Sistema de gacha mitológico - Capítulo 91
- Inicio
- Todas las novelas
- Sistema de gacha mitológico
- Capítulo 91 - 91 Inicio del entrenamiento
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
91: Inicio del entrenamiento 91: Inicio del entrenamiento (Pov Effiro) Había pasado tanto tiempo en la ilusión creada por la prueba del sistema que casi me olvido de cómo se sentía mi propio cuerpo.
Volver a ser yo mismo era reconfortante.
Ya no me veía influenciado por la consciencia de Medea, lo que era un gran alivio para mí.
Aún así, sé que fue necesario.
Sólo así pude comprender mejor los sentimientos.
Y ahora mira dónde he acabado: en un hermoso bosque, acampando en medio de la oscuridad mientras caliento mi cuerpo con el fuego de una hoguera.
La misión que Heracles me encomendó es luchar contra las aves del Estínfalo.
¿Cómo sé dónde se encuentran?
Fácil: en el lago Estínfalo.
¿Qué os esperabais?
Encontrar su ubicación, sin embargo, resultó mucho más complicado.
Sin nadie a quien pedir indicaciones, sólo podía apañármelas por mi cuenta.
Primero, localicé todos los cuerpos de agua cercanos.
Luego, dibujé un mapa de los alrededores, marcando mi ubicación.
Y ahora quiero tumbarme y dormir hasta que salga el sol.
Uno no puede entablar combate con un grupo de monstruos sin haber tomado una siesta reparadora.
…
En cuanto salió el sol y hube desayunado, me puse en marcha.
El lugar en el que me encontraba, como había podido constatar, parecía ser desconocido.
Al menos, no se parecía a ningún sitio en el que hubiera estado.
Por lo tanto, sin saber dónde estaba, puse rumbo al cuerpo de agua más cercano.
Spoiler: no habían aves del Estínfalo allí.
Lo que sí había era un kappa, un yokai que parece una mezcla entre niño y tortuga.
En cuanto me vio, trató de abalanzarse sobre mí.
Según lo que sabía de ellos, lo más probable es que quisiera comerse mis entrañas.
Para su desgracia, no iba a dejarle conseguir su comida tan fácilmente.
Balanceando la Kusanagi-no-tsurugi en un movimiento ascendente, lo partí en dos mitades perfectas.
¿Era el monstruo demasiado débil, o yo era demasiado fuerte?
Apostaría por la segunda respuesta.
Esperaba que las aves del Estínfalo fueran igual de débiles.
Eso haría las cosas mucho más fáciles para mí.
…
Otro Spoiler: las aves del Estínfalo no eran para nada débiles.
Miré la enorme nube negra que se alzaba decenas de metros por encima de mi cabeza, ocultando el sol y proyectando su sombra sobre el suelo.
La nube estaba conformada por quién sabe cuántas aves, todas con alas, picos y garras de brillante metal broncilíneo.
En cuanto las vi, me di cuenta de que tal vez me había equivocado a la hora de juzgarlas.
Físicamente debían de ser mucho más débiles que yo, pero en donde verdaderamente destacaban era en su capacidad para abrumar a víctimas más fuertes basándose en los números.
Eso es lo que ocurrió en mi caso.
Si decidía luchar usando mis capacidades superiores, sería derrotado por la gran cantidad de enemigos.
Pero, si usaba mi cerebro, creaba un plan y explotaba las debilidades de mis enemigos, sin duda podría ganar.
Esto me demostró que las pruebas de Heracles no eran tan simples como parecía al inicio.
Me estaba dando misiones que me ayudarían a volverme un luchador experto.
No más fuerte.
Mejor.
Con un chillido agudo, innumerables aves se abalanzaron sobre mí, con las garras extendidas en mi dirección y los picos entreabiertos.
Esa fue mi señal para actuar.
Sostuve la Kusanagi-no-tsurugi en una mano y la espada de Kurikara en la otra, haciendo chocar las dos hojas con fuerza.
El resultado fue un sonido metálico, lo suficientemente fuerte y estridente como para resultar molesto.
Pero para las aves fue mucho más que simplemente molesto.
Chillaron de dolor y miedo, deteniéndose en el aire por un momento.
Entonces volví a golpear las dos armas, y otra vez, y otra más.
Los monstruos se dieron la vuelta y trataron de huir, espantados por el sonido.
Realmente lo odiaban.
Fue ahí cuando golpeé.
Una flecha de fuego salió disparada de mis manos, golpeando a una de las criaturas.
El proyectil explotó al impacto, llevándose a varias aves e hiriendo a muchas más.
Luego llegó un corte.
Invisible, silencioso, veloz y letal.
Ni siquiera las plumas de metal pudieron bloquear el poder de mi hechizo de corte.
Por desgracia, muchas aves lograron escapar de mí.
Bueno, ni siquiera Heracles logró exterminarlas.
Me encogí de hombros, dándome la vuelta para volver con él.
Nunca me dijo que debía derrotar a todas las aves del Estínfalo, después de todo.
Cuando llegué a su ubicación, estaba sentado cómodamente sobre el tronco de un árbol, disfrutando de la carne de un jabalí.
En cuanto me vio acercarme, levantó una ceja.
“Hmm ¿ya terminaste?” “Sí” “Ya veo.
¿A cuantos de esos bastardos mataste?” “A unas cuantas decenas.
Aún así, se me escaparon muchas aves” “¿Y cómo lidiaste con ellas?” “Usé sonidos fuertes para auyentarlas, y entonces ataqué desde la distancia” Asintió con satisfacción ante mis palabras.
“Ese fue un movimiento inteligente.
Utilizaste tu inteligencia para vencer a unos enemigos que te superaban en número.
Te estás dando cuenta de cómo funcionan estas misiones” “¿Cuál es la siguiente misión?” “Déjame apuntar todo en una hoja.
Así no tendrás que venir a preguntarme cada dos por tres” Invocó una hoja de papel con un ademán de su mano, con las próximas misiones que debía cumplir apuntadas en tinta dorada.
-Derrotar al toro de Creta -Derrotar al jabalí del monte Erimanto -Derrotar a la Hidra de Lerna -Cazar a la cierva de Cerinea -Derrotar al león de Nemea Cinco misiones más.
En total, Heracles me estaba entrenando dándome seis de los doce trabajos que se vio obligado a realizar en la antigüedad.
La dificultad seguramente sería mayor, y cada misión sería un nuevo reto que resolver.
Además, a eso había que sumarle el tiempo que debería de tardar en dar con cada uno de mis objetivos.
“Gracias” me incliné ante Heracles en agradecimiento antes de irme.
Había mucho trabajo por hacer, y mi tiempo era limitado y precioso.
…
Anduve por estas tierras hermosas y salvajes durante semanas, tal vez incluso un mes, hasta que di con mi primer objetivo.
Más adelante había un prado de exuberante y fresca hierba verde.
Y allí, paciendo tranquilamente, ajeno a su entorno, se encontraba un toro.
Una bestia majestuosa, de cuerpo musculoso, del doble del tamaño de un toro normal y de un profundo color negro.
No se preocupaba por los posibles depredadores que pudieran acecharle porque tenía total confianza en su propia fuerza.
Y tenía toda la razón en sentirse así.
Sólo por la presión que su presencia emitía era capaz de decir que, físicamente, no podía compararme con él.
Pero, de nuevo, esto no trataba de ganar con fuerza bruta.
Se trataba de qué tan bien podía luchar contra un enemigo que me superaba.
Debía ganar usando técnicas de combate, ingeniándomelas para enfrentarlo de manera inteligente.
Di un paso hacia adelante, saliendo de la sombra de los árboles y quedando a la vista.
El toro me miró con ojos profundos y penetrantes, resoplando en señal de advertencia.
Si me atrevía a acercarme más, me mostraría la fuerza de la que estaba tan orgulloso.
Por supuesto, yo no le hice caso.
Volví a avanzar, y entonces el monstruo atacó.
Su embestida fue como un tren de carga, corriendo a velocidades superiores a las del sonido mientras me apuntaba con sus cuernos.
Me hice a un lado en el último momento, esquivando el ataque por un pelo.
Decenas de árboles fueron derribados por la fuerza del golpe, causando gran destrucción en el bosque.
Se dio la vuelta lentamente, mirándome con ojos llenos de odio.
Nadie lo había derrotado nunca, salvo Heracles.
No había sido dominado hasta esa vez.
¿Y ahora llegaba yo, un desconocido, para hacer lo mismo?
Se sentía indignado, eso seguro.
Y ahora quería matarme con toda su alma.
Volvió a abalanzarse sobre mí, con su gran masa muscular de quién sabe cuántas toneladas destruyendo el suelo bajo sus pezuñas.
Esta vez no esquivé.
Tampoco intenté bloquear su carga.
Eso habría sido un suicidio.
En cambio, atrapé sus cuernos con ambas manos y salté para evitar la fuerza de impacto.
Debo jugar inteligente y luchar mejor que esta bestia.
Sólo así puedo ganar sin tener que usar habilidades.
Balanceé mi cuerpo, golpeando la caja torácica del toro con ambos pies.
Su cuerpo se levantó del suelo y retrocedió por el golpe, y yo me solté para no ser arrastrado con él.
Se puso en pie, y pareció preguntarse si valía la pena seguir con esto.
Pero pronto sus emociones tomaron el control y, enfurecido, volvió a la carga una vez más.
Él podía hacer eso múltiples veces.
Sin embargo, ¿Cuánto podía aguantar yo?
Hora de averiguarlo.
Otro ataque más, esta vez aún más veloz que antes, pero estoy preparado para lidiar con eso también.
Vuelvo a esquivar pero, a diferencia de la última vez, levanto mi pie y lo estrello contra su costado.
El majestuoso toro de Creta fue empujado hacia un lado por mi fuerza, rodando por el suelo mientras crea una fosa allá por donde pasa.
Una vez más vuelve a ponerse de pie, pero sus patas tiemblan por el dolor.
Es posible que mi último ataque le haya roto varias costillas.
Debo de admitir que es una criatura increíblemente fuerte, pero eso no sirve de nada si eres incapaz de golpear a tu enemigo.
Ya no hay necesidad de continuar con esto.
Casi parezco un torero, y eso me hace sentir un poco mal.
Supongo que puedo terminar el combate de una vez para pasar a mi próximo objetivo.
Sosteniendo a mi confiable Kusanagi-no-tsurugi con ambas manos, la cual parecía vibrar de emoción por el choque entrante.
El toro de Creta se volvió a lanzar contra mí en un último choque frontal, del que esta vez decidí no huir.
En su lugar, lo recibí con un golpe descendente de mi espada.
Una onda de aire, afilada como una cuchilla, se extendió con el movimiento, avanzando de manera imparable hacia adelante.
El cuerpo del toro se dividió en dos mitades perfectas, salpicando el suelo con su sangre.
Pero no terminó ahí.
Un profundo corte apareció en la tierra, cortando una pequeña colina a varios cientos de metros en la distancia.
Dos menos, faltan cuatro.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com