Sistema Medidor de Lujuria: Conquistando Bellezas - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 El pecador regresa
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39: El pecador regresa 39: El pecador regresa Liam caminó hacia la puerta y la abrió.
Kelvin estaba allí de pie, sonriendo de oreja a oreja y sosteniendo un pack de seis cervezas.
Las botellas eran verdes, húmedas por la condensación.
Llevaba una sudadera con capucha negra y vaqueros, con el pelo hecho un desastre.
—Eh, mejor amigo —dijo Kelvin, agitando el pack de seis.
Liam se le quedó mirando.
Luego cerró la puerta.
—¡Eh!
—La voz de Kelvin llegó a través de la madera—.
¿¡Pero qué coño, tío!?
Liam la abrió de nuevo.
—¿Por qué estás aquí?
Kelvin parpadeó.
—¿Eh…, porque quería ver a mi amigo?
¿Es que ahora es ilegal?
—Sí, cuando son las diez de la mañana.
—¿Y qué?
—Kelvin levantó la cerveza—.
Nunca es demasiado pronto para pasar el rato.
Liam enarcó una ceja.
—Has traído cerveza a las diez de la mañana.
—Y tanto que sí —sonrió Kelvin—.
Mira, pasé por aquí ayer, pero no estabas.
Así que he vuelto hoy.
Yyyy bueno, ¿dónde fuiste?
Liam suspiró.
—¿Y qué si hoy tampoco hubiera estado?
Kelvin se encogió de hombros.
—Pues te encontraría.
O te llamaría.
O entraría a la fuerza.
Lo que funcionara.
Liam se le quedó mirando y luego se hizo a un lado.
—Entra.
—¡Así se habla!
—Kelvin entró y se dejó caer en el sofá.
Dejó el pack de seis sobre la mesa de centro con un golpe seco, abrió una botella girando la chapa y le dio un trago largo.
La espuma se adhirió al borde.
Suspiró—.
Tío, necesitaba esto.
Cogió otra botella y se la lanzó a Liam.
Liam la atrapó.
El cristal estaba frío y húmedo en su mano.
Le quitó la chapa y dio un sorbo.
Amarga, intensa.
No estaba mal.
—Bueno —dijo Kelvin, ya por la mitad de su botella—, ¿dónde estabas ayer?
Liam dejó su cerveza y se inclinó hacia delante.
—He conseguido un trabajo.
Kelvin se detuvo a medio sorbo.
—¿Espera, en serio?
—Sí.
En la tienda del Sr.
Sam.
La tienda de la esquina.
Estoy haciendo repartos.
—¿No me jodas?
—Kelvin dejó su cerveza—.
Tío, eso es genial.
Me alegro por ti, de verdad.
Sé que has estado estresado por el dinero.
Liam parpadeó.
—¿No te vas a burlar de mí?
—¿Por qué iba a burlarme de ti?
—Kelvin parecía confuso—.
Necesitabas dinero.
Has conseguido un trabajo.
Eso es inteligente.
«Vaya.
No me esperaba eso».
La voz de Kelvin era cálida, sincera.
Pilló a Liam por sorpresa.
Kelvin se reclinó.
—Mientras tanto, yo me lo pasé genial ayer.
Después de no poder encontrarte, Kira empezó a reventarme el móvil a llamadas.
Así que fui a su casa.
Tío, casi me mata a polvos durante horas.
Creí que me iba a desmayar.
Kelvin rio, una carcajada fuerte y seca que llenó el pequeño apartamento.
—Oh, no es mi novia, tío.
Liam se quedó helado.
—¿Qué?
—No estamos saliendo —dijo Kelvin con naturalidad—.
Es mi compañera de sexo.
—Espera, para.
—Liam dejó su cerveza—.
Os estabais llamando «cariño» en la fiesta.
No os separabais el uno del otro.
Pensé que estabais juntos.
Kelvin sonrió.
—Tío, ¿nunca has oído hablar de los compañeros de sexo?
—Sé lo que es un compañero de sexo —dijo Liam—.
Solo que no sabía que lo vuestro era así.
—Sí, tío.
Sin ataduras.
Solo diversión —se encogió de hombros Kelvin—.
Es perfecto.
«Vaya.
La verdad es que suena perfecto».
Kelvin se inclinó hacia delante.
—Bueno.
El trabajo.
Cuéntame más.
—Estoy haciendo repartos —dijo Liam—.
Voy por ahí en una bici destartalada, entregando la compra.
—Suena aburrido.
—Lo es.
—Liam hizo una pausa, sopesando si mencionar la siguiente parte, y luego decidió lanzarse.
—Y he conocido a una chica que trabaja allí.
Elsa.
Es la que está en la caja mientras el viejo se ocupa de su otra tienda.
Los ojos de Kelvin se iluminaron de inmediato como si alguien hubiera pulsado un interruptor, y todo su lenguaje corporal cambió en un instante.
—Oh, mierda.
Vale, ahora nos entendemos.
¿Está buena?
Dame detalles, tío.
—Es superpesada, pero en plan…
también está buena —dijo Liam—.
Pelo blanco, tetas enormes.
Pero bueno, tiene novio, así que…
—Joder.
—La cara de Kelvin decayó un poco, su emoción se desinfló como un globo.
Le dio otro largo sorbo a su cerveza, claramente decepcionado.
—Las que están buenas siempre están pilladas.
Pero bueno, ¿y el trabajo en sí?
¿Pasó algo interesante?
¿Algún cliente loco o situación rara?
Liam dudó, sus dedos se apretaron ligeramente alrededor de la fría botella de cristal en su mano.
Luego se inclinó hacia delante, su voz bajó de tono, más deliberada.
—Le hice una entrega a la señorita Kelly.
Kelvin se quedó completamente helado, todo su cuerpo se puso rígido.
Abrió los ojos como platos, con la boca ligeramente entreabierta.
—¿Espera.
Para.
¿La señorita Kelly?
O sea, ¿nuestra señorita Kelly?
¿La profesora de filosofía?
¿Esa señorita Kelly?
—Sí.
—Hostia puta.
—Kelvin dejó su cerveza sobre la mesa con un fuerte golpe seco, toda su atención ahora completamente fija en Liam.
Sus ojos prácticamente se le salían de las órbitas—.
¿Cómo era?
¿Estaba buena?
O sea, obviamente está buena en clase, pero, en plan, ¿estaba buena en casa también?
¿Qué llevaba puesto?
Tienes que contármelo todo.
Los labios de Liam se curvaron en una lenta sonrisa de superioridad.
—Me abrió la puerta en camisón.
A Kelvin se le desencajó la mandíbula.
—No.
Ni de coña.
Estás mintiendo.
—Lo digo totalmente en serio.
De seda.
Jodidamente fino.
Apenas cubría nada.
Podía verlo todo a través de él.
—Tío.
—Kelvin se abalanzó y agarró el hombro de Liam con ambas manos, sacudiéndolo ligeramente, con un agarre firme y desesperado—.
Tienes que darme su dirección.
Ahora mismo.
Te lo ruego.
Por favor.
Haré lo que sea.
Te pagaré.
Limpiaré tu apartamento durante un mes.
Lo que quieras.
Liam se rio, negando lentamente con la cabeza, disfrutando claramente de la desesperación de Kelvin.
—Aún no he terminado de hablar.
Kelvin se detuvo en medio de la sacudida, sus manos todavía agarrando el hombro de Liam.
—¿Cómo que no has terminado?
¿Hay más?
Liam se reclinó ligeramente, su voz bajó a un tono grave y dramático, alargando el momento para conseguir el máximo efecto.
—Perdí la virginidad.
Silencio.
Un silencio completo y total llenó el apartamento.
Kelvin se le quedó mirando, con la boca abierta, su expresión completamente congelada en un punto intermedio entre la conmoción, la incredulidad y algo más que Liam no pudo identificar del todo.
—Espera —dijo Kelvin lentamente, su voz apenas un susurro—.
¿Tú…
tú hiciste qué?
—Perdí la virginidad.
—¡Tío!
—La cara de Kelvin estalló de repente en la sonrisa más grande que Liam le había visto jamás, extendiéndose de oreja a oreja—.
¡Hostia puta!
¡Joder, qué putísima hostia!
¿Quién fue?
¿Fue Elsa?
¿Pasó algo entre vosotros en el trabajo?
¿Sois, en plan, rollo o algo ahora?
¡Sabía que estabas cambiando, tío, pero joder!
¡Esto es enorme!
Liam esperó pacientemente, dejando que Kelvin hiciera todas las conjeturas que se le ocurrieran, su sonrisa ensanchándose lenta y deliberadamente, como un villano en una película a punto de revelar su plan maestro.
—Te equivocas —dijo Liam en voz baja, con un tono tranquilo y medido.
Kelvin hizo una pausa, su sonrisa vaciló ligeramente mientras la confusión cruzaba su rostro.
—¿Qué?
Entonces, ¿quién fue?
Liam dejó que el silencio se alargara un instante más, aumentando la tensión, y luego habló.
—La perdí con la señorita Kelly.
La misma señorita Kelly a la que todos en clase se quieren follar.
Incluido tú.
Silencio.
Kelvin se le quedó mirando, con la expresión completamente congelada, los ojos como platos y la boca abierta.
«Creo que le acabo de romper el cerebro».
—Mira, tío —empezó Liam, preparándose para explicar—, yo…
Kelvin se abalanzó de repente y envolvió a Liam en el abrazo más fuerte que jamás había experimentado, sus brazos aplastando los hombros de Liam.
—Estoy jodidamente orgulloso de ti —dijo Kelvin, con la voz quebrándose ligeramente por la emoción genuina—.
Eres una leyenda.
Cada hombre sobre la faz de la tierra te está rindiendo honores ahora mismo.
Todos.
Y.
Cada.
Uno.
Incluso los que están en el cielo.
Incluso los que llevan mil años muertos.
Hiciste lo imposible, hermano.
Liam se rio, completamente sorprendido, y le dio a Kelvin una palmadita torpe en la espalda.
—Tío, sinceramente pensé que te enfadarías.
En plan, está increíblemente buena.
Tú la querías.
Todo el mundo la quería.
Y yo soy el que la ha conseguido.
Kelvin se apartó del abrazo, con las manos aún sujetando los hombros de Liam y la sonrisa de algún modo aún más ancha que antes.
—Qué va, tío.
Una victoria para ti es una victoria para mí.
Se la ha ligado uno de los nuestros.
Eso es todo lo que importa.
Somos un equipo.
Siempre lo hemos sido.
—Definitivamente no esperaba que dijeras eso.
—Lo digo en serio.
No te voy a mentir, estoy un poco celoso, pero me alegro por ti —Kelvin hizo una pausa—.
¿Y cuándo vais a repetir?
Porque tengo el armario del dormitorio lleno de condones.
En plan, se podría decir que soy una especie de embajador.
Liam se rio.
—No lo sé.
Pero dijo que repetiríamos.
Kelvin le puso una mano firme en el hombro a Liam, atrayéndolo un poco más hacia él, con un agarre fuerte y fraternal.
—Así que ahora tienes tu propia compañera de sexo.
Igual que Kira y yo.
Solo que tú te has conseguido una de las grandes.
—Sí.
Se podría decir que sí.
—Tío, todavía no me lo puedo creer.
—Kelvin sacó de repente el móvil del bolsillo, sus dedos se movían rápidamente por la pantalla, tecleando algo con intensa concentración.
—Tenemos que celebrarlo como es debido.
Quedar aquí y beber cerveza ya no es suficiente.
Esto se merece algo más grande.
Liam parpadeó, confuso.
—¿Qué estás…?
—Volveré más tarde esta noche —dijo Kelvin bruscamente, levantándose del sofá y dirigiéndose hacia la puerta con una repentina determinación.
—Tengo que ocuparme de algunas cosas primero, pero vamos a salir.
Confía en mí.
Va a estar bien.
Y así, sin más, Kelvin se fue, y la puerta se cerró tras él con un clic seco.
Liam se quedó sentado en el reposabrazos del sofá, mirando la puerta cerrada, con la cerveza todavía en la mano.
«¿Qué demonios acaba de pasar?».
Su móvil vibró en su bolsillo.
Lo sacó rápidamente, con el corazón dándole un vuelco, esperando que fuera Kelvin con más detalles o quizá por fin una respuesta de Tasha.
Pero no era ninguno de los dos.
Sofia~ Hola
Liam se quedó mirando la pantalla, con el pulgar suspendido sobre el teclado y la mente a toda velocidad.
«¿Sofia?».
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