Sistema de Potencial Infinito - Capítulo 1
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1: ¡¿No soy digno?
1: ¡¿No soy digno?
—¡Oye, hermano, mira este nuevo juego que encontré!
Una chica alegre con pelo plateado hasta la cintura resplandecía mientras miraba fijamente su teléfono.
Medía apenas un poco más de 1,7 metros y tenía un rostro que hacía sentir en el Cielo a cualquiera que la viera.
Lucía la más amplia de las sonrisas mientras le mostraba un teléfono móvil de color azul verdoso a su hermano favorito.
—¿Este es otro de tus estúpidos juegos para móvil, Fria?
Ya te he dicho que te va a estafar cualquier desconocido por internet —respondió un joven de pelo negro, cejas arqueadas y brillantes ojos verdes.
En respuesta al entusiasmo de su hermana mayor, levantó la mano desde el reposabrazos del banco del parque de la Ciudad Resplandor hasta llevársela a la frente.
Cada pocos días, a Fria le daba por algún juego para móvil que a él no le interesaba en lo más mínimo.
Un día era un juego aburrido en el que lo único que podías hacer era mover a tu personaje hasta que lo atropellaba un coche o un camión al cruzar la calle.
Al siguiente, era tocar la pantalla para mover un pájaro amarillo entre dos tuberías.
Intentó jugar una vez y lo dejó tras darse cuenta de que el juego estaba claramente amañado.
—¡Pero este es diferente!
Y no es un juego para móvil.
¡Se llama Otherworld Prime, para la nueva L-Box que acaba de salir!
¡Puedes hacer todo tipo de cosas, como domar monstruos y volar con magia!
¡Incluso he oído que si te haces muy fuerte en tu Cultivación, puedes ir a otro mundo donde vive gente poderosa!
Se espera que sea el juego más popular de este año, pero solo unos pocos lo tienen.
Quiero comprar el juego, pero no tengo suficiente dinero…
¿me lo compras?
—No, ¿por qué iba a hacer eso?
¿Y desde cuándo te van los juegos de Cultivación?
Eso es lo mío.
—Porque me la debes de la última vez, ¿recuerdas?
¡Si hasta le di de comer a Mimoso durante una semana!
¡Ese gato es lo peor!
No sé por qué lo conservas.
No hace más que destrozar la casa cuando no se sale con la suya.
—Fria no iba a permitir que su hermano menor se saliera con la suya tras haberla hecho lidiar con las travesuras diarias de aquel animal.
—¿Y a qué te refieres con que es lo «tuyo»?
¡Puedo jugar a lo que me dé la gana, hmpf!
—le espetó a su intolerable hermano.
—Ya, pero no voy a comprarte el juego.
Por cierto, ¿cuánto cuesta?
—El hermano de Fria se inclinó sobre el banco del parque y echó un vistazo al móvil de ella.
—¡¿Trescientos dólares?!
¡¿Pero qué clase de timo es ese?!
Y otra cosa, que te den.
Es un buen gato…, cuando quiere serlo.
Es culpa tuya por cogerlo en brazos y cantarle musicales, solo se está vengando.
Fria y su hermano fueron adoptados más o menos al mismo tiempo por una pareja de buen corazón cuando él tenía tres años y Fria acababa de cumplir los cuatro.
Se tratan como hermanos, a pesar de no tener lazos de sangre.
Hace unos años, su hermano llevó a casa un pequeño gato gris y blanco al que Fria llamó Mimoso.
Aunque al principio Mimoso se crio como un gato callejero, con los años se ha vuelto un mimado por vivir dentro de casa y no comer más que comida enlatada.
—¡Pero todos mis amigos se van a comprar el juego!
No quiero ser la única que se quede sola mientras todos se divierten.
—Bajó la mirada con el ceño fruncido, hizo una pausa por un momento y luego alzó sus brillantes ojos azules hacia su hermano.
—¡Porfa, porfa, porfa, cómpramelo, Will!
¡No te pediré nada más e incluso le daré de comer a Mimoso otra vez durante un mes entero!
—Fria agarró a William por los hombros con ambas manos y empezó a zarandearlo.
—Vale, vale, te lo compraré, pero deja de zarandearme o voy a marearme antes de que subamos al autobús para volver a casa.
Pásame el móvil para que lo pague con mi tarjeta.
—William suspiró mientras le tendía la mano a Fria con la palma hacia arriba.
Will introdujo los datos de su tarjeta en la pantalla de pago y, a continuación, se saltó rápidamente la sección de «términos y condiciones» de la aplicación y pulsó en siguiente.
«Hmpf, ni que fuera a leerme algo tan largo por un estúpido juego.
Acabemos con esto de una vez».
Siguió pulsando varias opciones hasta que el teléfono mostró una respuesta positiva.
William alzó la cabeza al cielo, de luto por sus ahorros perdidos.
Sin embargo, no se amargó por mucho tiempo, pues había aparecido un cuadro de texto flotante en su campo de visión, a pesar de que seguía sin mirar el móvil de Fria.
**COMPRA EXITOSA**
—————INICIALIZANDO—————
…
…
–CARGANDO DATOS–
…
–DETECTANDO VALÍA–
…
–POR FAVOR, ESPERE–
Will se levantó de un salto del banco del parque, asustado.
—¿¡Qué demonios ha sido eso!?
—Miró el texto flotante que tenía delante, conmocionado, mientras la voz robótica sonaba a gran volumen dentro de su cabeza.
—¿Estás bien, hermano?
¿Ha pasado algo?
—Fria miró a su hermano con una pizca de preocupación.
—No, estoy bien.
Es que me ha parecido ver algo un segundo —mintió.
Will sacudió la cabeza y se olvidó rápidamente del texto, que se había desplazado a un punto discreto en la esquina izquierda de su campo de visión.
Fria se quedó mirando a William un instante.
—Bueno, vale, ¡gracias por comprarme el juego!
¡Te prometo que no te arrepentirás!
—se levantó apresuradamente y rodeó a Will con los brazos, abrazándolo con fuerza.
La cara de William se puso roja como un tomate al sentir algo suave presionando contra él.
Se apartó de Fria a toda prisa, avergonzado, antes de que su expresión cambiara a una de fastidio.
—De verdad que necesitas buscarte un trabajo, Fria, que ya tienes veintiuno.
Yo soy el pequeño, ¿no deberías ser TÚ la que me compre los juegos a mí?
No pienso comprarte nada más, así que más te vale estar preparada para apañártelas sola.
—¡Oye, lo estoy intentando, vale!
Ya envié cinco solicitudes la semana pasada.
Es culpa suya por no ver lo valiosa que soy.
—Fria giró la cabeza hacia la izquierda y su pelo se agitó hacia William, rozándole el hombro.
Hablaron un rato más hasta que Fria vio un autobús discrecional azul subiendo la colina, señal de que era hora de irse.
—¡Oh, mira, ya llega el autobús!
—se giró hacia un lado y agarró una mochila rosa antes de hacerle un gesto a William—.
Vamos a por nuestras cosas.
—Mmm.
***
Tras sentarse, William se puso los auriculares y encendió la música de su grupo favorito, «Two Republic».
Cerró los ojos y se echó hacia atrás al son de…
¿un zumbido?
–ERROR–
–ERROR–
–VALÍA NO ENCONTRADA–
–ANFITRIÓN DETECTADO COMO NO DIGNO–
…
–BUSCANDO SOLUCIONES–
…
…
…
–SOLUCIÓN ENCONTRADA–
–ELIMINANDO AL ANFITRIÓN…
POR FAVOR, ESPERE–
El texto de antes empezó a parpadear; una visión que William no pudo evitar ni con los ojos cerrados.
«¿Eliminando al Anfitrión…?»
William se quedó desconcertado un momento, antes de que sus ojos se abrieran de par en par por la conmoción y la comprensión.
—¡Esperen, no!
¡No me eliminen!
—gritó, para gran confusión de Fria y de los demás pasajeros.
Una pareja de ancianos dos filas más adelante incluso se levantó y se giró para mirar al joven demente que estaba detrás de ellos.
–SOLICITUD REGISTRADA–
…
…
–EL ANFITRIÓN DEMOSTRARÁ SU VALÍA–
…
…
–TRANSPORTANDO AL ANFITRIÓN AHORA–
Will apenas tuvo tiempo de abrir la boca antes de que todo se volviera negro.
Los ojos de Fria se abrieron como platos por la conmoción al verlo desaparecer en el aire sin hacer ruido.
Buscó frenéticamente alrededor de su asiento con la esperanza de estar imaginándoselo todo.
La pareja se había levantado y se dirigía hacia donde había estado William cuando sopló una suave brisa.
Sus pupilas se dilataron brevemente antes de volver a la normalidad.
Se detuvieron un instante, algo confusos, y luego regresaron a sus asientos y se sentaron.
Fria, que momentos antes estaba aterrorizada por la desaparición de su hermano, parecía haberse olvidado por completo de los últimos segundos.
Se sentó en su asiento y continuó el viaje como si nada hubiera pasado…
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