Sistema de gacha mitológico - Capítulo 85
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de gacha mitológico
- Capítulo 85 - 85 Prueba de Purificación
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
85: Prueba de Purificación 85: Prueba de Purificación (punto de vista en tercera persona) Ya había pasado una semana.
Una semana desde los horribles acontecimientos que sacudieron el campo de los semidioses.
Las bajas se calcularon en aproximadamente un cuarto de la población de semidioses, y en esos números se incluye la considada como la semidiosa más poderosa, Aura.
Fue una tragedia, y nadie se sintió bien.
Sin embargo, el peor que se encontró fue, con diferencia, Effiro.
Desde lo sucedido no salió de su habitación.
Ni siquiera incliné la cabeza para ver el exterior.
Se había aislado de la realidad, supuestamente para digerir todos los acontecimientos que habían sucedido ante sus ojos.
Por supuesto, era mentira.
En su mente no paraba de reproducirse lo ocurrido.
Lágrimas caían por su rostro cafa vez que lo recortaba.
A su alrededor se habían acumulado platos llenos de comida, que apenas habían sido tocados por la repentina pérdida de apetito.
Y casi podia escuchar las palabras que el dios cristiano le había dicho en aquel sueño.
“Tarde o temprano te arrepentirás de jugar en mi contra” ¿Era eso a lo que se refería?
Estaba seguro de que sí.
Y esa era la razón por la que se vio tan afectado.
¿Acaso se había enamorado de Aura?
No, no la conocía lo suficiente y la consideraba su amiga y maestra.
La razón por la que todo le afectó tanto fue porque se sentía culpable.
Si no hubiera sido por él, ¿el dios cristiano habría puesto su atención en aquel sitio?
Si no se hubiera atrevido a defesafarle, ¿habría ocurrido todo eso?
Se sintió mal porque era culpable de todas las muertes.
A lo largo de toda la semana, varias personas intentaron hablar con él y animarlo, pero todos fracasaron.
Zoe no sabía ni qué decir, estando poco acostumbrada a este tipo de situaciones.
Jeanne era tan tsundere que le soprendía el hecho de que la hubieran dejado intentarlo.
Seguramente no lo hicieron, pero a ella no le importaban ese tipo de cosas.
Todos los intentos de animarle habían sido un fracaso.
Hasta ahora La puerta de su habitación se abrió sin previo aviso, dejando entrar un mechón de cabello rosado.
“¡Maestro, deja tus tonterías de autocompasión y culpabilidad de una vez y sal de este oscuro antro al que llamas habitación!” Miró a Tamamo-no-Mae, que se alzaba orgullosa y radiante, con ojos llenos de lágrimas contenidas.
“Tú no lo entiendes, Tamamo.
Fue mi culpa que todo esto pasara.
Fue mi…” El sonido de una bofetada resonó en la habitación.
“¡Deja esa tontería de una vez!
¿En serio te vas a achacar la culpa de mo que pasó?
¿También te vas a culpar de los crímenes de Jack el Destripador?” “No, Tamamo, pero…” “¿Entonce?
Aquí solo hay dos culpables: el nefilim que mató a Aura y el dios cristiano, quien le envió” “Pero puede que haya sido mi culpa que el dios cristiano pusiera sus ojos en este sitio” “Por favor, ¿de verdad crees que ningún sitio estaba lleno de semidioses?
Ni siquiera estás seguro de que este lugar fue atacado” Cada argumento de Tamamo-no-Mae era tan lógico que no dejaban lugar a discusiones.
Tras un momento de cruzar miradas, Tamamo soltó un spiro.
“Lo hecho, hecho está.
No puedes deshacer la muerte de todos esos semidioses, pero sí puedes vengarlos.
Lo que quiero decir es que tienes que levantarte y luchar” Effiro avanzando, abriendo sus ojos mientras su cuerpo era inundado con una oleada de emociones.
“Tienes razón, Tamamo.
Debo levantarme y luchar.
Por todos ellos” sus ojos se llenaron de determinación.
Y entonces apareció ante sus ojos una pantalla holográfica.
“Se ha formado un demonio interno dentro del usuario” ¿Demonio interno?
¿Desde cuando su vida se había vuelto una novela china?
“Se ha creado una prueba antes del sometimiento del demonio interno ¿quiere hacerla ahora?
Pd: el tiempo se detendrá una vez que entre en la prueba” No se lo pensó, y aceptó de inmediato.
Al instante, todo a su alrededor se desvaneció en oscuridad: las paredes, el techo, la silla sobre la que estaba sentado e incluso Tamamo-no-Mae.
Momentos después, sus ojos se abrieron de golpe.
Frente a él se encontraba un lujoso techo de mármol pulido, y podía sentir la suavidad de una cama contra su espalda.
¿Qué demonios había ocurrido?
¿Qué clase de prueba era esa?
Entonces se miró las manos.
No eran sus manos.
Eran mucho más finas y pálidas, y tenía uñas más largas.
Con un presentimiento, se acercó a una mesita de noche ubicada estratégicamente al lado de la cama, donde se encontraba un cuenco lleno de agua.
Se miró en el reflejo, y quedó sorprendido.
Porque lo que le devolvió la mirada fue el rostro de Medea.
Después de eso, se quedó varios minutos sentado (o sentada) en la cama, asimilando todo.
Al parecer, el sistema había decidido ponerle como prueba el vivir la vida de Medea.
Incluso le cambiaron de género para ello.
Por si eso no era suficiente, podía sentir su propio ego influenciado por la consciencia de Medea.
Sentía que esto iba a ser una tarea más complicada de lo que había creído inicialmente.
La influencia de Medea sobre sus acciones le limitaría enormemente, ya que sería como luchar contra sus impulsos.
Permaneció tumbado allí, pensando hasta que escuchó un par de golpes en la puerta.
“¿Señorita Medea?
Su padre quiere verla” la voz de una criada sonó desde el otro lado.
A juzgar por las emociones que inundaban su ser, podía adivinar que no era bueno ser llamada por su padre.
Sin sentirse emocionado por el asunto, se levantó y se puso en marcha.
…
Tal y como había creído, no era algo bonito.
Tanto él como sus hermanos, Calíope y Apsirto, fueron llamados a la sala del trono, donde su padre, el rey Eetes, estaba sentado.
¿Para qué?
Para ver cómo su padre golpeaba sin compasión alguna a un pobre criado.
Effiro había visto muchas escenas horribles a lo largo de su tiempo como vigilante, pero tanto él como la conciencia de Medea se sentían asqueados por aquella demostración de crueldad.
Aún así, permaneció impasible.
Podía sentir la conciencia de Medea, guiando sus acciones y comportamiento.
Le permitía hacerse pasar por ella a la perfección gracias a eso, pero también podía perder su propio ego si soltaba el control.
Bueno, después de todo, ahora era ella.
Su padre les miró a los tres, y cuando sus ojos se encontraron, no retrocedió.
Impulsado por una voluntad que no le pertenecía, le sostuvo la mirada con ojos llenos de resolución y desafío.
¿Se creía que podía hacer lo que quisiera sólo porque era el rey?
¿Incluso con sus propios hijos?
Lo sentía.
Su odio.
Su miedo.
Su envidia.
Sabía que ella tenía una capacidad mágica sobresaliente y excepcional, y la deseaba para sí mismo.
Sabía que ella podía hacer cosas inexplicables mediante métodos desconocidos para él.
Sabía que, si se revelaba, sería un peligro difícil de detener.
Pero también sabía que podía controlarla.
Porque él era su padre.
Porque era el rey.
Y porque ella no era una asesina a sangre fría, capaz de acabar con la vida de los suyos.
Fue eso lo que le daba la seguridad para tratarla como si no fuera más que un despojo humano.
Una vez que aquella muestra de crueldad humana terminó, Eetes le ordenó a todos que se marchasen.
A todos menos a Effiro-Medea.
No habló.
No había ninguna razón viable para retenerla ahí.
Simplemente lo hizo porque le molestaba su mirada, una que parecía negarse a ser rota.
Ese atrevimiento le resultaba molesto.
Él era el rey.
Todos le respetaban y temían.
¿Entonces por qué ella le miraba de manera tan desafiante?
Su mano golpeó con fuerza una de las mejillas de Medea, dejando impresa una marca de huella rojo brillante.
Medea tampoco dijo nada.
Ni siquiera emitió un solo sonido de dolor, ni un quejido.
Apretó los dientes, pero su mirada seguía igual de aguda, como un par de cuchillos amenazadores.
Cuchillos afilados y listos para ser utilizados, pero que no iban a mancharse de sangre.
Incluso si decidía matarle, ¿a dónde podía ir?
Estaba sola y aislada en su propia tierra, sin posibilidad de huir.
Al menos no todavía.
Recibió dos golpes más antes de que su padre decidiera dejarla ir.
Y, cuando salió, se encontró con su hermano Apsirto, de pie y con una sonrisa engreída en su estúpido rostro.
“Papá volvió a golpearte, ¿verdad?” Se quedó en silencio como contestación.
“Medea, esto no pasaría si no fueras tan atrevida.
Deberías de comportarte, incluso si eres una sucia bruja” Effiro no pudo evitarlo.
Su brazo se movió por sí solo en un acto reflejo, agarrando a Apsirto por el cuello y levantándolo del suelo.
“Cierra la puñetera boca, ¿vale?
Eres un mosquito muy molesto” apretó un poco más el agarre antes de finalmente dejarle ir.
Le vio salir corriendo de vuelta a su habitación, y una sonrisa floreció en su rostro.
Tanto él como Medea estaban satisfechos con esa pequeña acción.
Poner a un cabrón en su lugar, sin importar la época, era un sentimiento reconfortante.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com