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Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 La plaga eres Tú
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7: La plaga eres Tú 7: La plaga eres Tú La furgoneta blanca del Departamento de Sanidad y Zonificación frenó bruscamente frente a la entrada, levantando una nube de polvo que cubrió las botas recién limpiadas de Adrian.

Del vehículo bajó un hombre bajo y rechoncho, con una camisa que le apretaba demasiado el cuello y una carpeta manchada de café bajo el brazo.

Era el Inspector Vargas.

Su reputación lo precedía: era el perro de ataque favorito de los promotores inmobiliarios corruptos.

Si querían comprar un terreno barato, Vargas aparecía, encontraba “contaminación irreversible” y el precio del suelo se desplomaba.

Vargas ni siquiera saludó.

Pasó junto a Adrian, arrugando la nariz.

—Recibimos denuncias anónimas —dijo Vargas con voz nasal—.

Uso de pesticidas ilegales de clase A, modificación genética no autorizada y…

—miró la cabaña— estructura habitacional precaria.

Esto huele a clausura inmediata, muchacho.

Adrian lo siguió con paso tranquilo.

—Buenos días a usted también, Inspector.

Le aseguro que todo aquí es 100% orgánico.

—Ya veremos.

—Vargas se agachó junto a los surcos de tomates.

Sacó unos guantes de látex y una pequeña pala.

Adrian activó su habilidad [Agricultura – Nivel Maestro].

Para él, el campo era un libro abierto.

Podía “sentir” la salud de cada planta.

Sabía que los niveles de nitrógeno eran perfectos, que la actividad microbiana del suelo era óptima gracias al fertilizante Gaia, y que no había ni un solo insecto dañino en diez metros a la redonda.

El sistema inmunológico de las plantas mejoradas repelía las plagas naturalmente.

Sin embargo, Vargas hizo un movimiento rápido con la mano.

Adrian, con sus reflejos mejorados y su atención agudizada, lo vio perfectamente.

El inspector sacó un pequeño frasco de vidrio de su bolsillo, lo abrió discretamente y dejó caer algo en la base de una planta de tomate.

—¡Ajá!

—exclamó Vargas triunfante, señalando el suelo—.

¡Lo sabía!

¡Mire esto!

El inspector señaló un pequeño escarabajo negro con manchas amarillas que se movía aturdido sobre la tierra húmeda.

—Coleoptera Xylosandrus.

El escarabajo de la corteza negra.

Una plaga devastadora.

—Vargas sonrió con malicia, sacando su bolígrafo—.

Esto es grave.

Tendré que ordenar la quema inmediata de toda la cosecha y la cuarentena del suelo por cinco años.

Lo siento, Sr.

Blackwood, su granja se acabó antes de empezar.

Vargas empezó a escribir en su formulario de clausura.

Era la sentencia de muerte para el negocio.

Adrian no entró en pánico.

Se agachó y recogió el escarabajo con delicadeza, sosteniéndolo en la palma de su mano.

—Inspector Vargas —dijo Adrian con voz suave, casi académica—.

¿Sabe usted algo de entomología?

—Lo suficiente para saber que eso es una plaga —respondió Vargas, nervioso por la calma del joven.

—Curioso —continuó Adrian, examinando el bicho con sus ojos que parecían microscopios—.

Porque mi habilidad de agricultura me dice tres cosas que contradicen su “hallazgo”.

Adrian se levantó, su sombra cubriendo al inspector.

—Primero: Este es un Hylastes Ater, no un Xylosandrus.

Se parecen, pero el patrón de las antenas es distinto.

—Segundo: Esta especie es nativa de climas fríos y bosques de coníferas.

Estamos en una zona árida a 30 grados de temperatura.

Este insecto moriría naturalmente en cinco minutos aquí.

Mírelo, apenas se mueve.

Está sufriendo un golpe de calor.

—Y tercero, y lo más importante…

—Adrian acercó el insecto a la cara del inspector—.

Mire sus patas.

Vargas retrocedió un paso.

—¿Q-qué tienen sus patas?

—Tienen restos de turba rubia, un sustrato que se usa exclusivamente en macetas de interior ornamentales.

—Adrian señaló el suelo de su granja—.

Mi suelo es franco-arenoso y oscuro.

Este insecto no salió de mi tierra, Inspector.

Salió de una maceta de interior.

Probablemente de un Ficus o un Bonsái.

Adrian dio un paso adelante, acorralando al hombre contra la furgoneta.

Su voz bajó una octava, volviéndose peligrosa.

—Casualmente, mi hermano Julian tiene una colección de Bonsáis importados en su oficina.

¿Me pregunto si analizamos el ADN de la turba en las patas de este bicho, coincidirá con el sustrato que hay en su bolsillo derecho, donde guardaba el frasco?

Vargas empezó a sudar a mares.

—Yo…

yo no sé de qué habla.

Es una acusación grave.

—¿Quiere que llame a una contra-inspección federal?

—presionó Adrian—.

Tengo los recursos para hacerlo.

Si descubren que un inspector municipal introdujo una especie invasora en una zona agrícola protegida…

eso no es solo despido, Vargas.

Es delito ecológico.

Son diez años de cárcel.

El inspector tembló.

Sabía que lo habían pillado.

No esperaba que un “niño rico expulsado” distinguiera entre tipos de tierra y subespecies de escarabajos.

—Mire…

quizás…

quizás me equivoqué de especie —tartamudeó Vargas—.

El sol…

a veces confunde la vista.

—Seguro —dijo Adrian, dejando caer el escarabajo en el bolsillo de la camisa del inspector—.

Llévese a su amigo.

Y ya que está aquí, necesito mi Certificado de Sanidad y Calidad “Grado A”.

Ahora mismo.

Vargas miró el formulario de clausura y luego la mirada de acero de Adrian.

Arrancó la hoja de clausura, la hizo una bola y sacó un formulario verde limpio.

Garabateó furiosamente, firmó y selló el documento con manos temblorosas.

—Tenga.

Todo en orden.

Una granja modelo —dijo Vargas, entregándole el papel—.

Me voy.

Tengo…

otras inspecciones.

Vargas subió a su furgoneta y arrancó, saliendo de allí como si el mismo diablo lo persiguiera.

[¡Ding!] [Misión de Crisis “Defensa del Territorio” Completada.] [Método utilizado: Dominio Intelectual / Habilidad de Agricultura.] [Resultado: Victoria Total.] [Recompensas Entregadas:] 1.

Documento: Certificado de Sanidad “Grado A” (Inmunidad a inspecciones locales por 1 año).

2.

Puntos de Sistema: +500.

3.

Bonificación de Habilidad: [Agricultura] ha evolucionado ligeramente.

Nueva sub-habilidad: [Aura de Crecimiento].

Descripción: La presencia del anfitrión calma a las plantas y acelera la fotosíntesis en un radio de 10 metros.

Adrian miró el certificado en su mano.

Con esto, legalmente era intocable por el momento.

Suspiró y se giró hacia sus plantas.

Fue entonces cuando notó algo extraño, las hojas de los tomates más cercanos a él, que segundos antes estaban quietas, parecían haberse girado levemente hacia su posición, como girasoles buscando la luz.

La nueva habilidad, [Aura de Crecimiento], ya estaba activa.

Se sentía conectado a la tierra de una forma que iba más allá de la ciencia.

Era como si la granja fuera una extensión de su propio cuerpo.

El teléfono sonó.

Era Elena.

—¿Adrian?

Estoy en la notaría.

¿Llegó el inspector?

—su voz sonaba preocupada.

—Llegó y se fue —dijo Adrian con calma—.

Tenemos el certificado Grado A.

Puedes proceder con la constitución de la empresa.

Ah, y regístrala bajo el nombre “Empresa Agrícola Génesis”.

—¿Cómo demonios lograste eso?

Vargas es imposible de convencer.

—Digamos que le di una lección gratuita de biología —Adrian sonrió—.

Trae los papeles.

Tenemos trabajo que hacer.

Los melones estarán listos pronto, y necesito que prepares los contratos de venta.

Esta vez no venderemos a restaurantes locales.

Vamos a exportar.

—¿Exportar?

Adrian, apenas tienes diez plantas.

—Elena, cuando veas lo que crece aquí, entenderás que no vendemos fruta.

Vendemos milagros.

Nos vemos en una hora.

Colgó.

Adrian caminó hacia la pérgola de los Melones de Jade.

En apenas unas horas, los tallos ya habían alcanzado el techo de la estructura.

Pequeños bulbos verdes comenzaban a formarse.

El imperio estaba echando raíces, y eran raíces fuertes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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