Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 El chef arrogante
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4: El chef arrogante 4: El chef arrogante La niebla de la mañana aún cubría las Tierras Baldías cuando Adrian comenzó la cosecha.
No necesitaba despertador; la energía residual de los tomates que había probado la noche anterior parecía haber revitalizado su cuerpo mejor que ocho horas de sueño.
Con las cajas de plástico apiladas en la parte trasera de la Ford F-150, Adrian trabajó con un ritmo metódico.
Sus manos se movían rápidas y seguras, seleccionando solo los frutos que habían alcanzado la madurez perfecta.
Los Tomates Rubí Imperial eran un espectáculo.
Cada uno pesaba casi medio kilo, con una piel lisa y brillante que parecía tensa por el jugo en su interior.
No tenían imperfecciones.
Eran gemas biológicas.
En dos horas, había llenado 20 cajas.
Unos 400 kilos de producto.
[Análisis de Mercado del Sistema:] [Producto: Tomate Rubí Imperial (Grado: S+).] [Precio de mercado sugerido para productos estándar: $2.50 USD / kg.] [Valor real estimado por el Sistema: $50.00 USD / kg.] [Consejo de Habilidad (Negociación): No vendas a granel.
Vende exclusividad.
Apunta a la cima de la pirámide alimenticia.] Adrian se limpió el sudor de la frente.
—¿Cincuenta dólares el kilo?
Eso es precio de carne de primera, no de verduras.
Pero el Sistema rara vez se equivocaba.
Adrian sabía exactamente a dónde ir.
…
Le Ciel era el restaurante más prestigioso de la ciudad, con tres estrellas Michelin y una lista de espera de dos meses.
Era el lugar donde su padre llevaba a los clientes para cerrar tratos millonarios.
Adrian conocía al dueño y al Chef Ejecutivo, Jean-Luc, un francés con un temperamento volcánico y una obsesión enfermiza por la calidad.
Adrian condujo la camioneta hasta la zona de carga trasera del restaurante.
Sabía que entrar por la puerta principal con cajas de tomates y ropa de trabajo solo haría que lo echaran los guardias de seguridad antes de decir una palabra.
Bajó una caja de la camioneta y caminó hacia la puerta de servicio, que estaba abierta.
El caos de la cocina en preparación para el almuerzo se escuchaba desde fuera.
—¡Eh, tú!
¡No hay entregas programadas!
—gritó un sous-chef joven al verlo entrar.
Adrian no se detuvo.
—Busco a Jean-Luc.
El joven soltó una risa nerviosa.
—¿El Chef?
¿Quién te crees que eres?
Vete antes de que…
—¿Qué es este alboroto?
—tronó una voz grave.
Jean-Luc apareció secándose las manos en un trapo inmaculado.
Era un hombre grande, con una barba canosa y ojos que escaneaban cada plato como si buscara un defecto personal.
Cuando vio a Adrian, se detuvo.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Monsieur Blackwood?
—Jean-Luc parecía confundido.
Había visto las noticias, por supuesto.
Todo el mundo lo había hecho—.
¿Qué hace en mi cocina?
¿Viene a lavar platos?
Escuché que su familia le cortó el grifo, pero no sabía que la situación fuera tan…
dramática.
Varios cocineros rieron por lo bajo.
Adrian mantuvo la expresión neutra.
Su habilidad de [Negociación: Nivel Básico] se activó, calmando sus nervios y permitiéndole leer el lenguaje corporal del Chef.
Jean-Luc no estaba siendo cruel por placer; estaba estresado.
Le faltaba algo.
—Vengo a ofrecerte un salvavidas, Jean-Luc —dijo Adrian, colocando la caja sobre una mesa de acero inoxidable—.
Sé que tu proveedor de verduras orgánicas tuvo un problema con la helada de la semana pasada.
Sé que estás buscando tomates de calidad para tu plato insignia de temporada y no encuentras nada que cumpla tus estándares.
Jean-Luc dejó de sonreír.
Era cierto.
Estaba desesperado.
Pero su orgullo era mayor.
—¿Y tú crees que puedes traerme algo mejor que mis importadores de Italia?
¿Tú?
¿Un niño rico que juega a ser granjero?
—Hizo un gesto despectivo—.
Saca esa basura de mi cocina.
No tengo tiempo para caridad.
—Pruébalo —dijo Adrian, sacando un cuchillo de su bolsillo (parte de la caja de herramientas indestructible) y cortando una rebanada de un tomate.
El aroma se liberó al instante.
Fue como si alguien hubiera destapado un frasco de perfume en medio de un basurero.
El olor fresco, dulce y ácido del tomate cortó a través de los olores a grasa, ajo y cebolla de la cocina.
Jean-Luc se congeló.
Su nariz se crispó.
Los cocineros dejaron de trabajar.
El silencio cayó sobre la cocina.
Ese olor…
no era normal.
Era la esencia misma del verano concentrada.
Lento, casi contra su voluntad, Jean-Luc se acercó.
Tomó la rebanada con dos dedos, la examinó buscando defectos, y se la llevó a la boca.
Cerró los ojos.
Nadie se atrevió a respirar.
Cuando Jean-Luc abrió los ojos, ya no había burla en ellos.
Había codicia.
Pura y dura codicia gastronómica.
—¿De dónde…
de dónde has sacado esto?
—susurró—.
La textura es firme pero se derrite.
La acidez es perfecta.
El dulzor…
mon Dieu.
—Son de mi cosecha privada —mintió Adrian con suavidad—.
Variedad Rubí Imperial.
Exclusivos.
Jean-Luc agarró la caja como si temiera que Adrian se la llevara.
—Los quiero todos.
¿Cuántos tienes?
—Veinte cajas hoy.
Tal vez más la próxima semana.
—Te los compro.
Te pagaré el precio de mercado estándar más un bono.
Digamos…
¿tres dólares el kilo?
Es una oferta generosa.
Adrian soltó una carcajada seca.
—Jean-Luc, por favor.
No me insultes.
Ambos sabemos que este tomate elevará tu menú a un nivel que ni tus competidores pueden soñar.
Si no los quieres, estoy seguro de que el restaurante Velvet al otro lado de la calle estará encantado de tenerlos.
Su Chef me ha estado llamando…
Era un farol.
Adrian no había llamado a nadie.
Pero la mención del rival directo de Jean-Luc tocó un nervio.
—¡No!
¡Ni te atrevas a ir con esos incompetentes!
—gritó Jean-Luc—.
¡Está bien!
¡Tú ganas!
¿Cuánto?
Adrian cruzó los brazos.
Recordó la valoración del sistema: $50 USD.
—Sesenta dólares el kilo —dijo con calma.
La cocina entera jadeó.
Eso era más caro que la langosta.
—¡Estás loco!
—rugió Jean-Luc—.
¡Eso es un robo!
—Es el precio de la perfección.
Tómalo o déjalo.
Tienes diez segundos antes de que cargue la caja y cruce la calle.
Jean-Luc miró el tomate a medio comer en su mano.
Sabía que si sus clientes probaban esto, pagarían lo que fuera.
Un plato de ensalada con estos tomates podría venderse por cien dólares fácilmente.
—Maldito seas, Blackwood —gruñó Jean-Luc, derrotado—.
Cincuenta y cinco.
Y quiero la exclusividad.
No le venderás a nadie más en esta ciudad.
Adrian sonrió.
—Cincuenta y cinco dólares el kilo.
Y la exclusividad es solo por este mes.
Después, renegociamos.
—Trato hecho.
Trae las cajas.
Adrian descargó los 400 kilos.
Jean-Luc firmó un cheque personal allí mismo, ya que el sistema de contabilidad del restaurante tardaría días.
Total de la venta: 400 kg x $55 = $22,000 USD.
Al salir de la cocina con el cheque en la mano, Adrian sintió una vibración intensa.
[¡Ding!] [Misión Oculta Desbloqueada: “El Arte del Trato”.] [Has vendido tu primer producto con un margen de beneficio superior al 1000%.] [Recompensas:] 1.
Experiencia de Habilidad: [Negociación] sube a Nivel Intermedio.
2.
Recompensa Especial: [Ojos de Tasador (Nivel 1)].
Descripción: Permite ver el valor aproximado de mercado de cualquier objeto físico con solo tocarlo.
3.
Objeto: Semillas de “Melón de Jade Celestial” (x10).
Adrian subió a su camioneta.
Ahora tenía casi 35.000 dólares en efectivo y activos.
Hace dos días tenía cinco dólares.
Pero lo más importante no era el dinero.
Era la mirada de Jean-Luc.
Ese respeto temeroso.
Adrian ya no era el “heredero expulsado”.
Era un jugador.
Mientras conducía de regreso, su teléfono (un modelo barato que había comprado con el dinero del reloj) sonó.
Era un número desconocido.
—¿Diga?
—¿Señor Blackwood?
—dijo una voz formal y nerviosa—.
Habla el abogado de la familia Blackwood.
Su padre…
quiero decir, el Señor Robert Blackwood, ha convocado una cena familiar benéfica este fin de semana.
Nos ha instruido para informarle que…
su presencia no es requerida, pero se espera que devuelva las llaves de su antiguo apartamento en la ciudad antes del viernes, o enviaremos a la policía.
Adrian apretó el volante.
Querían humillarlo una vez más.
Querían asegurarse de que supiera que no tenía hogar.
—Dígale a mi padre —dijo Adrian con voz gélida—, que las llaves las tendrá mañana.
Y dígale también que disfrute de la cena.
Pronto, será la única cosa que podrá disfrutar.
Colgó.
[Nueva Misión Principal: La Primera Bofetada.] [Descripción: Tu familia cree que estás derrotado.
Demuéstrales que están equivocados.
Asiste a la subasta benéfica pública que precede a la cena (es de acceso libre con entrada paga) y gana un artículo que tu hermanastro desee.] [Recompensa: ???] Adrian sonrió.
Tenía dinero.
Tenía un traje (que tendría que llevar a la tintorería o comprar uno nuevo).
Y tenía ganas de ver la cara de Julian cuando el “vagabundo” levantara la paleta de apuestas.
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