Sistema de gacha mitológico - Capítulo 89
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- Capítulo 89 - 89 Purificado al demonio
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89: Purificado al demonio 89: Purificado al demonio (Pov tercera persona) Al final lograron escapar, pero todavía quedaban muchas cosas por ocurrir.
Y necesitaban purificarse después del asesinato de Apsirto.
Por suerte, Effiro conocía a la persona adecuada para llevar a cabo la purificación.
Pudo sentir su presencia antes de llegar a la isla.
Posiblemente estarían a más de un kilómetro de distancia, pero aún así su aura era palpable.
La energía mágica de la hechicera, visible sólo porque así lo quería ella, sirvió como un faro que les guió directamente a la ubicación de la isla, oculta tras un complicado entramado de hechizos e ilusiones.
No tardaron mucho en verla: Eea, la isla en la que habitaba la legendaria hechicera Circe, su tía.
Pronto, el Argos desembarcó en la orilla de la isla.
Siguieron un camino de tierra labrada hasta llegar a una cabaña.
Y, frente a la puerta de esta, se encontraba Circe, con los brazos apoyados por debajo del busto.
“Ya era hora de que llegaseis.
Adelante, ponéos cómodos, construir un campamento o lo que sea.
Va a anochecer pronto, así que os recomendaría descansar ahora” Todos se pusieron manos a la obra, y Effiro iba a hacer lo mismo hasta que Circe interrumpió sus acciones.
“Tú no, Medea.
Tú puedes dormir conmigo en la cabaña.
Tengo una habitación para tí” Genial, tiempo a solas con la tía a la que no veía desde hacía unos cuantos años.
…
La luna colgaba alto en el cielo, con su suave luz plateada filtrándose por la ventana de la habitación en la que se quedaba Effiro.
La noche era tranquila y apacible, pero no era capaz de conciliar el sueño.
La conciencia de Medea se veía atormentada por sus acciones “malvadas”, a diferencia de Effiro, que creía haber hecho lo correcto.
Ella lo entendería tarde o temprano.
El ambiente le resultaba agradable, y la vista del exterior era hermosa.
Cerca de la cabaña, podía ver un grupo de tiendas improvisadas de tela, en las cuales descansaban los argonautas.
“Medea, parece que no puedes dormir” “Simplemente no estoy cansada, tía.
De todos modos, ¿qué es lo que quieres?” “Me gustaría proponerte algo: que te quedes a vivir aquí, conmigo” “Lo siento, pero no puedo” ni siquiera se lo pensó.
Por más tentadora que fuera la oferta, aquello no era real.
Debía seguir la historia.
“Es por ese chico, ¿verdad?
Jasón” la voz de Circe pareció agriarse.
“Sí” “Él te hará daño, tarde o temprano.
Seguirle sólo te causará sufrimiento” “Lo sé” “Entonces, ¿por qué insistes en seguirle?” “Ese es el destino.
Sólo puedo seguir ese camino” “Si te vas de esta isla, entonces será la última vez que nos volvamos a ver” fue inflexible.
Effiro sabía que hablaba en serio.
“Entonces que así sea.
Es un placer esta visita, tía” “Lo mismo puedo decir yo, sobrina” Al día siguiente, se llevó a cabo la ceremonia de purificación en nombre de los dioses.
Una vez que terminó, volvieron a abordar el Argos y zarparon de nuevo.
Effiro pudo ver a Circe desde la orilla, con una mirada de arrepentimiento y tristeza.
Su estancia en aquella isla, con la soledad que eso conllevaba, muchas veces resultaba una maldición.
Se sentía mal por abandonarla allí, pero de nuevo, nada era real.
Sus acciones no importaban en esa ilusión.
Después de eso siguieron muchas aventuras.
Pasaron cerca de la isla de Creta, donde venció al autómata gigante de bronce, Talos, usando los espíritus de la muerte para enloquecerlo y obligarlo a acabar con su propia vida.
Fueron rodeados por una espesa niebla gris, cosa que una bandada de sirenas con cabezas de mujer y cuerpos de pato aprovecharon para atacar.
De no haber sido por la presencia de Medea-Effiro y Atalanta, las únicas mujeres biológicas e inmunes a su canto de la embarcación, todos habrían muerto ahí.
Llegaron a la tierra de Córcira, donde los soldados de la Cólquida finalmente les alcanzaron.
Gracias a la rápida participación del rey de aquellas tierras, quien les había cogido cariño, llegó a un acuerdo con sus perseguidores: les entregaría a Medea si esta era virgen.
La esposa del rey comunicó estas noticias a los argonautas, lo que obligó a Effiro a tener relaciones sexuales con Jasón y sellar su matrimonio.
Sobra decir que se sintió asqueado, pasándole el control a la conciencia de Medea.
Acabaron en Libia por un error, y necesitaron la ayuda del dios Tritón para volver a encaminarse por mar.
Cuando llegaron a Yolcos, el tío de Jasón, Pelias, decidió romper su promesa.
Por tanto, en lugar de darle el trono directamente, lo convirtió en su sucesor.
Esto daría tiempo para que su hijo volviera al palacio y reclamase la corona de la ciudad.
Y ahí fue donde Jasón le pidió su ayuda.
Se vio obligado a usar sus poderes para hacer creer a Pelias que podría hacerle joven de nuevo, cosa que realmente era posible.
Después de lo cual manipuló a sus hijas, haciéndolas acabar con la vida de si propio padre.
Jasón pudo disfrutar del trono que le correspondía por derecho propio durante un tiempo, hasta que su primo llegó.
Debido al descontento de la gente de tener como reina a una bruja, se acabaron viendo obligados a abandonar Yolcos, acabando en la ciudad de Corinto.
Vivieron allí durante diez años, en los cuales tuvieron dos hijos, hasta que Jasón aceptó un trato del rey Creonte: abandonar a Medea para casarse con su hija, la princesa Creusa.
Effiro se coló en el palacio tras recibir la noticia, abriéndose paso con su magia.
Tras darle un vestido envenenado a la princesa y que esta muriera, el rey Creonte sufrió el mismo destino.
Tras intentar huir lo más rápido que pudo en un carro tirado por caballos solares, sus dos hijos murieron apedreados por los habitantes de Corinto, furiosos por el asesinato de la realeza.
Así, se vio obligado a abandonar la ciudad sólo, para continuar con la poca historia que quedaba.
Tras huir, decidió buscar a Heracles, con quien se encontró en el pasado y quien le había ofrecido su ayuda en caso de que Jasón no cumpliera con su palabra.
Lo encontró en la ciudad de Tebas, pero estaba afectado por una locura inducida por Hera, de la cual salió gracias a la ayuda de la magia de Medea.
Sin embargo, Heracles fue incapaz de prestar su ayuda, debido a que tenía prisa por completar los doce trabajos que le fueron impuestos como castigo por matar a su familia.
Llegó hasta Atenas, donde se casó con el rey Egeo y, mediante su magia, concibió a un hijo a pesar de la edad que tenía el rey.
Vivió en la ciudad con su nuevo hijo, Medo, hasta que Teseo llegó tras matar al minotauro en Creta.
Sin querer quitarle el derecho al trono, decidió irse por voluntad propia, abandonando la ciudad y vagando por el mundo.
Pasó por Italia, en donde le enseñó a la gente de los pueblos nativos el arte de encantar serpientes.
En Tesalia, participó en un certamen de belleza con la diosa Tetis.
Luego vivió en Fenicia durante un tiempo, disfrutando del rico ambiente comercial.
Finalmente se enteró de que su padre había sido destronado por su hermano, Perses, y llegó allí para reclamar el trono.
Mató a su propio tío, liberando a su padre Eetes de la celda en la que fue encerrado, y se convirtió en la reina de la tierra en la que vivió durante tanto tiempo, en compañía de su preciado hijo.
“Has completado la historia de Medea.
La prueba terminará en un momento.
Por favor, espere” Effiro dejó escapar un suspiro de alivio.
De todas las cosas que había vivido, esta era una de las más agotadoras; había sentido demasiadas emociones durante lo que fueron años enteros.
Lo peor de todo fue tener que seguir la corriente, incapaz de hacer cambios.
Quería transformar una tragedia en una historia feliz, pero se vio incapaz de llevarlo a cabo por el maldito propósito de la ilusión.
Pero ahora había finalizado, y podía volver de una vez al mundo real.
El mundo a su alrededor se desmoronó, convirtiéndose en un vacío oscuro y sin luz, en el cual parecía flotar.
No había nada que le sirviera como referencia de dirección.
No, en realidad sí que había algo: una figura a diez metros de distancia.
Tenía una apariencia parecida a la suya propia, pero poseía ojos de color carmesí, una piel mucho más pálida, uñas afiladas como garras y un aura siniestra.
“La purificación del demonio interno va a empezar.
Por favor, prepárese” “Entonces tú eres mi demonio interno, ¿eh?” “Así es” la figura asintió.
“Ya veo.
Para ser mi demonio interno, eres mucho más feo que yo.
Decepcionante” Una vena se marcó en la frente del demonio, producto de su ira.
“Es una lengua afilada esa que tienes ahí” “Si eso te parece afilado, espera a ver el filo de mi espada” Se miraron fijamente durante varios segundos, y un viento invisible recorrió el vacío ante un choque de poderes que no podía ser notado a simple vista.
Y entonces ambos se lanzaron a la vez.
La Kusanagi-no-tsurugi chocó contra la hoja de una espada demoníaca, sin sobreponerse a la otra.
Retrocedieron, preparándose para volver a atacar.
Intercambiaron golpe tras golpe, recorriendo el oscuro vacío interminable mientras realizaban una danza de cortes y metal.
Ninguno de los dos cedió un centímetro, atacándose entre sí con la brutalidad de dos enemigos acérrimos que se odiaban a muerte.
La kusanagi-no-tsurugi fue intercambiada por la espada de Kurikara, mucho más ideal para la caza y asesinato de demonios.
No usó habilidades.
Ni siquiera usó la mayoría de sus artefactos.
Sólo uso esa espada y sus propias capacidades físicas para pelear contra aquel ser que había nacido de sus sentimientos.
Era la manera de demostrarse a sí mismo que era capaz de hacerse cargo de sus propios problemas.
Incluso si se trataba de sus emociones, podía resolverlo por sí mismo.
¿Psicólogo?
No, gracias.
Prefiero entablar una pelea con ellos hasta someterlos a base de golpes.
El combate acabó llegando a su fin.
Con un movimiento final, la Espada de Kurikara atravesó el pecho del demonio interno.
El poder purificador del artefacto hizo efecto, reduciéndolo a cenizas casi al instante.
Había terminado.
Y entonces abrió los ojos.
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