría algo como eso.
Además, ella está cansada de trabajar para la CSPH, por lo que no vale la pena para ella matarme si ha decidido desvincularse de ellos” “Se te está acumulando cada vez más trabajo, ¿eh?” “Tienes razón.
Primero desmontar el imperio criminal de Kokubiro, luego acabar con el Shie Hassaikai para salvar a Eri y ahora desvelar las corrupciones dentro de la CSPH.
Uff, demasiado trabajo por hacer” “¿Ves?
Es por eso que necesitas alguien como yo para ayudarte, así te resultará muchísimo más fácil llevar a cabo tus planes” “No sé, ahora que tengo a una combatiente experta como ella de mi lado, creo que no voy a necesitar tu ayuda” “¡Me lo prometiste!” “Jaja, estoy bromeando.
Pero eso sí, ella va a ser muy útil para ayudarme con mis planes.
Supongo que puedes pedirle a Kaina que te entrene” “¿Kaina?” “Ah, si, Kaina Tsutsumi es su nombre, aunque es más conocida como Lady Nagant” “Si es tan buena como dices, supongo que vale la pena pedir su ayuda para entrenar” Ahora solo espero que ambas se lleven bien entre ellas.
Sería muy mala suerte tenerlas peleándose todo el rato.
…
(Pov tercera persona) “¡¿Dónde te escondes, maldito?!” Quien habló era un hombre de mediana edad, el cual estaba corriendo por el pequeño callejón en el que su víctima se había ocultado.
Detrás de él, el sonido de pasos resonaba, indicio de que su compañero le seguía por detrás, lo suficientemente cerca como para no perderle de vista.
Repentinamente, el sonido de un portazo resonó en el lugar.
Corriendo en dirección al sonido, pronto llegó frente a un gran almacén.
Sonriendo para sí, alcanzó la manija de la puerta metálica, abriendola lentamente.
Se fijó en el suelo, en donde pequeñas gotas de sangre, que fácilmente podrían pasar desapercibidas, se podían llegar a ver, formando un pequeño camino en dirección a un grupo de grandes cajas de madera.
Siguió el pequeño reguero, y allí vio a su presa: un hombre vestido con un traje blanco y negro, cuyo brazo de encontraba colgando sin fuerzas, con la pequeña punta blancuzca de un hueso roto asomando a través de la piel.
“Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?” “¡Por favor, no me mates!/ ¡Ven e inténtalo, cabrón!” El hombre replicó, contradiciendose a sí mismo.
“Bueno, tu lo pediste, así que no te quejes” levantó su mano, apuntando con el dedo a la frente de su presa.
¡Bang!
Sin embargo, la bala de aire que salió de la yema del dedo fue detenida por una figura misteriosa que apareció frente al hombre disfrazado.
“Tú…” el criminal se sorprendió tras ver la apariencia del recién llegado.
No había nadie en el bajo mundo de Japón que no hubiese oído hablar de su nombre, uno de los mayores terrores de los criminales: Erebo.
“Parece que nos estamos divirtiendo, ¿eh?
Permitirme unirme, entonces” El delincuente apuntó de nuevo con el dedo, esta vez dirigiendo el ataque al enmascarado.
Sin embargo, cuando la bala de aire iba a impactar contra su objetivo, una poderosa oleada de viento salió de la boca de este, destruyendo el ataque e impactando al criminal.
El hombre fue enviado a volar por la fuerza del ataque, chocando contra una de las paredes del lugar.
Trató de levantarse rápidamente, pero antes de poder ponerse en pie una mano enguantada se estrelló contra su cráneo, aplastandolo.
“¿Siguiente?”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com