Sistema de Lujuria: Harén De Mujeres Hermosas - Capítulo 372
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Capítulo 372: David está en todas partes
El gerente y accionista mayoritario, León, se acercó rápidamente y dijo: —Ustedes dos, soy el gerente general de aquí. Mi apellido es León. ¿Están interesados en probar un Clase G? Ofrecemos el G350 para las pruebas de manejo.
Al ver llegar a su supervisor inmediato, Phillipa y Deewa se quedaron en silencio.
Al notar su amabilidad, Luis sonrió de inmediato y dijo: —Esta vendedora nos ha presentado el vehículo muy bien. Estamos interesados en comprar este G500, pero el G350 no nos interesa mucho.
Al reconocer a un auténtico cliente de gran valor, León sonrió con entusiasmo y dijo: —Tiene un gusto excelente, señor. Sin embargo, es una lástima que no tengamos un G500 disponible para pruebas de manejo. Esta unidad en particular fue reservada por otro cliente que, por circunstancias imprevistas, vendrá a recogerlo más adelante.
—Gerente, no se deje engañar. Parecen muy respetables, pero son unos pretenciosos que desprecian el G350 como si de verdad tuvieran tanto dinero —resopló Deewa sin poder contenerse más—. Fíjese en cómo visten. No parecen gente adinerada en absoluto.
Luis dijo sin rodeos: —Añado diez mil dólares. Pregúntele a ese cliente si está dispuesto a cederlo.
—Esto…
Los ojos del gerente se iluminaron al oír esto.
Deewa fue la primera en ponerse nerviosa. —Gerente, yo cerré este trato y el cliente ya ha pagado un depósito.
Al ver que la situación se volvía favorable, Phillipa avivó el fuego de inmediato: —Gerente, ¿por qué no consulta? Total, no conocemos mucho a este cliente. No es raro que alguien pague un depósito y luego no pueda hacer el pago final. Son solo cinco mil dólares, ¿qué importancia tiene? Lo que de verdad preocupa es que a algunas las timen… —dijo, lanzándole una mirada insinuante de reojo a Deewa.
Rechinando los dientes, Deewa replicó: —Deja de decir tonterías. Yo me encargué de este cliente y pagó con dinero de verdad.
—Es difícil saber si es un depósito o el pago por ciertos servicios —prosiguió Phillipa con su incesante ataque verbal, insinuando con malicia—: Al fin y al cabo, no está claro si el interés es por el coche o por la persona. Es un poco raro que un cliente te invite a cenar y te haga regalitos antes siquiera de comprar el coche, ¿no te parece?
Sus palabras ya no eran sutiles, sino una insinuación directa de que Deewa había asegurado el pedido acompañando al cliente a cenar y acostándose con él.
La razón por la que ciertos roles a tiempo parcial dentro de determinados círculos a menudo se superponen —como las modelos de coches y las agentes inmobiliarias— es doble. En primer lugar, las comisiones son cuantiosas.
En segundo lugar, soportar un poco de atención no deseada, o incluso someterse a ciertos acuerdos tácitos, puede reportar mucho más dinero que un trabajo convencional, sin dañar la propia reputación de forma significativa.
Y lo que es más importante, brinda la oportunidad de conocer a gente adinerada. Por eso, dentro de esos círculos, ese tipo de comportamiento no se considera especialmente extraño ni vergonzoso.
Deewa resopló con desdén, molesta, y dijo: —Déjate de tonterías. Tiger Real Estate es una de las empresas más importantes de Ciudad Bathek. ¿Te preocupa que su heredero vaya a incumplir el trato?
—Es verdad, gastarse cinco mil dólares solo por un poco de intimidad para luego echarse atrás parece bastante caro —remarcó Phillipa, cuya elocuencia era sencillamente arrolladora.
La expresión de Deewa se ensombreció por completo; parecía que las discusiones no eran su punto fuerte.
—¡Veinte mil dólares!
Al ver que su cuñada, Nancy, observaba con gran interés y se reía alegremente, Luis, como es natural, quiso que la función continuara.
Diez mil dólares no era una suma enorme para León, pero era básicamente dinero caído del cielo y una oportunidad para conectar con un cliente rico e influyente.
—Esto…
León también se sintió tentado y dijo: —Entonces, voy a preguntar.
Deewa entró en pánico de inmediato. —Gerente, ¿cómo puede hacer algo así? El cliente ya ha pagado un depósito. ¿No cree en el espíritu contractual?
«Espíritu contractual»… Esa frase volvió a tocarle la fibra sensible. El rostro de León se ensombreció, pero tosió y, adoptando un tono serio, sentenció: —Deewa, en los negocios, se habla de negocios. Si encargó el coche, pero retrasa la recogida indefinidamente, ¿se supone que tenemos que esperarlo eternamente? ¿Cuánto tiempo vamos a estar así?
Al oír esto, Phillipa se llenó de confianza, enderezó la espalda y declaró: —Exacto. El coche lleva aquí una semana. Aunque estuviera de viaje en el extranjero, ya debería haber vuelto. Yo misma me comunicaré con el señor. A lo sumo, le compensamos con el doble del depósito como estipula el contrato: diez mil dólares por los cinco mil del depósito. Así no podrá quejarse.
Aunque estas situaciones a veces desembocan en disputas engorrosas o casos en los que una entidad más grande se aprovecha de su poder, si la otra parte era de verdad el heredero de Tiger Real Estate, su intención era zanjar el asunto con dinero para evitarse problemas.
Diez mil dólares extra de beneficio neto… hasta un tonto sabría hacer las cuentas.
—Llámalo. Yo hablaré con él —dijo León, ya decidido.
Al ver lo decidido que estaba, Deewa apretó los dientes y dijo: —Yo no voy a llamar. Si quiere, llame usted. A mí se me caería la cara de vergüenza.
—Está bien. Phillipa, ve a por la ficha del cliente.
Phillipa salió a toda prisa, entusiasmada, y regresó al instante con los datos del pedido.
León marcó el número de teléfono que figuraba en la ficha, pero comunicaba que estaba apagado. Frunciendo el ceño, preguntó: —¿Decías que no estaba localizable? ¿Ha tenido el móvil apagado todo este tiempo? ¿Nos está tomando el pelo?
—No sé lo que pasa. Llevo días sin poder localizarlo y tampoco responde a los mensajes de Whatsapp —se apresuró a explicar Deewa.
León sonrió con sorna y preguntó: —David… Ese es el nombre del hijo de Dominic, ¿cierto?
Al oír el nombre de David, Luis abrió los ojos como platos. «Vaya con el chaval, comprándose un Clase G nada más cumplir la mayoría de edad —pensó—. Bueno, supongo que puede permitírselo, con un padre rico».
Pero primero le tiró los tejos a su cuñada y ahora va detrás de una mujer madura como Deewa. Desde luego, tiene unos gustos de lo más eclécticos.
—¿Usted… lo conoce? —preguntó Deewa, con voz algo intimidada.
Luis también intuyó que algo no cuadraba. Este tipo se apellidaba León… ¿Acaso estaría emparentado con aquella Bella?
En cuanto a que David no estuviera localizable, era normal: el chaval estaba en el calabozo, por lo que era imposible contactar con él.
—Lo conozco bastante bien. Voy a hacer una llamada para preguntar —dijo León antes de marcar otro número.
En cuanto le descolgaron, dijo con tono cordial: —Cuñado, soy León. ¿Cómo sigues de salud?
—Ya me dieron el alta del hospital. Estoy bien, todavía no me he muerto —respondió Dominic con displicencia—. Eres un hombre muy ocupado. ¿A qué se debe esta llamada tan de repente?
León explicó sin demora: —Verás, es que estaba revisando las cuentas del concesionario y he visto que David encargó un Clase G aquí. El coche llegó hace una semana, pero no hemos podido localizarlo desde entonces.
—Ah, eso. Después de que se sacara el carné, le prometí que le compraría un coche como regalo por su mayoría de edad —dijo Dominic con naturalidad—. Ha estado ocupado últimamente. Ya pasaré a recoger el vehículo a su debido tiempo. Supongo que mi palabra todavía vale algo, ¿no?
—Por favor, no digas eso, Cuñado. Suena demasiado distante —replicó León, sin atreverse a propasarse—. Con tu nombre, Dominic, podrías llevarte cualquier coche de aquí, y no digamos ya un Clase G de más de doscientos mil dólares.
Había que reconocer que un magnate local de ese calibre era realmente imponente. Bastó con oír el nombre de Dominic por teléfono.
No solo cambió la expresión de Deewa, que se tragó cualquier protesta, sino que hasta Phillipa y Nancy contuvieron el aliento, sin atreverse a respirar demasiado fuerte. La reputación de una persona es importante: en Ciudad Bathek, el nombre de Dominic imponía respeto, y pocos se atreverían a actuar a la ligera.
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