Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 El silencio de las hojas
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21: El silencio de las hojas 21: El silencio de las hojas La noche cayó sobre Dust Creek, pero no trajo frescura.
Sin la humedad habitual que subía del suelo, el aire se sentía como lija en la garganta.
La luna estaba alta, indiferente al drama que se desarrollaba en la Parcela 404.
En la parte trasera de la propiedad, la Titan-X había dejado de ser un objeto del sistema para convertirse en un monstruo físico.
No era una torre de perforación convencional.
Era un obelisco de metal negro mate de doce metros de altura, anclado al suelo por cuatro “garras” hidráulicas que se habían hundido profundamente en la roca.
No tenía motor diésel; funcionaba con un núcleo de energía azul que pulsaba rítmicamente, emitiendo un zumbido grave que hacía vibrar los dientes de cualquiera que estuviera a menos de cien metros.
—Profundidad actual: 320 metros —gritó Adrian para hacerse oír sobre el zumbido—.
¡Informe de temperatura!
Elena estaba sentada en una caja de equipo, con una tablet conectada al puerto de diagnóstico de la máquina.
Su cara estaba manchada de grasa y sudor.
—¡El cabezal de diamante está a 400 grados!
¡La roca es granito puro, Adrian!
¡Si seguimos a esta velocidad, el núcleo se sobrecalentará antes de llegar al acuífero!
—¡No podemos bajar la velocidad!
—respondió Adrian, mirando el cronómetro proyectado en su retina—.
Nos quedan 18 horas para el ultimátum de Jim.
Y solo nos quedan 4 horas de vida para el Sector 3 del invernadero.
…
Dentro del Invernadero.
…
El silencio aquí era sepulcral, la Dra.
Sofia Mendez caminaba entre las filas de arroz como un médico en una sala de cuidados paliativos tras un bombardeo.
El espectáculo era desgarrador.
El Arroz de Cristal Lunar, que hacía unas horas brillaba con una luz blanca y orgullosa, ahora parpadeaba débilmente.
Las hojas, antes erguidas como espadas, empezaban a curvarse hacia abajo, perdiendo su turgencia y el color plateado se estaba volviendo gris ceniza.
—Lo siento…
lo siento mucho…
—susurraba Sofia, rociando una mezcla de nutrientes y la ultimísima reserva de agua con un atomizador manual.
Era una gota en el océano.
Una planta consumía en una hora lo que ella podía ofrecerle en un día.
Se detuvo frente a la “Planta Madre”, la primera que había germinado, su brillo era intermitente, como un corazón que falla.
—No te mueras —suplicó Sofia, con lágrimas de frustración mezclándose con el sudor—.
Si mueres, él pierde.
Si él pierde, volvemos a ser nada.
Kaelen entró en el domo.
Su presencia llenó el espacio.
Llevaba su rifle de asalto táctico colgado al hombro, pero en sus manos traía dos botellas de agua mineral tibia.
—Bebe —dijo, extendiéndole una.
Sofia negó con la cabeza sin mirarlo.
—No.
Necesitan esto más que yo.
—Hizo un gesto para verter el agua en la raíz de la planta.
La mano de Kaelen se cerró suavemente pero con firmeza sobre la muñeca de Sofia.
—Si te desmayas, no podrás cuidarlas cuando vuelva el agua.
Bebe.
Es una orden logística, no una sugerencia.
Sofia lo miró, furiosa y agotada, pero tomó la botella.
Bebió con desesperación.
—¿Cómo va la perforación?
—preguntó al terminar.
—La máquina es ruidosa.
Se escucha hasta el pueblo.
Es como un faro anunciando nuestra desesperación —dijo Kaelen, mirando hacia el techo de cristal—.
Y eso atrae a los buitres.
…
Perímetro Exterior.
02:00 AM.
…
El zumbido de la Titan-X enmascaraba casi cualquier otro sonido, pero no podía engañar a los sensores de proximidad que Adrian había instalado días atrás.
Adrian estaba junto a la perforadora, observando cómo el tubo de extracción escupía polvo de roca gris.
[Profundidad: 610 metros.] [Obstáculo detectado: Capa de Cuarzo de Alta Densidad.] —Señor —la voz de Lex resonó en su mente, cortando el ruido—.
Detecto tres firmas térmicas acercándose por el barranco este.
No son vecinos.
Se mueven con disciplina militar.
Probablemente contratistas de seguridad privada de AgroCorp enviados para “verificar el cumplimiento de las normas ambientales”.
—Quieren sabotear la máquina —dijo Adrian, apretando los puños.
Si disparaban al núcleo de energía, la explosión borraría la granja del mapa.
—Kaelen —dijo por la radio—.
Sector Este.
Tres objetivos.
No letal si es posible, pero no dejes que vean la Titan-X de cerca.
—Recibido.
A trescientos metros de ahí, en la oscuridad del barranco, Kaelen se movió.
No corría; se deslizaba.
Había desactivado las luces de su traje.
Vio a los tres hombres, llevaban ropa de camuflaje y equipos de visión nocturna.
Uno de ellos cargaba un rifle de francotirador de alto calibre, diseñado para perforar motores de vehículos.
Kaelen no les dio tiempo a posicionarse, activó un dispositivo de Ruido Blanco.
Un chirrido agudo, indetectable para el oído humano pero devastador para los micrófonos de los auriculares tácticos, estalló en la frecuencia de los intrusos.
Los tres hombres se llevaron las manos a los oídos, desorientados por un segundo, ese segundo fue todo lo que Kaelen necesitó.
Salió de las sombras como un espectro, un golpe con la culata del rifle en la nuca del francotirador y una patada a la rodilla del segundo, mientras que el tercero intentó levantar su arma, pero Kaelen ya estaba sobre él, aplicándole una llave de sueño que cortó el flujo de sangre al cerebro en tres segundos.
Los dejó inconscientes y atados con precintos plásticos, ocultos tras una roca.
Luego, tomó una foto de sus identificaciones corporativas.
—Amenaza neutralizada —susurró por la radio—.
Eran de “Blackwood Security Solutions”.
Tu padre no está durmiendo, Adrian.
…
La Crisis del Amanecer.
05:30 AM.
…
El cielo empezaba a clarear, tiñéndose de un violeta enfermizo.
La Titan-X emitió un chillido metálico que hizo que Elena se tapara los oídos.
—¡Alerta Crítica!
—gritó Elena—.
¡El taladro se ha detenido!
¡Adrian, estamos a 780 metros, pero hemos golpeado algo más duro que el granito!
Adrian corrió hacia la consola.
La pantalla holográfica estaba llena de advertencias rojas.
[Error de Perforación.] [Resistencia del Material: Superior a la capacidad nominal del Diamante Industrial.] [Temperatura del Núcleo: 98%.
Peligro de fusión.] —¿Qué demonios hay ahí abajo?
—gritó Adrian.
Lex respondió, su voz analítica teñida de urgencia.
—El escáner indica una placa de obsidiana comprimida con trazas de…
Maná cristalizado.
Sr.
Blackwood, el acuífero no es natural.
Está protegido.
Adrian se quedó helado.
¿Maná?
¿En la Tierra?
Entonces comprendió.
El Sistema no solo le daba herramientas; el Sistema estaba cambiando el mundo, o quizás, revelando lo que siempre estuvo ahí.
El acuífero primigenio no era solo agua vieja.
Era una fuente de poder.
—Lex, ¿podemos atravesarlo?
—No con fuerza bruta.
Si forzamos la máquina, explotará.
Necesita concentrar el láser de corte en un solo punto, pero eso consumirá el 100% de la energía restante.
El invernadero se quedará sin electricidad.
Los sistemas de soporte vital de las plantas se apagarán completamente.
Era la decisión final, si apagaba el invernadero, el Arroz Lunar moriría en minutos sin el soporte artificial, pero si no atravesaba la roca ahora, morirían de todos modos en unas horas por falta de agua.
El sonido de los motores de camionetas se escuchó a lo lejos.
Big Jim y la turba estaban regresando.
El plazo de 24 horas estaba a punto de expirar.
Adrian miró a Elena.
Ella estaba aterrorizada.
Miró el invernadero, donde Sofía luchaba por cada hoja.
—Elena —dijo Adrian con voz grave—.
Corta la energía del invernadero.
Toda.
Desvía cada vatio a la Titan-X.
—¡Matarás las plantas!
—gritó ella.
—¡O las salvo ahora o nunca!
¡Hazlo!
Las luces del domo se apagaron, los ventiladores se detuvieron y el invernadero quedó en silencio mortal.
Toda la energía fluyó hacia la máquina negra.
El taladro comenzó a brillar con una luz blanca cegadora, girando a una velocidad imposible.
—¡Sobrecaaaaaarga!
—rugió Adrian, empujando la palanca de potencia al máximo.
BOOM.
Un sonido sordo, profundo, como el latido de un dios bajo la tierra, sacudió la Parcela 404.
La Titan-X se estremeció violentamente y luego…
cayó al vacío.
El chirrido cesó.
Adrian, Elena y Kaelen se quedaron inmóviles, mirando el agujero.
Un segundo de silencio, luego dos, tres.
Y entonces, un rugido.
Un géiser de agua salió disparado hacia el cielo.
Pero no era agua normal, era agua azul brillante, fría como el hielo, y brillaba con luz propia bajo el sol naciente.
Subió cincuenta metros en el aire, cayendo como una lluvia milagrosa sobre el invernadero apagado, sobre la tierra seca, y sobre las camionetas de los vecinos que acababan de llegar a la reja para lincharlos.
Adrian cayó de rodillas, empapado por la lluvia bioluminiscente, el agua sabía dulce.
[¡Logro Desbloqueado: El Manantial del Renacimiento!] [Has descubierto un recurso de Grado Mítico: Agua de Maná Primordial.] [Efectos: Crecimiento Acelerado (x5), Curación de Enfermedades, Restauración de Ecosistemas.] Al otro lado de la reja, Big Jim bajó su escopeta, con la boca abierta, viendo cómo la hierba muerta a sus pies comenzaba a volverse verde en cuestión de segundos al tocar el agua.
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