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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 83

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  4. Capítulo 83 - 83 Batalla de Shibuya
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83: Batalla de Shibuya 83: Batalla de Shibuya (Pov Effiro) El tiempo siguió su curso de siempre, y poco a poco nuestra misión fue llegando a su fin.

Era una misión simple: ir a un mundo distinto, enfrentarse a los peligros que pudieran enfrentar allí y, una vez que todo hubiera terminado, volver al “campamento” de semidioses.

Sin embargo, tuvimos que esperar a que los eventos canónicos fueran avanzando.

Por lo tanto, acabamos por quedarnos con los brazos cruzados.

O al menos no del todo.

Conociendo a Aura, probablemente descendería del cielo como una diosa griega y nos acribillaría a flechazos di veía que decidíamos tomar la misión como una oportunidad de disfrutar de unas vacaciones.

Sólo debíamos tomar de ejemplo el tono de voz que usó la última vez con Zoe como ejemplo.

Yo no quería ser su próximo objetivo.

Por lo tanto, me vi obligado a entrenar, muy a mi pesar.

¿Qué podía hacer yo ahí?

Entrenar sólo era aburrido.

Entrenar con mis invocaciones ahora era sinónimo de recibir una paliza.

Entrenar con Zoe significaba restringir la mayoría de mis habilidades.

Y entrenar con personajes de este mundo significaba cambiar el curso de los acontecimientos.

Después de todo, no quería interrumpir el entrenamiento de Itadori.

Al final, no me quedó más opción que improvisar.

Por suerte para mí, los eventos de Jujutsu Kaisen ocurren en menos de un año, lo que hizo la espera mucho más fácil.

Entonces nos llegó la noticia: Satoru Gojo había sido sellado.

Los eventos de Shibuya se iban a llevar a cabo, y eso significaba que nos acercábamos al final.

Me giré para mirar a Zoe, que estaba demasiado ocupada jugando con su consola.

“Zoe, levántate y mueve el culo.

Tenemos trabajo que hacer” “¿Ya hemos llegado a uno de los arcos finales?” Preguntó, sin levantar la mirada de la pantalla.

“Se puede decir así.

Si lo hacemos bien, podemos terminar en este mundo de una vez” “¡Menos mal!

Ya estaba comenzando a aburrirme aquí.

Quiero volver a mi habitación para continuar com mis juegos” finalmente apagó la consola, poniéndose de pie.

Nos pusimos en marcha de inmediato.

Ninguno de los dos sabíamos dónde estaba Shibuya.

Por suerte, existe una maravilla de la tecnología humana llamada GPS, que muy amablemente nos guió hasta la estación de metro.

Si soy sincero, en realidad fue un poco innecesario buscar la ubicación exacta.

El lugar estaba completamente cubierto por una cúpula de oscuridad, que no era posible de ver a simple vista y que impedía el acceso a cualquier persona normal.

Pero nosotros éramos de todo menos normales.

Podríamos haberla atravesado directamente, pero eso habría sido demasiado aburrido.

Así que alzé uno de mis brazos y golpeé con todas mis fuerzas el exterior del velo.

Le ahorré trabajo a Yuji Itadori: la barrera que encerraba el metro de Shibuya en su interior se desvaneció al instante, repelida por mi fuerza pura.

Caminamos con toda la tranquilidad del mundo, desapareciendo entre la multitud que huía despavorida del lugar mientras nos internábamos en las profundidades del metro.

Naturalmente, allí no se encontraba ninguno de nuestros objetivos.

Pero eso era algo que ya había visto venir.

Entonces, ¿por qué habíamos decidido perder el tiempo yendo hasta allí?

Es bastante sencillo de entender: para seguir el rastro que habían dejado.

Un rastro de energía maldita que sólo yo era capaz de ver, todo gracias a los Ojos del Cosmos.

Lo seguimos, y acabamos por salir de la estación de metro, en dirección a los edificios del exterior.

Allí, escondido entre las sombras y la soledad silenciosa del lugar, se encontraba Suguru Geto.

Perdón, en realidad era Kenjaku.

Un hechicero que se asemejaba más a una maldición, cuya técnica maldita le permitía poseer el cuerpo de otros temporalmente.

Gracias a su capacidad de poseer el cuerpo de otros, también podía quedarse con las técnicas malditas de sus víctimas.

Era alguien con una curiosidad científica extrema, lo que me llevó a hacer todo lo que hace por una simple razón: ¿qué pasaría si…?

Así es, hacía las cosas por el simple hecho de saber qué ocurriría.

Y actualmente tenía como plan hacer que Tengen asimile a la humanidad, creando a una bestia imparable.

Yo también tenía curiosidad sobre qué saldría de ese acto, pero tenía suficiente moral como para evitar que algo como eso suceda.

En cuanto nos acercamos lo suficiente, su mirada cayó sobre nosotros.

“Ah, pero si son los dos nuevos hechiceros de la academia.

Effiro y Zoe, si mal no me acuerdo, ¿verdad?” Nos sonrió.

Su postura era relajada, como si no nos percibiera como una amenaza.

Sin embargo, su cuerpo en realidad estaba en tensión, listo para saltar sobre nosotros o huir.

Y, sabiendo lo inteligente que es, podía apostar por la segunda opción.

“Kenjaku, menuda sorpresa encontrarse contigo aquí.

Supongo que estás demasiado ocupado preparando los Juegos del Sacrificio, ¿no es así?” Le respondí, sonriendo también.

A diferencia de él, mi sonrisa era genuina.

Porque sabía que él no podía escapar.

Porque sabía que no podía defenderse.

Porque sabía que, sin importar qué, el resultado ya estaba decidido.

Y su destino siempre era la muerte.

Nos miramos fijamente, sin retroceder.

Era un dos contra uno, y nosotros éramos mucho más poderosos que él.

Y lo sabía.

Lo sabía muy bien.

Una gota de sudor apareció en su frente, mostrando su nerviosismo.

Una reacción natural del cuerpo, la cual no era capaz de suprimir.

Y entonces atacó.

Después de todo, el primer golpe siempre es importante.

Un remolino de maldiciones se formó sobre su cabeza, concentrando una gran masa de energía maldita.

Uzumaki, la habilidad más poderosa que poseía Suguru Geto, a quien le pertenecía aquel cuerpo.

Decidió ir con todo desde el primer momento, esperando tener así una oportunidad de al menos poder huir.

Pero me vi obligado a romper su esperanza en un millón de pedazos.

El uzumaki que se estaba formando colapsó sobre sí mismo, y la energía maldita acumulada se dispersó como polvo llevado por el viento.

Por mucho que me duela, aquello no fue obra mía.

Fue obra de Medea, que ahora se encontraba a mi lado.

Su poder mágico aquí era insuperable.

Una diosa entre simples mortales.

Kenjaku ya estaba preparado para escapar, pero se detuvo en seco cuando su cráneo fue atravesado.

Una estaca de hielo directa al cerebro, hecha con el único propósito de acabar de una vez por todas con el enemigo, sin posibilidad de que vuelva a la vida.

Y así fue como también se evitó el comienzo de los Juegos del Sacrificio.

“Effiro, siento una gran presencia” Medea me avisó, posando su mano sobre mi hombro.

Sabía quien era, y me pareció que era el momento perfecto para terminar con el guión de una vez.

Bajo la guía de mi hechicera favorita, recorrimos las calles de la ciudad.

Y allí vimos una escena icónica: Megumi Fushiguro, el hombre potencial que fue desperdiciado por el autor, invocando a su shinigami más poderoso.

El Divino de las Ochos Hojas Divergentes del Sila: Mahoraga.

Un ser con una poderosa habilidad de adaptación y una hoja de espada capaz de acabar con maldiciones.

Un ser tan poderoso que fue capaz de acabar en el pasado con un miembro del clan Gojo que poseía los seis ojos y la técnica del infinito ilimitado.

Y allí, haciéndole frente, estaba el hechicero más poderoso de la historia: Ryomen Sukuna, el rey de las maldiciones.

Ambos estaban listos para luchar, hasta que mi grito interrumpió a ambos.

“¡Todo el mundo quieto!

¿Por qué nadie me ha invitado a la fiesta?

Menos mal que he llegado a tiempo” Ambos me miraron (a pesar de que Mahoraga no tenía globos oculares), y pude ver la sospecha en el rostro del rey de las maldiciones.

Me recordaba, y recordaba también el trato humillante que le había dado en nuestro primer encuentro.

Pero, ¿acaso eso era algo que debiera importarme?

Por supuesto que no.

“Yo me encargo de esta bestia.

Y luego, si es lo que quieres, podemos enfrentarnos” no le dediqué ni una mirada a Sukuna.

Había encontrado un saco de boxeo mucho más interesante que un nomu.

La adaptación de Mahoraga funcionaba de la siguiente manera: al recibir un ataque, comenzaba a adaptarse a él.

Cuantas más veces recibe el mismo ataque, mayor es su velocidad de adaptación.

Una vez que se adaptaba por completo a algo, era capaz de crear un contraataque.

A simple vista, era algo formidable.

Sin embargo, no era invencible.

Si se acababa con él antes de que pueda adaptarse a un ataque, muere.

Sólo puede adaptarse a un ataque a la vez, lo que significa que se pueden combinar ataques para maximizar el daño infringido y reducir su nivel de adaptación.

Por no olvidar el hecho de que tarda más en adaptarse a ataques poderosos o complejos.

Por desgracia, el saco de boxeo llamado Mahoraga era uno con el cual debía acabar rápido.

Comencé con un puñetazo, un movimiento simple pero cargado con fuerza.

El viento fue desplazado por mi poder físico, y el golpe chocó con el puño del shinigami.

A pesar de su cuerpo robusto, su brazo fue destrozado por mi fuerza física.

Ambos estábamos en completamente niveles distintos.

La rueda sobre su cabeza comenzó a girar, empezando la adaptación a mi golpe.

No le dejé.

Una llamarada impactó de lleno en su pecho, frenando su adaptación para obligarle a invertirla en un ataque distinto.

Volví a golpear, y nuestros golpes chocaron entre sí.

Un intercambio brutal que destruía todo a nuestro paso, mientras yo tenía cuidado de no acabar con la vida de ninguno de los habitantes.

Yo no era Sukuna.

Yo no asesinaba personas al azar si podía evitarlo.

El cuerpo de Mahoraga fue destrozado múltiples veces, pero siempre lograba recuperarse y comenzar a adaptarse.

No podía dejar que siguiera así.

Debía terminar con esto de una vez.

Crucé mis dedos, y al instante el mundo cambió.

Había vuelto a usar mi reality marble, Olimpo Eterno.

Tenía vía libre para acabar con el monstruo, sin preocuparme del daño colateral que pudiera causar.

Pero todavía no había terminado.

Quería divertirme un poco más, antes de que fuera demasiado peligroso continuar con el combate.

Volvimos a intercambiar golpes, pero esta vez el daño fue más reducido.

A pesar de la lentitud con la que ocurría debido a mi plan, la adaptación de Mahoraga había hecho lo suyo.

Su resistencia a mi fuerza física había aumentado, y debía esforzarme más si quería causar el mismo daño que antes.

Mahoraga levantó su brazo, antes de bajarlo en un poderoso golpe descendente.

La hoja de espada en su muñeca parecía el hacha de un verdugo, pero detuve su avance con la espada de Kurikara.

Mahoraga tenía aspecto de espíritu budista, así que es justo que use un arma budista contra él.

Ahora que lo pienso, la Espada de Kurikara debería de ser fatal para los espíritus malditos.

Nos desplazamos a gran velocidad a través de los edificios de mármol blanco, girando en una danza de muerte que, por suerte, fue incapaz de destruir el entorno.

Un rayo crepitó en el aire, cargándolo de ozono mientras impactaba directamente sobre su cuerpo.

Hice llover ataque tras ataque sobre él, una lluvia interminable que mezclaba todo tipo de elementos: fuego, rayos, puñetazos, cortes, veneno y otras habilidades.

Tal y como pensé, su adaptación era incapaz de mantenerse al día frente al aluvión, incapaz de decidir qué representaba una prioridad.

Debo admitirlo, Mahoraga era mucho más divertido que un nomu.

Y también era mucho más peligroso.

Así que debía terminar el combate antes de que tuviera tiempo de adaptarse completamente a mis habilidades.

Nos lanzamos el uno contra el otro, y desaté uno de mis ataques más fuertes.

Con los Guanteletes de los Titanes, mezclados con la Llama de Prometeo, la Ira de Thor y el Toque del Fénix Renacido, liberé una poderosa explosión.

Su potencia fue muchas veces superior a la de una bomba nuclear, mayor que todos los usos anteriores, e incluso el entorno aparentemente indestructible fue incapaz de aguantar.

Y el cuerpo de Mahoraga, el temible shinigami del clan Zenin, se convirtió en ceniza gris, que se deshizo bajo los fuertes vientos y la temperatura ardiente.

Miré a mi alrededor, y sólo vi destrucción rodeándome desde todos los ángulos.

Parecía como si el ragnarok hubiera sido desatado sobre el mundo.

Con un pensamiento, deshice el reality marble.

No tenía nada más que hacer ahí.

Una vez que volví a la realidad, mi mirada se fijó en Sukuna, que todavía estaba ahí.

En cuanto me vio, salió corriendo.

Pero no intentó huir.

No, fue directamente a donde se encontraba el cuerpo inconsciente de Megumi, se arrancó un dedo (el cual le pertenecía a Itadori) y le obligó a tragáserlo.

Y no le detuve, porque sabía lo que ocurriría a continuación.

Efectivamente, Sukuna poseyó el cuerpo de Megumi Fushiguro, liberándose de la prisión que era Yuji.

No era perfecto, pero le daba mucha más libertad de acción.

“Medea, ayuda a este estimado hechicero a recuperar su gloria pasada, por favor” La hechicera hizo lo que le pedí, y usó su gran conocimiento mágico para ayudar a Sukuna a recuperar su forma verdadera.

Tras una pequeña espera, surgió una musculosa figura con cuatro brazos, cuatro ojos y dos bocas.

Tras mil años, Ryomen Sukuna había vuelto al mundo en su mejor estado.

El balance del mundo se quebró en ese momento, a pesar de que estaba bastante seguro de que ya se había roto con nuestra llegada.

Se veía como un oponente digno, pero por desgracia no tenía pensado luchar con él.

Tenía algo más interesante en mente.

En lo que pronto se convertiría en un campo de batalla apareció Musashi Miyamoto, con un resplandor blanco que llamó la atención de todos.

El rey de los cortes contra la mejor espadachina.

¿Quién ganaría de los dos?

Eso estaba por ver.

Sukuna fue el primero en atacar.

Con un movimiento de sus manos, desató una tormenta de cortes sobre la eapadachina.

Cortes implacables e invisibles, con un gran poder destructivo detrás.

Pero ninguno fue capaz de rozarla.

Fueron detenidos por sus dos katanas, manejadas con una maestría impecable.

Sukuna se sorprendió ante esto.

Sus cortes no sólo eran invisibles y veloces, sino que eran capaces de atravesar incluso los edificios más grandes de lado a lado.

Pero Musashi tenía unos ojos muy especiales y un par de katanas con las que podía cortar incluso la magia avanzada.

El rey de las maldiciones se abalanzó sobre ella.

Si no podía derrotarla usando sus cortes, entonces lo haría confiando en su propia fuerza física.

La espada de la invocación le cerró el paso, dejándole en claro que no se lo iba a dejar fácil.

Se enzarzaron en un cruento combate, intercambiando golpes mientras trataban de sobreponerse al otro.

¿Hace falta decir quién tenía la ventaja?

Sí, es cierto que no se puede matar a Sukuna porque está en el cuerpo de Megumi y blablabla.

¿Pues adivinar qué?

Hay una manera de derrotarlo sin matar a su huésped.

En la obra original, Itadori pudo vencer a Sukuna gracias a su capacidad para afectar al alma.

Para derrotarle sin provocar bajas indeseadas (el chico potencial) hace falta hacer lo mismo.

Pero Musashi sólo tiene un par de espadas, así que ¿Cómo va a lograrlo?

La respuesta es su noble phantasm.

A pesar de que es de tipo anti-unidad, en realidad también es de tipo anti-karma, lo que debería de tener un efecto muy parecido al del daño al alma de Itadori.

Por suerte para mí, no tardé en verla en acción.

Musashi sostuvo sus dos katanas frente a ella, y una proyección de un enorme monstruo de cuatro brazos apareció detrás suyo.

El monstruo se enfrentó a Sukuna de frente, atacando con una ráfaga consecutiva de cortes.

No pudo hacer nada para evitarlo, y sólo pudo recibirlo de frente.

La fuerza detrás lo hacía imposible de bloquear, y la velocidad a la que atacaba la proyección lo hacía difícil de esquivar.

Cuando la nube de polvo que se alzó finalmente se desvaneció en el aire, dejó a la vista el cuerpo de Megumi Fushiguro, tendido en el suelo y sin conciencia, y los restos de Sukuna, todavía vivo, a varios metros de distancia.

Estaba en el mismo estado que si fuera uno de sus dedos.

Me acerqué a lo que quedaba de él, lo levanté del suelo con una mano y le puse al mismo nivel que mi rostro.

“Sukuna, el gran rey de las maldiciones el hechicero más fuerte de la historia.

Tienes mi respeto, créeme.

Por si me permites darte un último consejo, no vale la pena aferrarse a este trozo de carne.

Sería como mucho un objeto maldito con el mismo poder que uno de tus dedos” Él solo se rió.

“¿Entonces qué me recomiendas, invocador?” “Deja ir.

No vale la pena seguir aferrándote a esta vida.

Ya cumpliste tu propósito y creaste una leyenda.

Creo que llegó el momento de reiniciar” “Reiniciar, ¿eh?

Supongo que no es una mala idea, después de todo” Coloqué sus restos en el suelo de nuevo, con cuidado y delicadeza antes de darme la vuelta para irme.

“Oye” me llamó de nuevo.

“¿Sí?” Me giré para escucharle mejor.

“Gracias” Acepté su gratitud con un asentimiento, a pesar de que no sabía por qué me agradecía.

Tal vez era por la batalla, o por mis palabras.

Me giré hacia Zoe, que había vuelto a quedarse absorta en ese maldito juego al que se ha vuelto adicta.

“Ya hemos terminado aquí.

¿Qué tal si volvemos?”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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