Sistema de gacha mitológico - Capítulo 90
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de gacha mitológico
- Capítulo 90 - 90 Inicio del entrenamiento
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
90: Inicio del entrenamiento 90: Inicio del entrenamiento Effiro recuperó el conocimiento, parpadeando un par de veces para adaptarse a la poca luz que se filtraba a través de su ventana.
Tamamo-no-Mae estaba en frente suyo, mirándole con ojos dorados llenos de felicidad.
“¡Ese es el espíritu, maestro!
Tu leal esposa a cumplido su propósito aquí” salió felizmente de la habitación, tarareando una canción mientras iba a reunirse con el resto, posiblemente para alardear de su logro.
Se puso de pie para seguirla.
Había tenido mucho tiempo dentro de la ilusión para preguntarse qué hacer a continuación.
Quería ser mucho más poderoso.
Su poder no era suficiente.
No sería suficiente hasta que lograse derrotar al nefilim.
Y una vez que logre su objetivo, tampoco será suficiente, porque necesitará todavía más poder para enfrentarse a los próximos peligros.
No tardó mucho en llegar a la habitación en la que todas sus invocaciones se habían reunido.
Las miró, recordando sus formas, sus rostros.
Se sentía como si no les hubiera visto en una eternidad, a pesar de que para ellos apenas había pasado una semana.
“Chicos, quiero que vayáis al edificio central.
Me gustaría comunicaros algo importante” Todos asintieron, preparándose para ir al lugar indicado.
Después de eso, Effiro buscó a Fleg, Ember, Phoebe, Taylor y Zoe.
Ellos también debían de saber lo que quería decir.
Una vez que entró dentro del edificio central, llendo directamente a la habitación principal, vio que todos estaban reunidos allí.
Quince personas, todas reunidas solamente para escucharle.
Todos mirándole con curiosidad, esperando a que comience.
Respiró hondo, antes de liberar el aire en sus pulmones y comenzar a hablar.
“Os agradezco por estar aquí.
Lo que quería deciros es simple: he decidido que necesito ser más fuerte” “No es por nada, pero todos aquí nos sentimos igual que tú” Dijo Fleg, cruzando los brazos por debajo del pecho.
“Lo sé.
Pero lo que yo quiero es irme en un viaje para fortalecerme.
Un viaje en solitario” “¿No podemos acompañarte nosotros, tus leales invocaciones?” Preguntó Tamamo.
“Por desgracia, no.
No quiero depender de ninguno de vosotros.
Quiero volverme más fuerte por mérito propio.
Y eso significa que debo luchar yo solo” “Vale.
¿De cuanto tiempo estamos hablando exactamente?” “Para responder a tu pregunta, Zoe, debo decir que no estoy seguro.
Sin embargo, calculo un promedio de un año” “Un año…
¿y qué tienes pensado hacer?” “Haré lo que siempre hago: nadar a través de un mar de problemas.
Y también tengo pensado buscar la guía de alguien, aunque eso es algo que prefiero dejar como una sorpresa” “Entonces, ¿esto es una despedida?” Jeanne levantó una ceja, con una sonrisa divertida.
“Sí, esto es una despedida.
Espero que todos vosotros también entrenéis duro, y os deseo suerte sin mí” “¿En serio piensas tan bien de tí mismo?
Está bien, nosotros también te deseamos suerte a tí” Medea sonrió con ironía.
La despedida no duró mucho.
Con todo dicho, Effiro abandonó la sala.
Ya había planeado lo que iba a hacer después.
Se miró el dedo anular, en donde tenía el anillo de Draupnir.
Luego su mirada se dirigió a su mesa, en donde descansaba una carta.
Quería aislarse de cualquier contacto humano hasta que su entrenamiento terminase.
Eso también significaba que no podría visitar su antiguo hogar durante ese tiempo.
Quería enviar esa carta para contar todo lo que había sucedido y lo que ocurriría.
Pero, ¿cómo podía enviarla?
La respuesta llegó en forma de destello dorado.
“Veo que alguien necesita mi ayuda por aquí, ¿eh?” Hécate se manifestó frente a él, por primera vez, con una forma material.
“Justo a quien necesitaba.
Pero tú ya lo sabes bien, mi lady” se puso en pie, dedicándole una reverencia burlona.
“Un comportamiento verdaderamente irrelevente.
Me gusta” la diosa asintió de manera aprobatoria.
“Entonces, ¿lo harás?” “Sí.
Confía en mí, me encargaré de hacer que esta carta llegue a su destino.
Después de todo, estoy segura de que Hermes estará más que dispuesto a cumplir este trabajo” “Te lo agradezco mucho.
De verdad” “Lo sé.
Supongo que también quieres su ubicación, ¿verdad?” “Me sería bastante útil” “Está bien.
De todos modos, es algo pequeño” le tocó la frente con el dedo índice, transmitiéndole el conocimiento que requería para llevar a cabo su plan.
Tras esto, Hécate se desvaneció, dejando el lugar tan rápido como llegó.
Con ese asunto resuelto, sólo quedaba una cosa más por hacer.
Una vez más usó la habilidad del anillo de Draupnir, abriendo un portal.
Sabía a donde iba a ir a parar.
Aún así, iba a resultar un viaje nuevo, y eso le emocionaba.
Ni siquiera se lo pensó, antes de cruzar el portal.
Su habitación desapareció, dejando paso a un hermoso bosque.
Árboles de copas frondosas y hojas vibrantes estaban repartidos por todo el lugar, dándole un aspecto casi idílico.
Sus ojos observaron el lugar, fijándose en cada hebra de energía que flotaba en el aire.
Decidió caminar hacia adelante, explorando los alrededores.
No tardó mucho en dar con lo que buscaba.
Frente a él se encontraba una fuente interminable de energía y poder, tan brillante que no le extrañaba que le hubiera servido de faro.
Y lo que producía esa cantidad masiva de energía no era otro que un hombre de cabello y ojos marrón castaño, y un cuerpo tan grande como un armario.
¿Por vestimenta?
Ropas de tela griega y una piel de león a base de capa.
“No has tardado mucho en llegar aquí.
Pensé que ibas a tomarte tu tiempo” “Cuanto antes empiece, mejor.
Quiero pedirle que se convierta en mi maestro, lord Heracles” “Si eso es lo que quieres, entonces cumpliré con tu deseo.
Sin embargo, siento decirte que no puedo serte de gran ayuda.
Lo máximo que puedo hacer es darte algunas misiones y, si las completas todas, entonces te otorgaré mi bendición” En realidad, aquello era más de lo que Effiro podía esperar pedir.
Asintió con la cabeza, indicando que eso era suficiente para él.
“Bien, ya que hemos dejado eso en claro, tu primera misión será hacer frente a las aves del Estínfalo.
Una vez que lo hayas hecho, vuelve aquí” “¿Puedo pedir algo antes de irme?” “¿Qué es lo que quieres?” “Ver tu verdadera forma.
O, al menos, lo que mi mente sea capaz de soportar” Le miró sorprendido.
En toda su vida, esta era la primera vez que se encontraba con alguien que le pedía algo como eso.
“Está bien.
Supongo que puedo cumplir ese deseo tuyo” Al instante, su forma cambió ante los ojos de Effiro.
El cambio fue instantáneo y devastador.
La realidad se resquebrajó a su alrededor, destrozada por el ser que se hallaba en aquel espacio.
Era informe: una masa de energía cambiante, cuya simple presencia era suficiente como para ejercer una presión sofocante sobre todo a su alrededor.
Apenas era capaz de soportar aquella visión, y pudo sentirlo: no era un simple ser trascendental.
No, era algo más.
Era la fuerza pura.
No el concepto de fuerza, sino un ser más allá del propio concepto que representa.
Lo supo en ese momento: si quisiera entablar un enfrentamiento físico contra Heracles, estaba condenado a la derrota.
No sólo porque este era un dios, invencible en una lucha contra un ser mortal de la tercera dimensión, sino porque la propia fuerza era un concepto bajo su completo control.
Si quería, podía hacer sus golpes tan débiles como el aletear de una mosca.
Un momento después, Heracles volvía a su forma humana, tan apuesto y despreocupado como siempre.
Su verdadera forma, o lo que él había sido capaz de percibir, fue suficiente para llenarle de un terror infinito, del cual parecía imposible recuperarse.
Sólo ahora comprendió que, tal vez, el dios cristiano se había estado conteniendo durante su encuentro.
Porque la diferencia entre los dos dioses era simplemente abismal.
Finalmente comenzó a hacerse una idea de qué tan poderosos eran realmente los dioses.
Una idea limitada alcanzada por una mente limitada, pero era lo mejor que tenía.
Y, con paso firme, se alejó del lugar, internándose en el bosque.
Tenía una misión que cumplir.
…
Himiko se había levantado de la cama tarde, disfrutando del fin de semana.
Un fin de semana que se le había estado haciendo muy solitario desde que Effiro se fue.
Y entonces su mirada, nublada por el sueño, se posó en una carta.
Blanca, sin ningún detalle aparte de un típico sello de lacra rojo.
¿Quién podía haberla dejado ahí?
No tenía ni idea, y eso la hizo sentir curiosidad.
Tomó el sobre, quitó el sello y sacó la carta en su interior.
Sin más, comenzó a leerla.
Querida, Himiko, últimamente han pasado muchas cosas.
¿Por dónde comienzo?
Visité otro mundo.
Específicamente, el mundo de Jujutsu Kaisen.
Gojo no fue un gran desafío, y Sukuna fue derrotado en un duelo de cortes.
Por cierto, la adaptación de Mahoraga no fue rival para mí.
Increíble, ¿no?
Después de eso, volví al campamento de semidioses para continuar con la vida allí.
Pero eso no duró mucho.
Fuimos atacados.
El dios cristiano nos encontró, y envió a un grupo de monstruos.
Y a un nefilim, si es que te acuerdas de qué es eso.
Hubieron muchas bajas.
Para ser más específicos, un cuarto de los semidioses del campamento murieron, incluyendo a mi maestra, Aura.
Me culpé a mí mismo de lo que había pasado.
¿Te lo puedes creer?
Eso fue muy egoísta de mi parte, lo sé.
No voy a mentir, me afectó durante varios días.
Pero Tamamo-no-Mae me ayudó a darme cuenta de mi propia estupidez.
Finalmente, decidí que debía volverme más fuerte.
Es por eso que he decidido que debo marcharme.
No será para siempre: en principio, será tan solo un año de entrenamiento en solitario, todo bajo la tutela de Heracles, si tengo suerte.
Sé que es mucho tiempo, pero te pido que seas paciente.
Y sé que lo serás.
Recuerda que te amo, ¿vale?
Besos, Effiro.
Una vez que terminó de leer la carta, Himiko la apretó contra su pecho.
Ese idiota…
¿Cómo se atrevía a hacer esperar a una dama?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com