Sistema de gacha mitológico - Capítulo 92
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- Capítulo 92 - 92 Segunda y tercera prueba
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92: Segunda y tercera prueba 92: Segunda y tercera prueba (Pov Effiro) La búsqueda de la cierva de Cerinea resultó mucho más complicada de lo que pensé.
Era una criatura delicada en comparación con el toro de Creta, pero su velocidad era algo de otro mundo.
No me extraña que Heracles se hubiera pasado más de un año persiguiéndola por tierras extranjeras.
Perseguirla era extremadamente complicado.
Así no podría cazarla nunca.
Debía tender una trampa, una que me permitiera tener una oportunidad para someterla.
Pero para eso primero tendría que saber dónde estaba.
La condenada era veloz.
Muy veloz.
Su forma se desdibujaba cada vez que corría, y se movía con tal sigilo que resultaba complicado seguirle la pista Incluso un asesino estaría celoso de esta cierva.
Por suerte, los Ojos del Cosmos me permitieron seguir el débil rastro de energía mágica que dejaba a su paso, un hilo que me guiaba hacia mi objetivo.
De todos modos, debía de ponerme manos a la obra si quería capturar a la cierva de Cerinea.
Así que, tras levantar un pequeño campamento y descansar un rato, me adentré en el bosque.
Allí, en alguna parte, se ocultaba mi presa.
No podía ir a por ella directamente, pues ya había comprobado la futilidad de mis acciones anteriores.
Debía de ser más astuto y encontrar la manera de inmovilizarla.
Mi intención era cavar un hoyo, una trampa típica.
Pero no tenía una pala conmigo.
De todos modos, ¿a quién le importa una simple herramienta cuando tienes mi poder?
Me las puedo apañar por mi cuenta.
Usando mi confiable espada, golpeé el suelo repetidas veces, levantando una nube de polvo.
Pronto, tenía un hoyo de poco más de un metro de profundidad.
Kusanagi-no-tsurugi vibró en mi mano, pero esta vez de disgusto.
Supongo que no le gustaba ser utilizada como una simple herramienta de jardinería.
Siendo un arma divina, debía considerarse a sí misma muy por encima de este tipo de trabajos.
Después de haber cavado el agujero, lo cubrí con una delgada capa de ramas y hojas, simulando un suelo normal y corriente, si acaso ligeramente más lleno de desechos vegetales.
Incluso un animal de sentidos agudos debería ser capaz de caer en la trampa, ni qué decir tiene mi objetivo.
Ahora la pregunta es ¿cómo logro que llegue hasta aquí?
Así que formulé un plan en mi mente.
Localizaría a la cierva de Cerinea, la atacaría desde el lado contrario a la trampa y trataría de guiarla al agujero.
Por suerte, con la prisa de huir, no se dará cuenta hasta que sea demasiado tarde.
Y, una vez que esté atrapada, acabaré rápidamente con ella.
Todo está preparado, así que sólo tengo que encontrarla y poner mi plan en práctica.
Debería de ser un trabajo fácil ¿verdad?
…
No fue fácil.
En absoluto.
A pesar de que hice todo tal y como lo había planeado en mi mente, el resultado no fue el esperado.
El maldito animal se desvió a mitad de camino, obligándome a perseguirla de un lado para otro en medio del bosque.
Traté de rodearla múltiples veces para conducirla a donde yo quería, pero sus movimientos eran erráticos y veloces.
Me costó tanto que casi pensé en rendirme y volar todo el maldito bosque en una explosión nuclear.
Pero eso sería demasiado hipócrita y malvado de mi parte, por no hablar del hecho de que no estaría aprendiendo de esto.
¿Acaso no será que esta misión está hecha para enseñarme a ser paciente?
Ya había pasado más de seis meses desde que comencé con estas malditas pruebas, y la mayor parte de mi tiempo había sido consumido por la persecución de un puñetero ciervo engalanado de metales preciosos.
Pero ya sabéis lo que dicen: sé paciente y el resto vendrá solo.
En mi caso, tuve que ser paciente y trabajar duramente, pero el resultado valió la pena.
La cierva de Cerinea, en su prisa por huir de mí, había pasado por encima de la trampa que había preparado específicamente para ella.
En cuanto el peso de su grácil cuerpo se asentó, la capa de ramas y hojas sobre la que se encontraba posada cedió de manera súbita, haciéndola caer.
Al final, este es un resultado que iba a ocurrir tarde o temprano.
Me dio un poco de pena.
Era un simple animal, majestuoso, al que estaba dando caza por mis propios deseos.
Y entonces llegué a una realización: Heracles dijo que debía cazarla, pero no dijo nada sobre matarla.
La había atrapado, y eso debía de ser más que suficiente.
Matarla no iba a servir como demostración de fuerza, sobre todo con ese cuerpo hecho más para correr que para hacer frente a los peligros del mundo.
Al final, acabé ayudándola a subir, envolviendo mis brazos alrededor de su abdomen para sacarla de ahí.
Debió de sentir mi falta de intención asesina, pues dejó de revolverse y cozear en cuanto la alzé.
Un minuto después, estaba libre de nuevo.
Pero, en lugar de huir al instante, se acercó a mí con paso lento.
Acercó su hocico a mi rostro, y yo acaricié su cabeza con la mano.
Resopló, revolviendo mi pelo con la corriente de aire, antes de darse la vuelta e irse.
Lo único que dejó detrás de sí fue una fuerte ráfaga de viento y un montón de plantas destrozadas.
Debe de ser una enemiga acérrima de las dríades y los espíritus de la naturaleza.
…
Mi siguiente objetivo era el jabalí del monte Erimanto.
Basándome en su nombre, busqué en todos los montes al alcance de mi visión, tratando de discernir cualquier signo de la presencia del monstruo.
Agradezco al sistema por haberme dotado de dos espectaculares habilidades oculares.
Desde la distancia, pude ver a mi objetivo.
Al igual que el toro de Creta, el jabalí del monte Erimanto era una bestia que superaba en tamaño a cualquiera de sus congéneres, destacando principalmente por sus abrumadoras capacidades físicas y…
Ya está.
Eso es todo.
¿Qué os esperabais?
¿Que fuera capaz de lanzar rayos láser por los ojos o algo por el estilo?
Oh, no.
No requiere de eso para derrotar a sus enemigos.
Normalmente un par de embestidas son suficientes para tumbar a la mayoría de los desafortunados seres vivos que se encuentran con él.
Yo no me considero la mayoría.
Quiero decir, es un jodido jabalí.
Debería poder hacer frente a él.
Eso es lo que diría si no fuera por mi enfrentamiento con el toro de Creta.
Aquello me demostró que no debía ser complaciente, y que era mejor jugar de manera prudente con peligros desconocidos como este.
Mirándolo bien, es sin duda un gran espécimen: pelaje marrón rubio, músculos fuertes y abultados que muestran su fuerza y un par de ojos fieros, pero que en realidad no estaban tan desarrollados.
Pronto me demostró por qué no le perjudicaba su mala vista.
Sus orejas se movieron y su hocico tembló al acercarme, y se giró en mi dirección con un gruñido de advertencia.
Yo solo me burlé.
¿Me iba a dejar intimidar por un simple animal, incluso si es un ser mítico?
Por favor ¿Dónde quedaría mi orgullo si eso pasara?
He perdido demasiado tiempo, y todavía me quedan dos misiones más por completar.
Adelante, monstruo.
Demuéstrame qué es lo que tienes que te hizo ser uno de los doce trabajos imposibles de Heracles.
Dicho y hecho, se abalanzó sobre mí en una embestida directa.
Salté en el último momento, esquivando el ataque por un márgen minúsculo.
Aterricé, mirando el camino de destrucción dejado por el monstruo en su embestida.
Por desgracia, no sabe realizar otros ataques aparte de este.
Una verdadera pérdida de tiempo para entrenar debido a su escasa variabilidad.
De hecho, incluso llega a tornarse aburrido.
Otra vez se lanzó contra mí, con su sangre bombeado rápidamente por la ira desmedida que le consumía.
Era una criatura temperamental, después de todo.
Por lo tanto, esta clase de tratos por mi parte le resultaban profundamente humillantes.
Levanté mi brazo y, con un golpe descendente, enterré a la criatura en el suelo.
“Quédate quieto, ¿Quieres?
Resistirte sólo lo hará más humillante para ti” Claro que sí, la bestia no me hizo caso.
Supongo que era esperar demasiado.
Impulsado por la ira, levantó su cuerpo hundido y volvió a la carga.
Vamos a terminar con esto de una vez.
La cierva de Cerinea en los mitos era una criatura que nunca le hizo daño a nadie, y la única razón por la que formó parte de las doce pruebas fue por su absurda agilidad, que la hacía difícil de cazar.
Por el contrario, el jabalí del monte Erimanto era representado como un ser malvado que destruía los cultivos y aterrorizaba a los lugareños.
Es un monstruo que no merece la compasión.
Con un movimiento fluido de mi espada, dividí su cuerpo por la mitad, creando una lluvia carmesí.
Viendo toda esa carne, creo que he encontrado mi próxima comida.
Una gran comida, de hecho.
Ahora puedo tachar otras dos pruebas de mi lista de pendientes, haciendo un total de cuatro.
Sólo me quedan dos misiones más para terminar con todo esto.
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