Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Sistema de Imperio Global: Comenzando desde tierras baldias
  4. Capítulo 8 - 8 Esmeraldas comestibles
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Esmeraldas comestibles 8: Esmeraldas comestibles Habían pasado 72 horas exactas desde la siembra.

El ciclo acelerado por el Sistema y el Fertilizante Gaia había llegado a su fin.

Adrian salió de la cabaña con la primera luz del alba.

El aire estaba cargado de una fragancia dulce y densa, casi embriagadora, que no provenía de ninguna flor silvestre, sino de la pérgola que había construido.

Lo que vio lo dejó sin aliento, incluso a él, que ya esperaba un milagro.

Las enredaderas, que días antes eran de un verde vigoroso, se habían marchitado y vuelto marrones, sacrificando toda su vitalidad para bombearla hacia los frutos.

Colgando de las vigas reforzadas, había diez esferas perfectas.

No parecían melones.

Parecían joyas talladas por un gigante.

La piel de los Melones de Jade Celestial era de un verde pálido, tan suave y liso como el mármol pulido.

Pero lo más impactante era que la piel era semitraslúcida.

Si Adrian entrecerraba los ojos, podía ver un leve resplandor pulsando en el interior de la fruta, como si hubieran atrapado la luz de la luna dentro.

Adrian se acercó y activó sus [Ojos de Tasador].

[Objeto: Melón de Jade Celestial (Grado: S).] [Peso promedio: 8.5 kg.] [Efectos al consumir:] 1.

Limpieza de toxinas en sangre (Leve).

2.

Rejuvenecimiento de la piel y reducción de fatiga ocular.

3.

Estado de “Claridad Mental” por 6 horas.

[Valor Estimado del Sistema: Incalculable en el mercado común.

Se recomienda subasta.] —Incalculable —repitió Adrian, pasando la mano por la superficie fría de uno de los melones.

Sacó su cuchillo de la caja de herramientas indestructible.

Cortar el tallo requirió fuerza; la planta no quería soltar su tesoro.

Con un crujido seco, el primer melón cayó en sus brazos.

Pesaba como una bola de boliche, denso y macizo.

Le tomó media hora recolectar los diez frutos y colocarlos sobre una mesa improvisada que había armado fuera de la cabaña, cubriéndolos con paños de seda que había comprado online (sabía que la presentación lo era todo).

A las 9:00 AM, el Audi de Elena apareció de nuevo.

Esta vez, ella bajó del coche con una carpeta de cuero y una expresión de triunfo.

—Lo logramos, Adrian.

—Elena agitó la carpeta—.

Génesis Industries LLC está registrada legalmente en Delaware.

Eres el dueño mayoritario anónimo.

Yo figuro como la representante legal.

Nadie, ni tu padre ni Julian, pueden vincular estas tierras contigo a menos que hackeen el servidor estatal.

—Excelente trabajo, Elena.

—Adrian se limpió las manos—.

Justo a tiempo para la primera junta de accionistas.

Elena miró la mesa cubierta por los paños.

—¿Esos son los melones?

—preguntó con escepticismo—.

Adrian, hablé con algunos distribuidores de fruta gourmet.

El melón Yubari King de Japón se vende por miles, pero es por la marca y la historia.

Tú no tienes marca.

No esperes venderlos por más de cien dólares, y eso si tienen suerte.

—¿Cien dólares?

—Adrian soltó una risa corta—.

Elena, por cien dólares no les dejaría ni oler la cáscara.

Caminó hacia la mesa y retiró el paño con un gesto teatral.

Los diez orbes verdes brillaron bajo el sol de la mañana.

Elena se quedó callada.

Se quitó las gafas de sol lentamente.

La belleza física de la fruta era innegable; parecían objetos de arte moderno, no algo que creciera en la tierra.

—Son…

hipnóticos —admitió ella, acercándose—.

¿Es cera?

¿Los puliste?

—100% natural.

—Adrian tomó el cuchillo—.

Pero la apariencia no paga las facturas.

El sabor sí.

Cortó una pequeña cuña de uno de los melones.

La carne interior no era naranja ni blanca, sino de un verde esmeralda vibrante y jugoso.

Al abrirlo, el aroma se disparó.

Elena inhaló profundamente, olía a lluvia fresca, a miel y a algo floral que no podía identificar.

Adrian le extendió el trozo.

—Pruébalo.

Elena tomó la fruta con cuidado, como si fuera frágil.

Dio un mordisco pequeño.

Sus ojos se abrieron de par en par, se quedó inmóvil por un momento.

Luego, dio otro mordisco, y otro, perdiendo por completo su compostura fría y profesional.

El sabor no era simplemente dulce, era una explosión compleja de frescura que limpiaba el paladar.

Pero lo más extraño fue la sensación física.

Elena sintió como si una corriente de agua helada le recorriera la columna vertebral, borrando el dolor de cuello que tenía por dormir mal y despejando la niebla mental del estrés.

—Dios mío…

—susurró ella, mirando el trozo a medio comer—.

Me siento…

despierta.

Completamente despierta.

Es como haber dormido diez horas y tomado tres expresos, pero sin la taquicardia.

—Efecto secundario del Jade Celestial —explicó Adrian casualmente—.

Claridad mental y purificación leve.

Elena dejó caer la cáscara y miró a Adrian con terror y admiración.

—Adrian, esto no es fruta.

Esto es un tratamiento médico de lujo disfrazado de postre.

Si los vendemos como comida, estamos perdiendo dinero.

Su cerebro financiero empezó a trabajar a mil por hora.

—Olvida los supermercados.

Olvida incluso a los restaurantes Michelin.

Jean-Luc no puede pagar esto.

—Elena caminó de un lado a otro—.

Esto debe ir a las mesas de jeques, oligarcas y la realeza tecnológica de Silicon Valley.

Gente que paga cien mil dólares por una transfusión de sangre joven.

Esto es el elixir de la vida.

—Esa es la visión —asintió Adrian—.

¿Precio?

Elena miró los nueve melones restantes intactos.

—Haremos una subasta privada.

“La Colección Esmeralda”.

Solo diez unidades en existencia en todo el mundo.

Invitaré a cinco compradores de mi lista negra personal.

—Ella lo miró a los ojos—.

Precio base: Cinco mil dólares por unidad.

—Diez mil —corrigió Adrian—.

Precio base de diez mil.

Y quiero que se venda el lote completo o nada.

Elena tragó saliva.

—Eso son cien mil dólares por diez frutas.

Es una locura.

—Es exclusividad.

Si es barato, dudarán.

Si es obscenamente caro, creerán que es milagroso.

Y lo es.

Elena asintió lentamente.

Una sonrisa depredadora apareció en sus labios.

—Me gusta cómo piensas, socio.

Haré las llamadas.

La subasta será mañana por la noche en un salón privado que alquilaré.

Necesito llevarme uno como muestra para convencerlos.

—Llévate el que ya abrimos para las pruebas.

Los otros nueve se quedan aquí hasta que vea el dinero.

Elena cargó con cuidado el melón abierto en una nevera portátil que tenía en su coche.

Antes de subir, miró la cabaña de madera vieja detrás de Adrian.

El techo estaba nuevo, pero las paredes seguían siendo tablas viejas y la puerta apenas tenía cerradura.

—Adrian —dijo ella seria—.

Si vamos a vender productos de cien mil dólares, no puedes tenerlos guardados en una choza que se abre con una patada.

Y tú no puedes vivir ahí como un indigente.

Ahora eres el CEO de Génesis.

Adrian miró su “cuartel general”.

Tenía razón.

Con el dinero de la venta de los melones y los fondos restantes de la subasta, era hora de dejar de sobrevivir y empezar a vivir.

Además, ahora tenía un tesoro en su propiedad.

Necesitaba una fortaleza.

—Lo sé —dijo Adrian—.

Mañana, después de la subasta, esta cabaña pasará a la historia.

[Misión Principal Activada: La Base del Emperador.] [Descripción: Tu imperio crece, pero tu castillo es de paja.

Es hora de una actualización masiva.] [Objetivo: Utilizar los fondos de la venta para construir/mejorar tu vivienda y sistema de seguridad a Nivel 2.] [Recompensa: ???] Adrian vio el coche de Elena alejarse.

Volvió a mirar sus melones, brillando como tesoros alienígenas, esta noche dormiría con un ojo abierto y el destornillador indestructible bajo la almohada.

Pero pronto…

pronto dormiría en una fortaleza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo