Sistema de Potencial Infinito - Capítulo 395
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Capítulo 395: ¿Nada? ¡Nada
William miró los dos efectos combo de su Talento de Daño Colateral y sonrió.
—Sistema, ¿en serio se te ocurrieron estos nombres? ¡Son divertidísimos!
—Te tuve en mente al nombrarlos.
William se rio y asintió comprensivamente. Si tuviera la opción de nombrar sus propias habilidades, definitivamente les pondría nombres así.
Con más de 47 millones de Puntos de Potencial restantes, a William le quedaban de sobra para gastar. Su primer objetivo era reunir los Talentos de Resistencia que le faltaban, lo que debería permitirle acceder a cada Forma Elemental.
«Con esto, necesito comprar tantos Talentos Pasivos como sea posible, pero primero probemos suerte con los Talentos Aleatorios, ya que son más baratos».
El coste de comprar un único Talento Pasivo aleatorio sería de 350 Puntos de Potencial y su precio aumentaría 25 por cada compra. En cambio, la opción de Talento Aleatorio solo costaba 75 Puntos actualmente y aumentaba 5 por cada compra.
Le pidió al Sistema que comprara cien Talentos Aleatorios de una vez, y luego esperó en silencio a que el Sistema los generara uno por uno. El coste total fue de solo 32 250 Puntos de Potencial, y la siguiente compra costaría 575 Puntos, pero William apenas lo notó, considerando el número total de Puntos que tenía.
Incluso si hubiera elegido la otra opción y comprado 100 Talentos Pasivos, William solo habría gastado 156 250 Puntos. El coste era mucho más alto que el otro, pero aun así era menos que las ganancias de un solo día en las Granjas de Potencial. Apenas suponía una diferencia.
Aunque William tenía millones de Puntos de Potencial y cualquiera de las dos opciones estaba perfectamente bien, a William no le importaba. Los Puntos eran Puntos y se había esforzado mucho para ganar todos y cada uno de ellos. Bueno…, él no hizo el trabajo, ¡pero alguien lo hizo!
Solo pensar en cómo William había esclavizado a montones de Cultivadores pico y los había puesto a trabajar en las minas le hacía sentirse a la vez un villano y un genio. La mayoría de ellos no se lo merecían, pero a William no le importaba.
«Al menos les pago bien». William se consoló. No era realmente un mal tipo, solo un capitalista.
—Sí. Vendes algunos de los Fragmentos Mayores de Fuego, Flamerio y Piedra de Dragón a las ciudades por sus Piedras de Maná, y luego pagas a los Cultivadores con una fracción de las ganancias. Eres taaan buena persona.
El sarcasmo del Sistema era denso como la melaza.
—¡Oye, ellos aceptaron!
—Solo porque tenían miedo de que los encerraras en una cueva mohosa durante los próximos meses. ¿Quién se negaría?
—Bueno…
—Aceptaría con gusto, Maestro —dijo Atticus mientras volaba desde lejos. Con la combinación de su conexión con el Sistema, su Cultivación y su creciente cercanía con William, a veces era capaz de oír la conversación mental entre William y el Sistema.
Sobre todo porque el Sistema se lo permitía, por supuesto.
—¿Cómo has llegado hasta aquí? —preguntó William con sorpresa. Se encontraba en el Continente Arcturis, a decenas de miles de kilómetros de la morada en la cueva de Atticus, cerca de la Ciudad Luna Azul, y era la última parada tras haber despejado la Nación Insular Slyte.
—Deberías hacerme unasss tortillasss, Maestro. —La lengua de Atticus se movía de un lado a otro con expectación.
—¿Has venido hasta aquí por unas tortillas? ¿Me estás tomando el pelo, Atticus? Sé que tienes todo un equipo de chefs que te cocinan con regularidad. Después de salvar la Ciudad, incluso te preparan Comida Espiritual. —William negó con la cabeza y suspiró.
—Pero tú las haces mejor… ¡ay! —Atticus pareció entristecerse cuando su nariz chocó contra el hombro de William, activando el Talento de Reflexión de Ataque y provocando que aparecieran algunas abolladuras en las escamas de Atticus.
William se rio de la interacción y se sintió un poco mal. Se había olvidado de desactivar la mayoría de sus Talentos, ya que había estado casi siempre solo últimamente. No había necesidad de que Atticus o Uri lo acompañaran, puesto que podía llamarlos en cualquier momento a través del Elemento de Invocación.
Aun así, no había nadie en Efretta que pudiera compararse a su fuerza actual, y William había sido venerado como un Dios. Incluso había oído algunas conversaciones desde el interior de hogares familiares de vez en cuando.
Cuatro meses antes, mientras volaba a una docena de kilómetros de la civilización más cercana en el Continente Azures, un niño en particular le había preguntado a su madre por las Nubes de Tribulación que rodeaban a William.
La respuesta de su madre fue: «Esa es la Tribulación de William, he oído que se come a los niños pequeños que no se comen las verduras…».
Desde entonces, parecía que el número de niños que se quejaban de comerse las verduras disminuyó drásticamente, aunque William no entendía por qué daba tanto miedo.
—De acuerdo, Atticus. Te haré unas tortillas —sonrió William mientras sacaba su Set de Utensilios de Cocina Espiritual.
Con el Talento de Cocina Rango X, William podía preparar los platos más impresionantes en un abrir y cerrar de ojos, usando su Maná para hacer varias tareas a la vez y preparar muchos ingredientes simultáneamente. Desde las sencillas tortillas de huevo y queso con una mantequilla barata de los mercados de la Secta de los Cinco Elementos, William había recorrido un largo camino.
Se teletransportó a unas cuantas ciudades por todo el mundo y compró todos los ingredientes que necesitaba en menos de media hora, a un precio óptimo gracias a su Talento de Ventas. Como ya había visitado estos lugares muchas veces, William había memorizado a la perfección qué ubicaciones tenían los ingredientes más sabrosos.
Una vez que terminó, William preparó trescientos huevos tamaño jumbo de la mejor calidad combinándolos con magia en un gran caldero, lo que habrían sido unos pocos huevos en un bol si solo hubiera estado sirviendo a una o dos personas.
A continuación, William derritió la proporción perfecta de mantequilla en una sartén enorme, y luego añadió jamón y una pequeña cantidad de cebollas con pimientos morrones creados a partir del Elemento Planta. Usando una cuidadosa cantidad de Maná Elemental de Fuego, los calentó cada uno hasta la perfección individual, y luego vertió los huevos y los mezcló brevemente.
Terminó la receta espolvoreando queso y pimienta de cayena, y luego cocinó el resto hasta que estuvo lista para doblarla por la mitad, creando una tortilla enorme del tamaño de un escritorio de oficina. De ella, William cortó para sí mismo una esquina que no contenía cebolla, y luego le ofreció el resto a Atticus.
Durante todo el tiempo, Atticus estuvo sentado a un lado, mirando con avidez el despliegue de ingredientes de calidad perfecta con la mejor cocción posible. Cuando vio que William había terminado, quiso engullirlo todo de un bocado, pero se contuvo y redujo su tamaño para igualar el de William, sentándose en una mesa y una silla hechas a medida, perfectas para Atticus.
—¡Graciasss! —Atticus comió grandes porciones de la tortilla de una sola vez, a pesar de su reducido tamaño. ¿Cómo podía esperar a que esos míseros chefs le cocinaran cuando William estaba a solo unos pocos miles de kilómetros de distancia? Atticus podía ver claramente quién era más hábil.
William sonrió y dio un bocado, deleitándose con el sabor único y sabroso que le hizo querer dar otro bocado de inmediato. Comió tranquilamente su tortilla mientras revisaba la oleada de Mensajes del Sistema que anunciaban la llegada de sus nuevos Talentos.
Los leyó rápidamente.
Nada, Resistencia a Ondas de Choque, Tejido, Nada, Nada, Nada.
Dibujo, Nada, Nada, Nada, Nada, Nada.
¡Jo, nada otra vez!
¡Carterismo! Nada, Resistencia a la Parálisis, Resistencia a Raíces, Nada.
Nada, Nada, Nada, Nada, Nada.
La palabra empezaba a sonar como si fuera inventada, y William se sentía adormecer mientras leía la lista de Talentos que el Sistema había comprado. La mayor desventaja de la opción de Talento Aleatorio era la alta probabilidad de no comprar nada, pero a William no le importaba demasiado.
Nada, Nada, Nada, Nada, Nada…
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