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Sistema de gacha mitológico - Capítulo 86

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  4. Capítulo 86 - 86 La llegada del príncipe
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86: La llegada del príncipe 86: La llegada del príncipe (Pov tercera persona) El tiempo se le hizo a Effiro una espera insoportable.

Desde que su padre comenzó a usar los poderes que él (ella) tenía, había sido avisada sobre cuándo y cómo debía usar su magia.

Había decidido que, ya que iba a usar sus poderes para su propio beneficio, al menos podía ponerles un límite.

Effiro también comenzó a comprender por qué el sistema había decidido que en la prueba él tomase el lugar de Medea en vez de otra persona.

El sistema quería ponerle a prueba haciéndole vivir el dolor de otra persona, con la esperanza de que esto le permitiera sobrellevar mejor sus sentimientos.

De todas sus invocaciones, Medea era sin duda la que más había sufrido.

Prácticamente había sido utilizada y traicionada por la mayoría de personas a su alrededor, y la gente que no se había aprovechado de ella la habían temido por su capacidad de utilizar magia, un poder desconocido y aterrador.

No lo hizo más fácil de soportar el hecho de tener la conciencia de Medea en su cabeza, afectando a su propio proceso de pensamiento y sus emociones.

Sentía sus sentimientos y los de la hechicera al mismo tiempo, y no era un sentimiento bonito.

También aprovechó sus pequeñas escapadas ocasionales a la cocina para robar algunos elementos útiles en ciertos hechizos, pociones y rituales.

Podían mantener un control estricto sobre su uso de la magia, pero eso no significaba que no pudiera utilizarla sin permiso.

Sólo ella podía elegir si quería hacerla o no.

Los días pasaron en una aburrida monotonía, rota solo por sus prácticas de magia a escondidas, algunas de las cuales habían sido asistidas por su tía Circe, al menos antes de que fuera exiliada a la isla de Eea.

Y, finalmente, llegó el día que tanto había estado esperando.

La llegada de los argonautas a la Cólquida.

Eran un grupo pintoresco: una gran cantidad de hombres, la mayoría de ellos los cuales no resaltaban mucho ni resultaban importantes.

Sin embargo, sí que habían algunos que llamaban la atención.

Tal era el caso de Atalanta, Meleagro, Orfeo, Cástor, Pólux y, por supuesto, Jasón.

En cua to le vio, la mente de Effiro reaccionó de dos maneras distintas.

Por un lado, su consciencia sintió asco y un intenso deseo de matar a ese cabrón, del cual sabía todas las cosas que haría en el futuro.

Por el otro lado, la conciencia de Medea, endurecida pero todavía demasiado inocente, se sintió atraída al instante.

Él era un héroe justo, apuesto y valiente a sus ojos, después de todo.

Para mantener controlados aquellos pensamientos, hundió sus uñas en la palma de su mano, haciendo manar varias gotas de sangre carmesí.

Aún así, decidió que debía seguir la historia original.

El propósito de aquella prueba era lidiar con el dolor de otra persona, por lo que era algo estúpido el intentar evitar tal destino.

Incluso si lograba cambiarlo, aquello no era más que una ilusión.

Todos los eventos que estaba viviendo ya habían pasado, y no cambiaría nada cualquiera de sus acciones dentro de la ilusión.

Así que al final dejó que la consciencia de Medea actuase por su cuenta.

Era la única manera de que siquiera pudiera besar a semejante cabrón sin sentir arcadas.

Vio cómo su padre les recibió con los brazos abiertos y una sonrisa falsa plasmada en su rostro, diciéndoles que, si querían el vellocino de oro, el objeto por el cual habían llegado allí, deberían pasar entonces por tres pruebas.

Tres pruebas que habían sido hechas de tal manera que deberían de ser imposibles de completar para cualquier ser humano normal y corriente.

Ni siquiera los guerreros más experimentados habían logrado pasar la primera prueba.

Y cada muerte le había otorgado más fama al capullo de su padre, tal y como él quería.

Effiro no pudo evitar sonreír.

Porque, a pesar de que ayudaría a Jasón y sabía de los sucesos que acarrearía eso después, podría asestar un duro golpe a su padre.

Uno que realmente le dolería.

Una vez que la reunión terminó y se le dio a los argonautas habitaciones propias, Effiro volvió a la suya.

Sabiendo que esto iba a ocurrir, ya había preparado con anterioridad una poción que ayudaría al estúpido de Jasón en su misión.

Esperó durante una hora a que se calamara el alboroto inicial por la llegada de los héroes, para deslizarse en medio de la noche por los pasillos.

Había tenido tiempo de sobra para aprender cuándo y cómo debía moverse si quería evitar a los guardias que patrullan los pasillos.

Tuvo su primer contacto cuando estaba a punto de llegar a la habitación de Jasón.

“¿A dónde vas, bruja?” Quién habló era un hombre alto y musculoso como un armario, el cual transmitía una sensación de fuerza con su sola presencia.

Su cuerpo era mucho más grande que el de cualquier guerrero que hubiera visto en su vida.

Sin dudarlo, se inclinó en una reverencia respetuosa.

“Es un honor estar en su presencia, Meleagro, príncipe de Caledonia” “¿Qué haces mostrando tan poco respeto a la princesa de este reino, Meleagro?

¿Eres tan bárbaro?” En ese momento, una mujer, a la que Effiro reconoció como Atalanta, se acercó a ellos.

“Mira quién fue a hablar, la que se crió en la naturaleza” a pesar de sus palabras, el príncipe de Caledonia no tenía la intención de ofender a su compañera.

De hecho, se podía sentir cierta tensión entre los dos.

“Es un placer conocerla a usted también, lady Atalanta” Volvió a inclinarse una vez más.

“Está bien, no hace falta ese tipo de formalidades conmigo” Atalanta descartó la acción con un movimiento de mano, restándole importancia.

“De todos modos, ¿qué asunto tienes con nuestro líder para venir tú sola hasta sus aposentos?” “Deseo ayudarle a completar las tres pruebas impuestas por mi padre para conseguir el vellocino de oro.

Me temo que, sin mi ayuda, está condenado al fracaso” “¿Y cómo sabemos que dices la verdad, hechicera?” “Estoy dispuesta a jurar por los dioses que todo lo que digo es cierto” Si algo había aprendido en su tiempo allí, sin duda era el hecho de que los juramentos en nombre de los dioses eran raros y sagrados.

Sólo aquellos con total convicción y confianza en sus propias palabras los harían.

Y esa era una gran prueba de que hablaba en serio.

No la cuestionaron más, dejándola pasar directamente a la habitación en la que se alojaba Jasón.

Jasón estaba allí, sentado en uno de los sillones del interior, de espaldas a la puerta por donde había entrado.

Cuando se dio la vuelta para mirarla, sintió ira y deseo a partes iguales.

Ambas consciencias parecían luchar por cual de las dos albergaba sentimientos más intensos.

Al final, Effiro dejó que el deseo ganase.

Era necesario seguir los mismos pasos que Medea si quería sacar provecho de la ilusión a la que se había visto transportado.

“¿A qué has venido, princesa?” Preguntó Jasón.

“He venido para ofreceros mi ayuda, príncipe de Yolcos” Él no pareció dudar de sus palabras.

Seguramente ya se había dado cuenta de cómo el cuerpo de Medea reaccionaba a su simple presencia.

“Se agradece tu ayuda, princesa.

Dime, ¿en qué consisten las tres pruebas y cómo puedo pasarlas?” “Lo más importante ahora son las dos primeras pruebas.

La primera se trata de arar un campo usando un par de bueyes con aliento de fuego” “¿Y cómo puedo superar semejante prueba?

Acabaré hecho cenizas” Ojalá te pasara eso, cabrón Effiro tuvo que contenerse para no perder el control y soltar esas palabras.

“Eso tiene una solución fácil: tengo un elixir que te hará inmune contra las llamas y el calor.

El aliento de los bueyes será incapaz de tocar aunque sea un centímetro de tu piel” “¿En verdad fuiste capaz de crear tal cosa?

Sin duda eres digna de tu título y linaje, princesa.

Agradezco tu ayuda” “La segunda prueba consiste en plantar dientes de dragón en la tierra recién arada.

Esto provocará que del suelo emerjan guerreros esqueleto” “¿No podría derrotarlos con mi espada?” Maldito idiota simplón “No.

Son demasiados, y no tendrías ninguna posibilidad si tratas de luchar contra ellos.

Lo mejor será que te escondas y lances una piedra entre ellos” “Está bien, haré caso a la experta de turno” No hace falta ser un experto para darse cuenta de esto, estúpido “¿Y la tercera prueba?” “De momento no vale la pena hablar de eso.

Tú céntrate en las dos primeras, y ya nos encargaremos de la tercera cuando sea el momento” posó en las manos una botella con el elixir contra el fuego y se retiró de vuelta a sus aposentos.

Una vez que estuvi fuera de la vista de cualquier incauto, se llevó las manos al rostro en un gesto de exasperación, antes de llevárselas al estómago y hacer el amago de vomitar.

¿Cómo podía ser ese hijo de puta tan…?

Sabía que su forma de ver a Jasón estaba condicionada por todo lo que sabía sobre él, pero eso no significaba que estuviera equivocado.

Era apuesto, sí.

Pero eso no era excusa para el comportamiento de ese hombre y sus futuras acciones.

Sólo podía esperar a que las pruebas comenzasen y ese idiota egoísta y mentiroso las superase correctamente.

Y una vez que lograse salir de la Cólquida…

Estaría un paso más cerca de terminar la prueba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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