Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de gacha mitológico - Capítulo 80

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de gacha mitológico
  4. Capítulo 80 - 80 Recuerdos de Aura
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

80: Recuerdos de Aura 80: Recuerdos de Aura (Pov tercera persona) La vida de Aura no había sido fácil.

Sí, ella era una semidiosa, y eso la hacía superior a cualquier ser humano.

¿Potencial?

Tenía de sobra.

¿Habilidades?

Podía hacer tantas cosas que la podías considerar una divinidad en sí misma.

¿Talento?

Su rápido crecimiento lo decía todo.

Pero, aún así, eso era algo que podía alcanzar entrenando.

Cuando era una niña, todas esas cosas parecían lejanas para ella.

¿Acaso no habría sido su vida diferente si hubiera podido entrenar en aquel momento?

Sí, definitivamente todo habría sido diferente.

Algo que muchos semidioses tienen en común es que normalmente acaban volviéndose huérfanos.

Claro, existían varias excepciones, como que nacieran en un mundo en el que lo sobrenatural no era un problema cotidiano o que tuvieran en su familia a una figura poderosa, pero no siempre era el caso.

Y ese no fue su caso.

Ella tenía una madre y un padre.

Ella les quería, y ellos la querían a ella.

Así es como debían de funcionar las cosas en una familia.

Pero como no podía ser de otro modo, las cosas se torcieron.

¿Fue porque era griega?

¿Porque era una semidiosa?

¿O tal vez fue por ambas razones?

Lo más probable es que fueran ambas..

La razón por la que los semidioses solían quedar huérfanos era porque emitían un aroma peculiar, el cual atraía a los monstruos.

Ella vio una vez algo muy parecido en otro mundo.

Pero la diferencia entre aquellos semidioses y ella era que tuvieron más suerte.

El aroma que Aura emitía llamó la atención de monstruos.

Muchos monstruos.

Y su madre estaba con ella.

El resultado fue una masacre.

Y ella, demasiado pequeña en aquel entonces, fue incapaz de actuar.

No fue hasta que su padre llegó que los monstruos comenzaron a retroceder.

Su padre era fuerte.

Mucho.

Pero, aún con el poder que tenía, no llegó a tiempo.

La muerte de su madre le amargó.

Le echó la culpa de su muerte a ella.

Fue ella quien, con el aroma peculiar que caracterizaba a los de su sangre, atrajo a los monstruos que mataron a su esposa.

Entonces, ¿no era natural echarle la culpa de su muerte a su propia hija?

El amor que sentía por ella se agrió, transformándose en odio y desprecio.

Ella dejó de recibir amor.

En cambio, comenzó a recibir odio.

Desprecio.

Y miedo.

La gente a su alrededor tenía miedo de que, si permanecían en su presencia por demasiado tiempo, acabarían teniendo el mismo destino que su madre.

Por tanto, se alejaron de ella.

Quería solucionar eso.

Quería demostrarle a su padre, a todo el mundo, que podía ser útil.

Que no volvería a ocurrir lo mismo.

Entrenó duro.

Aprendió todas las habilidades que su sangre divina le otorgaban, y fortaleció su cuerpo y mente hasta alcanzar un nivel sin precedentes.

Era una semidiosa poderosa, una que se entrenó para demostrarle a todo el mundo que no tenían por qué temer su presencia, que no había razón para despreciarla y odiarla.

Pero todos sus intentos fueron en vano.

Daba igual cuanto lo intentase, cuanto se esforzase, qué tan alto podía llegar, la opinión sobre ella nunca cambiaba.

¿Era poderosa?

Perfecto, entonces debía protegerles.

Pero eso no la hacía merecedora de amor y compasión.

Lo intentó una y otra vez, pero todas y cada una de esas veces fue rechazada por su padre.

En su corazón simplemente ya no había espacio para ella.

Al final, ni siquiera era su hija biológica.

Sólo era el vástago de un dios, el fruto de un amor surgido entre un dios y la persona que, más adelante, se acabó convirtiendo en su mujer.

No existía para él una razón válida por la que tuviera que amarla.

Y eso fue lo que más le dolió a Aura.

¿Todo el amor que recibió desde su infancia por parte de aquel hombre, quien hizo de padre, fue falso?

Pero ella lo sabía mejor que nadie.

No fue un amor falso.

Fue el amor que surge antes de que la amargura invada el corazón, antes de que toda razón para amar de desvanezca y sólo quede la necesidad más humana de todas: la de buscar alguien a quien se le pueda culpar de todo.

Y ella fue la desafortunada persona (o semidiosa) que se vio obligada a cargar con el peso de una culpa inexistente, con el peso que las emociones negativas de todos a su alrededor imponían sobre su espalda.

Se esforzó por ellos, por ganarse si confianza y aceptación, su respeto y amor, pero ni siquiera eso les resultó suficiente.

¿Qué más querían de ella?

¿Acaso querían que consumiera toda su vitalidad en ayudarles, en resolver cada problema al que se enfrentaban, pero sin darle nada a cambio?

Si, eso era.

Daban por sentado que ella siempre estaría ahí para ofrecer su ayuda de manera desinteresada y que, por tanto, no tenían razón alguna para sentirse agradecidos con ella.

Ellos no le debían nada a Aura.

Era ella la que les debía a ellos algo, y esa era para ellos la razón por la que les protegía y ofrecía su ayuda.

¿Cuántas veces se encerró en su habitación, llorando a oscuras, dejando salir todas las emociones reprimidas en su interior hasta que no quedaron lágrimas para continuar llorando?

¿Cuántas veces estuvo sola en su habitación, rodeada de oscuridad, perdida en pensamientos de culpa y tristeza?

¿Cuántas veces pasó por su cabeza en aquellos momentos el pensamiento de simplemente acabar con todo?

Pero lo resistió.

No podía dejarse hundir en la miseria.

Sabía que debía permanecer fuerte.

Y, poco a poco, se dio cuenta de que la habían mantenido en un estado de dependencia.

Ella quería ser amada, y ellos le negaban ese amor, de tal manera que continuaba esforzándose más para merecer ese afecto.

Pero ya no más.

Podía protegerles, sí.

Pero no los protegería por querer ser recibida como una más.

Les protegería porque eso era lo correcto.

Les protegería hasta que llegase el día de marcharse, el día en que tendría que abandonar por completo su vieja vida y comenzar una nueva, lejos de todo aquello.

Y, un día, finalmente ocurrió.

Ella tenía solamente dieciséis años, y había quedado profundamente dormida después de patrullar incansablemente los alrededores de la ciudad durante más tiempo del que cualquier persona normal podría aguantar.

Fue precisamente en aquel momento, mientras su mente se encontraba sumida en el mundo de los sueños, que su padre, su verdadero padre, la contactó.

Era una figura con un aura radiante, con cabello y ojos dorados como el sol mismo y una belleza que no parecía posible para un mortal.

Era un dios, por lo que su interacción con el mundo mortal no era muy recurrente.

Sin embargo, sintió en él algo que hacía mucho tiempo nadie le mostraba: amor.

Él, aún cuando no estuvo presente en su vida, o al menos según su punto de vista, la amaba más profundamente que cualquiera de las personas a su alrededor.

Le dolía profundamente ver a su propia hija siendo tratada no como una persona, sino como una herramienta para la protección de quienes no saben apreciarla.

Y, en consecuencia, la sacó de allí.

Aura era poderoso y talentosa, así que la ayudó a volverse más fuerte.

Pronto, ella aprendió a cómo abrir brechas en el espacio.

Aprendió a cómo moverse a través del vacío, a cómo viajar de un mundo a otro.

Su fuerza siguió aumentando, hasta que se volvió capaz de destrozar un planeta si hacía falta.

Pero, ¿por qué seguía esforzándose si ya no había nada que proteger?

Pero eso no era así.

Ella protegía a todos los que se cruzaban en su camino.

Y tenía un sueño.

Sabía que no era la única semidiosa existente.

Los dioses, llevados por el amor, tenían relaciones con mortales.

De aquellas conexiones carnales nacían más semidioses, y sus auras atraían los problemas como una polilla es atraída por la luz de una llama.

Quería ayudar a todos aquellos semidioses, acogerlos y ayudarles.

Quería formar una sociedad de semidioses.

Y quería convertirse en una figura materna para todos aquellos que necesitaban a alguien que los ame de manera incondicional, para aquellos que necesitaban un hombro sobre el que llorar.

Fue por eso que comenzó a moverse a través de los mundos, recogiendo semidioses perdidos como si fueran gatos callejeros, y reuniéndolos en una tierra hecha para ellos, un lugar donde podían comenzar a vivir de verdad.

Ese era el campamento que, con intervención divina, pudo levantar.

Y ahora podía ver el fruto de su trabajo.

Había hecho un buen trabajo.

Pero ahora todo eso de veía amenazado.

Sabía que el peligro se aproximaba.

Podía sentir la tensión acumulándose en el aire.

Esa era la razón por la que envió a los más fuertes a otro mundo.

Necesitaban prepararse para lo que vendría a continuación.

Y sabía que, sin importar qué, haría lo que fuera necesario para mantenerles a salvo.

Porque eso era lo que debía hacer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo