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Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 Fiebre de oro liquido
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22: Fiebre de oro liquido 22: Fiebre de oro liquido El géiser no se detuvo.

Durante diez minutos seguidos, la columna de agua azul brillante rugió hacia el cielo, desafiando la gravedad y la lógica geológica.

Adrian seguía de rodillas en el barro, que ya no era barro sucio, sino una mezcla luminiscente de tierra y maná.

Sentía el agua empapando su ropa, penetrando en su piel.

No estaba fría, ni caliente.

Vibraba.

Era una sensación eléctrica, como si cada célula de su cuerpo estuviera despertando de una larga siesta.

—Jefe…

—La voz de Kaelen lo sacó de su trance.

Adrian se puso de pie, tambaleándose un poco por el agotamiento, y miró a su alrededor.

El Invernadero de Nivel 2, que minutos antes era un ataúd de cristal oscuro, ahora resplandecía.

Aunque los sistemas eléctricos seguían apagados, el interior del domo brillaba.

Las plantas de Arroz Lunar, al recibir la lluvia que se filtraba por los respiraderos superiores, habían reactivado su bioluminiscencia con una intensidad violenta.

Ya no eran plateadas; eran de un blanco cegador.

Pero lo más impactante estaba fuera de la propiedad.

En la reja principal, la turba de vecinos seguía inmóvil, nadie gritaba, ni nadie levantaba las armas.

El agua del géiser había caído sobre ellos como una bendición imprevista.

Big Jim, el hombre que lideraba el linchamiento, tenía la cara empapada, se había quitado la gorra y miraba sus propias manos, las cuales, deformadas por años de artritis y trabajo duro, estaban bajo el chorro de agua que corría por el camino.

Adrian caminó hacia la reja.

Kaelen intentó detenerlo, pero Adrian levantó una mano.

—Ya no van a disparar, Kaelen.

Míralos.

Adrian llegó hasta el límite de su propiedad.

El agua se acumulaba en sus pies y comenzaba a formar un riachuelo que fluía cuesta abajo, hacia el lecho seco del arroyo que cruzaba el pueblo de Dust Creek.

—Jim —dijo Adrian.

Su voz estaba ronca, pero tranquila.

El viejo granjero levantó la vista.

Sus ojos, antes llenos de odio, ahora mostraban una confusión profunda, casi religiosa.

—¿Qué…

qué diablos es esto, muchacho?

—preguntó Jim—.

Esta agua…

no huele a azufre.

No huele a cloro.

Huele a…

lluvia de primavera.

Jim se pasó la lengua por los labios.

—Y sabe dulce.

Adrian se apoyó en la reja.

—Cumplí mi palabra, Jim.

Dije que traería el agua.

—Dijiste que solucionarías el problema —replicó Jim, recuperando un poco de su compostura habitual, aunque su voz carecía de la ira anterior—.

Pero esto…

esto es demasiada agua, Adrian.

Si sigue saliendo así, vas a inundar el valle.

—No —dijo Adrian—.

Voy a llenarlo.

Adrian se giró hacia Kaelen.

—Abre las compuertas de drenaje pluvial.

Desvía el flujo del géiser hacia el canal público.

—¿Jefe?

—Kaelen dudó—.

Esa agua vale millones.

¿Vas a tirarla al río?

—No la estoy tirando.

Estoy haciendo una inversión política.

Adrian miró a los vecinos.

—AgroCorp les cortó el suministro para matarme a mí.

Yo se los devuelvo.

Desde hoy, el arroyo de Dust Creek no dependerá de la estación de bombeo del condado.

Dependerá de Génesis.

Llenen sus tanques, rieguen sus campos, es gratis.

Un murmullo recorrió el grupo, regalar agua en medio de una sequía era un acto de locura o de santidad.

Una mujer del grupo se adelantó y llenó una botella vacía en el torrente que salía de la propiedad.

Bebió con ansia.

—¡Dios mío!

—exclamó—.

¡Me siento…

despierta!

Adrian sonrió levemente.

—Solo una condición, vecinos.

Todos callaron y lo miraron.

—Cuando los abogados de mi padre, o la policía, o los agentes del gobierno vengan a preguntar de dónde sale esta agua…

ustedes no vieron ninguna máquina.

No vieron luces extrañas.

Solo vieron que, por un milagro de la naturaleza, un viejo manantial volvió a brotar en mi tierra.

¿Entendido?

Big Jim miró el agua azulada que corría hacia su camioneta, limpiando el polvo de años.

Miró a Adrian, viendo por primera vez no a un niño rico jugando a ser granjero, sino a un hombre que había perforado el infierno para salvarlos.

Jim se colgó la escopeta al hombro y asintió solemnemente.

—Aquí no hemos visto nada raro, Sr.

Blackwood.

Solo buena suerte.

Jim se giró hacia los suyos.

—¡Vamos!

¡Hay que abrir las compuertas de los ranchos antes de que el arroyo se desborde!

La turba se dispersó, corriendo hacia sus vehículos, ya no como enemigos, sino como mensajeros de la buena nueva.

…

Dos horas después.

Laboratorio del Invernadero.

…

El géiser había sido controlado.

La Titan-X había instalado automáticamente una válvula de presión de adamantio en la boca del pozo, regulando el flujo para llenar los tanques de almacenamiento y mantener un caudal constante hacia el exterior.

Dentro del laboratorio, la atmósfera era frenética.

La Dra.

Sofia Mendez estaba analizando una muestra del agua bajo un microscopio electrónico.

Elena estaba a su lado, mordiéndose las uñas.

—Es imposible —repetía Sofia—.

Biológicamente imposible.

—Deja de decir eso, Sofia —dijo Adrian, entrando en la sala.

Se había cambiado de ropa y secado el pelo, pero seguía sintiendo el zumbido de energía en su piel—.

Dame hechos.

¿Qué tiene el agua?

Sofia levantó la vista.

Sus ojos brillaban detrás de las gafas.

—No es H2O pura.

Tiene una estructura molecular modificada.

Los enlaces de hidrógeno son un 15% más fuertes, lo que permite una retención de oxígeno brutal.

Pero eso no es lo raro.

Sofia proyectó la imagen del microscopio en la pantalla grande.

Se veían partículas azules diminutas moviéndose con voluntad propia alrededor de las células de una hoja de arroz dañada.

—Contiene microorganismos desconocidos.

O quizás no son organismos, son…

nanobots biológicos.

Mira.

En la pantalla, las partículas azules tocaron una célula vegetal muerta.

En segundos, la célula se reparó.

Se infló, recuperó su color verde y comenzó a dividirse.

—Regeneración celular acelerada —sentenció Sofia—.

Adrian, puse una gota de esto en una placa de Petri con bacterias comunes.

Las eliminó y potenció el crecimiento de células sanas.

Elena jadeó.

—¿Estás diciendo que cura enfermedades?

—Estoy diciendo que esta agua acelera el metabolismo de cualquier cosa viva que toque —corrigió Sofia—.

En las plantas, reduce el ciclo de crecimiento de meses a días.

En los humanos…

Sofia dudó.

—Jim, el vecino, lo vi moverse.

Cojeaba cuando llegó y cuando se fue, caminaba casi recto.

Si esta agua se consume regularmente, podría revertir el daño articular, mejorar la oxigenación de la sangre, tal vez incluso retrasar el envejecimiento.

El silencio cayó sobre la sala, Elena sacó su calculadora mental.

—Si vendemos esto como “Agua Premium”, podemos cobrar 50 dólares la botella.

—No —dijo Adrian tajantemente—.

Si vendemos esto como agua milagrosa, la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) nos cerrará mañana.

Las farmacéuticas nos demandarán o nos enviarán sicarios de verdad, no a los payasos que envió Julian.

—¿Entonces qué hacemos?

—preguntó Elena—.

¿Tenemos la fuente de la juventud y no podemos venderla?

—No vendemos el agua —dijo Adrian, mirando hacia el invernadero donde el arroz brillaba con una salud imposible—.

Vendemos el resultado.

Caminó hacia la ventana.

—Usaremos el agua para cultivar productos que nadie más puede cultivar.

Verduras que curan.

Frutas que dan energía real.

Y el agua sobrante…

la dejaremos correr hacia el pueblo.

—¿Por qué?

—preguntó Sofia.

—Porque necesito un grupo de control —dijo Adrian fríamente, activando su mentalidad de estratega—.

Los habitantes de Dust Creek beberán el agua del arroyo.

Si en un mes todos están sanos y fuertes, tendremos la prueba clínica más grande de la historia sin haber firmado un solo papel ilegal.

Y de paso, tendremos un ejército de tres mil personas leales dispuestas a defender su fuente de vida.

[¡Ding!] [Plan Estratégico Detectado: “Simbiosis Urbana”.] [Recompensa de Inteligencia: +500 XP.] [Advertencia: El uso prolongado de Agua de Maná en humanos no “despiertos” puede tener efectos secundarios evolutivos.] Adrian ignoró la advertencia por el momento.

—Elena, prepara un comunicado de prensa.

Di que hemos encontrado un manantial natural artesiano y que, en un gesto de buena voluntad, lo compartimos con la comunidad.

Que parezca caridad, no estrategia.

—Hecho.

—Y Sofia…

—Adrian miró a la científica—.

Quiero que destiles esto.

Crea un concentrado.

Si algún día tenemos que negociar con alguien poderoso de verdad, no le daremos arroz.

Le daremos una botella de vida pura.

Ese será nuestro seguro de vida.

…

Mientras tanto, en la Mansión Blackwood.

…

Robert Blackwood escuchaba el informe por teléfono.

Su rostro era una máscara de piedra.

—¿Agua?

—preguntó—.

¿Estás seguro?

—Sí, señor —dijo la voz del jefe de la compañía de aguas—.

El flujo en el arroyo de Dust Creek ha aumentado un 400%.

Es agua limpia, potable y…

extraña.

Los análisis preliminares dicen que es la mejor agua mineral del estado.

Robert colgó el teléfono lentamente, miró por la ventana hacia los jardines perfectamente cuidados de su mansión.

Había intentado secar a su hijo, y su hijo había respondido ahogando el mercado con un recurso que Robert no controlaba.

—Agua…

—murmuró Robert.

Se dio cuenta de que había cometido un error táctico.

Había tratado a Adrian como a un competidor comercial, alguien a quien se puede asfixiar con dinero y leyes.

Pero Adrian estaba operando con reglas que Robert no entendía.

La puerta se abrió.

Era Julian.

—Papá, las noticias dicen que Adrian es un santo.

¡Están entrevistando a los pueblerinos!

Dicen que Génesis los salvó de tu sequía.

—Cállate, Julian —dijo Robert sin girarse.

—¡Tenemos que hacer algo!

¡Manda a la policía estatal!

¡Di que robó el agua de un acuífero federal!

—Ya no —dijo Robert—.

Si ataco ahora, ataco a todo el pueblo.

Me convertiré en el villano de la historia nacional.

Robert se giró, sus ojos brillaban con una nueva y peligrosa resolución.

—Si no puedes destruir al enemigo, debes hacerlo parte de ti.

—Prepara el helicóptero.

—¿Vas a ir a verlo otra vez?

—preguntó Julian incrédulo.

—No.

Voy a Washington.

Si esa agua es tan especial como dicen mis espías…

entonces es un asunto de Seguridad Nacional.

Y tengo muchos amigos en el Pentágono que estarían muy interesados en nacionalizar un recurso estratégico.

Robert sonrió.

—Veamos cómo se enfrenta tu Sistema a los Estados Unidos de América, hijo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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