Sistema de gacha mitológico - Capítulo 84
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- Capítulo 84 - 84 Batalla del campamento
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84: Batalla del campamento 84: Batalla del campamento (Pov Effiro) Después de haber terminado con todo lo relevante en el mundo de Jujutsu Kaisen, decidimos que había llegado el momento de volver al campamento.
Tras despedirnos rápidamente de todos los personajes importantes con los que intetactuamos, usé el Anillo de Draupnir para abrir un portal.
Igual que la última vez, el portal era dorado y de forma circular, un agujero en el espacio que nos llevaría a nuestro destino de manera inmediata.
Le eché un último vistazo a aquel mundo antes de abandonarlo: el edificio japonés perteneciente a la Academia Jujutsu, la naturaleza que lo rodeaba y los rostros de los personajes a los que había considerado en mi otra vida como simple ficción, y que ahora me resultaban más reales que nunca.
Di un paso hacia adelante, y crucé el portal.
La realidad se desdibujó ante mis ojos, transformándose en un caleidoscopio de colores brillantes que se mezclaban entre sí, una vista hermosa pero capaz de producir serios mareos.
Cuando todo volvió a la normalidad, Zoe y yo nos encontrábamos en su habitación, que seguía en el mismo estado de desorden que cuando nos fuimos.
Di un paso al frente, y casi caigo al suelo cuando tropecé con un montón de ropa sucia abandonada sin cuidado.
“¿Sabes?
No te vendría mal aprender un poco de higiene.
Créeme, no te hará daño” Mis palabras no parecieron agradar a Zoe, que me miró con cara de disgusto.
“Si tanto te molesta, entonces vete de aquí antes de que te eche de mi habitación a patadas” bufó, cruzando los brazos por debajo del busto.
No objeté.
De hecho, eso fue precisamente lo que hice.
Tras tanto tiempo fuera, quería volver al hogar que había construido aquí.
Dejar a mis invocaciones libres, tumbarme un rato y esas cosas.
Y una vez que estuviera lo suficientemente descansado, tal vez podría volver al mundo de My Hero Academia.
Quería volver a ver a Kaina, a Jin, a Eri..
y a Himiko.
Había dejado a muchas personas importantes detrás, y debía admitir que comenzaba a sentirme nostálgico.
Mierda, les echaba de menos.
A todos ellos.
¿Dónde se quedó mi anterior vida sencilla, luchando contra el crimen de manera ilegal mientras estudios en una de las mejores academias del país?
Supongo que así es como funciona la vida ¿no?
Avanza, y debes de seguir adelante para mantenerte al día con ella.
Avanzar…
sí, creo que es algo que puedo hacer aquí.
…
(Pov tercera persona) El ciclo de día y noche se había repetido muchas veces, y Effiro habría perdido la cuenta de los días si no fuera por el calendario fijado a la pared de la cocina.
Había pasado ya más de un mes desde que Zoe y él habían vuelto de la misión, y se sentía…
vacío.
Tal vez era una exageración, pero se sentía raro el no tener enemigos a los que enfrentarse.
Se había acostumbrado tanto a luchar contra el crimen que se le hacía extraño no tener que preocuparse por esa clase de cosas.
Aún así, debía admitir que era refrescante.
No tenía que levantarse en medio de la noche y luchar constantemente sin descanso hasta la madrugada.
No tenía que levantarse temprano cada día para ir a una aburrida academia.
Era una vida bastante pacífica.
O al menos eso es lo que él creía.
Effiro estaba en el campo de entrenamiento, practicando tiro con arco junto a una de las hijas de Apolo.
Como era de esperarse, su puntería aún estaba lejos de alcanzar el nivel de precisión milimétrica de los hijos del sol, una habilidad que cualquier cirujano experto querría tener.
La guía de la semidiosa realmente le ayudó, permitiéndole corregir su postura para mayor eficiencia.
Estaba orgulloso de su rápido aprendizaje, teniendo en cuenta que no utilizó sus habilidades para ello.
Hacía tiempo que había dejado de contar la cantidad de flechas que había disparado contra la diana.
Se sentía como una máquina, ejecutando el mismo programa de manera mecánica una y otra vez.
¿Y cuando se quedaba sin flechas?
Simplemente salía del trance auto-inducido y las recogía, antes de volver a empezar de nuevo.
A pesar de su gran capacidad física, todavía podía sentir el ligero cansancio acumulado de sus entrenamientos anteriores.
Así es, había estado entrenando todo el día con otros semidioses: Phoebe, Taylor, Fleg, Ember e incluso Zoe, a quien tuvo que sacar a rastras de su habitación.
Entrenamiento intensivo constante con varias personas, todo con tal de mejorar distintos atributos: fuerza, resistencia, velocidad, flexibilidad…
El agotamiento, sin embargo, ya había comenzado a hacer mella en él por la falta de un descanso adecuado.
Así que decidió que ya era momento de detenerse.
Fue en ese momento cuando todos sintieron el cambio en el aire.
Un aura de tensión cayó sobre el ambiente, tan densa que incluso la persona más despistada se daría cuenta de que algo iba mal.
Pero, ¿qué era?
La respuesta llegó momentos después, cuando una grieta se abrió en el cielo.
Una oleada de monstruos surgió de ella en estampida, aterrizando en el suelo con un ruido sordo antes de abalanzarse sobre los semidioses más cercanos.
Lo que hasta el momento había sido un campamento pacífico pronto se convirtió en un campo de batalla.
Y de la grieta espacial no solo surgieron monstruos: también salió un hombre de cabello corto rubio y ojos tan azules como el hielo, cuyo cuerpo exudaba poder por cada poro de su piel.
En ese momento, alertada por la repentina intrusión, Aura apareció de la nada, a veinte metros de distancia del extraño hombre.
“¿Quién eres tú, que se atreve a atacar mi campamento de manera tan descarada?” La voz de Aura resonó como un trueno.
“Soy un simple nefilim enviado por mi señor para completar una misión.
Aunque, si te soy sincero, estoy aquí solo por la posibilidad de tener un buen combate” Los nefilim son un tipo de ser sobrenatural mencionados en la Biblia.
Las traducciones más aceptadas para la palabra son “gigantes” y “caídos”.
Conociendo suficiente de los nefilim y viendo a aquel espécimen, ambas traducciones eran correctas.
No sólo eran el producto de la unión entre ángeles y mujeres humanas, sino que además contaban con un tamaño mayor al de un ser humano normal.
Eran lo más parecido a semidioses cristianos.
“Conque un nefilim, ¿eh?
Creía que no le caíais bien a Dios.
Después de todo, trató de eliminaros utilizando el diluvio” “Bueno, mientras le seamos útiles nos permite hacer lo que queramos.
Un trato justo, a mi parecer” “Ya veo.
Entonces sois los perros de Dios, ¿no?” “Tal vez.
De todos modos, no me importa obedecer su voluntad si eso me permite tener un buen combate” “De nuevo con eso.
Parece que me ha tocado con un loco de las batallas.
Está bien, hace mucho que no tengo la oportunidad de luchar” Respondió Aura, estirando sus brazos y piernas.
Ambos estaban listos para comenzar un combate, mientras abajo dos bandos estaban envueltos en una masacre sangrienta.
Sin previo aviso, Aura se lanzó sobre el nefilim, asestando un poderoso puñetazo directamente en su pecho.
El golpe tuvo el efecto deseado, y su enemigo fue mandado contra el suelo, creando un cráter y levantando una cortina de polvo.
“¿Qué te pareció eso?
¡No es nada en comparación con lo que te tengo reservado!” Alardeó.
“¡Explendido, señorita!
Aplaudo su destreza, pero me temo que necesitará más que eso para poder vencerme” desde el polvo salió la figura del nefilim, cuyo cuerpo herido se regeneró a gran velocidad.
Con un salto se lanzó sobre Aura, y ambos tuvieron un intercambio aéreo, cuyas ondas de choque afectaron miles de kilómetros de distancia.
Una creencia popular entre los semidioses, basada en fundamentos y hechos, era que Aura, como la semidiosa más fuerte, era capaz de destruir un planeta.
Sin embargo, tal poder no podía ser mostrado en su totalidad en un lugar como ese.
Aún así, ambos parecían igualados en fuerza.
“¿Eso es todo lo que tienes, chica?
¡Vamos, sé que puedes hacerlo mucho mejor que esto!” Ante sus palabras provocadoras, Aura decidió demostrar algunas de sus capacidades.
Sus puños emitieron un resplandor dorado, y su fuerza y velocidad aumentaron varias veces.
“¿Quieres más?
¡Entonces toma esto!” Desató una andanada de golpes sobre su enemigo: tres en el rostro, uno en el estómago y otro más en el pecho, haciéndolo retroceder.
“¡Eso es!
Pero no es suficiente.
Muéstrame más, hija de Apolo” el nefilim contraatacó con un gancho a la barbilla de Aura, que la hizo inclinar su cabeza hacia atrás.
Su enemigo se podía regenerar, y ella no.
¿Eso la haría echarse atrás?
En absoluto.
Estaba aquí para proteger a los suyos, y eso era lo que pensaba hacer.
Y nadie, ni siquiera un maldito semi-ángel, se lo iba a impedir.
En la palma de su mano se formó una brillante esfera de plasma y fusión nuclear pura: un sol en miniatura, con temperatura suficiente como para fundir cualquier material y atravesar un planeta de lado a lado.
Con un movimiento veloz y poderoso, estrelló su mano contra el estómago del nefilim.
El efecto fue inmediato y devastador.
El aire a su alrededor explotó en gas ardiente, ascendiendo a las capas superiores de la atmósfera junto al cuerpo de su enemigo, que ahora lucía una agujero en el abdomen.
Incluso con la increíble regeneración que había demostrado hasta el momento, sería una tarea complicada recuperarse de ese ataque.
Se agotaría bastante, y eso le daría ventaja a ella.
Pero no se quedó ahí.
En sus manos se formó un arco y una flecha de fuego, la cual disparó con una precisión absoluta, directa al corazón.
La flecha de fuego atravesó el aire sin resistencia alguna, alcanzando en cuestión de un segundo su objetivo.
A pesar de que el nefilim trató de bloquear el ataque con ambos brazos, fue atravesado como mantequilla cortada por un cuchillo al rojo vivo, con su pecho perforado.
Y aún así, todavía estaba vivo.
Vivo y emocionado.
Descendió a gran velocidad contra Aura, quien trató de esquivar.
Pero su movimiento fue demasiado lento.
Al instante siguiente, el nefilim estaba frente a ella, y una extraña sensación de presión se formó en su estómago.
Al bajar la mirada, descubrió que la mano de su enemigo la había atravesado de lado a lado.
Lo peor de todo era que, a diferencia de él, ella no contaba con una habilidad regenerativa que le permitiese seguir adelante y sobrevivir.
“Eres fuerte, chica.
Tus ataques realmente me dolieron.
Sin embargo, no fuiste lo suficientemente fuerte como para derrotarme.
Aún así, te agradezco la oportunidad de luchar contra tí” el nefilim expresó sus sentimientos con sinceridad.
“¿Puedes prometerme algo?” Preguntó Aura, forzando su voz a salir.
“Por una luchadora tan talentosa como tú, sí” “Permite que sobrevivan.
Todos ellos.
Y te prometo a cambio que, algún día, uno de ellos será lo suficientemente fuerte como para darte el combate que tanto deseas” “Lo sé.
Incluso si no me lo pedías, lo habría hecho, así que no debes de preocuparte por eso” “Bien.
Me alegro.
Ahora…” Aura se esforzó por hablar, aún cuando su vitalidad poco a poco abandonaba su cuerpo.
Su mirada bajó al suelo, y pudo ver a aquellos a quienes consideró sus alumnos mirando la escena, horrorizados.
Sonrió débilmente antes de volver a hablar.
“Chicos, más os vale continuar entrenando.
No me gustaría que mi nombre quedase manchado” su rostro miró al frente, y su mirada se encontró firmemente con la de su enemigo.
“Y respecto a tí, te tengo un último regalo, cabrón” Sus manos se alzaron, rodeando con sus finos pero fuertes dedos alrededor del cuello del nefilim.
“Ardamos juntos, maldito hijo de puta” Momentos después, la energía dentro de Aura se acumuló, liberándose en una explosión deslumbrante.
La explosión alcanzó cien mil grados Celsius, pero el calor emitido no llegó al campamento.
Todo el poder de la explosión fue concentrado en un área de poco más de diez metros, con el propósito de dejar un último recordatorio al enemigo que acabó con ella.
El cuerpo del nefilim fue mandado a volar por la explosión, casi completamente destrozado y calcinado, antes de impactar con fuerza contra el suelo, creando un nuevo cráter.
Momentos después, se levantó.
Estaba en medio de un charco de su propia sangre, y su cuerpo se regeneraba a un ritmo más lento que de costumbre.
Su regeneración estaba llegando a su límite, algo que no ocurría desde hacía mucho tiempo.
“Vaya, eso sí fue una gran despedida.
Te elogio por esa voluntad indomable…
Aura” recordó el nombre de la semidiosa, información obtenida a partir de su señor.
Dejó escapar una carcajada, feliz a pesar del dolor de sus nuevas heridas.
Y entonces un nuevo ataque llegó.
Su sangre se agitó, transformándose en una serie de afiladas y resistentes espinas que atravesaron el cuerpo del nefilim, inmovilizándolo.
“Sois fuertes, ¿eh?
Sin embargo, deberíais entrenar más si queréis vencerme” miró a la enfurecida Zoe, sin sentir miedo.
“Cállate de una vez, maldito cabrón” Fleg sacó su lanza y, con un movimiento practicado, la arrojó contra su enemigo.
La cabeza del nefilim desapareció al instante y la lanza continuó su camino, creando un rastro de destrucción de varios kilómetros de largo.
Mientras su cuerpo se regeneraba del daño recibido, un nuevo ataque llegó.
Taylor y Phoebe atacaron en sincronía con velocidad y electricidad, cortando su cuerpo y lacelándolo.
Y finalmente llegaron Effiro y Ember.
Effiro lanzó un tajo directo a su pecho, cargado con toda la furia que pudo reunir, mientras que Ember golpeó con un extraño guantelete de bronce propulsado por llamas.
El golpe mando al nefilim a volar varios metros, y no perdió la oportunidad para escapar.
“¡Sois realmente interesantes!
Sin embargo, una promesa es una promesa.
Algún día nos volveremos a ver.
Pero, hasta entonces, más os vale volveros más fuertes” con un movimiento de su mano creó una grieta espacial, abandonado aquella realidad.
La batalla parecía ganada: los semidioses habían logrado aguantar.
Sin embargo, todos sintieron que ese día habían sido derrotados de manera humillante.
Y Effiro, incapaz de soportarlo más, cayó de rodillas, golpeando el suelo con su puño mientras lágrimas se formaban en sus ojos.
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